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Homo-eros y civilización

Desde tiempos remotos, una de las más grandes obsesiones de la raza humana ha sido ese espacio sagrado y a la vez sucio (según la Santa Iglesia) que se encuentra en ese espacio entre las piernas. Sí, ese lugar que tenemos todos (y todas), ese lugar íntimo y reservado solamente para personas elegidas, es un lugar común.

Como el resto de las formas de expresión humana, los videojuegos no han temido tratar la vertiente del eros en sus temáticas. Cualquiera que pasee un rato por la sección de videojuegos en el centro comercial se podrá haber percatado rápidamente de que complejos, en realidad, hay pocos. Desde las muy poco sutiles portadas de videojuegos del Team Ninja -ese colectivo de eternos adolescentes pajilleros- hasta juegos que, saliéndose un poco del mainstream, ofrecen algunas experiencias virtuales un poco más fuertes, a saber, por existir hay hasta videojuegos coprófagos.

Alguien podría argumentar que esto muestra la realidad de una sociedad sexualmente liberada, sin complejos, en la que cualquier adolescente con granos puede sublimar sus impulsos eróticos mediante un montón de poligonales chicas japonesas ligeras de ropa jugando al volley-ball. La realidad sin embargo es más compleja, y si la violencia ya es un tema conflictivo en los videojuegos, la clara perspectiva inmadura e idiotizada que tienen los videojuegos de la sexualidad parece que no da tanto que hablar. Tal vez será que la sociedad, en general, tiene una perspectiva inmadura e idiotizada.

Lo cierto es que el tema daría mucho que hablar, podría empezar a divagar por diferentes vertientes, pero me parece que cualquiera es capaz de darse cuenta de lo tragicómico de la explotación sexualizada de los personajes en los videojuegos, particularmente los femeninos. Es decir, con Lara Croft y BloodRayne ya me meteré en otra ocasión, que ya todos sabemos que cada cambio de generación es bienvenido por algunos desarrolladores para aplicar físicas más realistas a los senos de las protagonistas.

Centrémonos en algo, pues: la homosexualidad. Pues, aprovechando vilmente la ocasión anual de ese vodevil de horterismo y desparpajo que es el Día del Orgullo, es hora de sacar el tema. Si aplicamos un cierto ojo crítico sobre toda posible representación de la homosexualidad en cualquier videojuego, nos daremos cuenta pronto de que no existe, a día de hoy, una sola representación decente de ningún personaje homosexual en la historia de los videojuegos, y que todos, todos están construidos de forma tragicómica sobre odiosos arquetipos sexuales. Quisiera en esto dejar fuera de la crítica a juegos como Los Sims, en los que en todo caso las actitudes sexuales de los personajes tienen poca importancia al tratarse básicamente de monigotes que hablan algún tipo de lengua extraña, no de "personajes" propiamente dichos.

En el universo de los videojuegos, parece ser que todos los hombres homosexuales tienen que ser, por definición, histriónicas bujarronas, amaneramientos con patas, insufribles saltarinas u hombres adultos con actitud de niña preadolescente. Cualquiera con más de dos dedos de frente, o por lo menos una ligera experiencia de la realidad, sabe que las cosas son bien distintas, pero como parece que el guionista de videojuegos medio no puede ir más allá de los arquetipos que ha dictado la MTV, cualquier personaje que se salga del sexo del misionero debe ser representado como un mero elemento cómico, una parodia ridícula y dudosamente graciosa para cualquiera que tenga más coeficiente intelectual que una tostadora. Yo personalmente deseo asesinar lentamente a Makoto de Enchanted Arms, ese burdo e insultante mariconcísimo monigote del arquetipo. O tal vez será que se me ha acabado el sentido del humor para este tipo de chiste fácil de personaje.

Las lesbianas no gozan tampoco de mejor posición. A su favor, decir que por lo menos la existencia de parejas lesbianas, con sus propias historias fuera del papel de secundario idiota, sí ha existido. De hecho, una pareja lesbiana protagonizó Fear Effect 2 en PSX. Pero esto, ¿hasta qué punto es realmente un mérito? Pues si la función del personaje homosexual es ser una mariposilla que hace sentir más hombre al hombre, las lesbianas, ¿son lesbianas de verdad o son sólo figurines para poner cachondo al jugador al que el juego va dirigido? ¿Son mujeres que se aman o actrices porno que se manosean para el regodeo masturbatorio del hombre?

Lo cierto es que los videojuegos hacen un flaquísimo favor a la liberación sexual o al desafío de los esquemas patriarcales. Aunque la posibilidad está ahí, y aunque todas las formas de expresión mediática -desde las series de televisión hasta el cómic- se han atrevido a romper poco a poco (aunque en general no se de el caso) los malditos arquetipos sexuales, el videojuego sigue encerrado en la concepción más hueca de la sexualidad. Como producto nacido de una gran industria, y como tal generalmente enfocado al consumo de un público que las empresas consideran estúpido (porque lo es en la mayoría de casos), el videojuego parece condenado a repetir ad nauseam ideas y personajes que responden a una idea de violencia y sexualidad colosalmente idiotizada. Quizá, en un futuro, la sexualidad dejará verdaderamente de ser un tema tabú en el videojuego, y existirán desarrolladores capaces de salirse de las normatividades frívolas y pornográficas de la sexualidad según la gran industria. Tal vez algún día alguien se de cuenta de que alimentar así una idea sesgada y vacua del eros, o el homo-eros, no tiene ninguna buena repercusión sobre las tiernas mentes de jugadores adolescentes. Por ahora, tetas y culos y mariposas.
Este artículo tiene dos rombos, ¡DOS!
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 Autor: Quetzal Publicado el día 26/06/2008 14:16

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