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¡Violencia!

Fue Horacio, siglos atrás, el que habló de la tendencia natural del hombre a imitar aquello que le rodeaba, del simple placer derivado de la imitación, lo que llevaba a su vez al placer de la representación teatral como forma de entretenimiento de notable éxito. También Platón, en su República, le dijo a Esquilo, Sófocles y demás poetas y escritores de tragedias que se cuidasen de no visitar su utópica polis, porque no había cabida en la sociedad perfecta de Platón, dirigida por sabios, obras de heroínas como Antígona que luchan contra un opresor como Creonte, pues la gente- admirando el coraje de la joven y repudiando la cobardía de Ismene- se movería a luchar contra un opresor inexistente, pues no hay tiranías en una utopía ilustrada.

Pero adelantemos algo el reloj, a nuestra época tan distante de la sabiduría antigua y tan metida en la post-modernidad de profunda estupidez, los de ahora, los tiempos que corren, los de las dos caras de Jano hecho presidente, los de los libros de auto-ayuda, sub productos literarios, crisis de ideologías y magníficos debates televisivos con primates esputando basura acerca de famosillos, que dilapidan su dignidad a base de promulgar cotilleos como ladrillos en un grotesco monumento podrido al mal gusto. Y mal gusto hay, mal gusto sobra, mal gusto en la televisión, el cine, la publicidad, internet e incluso en la literatura. Y tampoco se libran los videojuegos, ya de sobra se ha hecho mención a los increíblemente violentos fatalities marca de la casa Mortal Kombat, con unas cantidades de sangre tan exagerada que resulta incluso humorística su visualización (En una vertiente morbosa y oscura, pero humorística).

Y de eso precisamente toca hablar hoy. No hace mucho que se retransmitió, Informe Semanal mediante, otro de aquellos breves reportajes periodísticos en los que se hace referencia al constante bombardeo de violencia al que somos sujetos en la población occidental, y de nuevo se hacía especial referencia al mundo de los videojuegos, tan criticado por esa concomitancia con el mercado del ocio infantil que le otorgan aquellos charlatanes que no entienden ni saben de que hablan. Pero tampoco me veo capacitado para negar las palabras de los señores psicólogos- a los que supongo entendidos- cuando afirman, como ya lo afirmaron Horacio y Platón, que tendemos a imitar a aquello que nos ponen delante, y ciertamente casos tales se dan especialmente durante la infancia y la juventud, período en el que somos esponjas que toman por justos aquellos ideales propugnados por nuestros héroes, ya sean personajes de dibujos animados, películas de Disney, héroes de cómic o protagonistas de novelas juveniles de Enid Blyton, que posteriormente serán substituidos- una vez alcanzada madurez mayor- por grandes iconos como el Che Guevara, Ernest Shackleton, Giuseppe Garibaldi, Federico García Lorca o Jorge Luis Borges. Pero no podemos negarlo, quizá no sea precisamente beneficioso a las tiernas e inocentes mentes de los niños saturarlas de miembros cercenados, órganos internos descubiertos, sangre a presión y demás imágenes de las que hacen gala muchos de los videojuegos que ocupan puestos altos en el ranking de ventas.

