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¿No tienes paciencia para los juegos retro? Lee esto

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Quieres volver a jugar Sonic The Hedgehog de una sentada como antes, pero algo te lo impide

Por Andrés JC,
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Hace un día lluvioso y hay bastante tráfico. Aunque solo son las siete de la tarde, la noche se cierne sobre la ciudad; los edificios de hormigón desnudo arrojan sombras cada vez más grandes sobre Juan. Después de una tediosa jornada de trabajo, está deseando llegar a casa y ponerse el pijama. Seguro que aún queda alguna bolsa de pan de pipas del Mercadona para quitarse el gusanillo antes de cenar, un acompañamiento perfecto para encender la TV de 45 pulgadas y ponerse a jugar. Pocas cosas hay más gratificantes en la vida que volver al hogar y refugiarse en los videojuegos, piensa Juan.

Cuando enciende su sistema de entretenimiento PlayStation 4, Juan observa con detenimiento su lista de juegos. Todavía quedan un par de trofeos para desbloquear el platino de Ghost of Tsushima. Hace meses que no juega al juego de los samuráis. Desde que anunciaron la versión para PS5, se le quitaron las ganas de jugar, dice. En realidad, el juego no le gusta demasiado, pero desbloquear trofeos sí. Conforme recorre su biblioteca digital aparecen un par de entradas que captan su atención. Castlevania Collection y Disney Classic Collection: El Rey León y Aladdin. Ha sido un día duro, así que quizá sea el momento de estrenar alguno de ellos y recuperar tiempos pasados.


La meta del hombre moderno


Titubea por unos instantes, pero en un alarde de valentía, Juan decide jugar El Rey León. Pocas cosas hacía más feliz a un chaval de los 90 que ver El Rey León, que además ahora puede presumir de sentirse inteligente afirmando que es una versión de Hamlet. Qué bonito era este juego, piensa Juan. Los colores cálidos de la selva inundan su pantalla OLED, como cálido es ese sentimiento de nostalgia recorriendo el primer nivel del juego. El cachorro de león salta y cae con unas animaciones muy agradables, ¿dónde estaba el pixel-art en los 90? antes sólo era pixel, el art ya venía implícito.

«¿dónde estaba el pixel-art en los 90? antes sólo era pixel, el art ya venía implícito.»


Por desgracia, los recuerdos borrosos de Juan no alcanzan más allá de esta primera fase. Más adelante encuentra una confusa zona en la que no puede atravesar un río, por alguna razón los hipopótamos que hay dispuestos por el escenario no parece que sirvan de plataforma. ¿Cómo demonios llego al otro lado del río? Juan manipula con cuidado los 12 botones del DualShock 4, pero no encuentra el comando correspondiente al mando de la Super Nintendo que le permita atravesar este traumático accidente natural. Sin pensárselo dos veces, Juan desenfunda su Huawei y busca en YouTube la solución a este intrincado acertijo plataformero. Aparentemente, los hipopótamos permiten al león balancearse por su cola, pero sólo a veces, obedecen un patrón difícil de interpretar. Molesto, Juan intenta varias veces esta estúpido nivel y consigue avanzar.

Pero la alegría le dura poco. Unos monos se interponen en su camino y lanzan a Simba de arriba, a la derecha, luego abajo. No parece haber más camino a la derecha. Tras varios intentos, Juan no es capaz de averiguar cómo avanzar otra vez, los malditos monos de colores se interponen en su camino y no encuentra la manera de llegar a su destino. Juan vuelve a mirar el vídeo en YouTube y descubre, atónito, que uno de los botones del mando hace que Simba efectúe un rugido, empleado para alterar la orientación de los monos. "¿Cómo narices iba a averiguar eso?" murmura Juan, irritado. El león sigue dando vueltas de un lado a otro de la pantalla entre los monos, pero parece no llegar a ninguna parte. Una y otra vez Simba vuela por los aires en un esfuerzo estéril por cruzar el acantilado sin éxito. Juan decide cerrar el juego y borrarlo del almacenamiento de su consola. En seguida vuelve a la calidez de Ghost of Tsushima y su ansiado platino. Con suerte podrá desbloquearlo antes de tener que preparar el tupper para mañana.


