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El quinto polígono
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El quinto polígono

Extravagante, un tanto errático y con altibajos; así es el nuevo título de Daedalic Entertainment, una aventura gráfica en tres dimensiones que nos sumerge en un universo cyberpunk.

Por Sergi Bosch [@GriffithDidNW],
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Que la estética cyberpunk está viviendo una segunda juventud no es algo que nos pille por sorpresa, ya que este paulatino y esperanzador rejuvenecimiento de una de las estéticas más icónicas y melancólicas de la ciencia ficción fue precisamente lo que motivó la creación de nuestro Top 10 de videojuegos cyberpunk. Las sociedades distópicas, opresivas y opacas jamás pasaron de moda, y eso debieron de pensar los chicos de Daedalic Entertainment, creadores de la fantástica serie Deponia y de las desventuras de Jack y compañía en la adaptación al videojuego de The Pillars of the Earth. Así, el estudio alemán, grandes maestros en el bello y ancestral arte de contar historias, se han sumado al carro de los futuros oscuros, ambiguos y deshumanizados con State of Mind, una nueva aventura gráfica, la primera en tres dimensiones de la firma, que nos sitúa en una futurista y decadente Berlín envuelta en el secretismo, las conspiraciones y las rebeliones de hackers.

En primer lugar, y dado el carácter esencialmente conversacional del título, el argumento se erige como el factor fundamental; en State of Mind encarnamos, principalmente, a Richard Nolan, un periodista berlinés realmente crítico con el implacable avance tecnológico de la sociedad que despierta en el hospital después de un terrible y enigmático accidente, lo que le ocasiona una serie de episodios amnésicos. No obstante, las intrigas comienzan cuando regresa a su apartamento y observa una serie de incoherencias e irregularidades con respecto a la situación de su mujer e hijo, que están presuntamente desaparecidos; aquí es cuando surgen las pesquisas y periplos del irascible Richard, que se verá envuelto en una conspiración que amenaza el futuro de la humanidad tal y como la conocemos. Evitaremos adelantar más aspectos de la trama, ya que en ella reside gran parte de la propuesta jugable; avanzamos, eso sí, que presenta grandes altibajos en el desarrollo y que hace uso de demasiados tópicos del subgénero, lo que termina redundando en una visión un tanto reiterativa de la estética.

Por otro lado, uno de los mejores aspectos de State of Mind es la elaboración de un mundo a punto de estallar; la primera toma de contacto del jugador con esta realidad es caótica y contundente, terriblemente acertada a la hora de exponer su visión acerca de los avances tecnológicos en contraposición a la calidad de vida y la estabilidad social. A lo largo de la historia nos encontraremos con multitud de detalles que contribuyen a la hora de conformar una situación distópica: tensión entre distintas confederaciones mundiales, el uso de fuerza policial, el aumento de las revoluciones y de los ataques en la red, manifestaciones que acaban de formas escabrosas... todo aporta su pequeño granito de arena para agregar verosimilitud al mundo de State of Mind. Es, en otras palabras, un cyberpunk de manual que, si bien presenta todos los grandes motivos del subgénero, no termina de aportar una visión personal; tiene algo de impronta, pero ni innova ni sorprende más allá de pequeños aspectos, a pesar de que mantiene un acabado más que notable.

Como no podía ser de otra forma, las aventuras gráficas centran la mayor parte de su enfoque jugable en el ámbito conversacional, lo que deriva en un marcado intento por ofrecer alternativas y situaciones distintas para el jugador, como la resolución de puzles o determinadas mecánicas que aporten una chispa de novedad. Esta tendencia se adhiere a la perfección a State of Mind, que hace uso de inteligentes mecanismos que, a pesar de todo, no consiguen triunfar del todo en su búsqueda de sorprendernos; nos encontramos, nuevamente, ante un género en el que las innovaciones son muy limitadas y difíciles de implementar, pero eso no quita que se echen en falta algunas mecánicas nuevas. Mucho hablar y poca diversión hacen de Richard un tipo aburrido.

Finalmente, en lo relativo al apartado audiovisual, cabe destacar que la capital alemana, sede de la acción, aparece recreada con un imponente apartado artístico, plagada plagada de luces de neón, de vapores de las frías factorías lejanas, de androides y artificios metálicos voladores... y de una cultura popular y disidente en constante aumento. La recreación de los escenarios es sobresaliente y nos deja instantáneas maravillosas, pero se ve ensombrecida por unos personajes que presentan una baja carga poligonal y unas animaciones ortopédicas, decisión que no terminamos de comprender. En lo referente al sonido, la banda sonora se destapa con determinadas composiciones verdaderamente acertadas, aunque la actuación de doblaje posee, una vez más, grandes altibajos, lo que puede rebajar la tensión de ciertas escenas.

Conclusiones

State of Mind es una aventura gráfica plagada de claroscuros; presenta una realidad más que capaz de albergar un argumento potente y rompedor, pero este no tiene éxito a la hora de hacernos partícipes del devenir de los personajes, ya sea por la escasa evolución de algunos o por determinadas situaciones que no parecen del todo coherentes o inspiradas, lejanas a las cotas de calidad a las que acostumbra Daedalic. A pesar de todo, es una buena toma de contacto con la estética cyberpunk, capaz de agradar a los fans del subgénero de la ciencia ficción o de las aventuras gráficas. Esperemos que sea el origen de algo más.

Análisis de State of Mind para PS4: El quinto polígono
Análisis de State of Mind para PS4: El quinto polígono
Análisis de State of Mind para PS4: El quinto polígono
Análisis de State of Mind para PS4: El quinto polígono
Análisis de State of Mind para PS4: El quinto polígono
Análisis de State of Mind para PS4: El quinto polígono
Análisis de State of Mind para PS4: El quinto polígono
Análisis de State of Mind para PS4: El quinto polígono

Alternativas
Dentro del género de las aventuras gráficas y conversacionales, hay infinitas alternativas; con respecto al estudio, el clásico y referente Deponia, o el cautivador The Pillars of the Earth.
Acertada estética cyberpunk, con algunos elementos realmente interesantes. Los escenarios.
Muchos altibajos en el guion y en el desarrollo de la historia. Mecánicas demasiado simples.
State of Mind acierta de pleno en la construcción de su propia realidad, pero se queda a medio camino a la hora de hacernos partícipes de la trama.
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