Ciertamente, hay quién dirá que no es malo, que la violencia está presente en la realidad y que resulta absurdo negarla. Que esto no es nuevo, que en la Ilíada se glorifican atroces y bárbaros rituales guerreros, que Edipo mató a Layo, se casó con Yocasta- su propia madre- y se arrancó los ojos, que Dante sentía placer ante el sufrimiento de sus enemigos en su visita a los infiernos, que Shakespeare escribió como Macbeth veía una ilusoria espada ensangrentada en sus manos antes del crímen, que Otelo maltrató a Desdémona, que un joven de un cuento de Edgar Allan Poe descuartizaba a un viejo, que si Dostoievsky ya predicaba el racismo del que se acusa a algunos juegos, que si Nietzsche era machista y nadie dijo nada, que esto pasó y pasará siempre. Pero sin embargo, cuando nos referimos a la violencia de hoy, no queremos decir que el problema se sostenga en la violencia en si misma, sino en la banalización de esta con simple ánimo a subir las ventas de un juego, como ocurrió posiblemente con Soldier of Fortune, tan denunciado por las asociaciones de padres escandalizados. Y es que no podemos negar que a pesar de que muchos juegos presenten un filtro de violencia, vocabulario y demás opciones para suavizar el contenido de estos, se va a seguir criticando al ocio electrónico de gran mal, de culpable de la insensibilización frente a la violencia y, de la misma forma, de la violencia misma, cual si fuera el arkhé de toda la corrupción en las mentes de la juventud...junto con Marilyn Manson ¡Por supuesto!

Cabe preguntarse, pues, cual sería la solución a tanta polémica. Siempre tenemos ahí, ante nosotros, a las asociaciones de padres escandalizados, que hacen gala de su arcaísmo al exigir la prohibición de todo producto de ocio electrónico que no concuerde con su recta moral puritana de mente políticamente correcta y bienpensante. Se escapa de la comprensión de muchos como apuesta tal puede ser tomada seriamente, dado que parece un retroceso a la idea del estado paternalista que me temo que ya fue superado hace décadas, cuando John Stuart Mill todavía tenía que explicar el significado de libertad. Y espero no equivocarme cuando afirmo que veo poco probable que se llegue a prohibir completamente la violencia en el ocio electrónico- si bien soy consciente de que existe cierta censura- para llevarnos a alguna especie de ley seca aplicada al ámbito de los videojuegos.

Así pues, si debemos dejar de lado, como es natural, los paternalismos por parte del estado y confiar en la racionalidad de la gente, pues se debería suponer que los padres que son suficientemente responsables como para abrir el mar rojo con tal de que se deje de lado la violencia en un sector que tiene ya más enfoque a un público adulto que a uno infantil, quizá sean responsables también para informarse acerca de las diversas instituciones encargadas de poner calificación por edades a los juegos, y de paso, de la educación de sus hijos. Poco importa a la gente que los personajes de Pulp Fiction o Kill Bill se lancen exabruptos continuos a la vez que descargan su psicopatía, pero parece terrible que un juego orientado a mayores de edad como es Grand Theft Auto exponga la misma falta de principios éticos que los personajes de Quentin Tarantino. Como ya se dijo en una editorial pasada, quizá sea menester- para dejar de lado conflictos y discusiones- que se informe realmente de qué son los videojuegos y que calificación por edades tienen, pues andamos todos algo cansados de críticas sin fundamento. Así como los padres no llevan de la mano a sus hijos a visualizar en el cine alguna pésima película de acción llena de violencia, o el último super éxito de Rocco Sifredi, tampoco veo la razón por la cual les vayan a traer a casa la última ida de olla cargada de humor negro de Rockstar Games. Quizá sea hora de que se quejen menos y se informen más, hora evitar que los niños acaben parafraseando a Lisa Simpson con aquella frase de "Papá, cómo no vamos a creer a la tele, si ella ha invertido mucho más tiempo en nuestra educación que tú".
Desde los asesinatos de Columbine la preocupación acerca de la violencia juvenil ha incrementado.
Gracias a la prensa sensacionalista por esta nada brillante imágen
¿Eh? ¿Qué hará esta imágen en esta editorial?
Si un enfermo mental asesina a sus padres, la culpa es de Square y Squall.
Carmageddon, uno de los juegos violentos que desató polémica en su tiempo.
Violencia, tacos, drogas, sexo y ropa hortera, todo al alcance de sus hijos en Vice City
Manhunt de Rockstar Games ha sido censurado en varios países por su violencia

 Autor: Quetzal Publicado el día 05/05/2004 20:40

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