¡Colabora!
0
Ver otras editoriales:


Playing in the Street

Lo reconozco, me emociono un tanto cada vez que veo a alguien por la calle jugando con una portátil, da igual que sea un crío con su Game Boy de colores absorto en el Pokemon Oro mientras su madre se toma un café con esa pareja tan maja que ha conocido en clase de Feng Shui, también con una chica matando el tiempo mientras espera el autobús con el Arkanoid que su novio le bajó en su flamante móvil multimedia, o, incluso, de vez en cuando, cuando observo al más friki de entre los frikis -camiseta de Atari en color rojo chillón incluida- moviéndose convulsivamente mientras trata de evitar que el buga de su Ridge Racer no se salga de esa pantalla tan enorme y brillante que tiene su recién estrenada PSP.

Qué se le va a hacer, yo crecí en una sociedad en la que la gente se cambiaba de acera al pasar por las salas recreativas huyendo no sólo de su olor a rancio sino también de los videojugadores usualmente proscritos como si fueran leprosos o delincuentes, en una sociedad que rechazaba de pleno ese tipo de diversiones por insanas y perjudiciales. No, no es de extrañar que el día que entré en mi casa con un Spectrum 48k bajo el brazo a mi madre se le cambiase la cara, estoy convencido que no hubiera sido peor si en vez de eso hubiese llevado un tirachinas o una navaja, de veras. Desde entonces mi madre, que hasta ese momento sólo veía la televisión por las noches, necesitaba verla a todas horas, incluso los domingos bien temprano cuando lo único que había en la tele era la carta de ajuste, cualquier cosa antes que dejar que el brillante futuro de su hijo como director de banco, científico de renombre o presidente del gobierno se fuese al garete por culpa de ese engendro electrónico.

Ahora, las cosas han cambiado, los videojuegos, a pesar de como algunas televisiones se empeñan en mostrarlos, son un auténtico producto de masas y son utilizados tanto por pequeños como por mayores, están en auge y de momento no parece que nada o nadie los pueda parar. ¡Qué cosas!, seguro que nadie hubiese apostado por llegar a este estado de gracia hace quince años, cuando en el mejor de los casos, eran considerados juguetes caros sólo aptos para niños ricos, aunque claro, eso todavía tiene algo de verdad, porque ¡Menudos precios!, ni que viniesen grabados en barriles de brent. Ni siquiera la cotización del dólar a la baja ha hecho que los europeos seamos beneficiados en ese sentido.

Quizás lo peor de que ahora sea un producto de masas es que la industria se ha racionalizado en exceso -cosa que salta a la vista probando un pequeño ramillete de los juegos actuales-, cada día quedan menos programadores que pongan en sus juegos tanto entusiasmo como ciencia. La mayoría se encuentran abrumados por plazos de entrega y compromisos comerciales con lo que no tienen tiempo para mimar sus juegos y explorar más a fondo sus ideas, y creedme, eso, a la larga, acaba teniendo reflejo en los juegos. No hace mucho un antiguo compañero de juegos me decía con algo de amargura: No es que ya no quiera jugar, es que los juegos ya no son como antes. Y razón no le falta, ahora los juegos nos entran por los ojos con unos gráficos foto-realistas, con bandas sonoras casi de cine e incluso doblajes por cuenta de auténticas estrellas del celuloide, aunque jugablemente, y salvo contadas excepciones, han perdido mucho de su antiguo encanto. Pero bueno, mejor vuelvo con el tema de las portátiles y el juego en la calle, que cuando toco ciertos temas me irrito y me voy por las ramas.

El lanzamiento de PlayStation Portable aparte de una lucha por el control de mercado portátil conllevará un nuevo paso hacia la normalización de los videojuegos en la sociedad actual. Escenas de jóvenes -y no tan jóvenes- jugando en el metro, en el parque o en la piscina pronto serán el pan nuestro de cada día, ya nadie -o al menos muy pocos- dudará que los videojuegos forman parte de la vida cotidiana como lo hacen el móvil o el walkman. Y es que no nos engañemos, a pesar de todas las conquistas que hasta ahora había logrado el sector, y mal que a muchos le pese, el tema de ver a alguien distinto de un niño con la mirada perdida en una pequeña consola sostenida con las manos aún causaba cierto estupor.

Personalmente, hace tiempo que perdí el complejo de ponerme a jugar en cualquier parte, ya sea con el móvil o con mi Game Boy Advance, y no sé si llegará el momento en que lo haga con una PSP, aunque desde ya os aseguro que la imagen no será tan sorprendente como la que contemplé en un autobús a principios de verano, cuando un sonido familiar llego hasta mis oídos y al volver la cabeza pude observar a un quinceañero jugando con una Game & Watch de Zelda tan nueva y brillante como si la acabara de estrenar, cosa extraña pues esa pequeña "consola" fue lanzada al mercado antes de que su propietario naciese.
¿Delincuentes? ¡No! Es Billy Mitchell tratando de lograr la puntuación perfecta en Pacman.
Mizuguchi; ¿programador ó artista? Yo creo que ambas cosas.
En fin, sobran los comentarios.

 Autor: Gladiator Publicado el día 13/09/2005 13:11

Comentarios de los usuarios:


Para poder aportar cualquier tipo de contenido a uVeJuegos.com necesitas estar registrado y además haber iniciado sesión.

Elige lo que quieres hacer:

×