En ocasiones... veo monos de colores


Volver al pasado puede ser traumático

Todos hemos sido Juan alguna vez. Todos hemos tenido que preparar un obtuso plato de comida y enfundarlo en un recipiente de plástico para comerlo al día siguiente; y todo después de haber querido disfrutar de un juego retro de forma infructuosa. Una distancia insalvable parece alzarse entre recuperar los recuerdos de tu juego de Mega Drive y entretenerte con él como con el último triple A de mundo abierto lanzado en 2021. Parecen cosas irreconciliables: los juegos antiguos ya se han quedado viejos, ponerte a jugar algo de hace más de 25 años es lo más parecido a sentarte en el sofá de tu abuela a ver Cine de barrio, esto ya no es para ti.

«En tu época eras El Hacha del Golden Axe, pero ahora cuando lo abres en tu smartphone los goblins te hacen bullying»


Eso crees, pero en realidad, te equivocas. Es posible que hayas estado intentando jugar a juegos de Super Nintendo de forma equivocada desde tu primer emulador en 2005, con un mando USB de 10€. Que cuando has ido a echar una partida rápida a Metal Slug te hayas aburrido rápidamente porque quisiste jugar en solitario, y no con tu colega de siempre. En tu época eras El Hacha del Golden Axe, pero ahora cuando lo abres en tu smartphone los goblins te hacen bullying porque los controles táctiles son insufribles. Ya ni hablemos de la vez que intentaste jugar al Resident Evil original, pero rápidamente desististe de la idea porque los controles de tanque te amargaban la vida.

Es posible, simplemente, que una secuencia de pequeñas malas experiencias jugando a clásicos de los 80 y 90 te hayan hecho cogerle apatía al juego retro: porque es demasiado difícil, porque los gráficos han envejecido mal, porque el control es tosco. Pero no te preocupes, que lo último que te voy a recomendar es comprarte una Super Nintendo original con una modificación para ejecutarla a 60Hz por RGB en la Sony Trinitron de tubo que tiene tu tía en el garaje. Quiero decir, ese sería el escenario ideal, pero entiendo que montarse un setup retro en condiciones es demasiado trabajo cuando precisamente te falta la motivación para ello.

Cómo volver a disfrutar de tus juegos de la infancia


Ikaruga no es de tu infancia, ni de quienes te dicen que lo juegues


Hay algo muy importante que debe quedarte claro: igual que los juegos actuales no son todos iguales, y no todos te gustan, los juegos antiguos están en la misma situación. No porque un tío de Kotaku te diga que Ikaruga es el mejor juego de naves de la historia eso va a hacer que te lo descargues en tu Switch y vayas a disfrutar de la mejor experiencia de la historia en un juego de naves. De hecho, lo más probable es que el tío de Kotaku ni siquiera haya superado el nivel 3 del juego, y que tú no te pases ni el nivel 2. Lo que debes tener en cuenta, antes de nada, es tu background como jugador. Si de pequeño te gustaba Super Mario World, es probable que volver a ahí sea la opción más recomendable, y por extensión, a cualquier juego de plataformas de similares características: Donkey Kong Country, Ristar, Rocket Knight Adventures.

