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Videojuegos pasados los 40: Shadow of the Colossus
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Videojuegos pasados los 40: Shadow of the Colossus

Las experiencias en el mundo de los videojuegos de un veterano

Por Munir,
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El hermano mayor de los videojuegos

En el año 1896, los Hermanos Lumiere trajeron a Madrid la primera película o “vistas” de la historia. Durante las festividades de San Isidro hubo una proyección en la que se mostraban escenas de la vida cotidiana, un tren partiendo de la estación, obreros a la salida de una fábrica... El cine era un entretenimiento de feria o una distracción privada para aristócratas y burgueses. Setenta y dos años más tarde, el 17 de octubre de 1968 se estrena en España “2001: Una Odisea Espacial”, una película que trata temas de tanta trascendencia como el origen de la consciencia humana, la inteligencia artificial, la inteligencia extraterrestre y el ir más allá de nuestro planeta para explorar el sistema solar. Esto sucedió un año antes de que el hombre llegara a la Luna.

Pasarlo bien

Cuando yo empecé a jugar videojuegos lo normal era ir a los salones arcades, entonces era lo más parecido a una “feria” con cacharritos instalada permanentemente. Todos empezábamos por la misma razón a jugar videojuegos: era divertido. Y los que hacían los videojuegos lo sabían, y ponían todo su empeño en que los videojuegos fueran muy divertidos. Por supuesto siempre había algo de “mensaje” en el juego. Los desarrolladores planteaban mundos e historias que a ellos les resultaban entonces atractivas o eran historias que siendo más jóvenes habían disfrutado en libros, cómics o series de televisión, y basaban sus ideas para hacer juegos en ese bagaje personal. Pero al principio nadie se planteaba nada más que el videojuego fuera entretenido. Ningún personaje tenia líneas de dialogo en la que hubiese disertaciones filosóficas o morales.

Hasta tal punto era así, que uno de mis primeros juegos fue el Admiral Graaf Speer de Amsoft, en el que básicamente eres Hans Wilhelm Langsdorff, el capitán del acorazado de bolsillo alemán que se pasó el Tratado de Versalles por el forro y se dedicó a hundir buques mercantes tripulados por civiles en el Atlántico Sur, es decir, era un barco corsario del ejército que había jurado lealtad inquebrantable a Adolf Hitler. La moralidad o las disquisiciones éticas brillaban por su ausencia. La diversión era lo primero.



Hacerse mayor

Ya que el único objetivo conocido en mi juventud para un videojuego era la diversión, era natural que todos diésemos por sentado que al hacerte mayor, esos “juguetes” irían quedando atrás porque los adultos no juegan a videojuegos. Y los mayores de 40 ni de coña juegan a videojuegos, si lo hacen es porque padecen un infantilismo grave, los videojuegos no tratan temas de adultos ni aportan nada a la formación de un individuo o al menos eso era lo que nos decían a finales de los 80 y principio de los 90, cuando la deseada fecha de la mayoría de edad se iba acercando. Poco sospechaban los amigos de dar consejos no solicitados y de los paternalismos, que los videojuegos iban a madurar a más velocidad que nosotros mismos.

Para cada uno de nosotros el cambio en los gustos y preferencias y el interés por temas más serios o adultos llega en un momento diferente y es suscitado por diferentes causas. Cada individuo anda su camino. Con los videojuegos es igual, para unos será Metal Gear, para otros FFVII, aunque para mí fue Shadow of the Colossus.

El cambio de perspectiva

Lo gracioso del tema es que yo ni siquiera lo jugué, solo vi como lo jugaba un amigo con el que vivía. En esa época todavía no había gameplays y de hecho cuando yo vi el juego por primera vez YouTube apenas tenía un añito y era más gracioso y guapetón (no como el niñato soez e insoportable en el que se ha convertido, pero bueno, ese es otro tema).

Trabajábamos y vivíamos juntos y un día que llegaba a casa me lo encontré sentado frente a la tele y la caja del juego tirada en un sillón. La caja fue lo que inmediatamente me llamó la atención, no era de plástico, sino de cartón. Tenía unos dibujos en la portada que eran tremendamente enigmáticos, esos dibujos no eran lo que estaba acostumbrado a ver en la caratula de un videojuego. Lo que normalmente te encontrabas eran dibujos con estética de cómic o de cartelería de cine, pero eso parecía más como las ilustraciones de un libro de historia del arte, casi parecían pinturas modernistas y para rematar mi sorpresa dentro había unas tarjetas como postales, también con hermosas imágenes del diseño artístico del juego. Esto era algo nuevo para mí.

Lo siguiente que hice fue mirar a la pantalla y acabé más de dos horas sentado viendo como mi colega echaba abajo no gigantes, sino auténticos titanes que rasgaban el cielo y hacían temblar la tierra en cada paso. Me quedé flotando en la ingrávida atmósfera de soledad en la que se desarrolla el juego. No eran solamente los combates, había algo más que la acción, algo más allá de la diversión, un deseo de estar allí, de pararse y llenarse los pulmones con ese aire de libertad al cabalgar con Agro. Era un juego hecho para ser visto desde el cielo, a ojo de águila.

En Japón el juego se llamó “Wanda to Kyozo” (Wander y el Coloso) y fue puesto a la venta en el año 2005. Producido por Sony y bajo la dirección de Fumito Ueda y Kenji Kaido es sin duda una de las obras que marcan un punto de inflexión el desarrollo de videojuegos y su importancia es pareja a la de un Zelda Ocarina of Time, Metal Gear, Doom, etc. Es un juego que establece de forma evidente y palpable que el medio había madurado y aunque el telón de fondo seguía siendo la aventura, el pasarlo bien, también quería expresar ideas y emociones que empiezas a comprender únicamente si estás madurando como persona. Un juego capaz de hacerte ver que si nos dejamos guiar solo por nuestros deseos podemos acabar convirtiéndonos en el villano de la historia.



La búsqueda y el reencuentro

Por entonces yo no pude comprarme el juego, ya me había independizado y echaba más horas en el curro que un reloj, pero seguía sin tener un duro (la “maravillosa” época juvenil). Cuando mi situación empezó a ser más estable, busqué el juego para comprarlo un par de veces pero infructuosamente, y luego ya sabéis cómo es esto, no han parado de salir títulos increíbles en estos últimos 13 años y la cosa se fue quedando atrás hasta que un día entré en YouTube y me encontré con esto:



Volví a sentir exactamente los mismo que la primera vez que vi el increíble Shadow of the Colossus.

P.S: Me pregunto dónde estará la industria del videojuego dentro de 72 años y sinceramente creo que es una pregunta muy difícil de responder, sería necesario un Stanley Kubrick de los videojuegos para saberlo.
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