Atari 8 bits
Fallece Ralph Baer, el padre de los videojuegos
Pionero en un sector que ni estaba concebido, nos ha dejado con 92 años
Esta semana tiene un regusto amargo para el mundillo de los videojuegos. Estamos de luto. De luto porque nos ha dejado una figura clave en el sector, un pionero, un visionario. Ayer murió Ralph Baer creador de la Magnavox Odyssey a los 92 años de edad.
Hijo judío de padres alemanes, se vio obligado a huir a Estados Unidos, como otras tantas familias a causa del dominio nazi en la Alemania de Hitler. Baer estudió ingeniería en Estados Unidos y rápidamente despuntó. En su haber constan 150 patentes, entre los que se encuentran reliquias como la primera pistola de videoconsolas o la magnánima Magnavox Odyssey, que ostenta el título de primera videoconsola de la historia.
La Odyssey fue toda una proeza en su tiempo. No era más que un juguete que apenas encendía unas pequeñas luces blancas en la pantalla del televisor sobre fondo negro. Para jugar a los diferentes juegos era necesario acoplar a la pantalla una plantilla transparente con dibujos y así completar la interfaz de juego. Pese a ello, Baer tuvo dificultades en comercializar su invento, pues intentó vender su idea a todos los fabricantes de la época pero ninguno se atrevía a lanzarlo.
Hoy por hoy, damos las gracias al genio y figura Ralph Baer, por haber tenido el ingenio de crear este precursor de nuestro hobby, de haber tenido las agallas de construirlo y la perspicacia de venderlo. Gracias usted señor Baer, por hacer que nosotros, los jugadores, nos emocionemos con su obra. R.I.P
Hijo judío de padres alemanes, se vio obligado a huir a Estados Unidos, como otras tantas familias a causa del dominio nazi en la Alemania de Hitler. Baer estudió ingeniería en Estados Unidos y rápidamente despuntó. En su haber constan 150 patentes, entre los que se encuentran reliquias como la primera pistola de videoconsolas o la magnánima Magnavox Odyssey, que ostenta el título de primera videoconsola de la historia.
La Odyssey fue toda una proeza en su tiempo. No era más que un juguete que apenas encendía unas pequeñas luces blancas en la pantalla del televisor sobre fondo negro. Para jugar a los diferentes juegos era necesario acoplar a la pantalla una plantilla transparente con dibujos y así completar la interfaz de juego. Pese a ello, Baer tuvo dificultades en comercializar su invento, pues intentó vender su idea a todos los fabricantes de la época pero ninguno se atrevía a lanzarlo.
Hoy por hoy, damos las gracias al genio y figura Ralph Baer, por haber tenido el ingenio de crear este precursor de nuestro hobby, de haber tenido las agallas de construirlo y la perspicacia de venderlo. Gracias usted señor Baer, por hacer que nosotros, los jugadores, nos emocionemos con su obra. R.I.P