Elige un género donde te sientas cómodo e intenta seleccionar juegos de dificultad más asequible. El Rey León es uno de los juegos más difíciles y tramposos de la época de Super Nintendo, aunque muchos no nos acordamos de eso, así que no seas como Juan, e intenta ir primero a lo más amigable, o de lo contrario puedes tener una experiencia desagradable. Si el juego lo permite, elige el nivel de dificultad más bajo. Seguramente no te acuerdes, pero también lo hacías en los 90 cuando ponías el cartucho por primera vez en tu consola. Esto también aplica a juegos 3D de PlayStation o Nintendo 64 por ejemplo. Si quieres volver a jugar a un Resident Evil clásico, no eres menos hombre por elegir el nivel de dificultad fácil. Al final, sólo quieres volver a recordar cómo es el juego, no te interesa tanto chocarte contra sus picos de dificultad, ni contra un diseño de niveles que puede tener defectos, enterrados por el olvido.

«Si quieres volver a jugar a un Resident Evil clásico, no eres menos hombre por elegir el nivel de dificultad fácil»


Elegir a qué jugar cuando el catálogo que tienes delante multiplica por 15 al de tu consola de última generación es más complicado de lo que crees. Seguro que cuando piensas en PsOne no se te ocurren más de 10 o 15 juegos, pero en realidad tiene más de 1000 entradas en el catálogo. Sí, Metal Gear Solid es un clásico y Gran Turismo fue la bomba. Ah, y los Final Fantasy, cómo olvidarlos, aunque en esa época te iban más los juegos de tiros como el Syphon Filter, figura. Qué pereza jugar al Syphon Filter ahora, ¿eh? Pero lo que te tienes que preguntar, por otro lado es lo siguiente. ¿Has jugado a Alundra? ¿The Legend of Dragoon? Son algunas de las franquicias propiedad de Sony más interesantes de la época. ¿Sabías que Vib Ribbon es la hostia y lo hicieron en el mismo equipo que Shadow of the Colossus y Demon's Souls? Seguro que recuerdas Tombi, el plataformas en el que le hacías súplex a los cerdos con un Son Goku de pelo rosa. Y seguro que no conoces Lomax, un plataformas 2D que machaca a todos los indie que te has comprado en tu PS4. Estos juegos son solo ejemplos que seguro que no te vienen a la mente cuando piensas en jugar a cosas viejas.


Quieres volver a jugar a esto, pero todavía no lo sabes


Ya has decidido a qué juego te vas a poner, y lo vas a hacer en serio. Quieres jugar a eso porque ya lo habías jugado de pequeño y tienes nostalgia, o porque no lo jugaste pero lo conoces, te interesa y nunca te habías sentado con él. Ambas cosas son enriquecedoras de forma diferente, pero en el segundo caso, tendrás que hacer un esfuerzo adicional para transportarte a su época. Este esfuerzo depende del juego, pero por norma general los clásicos son más lentos, más torpes, a menudo poco intuitivos, y con cierta tendencia a incorporar algún pico de dificultad o acertijo no precisamente asequible. En otras palabras: necesitas familiarizarte con los estándares de la época, y eso requiere un poco de paciencia. Es la misma paciencia que utilizas para recorrer una y otra vez el mapa del último juego de Ubisoft para encontrar un coleccionable escondido, o cuando tienes que repetir la misma fase de Doom Eternal en modo ultra difícil para que te den el puñetero logro. Usa esa paciencia.

Asumiendo que no tienes el hardware original para ejecutar el juego (en cuyo caso te puedes saltar este párrafo), es importante considerar dónde estás jugando. Puede que parezca una tontería, pero no es lo mismo jugar a algo en el móvil, en una consola portátil china, en el emulador del ordenador, en Switch o en tu PSP hackeada. Hay cosas literalmente injugables en determinados dispositivos, por decirlo de forma explícita, no se puede jugar a cualquier cosa en cualquier sitio. Esto podría parecer un pataleo de alguien sibarita pero es objetivamente cierto. Por un lado, todo lo que no ejecutes en hardware original es con alta probabilidad emulación. La emulación lleva implícito un input lag (retardo en recoger la pulsación del botón) que en muchos casos no afecta a la partida, pero en otros convierte el juego en una experiencia mucho más difícil. Esto se nota más en unos emuladores que en otros y también depende de la rom. Por otro lado hay determinados mandos o controles que simplemente no sirven para manejar cómodamente ciertos juegos. Si sientes que te está costando demasiado superar un plataformas o un matamarcianos, es posible que esta sea la causa de tu frustración. Si Super Ghouls & Ghosts ya es difícil de por sí, con una cruceta que se atasca de una consola salchichera de 15€, terminarlo va a ser literalmente imposible.


Si pestañeas te matan


Otra cosa que puedes considerar, en el escenario probable de que utilices un emulador, es que vas a disponer de los infames savestates. Este es un mecanismo incorporado en la mayoría de juegos retro de la actualidad, así como en emuladores de distribución libre. Permite guardar la partida en cualquier momento como si se hiciese una "foto", hasta el punto de poder guardar cada 5 segundos si así lo deseas. Cómo utilizar los savestates depende del jugador, y los más puristas te dirán que mereces la guillotina por usarlos, pero la realidad es que todo el mundo los usa, así que siéntete libre de aprovecharlos como te parezca. Sin embargo, mi recomendación personal es no abusar de ellos. No hay nada divertido en superar el final boss de una fase guardando la partida cada vez que golpeas al enemigo, por ejemplo. En mi caso, lo que suelo hacer es guardar antes del combate, e intentar encontrar la forma de superarlo de forma legal. Muchas veces no es tan difícil, solo requiere unos cuantos intentos para identificar los patrones y esquivar los ataques

«Esto es como si pretendes matar a todos los jefes de Dark Souls uno detrás de otro al primer intento, no va a suceder»


Una fuente común de frustración es intentar abordar un juego clásico 2D, que como mucho duran una hora, y pretender completarlo de principio a fin la primera vez que lo juegas, en el tiempo estipulado. Lo siento, pero esto no funciona así, en general. Incluso usando los savestates, vas a necesitar más tiempo y más intentos, es así como están diseñados estos juegos. No va a suceder que te pongas con U.N Squadron a las 9 de la noche y quieras haber visto los créditos antes de las 10, si hace 25 años que no lo juegas. Esto es como si pretendes matar a todos los jefes de Dark Souls uno detrás de otro a primer intento, no va a suceder. En muchos casos, los niveles están diseñados para que aprendas elementos de los mismos (o memorices, dicen algunos) para anticiparte a ellos y salir victorioso. Así que tómatelo con calma, el juego no se va a ir, y puedes acometerlo poco a poco e ir saboreando la victoria de cada fase con tranquilidad.

Hay poco más que indicar aquí, que no entre en conflicto con los gustos de cada uno. Jugar debe ser una experiencia al gusto del consumidor, pero tenemos que tener claro que a veces no nos la sirven como se merece. Hay un fenómeno muy curioso que sirve para comprobar esta realidad. Pueden pasar décadas en las que nadie habla de determinado juego, a nadie le interesa y se habla de él siempre desde una lejanía irrecuperable, como si ya perteneciese a un pasado que merece la pena olvidar. Pero de repente, ese mismo juego, que había estado abandonado en la percepción colectiva, lo vuelven a lanzar al mercado con pitos y flautas dentro de una super edición fantástica, un envase ideal en el que la compañía de turno, te explica que ese juego es historia del videojuego que no debes olvidar. Es en ese momento cuando de repente todo el mundo, como poseídos por un espíritu ancestral, corren a introducir su dinero en los bolsillos de esa compañía para conseguirlo. El juego siempre estuvo ahí, siempre fue historia, y siempre tuviste un método legal para obtenerlo y jugarlo. Pero que quieras jugarlo debería ser decisión tuya, sin que ninguna multinacional propietaria de ese juego tenga que salir a vendértelo otra vez; especialmente en los casos cuando los verdaderos autores de la obra no van a obtener ni un céntimo de tu dinero.


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