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La Era del Escudo acaba, la Era de la Lanza comienza - DOOM: The Darges Ages Revelations
PC PlayStation 5 Xbox Series

La Era del Escudo acaba, la Era de la Lanza comienza - DOOM: The Darges Ages Revelations

Nos adentramos en el Purgatorio de la nueva expansión de DOOM: contenido nuevo y jugabilidad totalmente diferente.

Por Pablo Sánchez ,
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Desde su llegada, DOOM: The Dark Ages se presentó como una reinterpretación medieval del universo del Slayer, una apuesta que mezclaba brutalidad, fantasía oscura y un enfoque más táctico del combate. Sin embargo, incluso en su propuesta más ambiciosa, el juego base dejaba entrever que su universo podía ser aún más grande, más arriesgado y más visceral. Ese “propuesta” nos llega con Revelations, una expansión que no se limita a añadir contenido adicional, sino que actúa como base para posicionar DOOM: The Dark Ages cronológicamente en el universo de DOOM. Con este nuevo contenido, DOOM: The Dark Ages alcanza su verdadero propósito creando así el nexo de unión entre los orígenes del primer DOOM y la renovación de la franquicia con DOOM 2016.



La historia de Revelations arranca en un tono inesperadamente introspectivo. El Slayer se encuentra debilitado, como si hubiese perdido su esencia, como si hubiesen intentado sustituirle por una copia barata de él mismo. DOOM nunca ha sido una saga que se detenga a explorar la psicología de su protagonista, pero aquí lo hace con una sutileza sorprendente. Así es como seremos llevados a un purgatorio, puesto que para avanzar debemos ser un arma pura. Este purgatorio no sirve sólo como un escenario más sino como es un estado mental, una representación material de la psique del propio Slayer que deberemos enfrentar en pos de conseguir esa “pureza” que tanto necesitamos para seguir avanzando.

La gran sorpresa de esta adición es la Lanza de Cadenas, un arma que se convierte en el eje central del nuevo diseño de combate. Esta arma no sólo añade un modo ofensivo devastador, sino que introduce una capa de movilidad que transforma por completo la experiencia. Con ella, el jugador puede enganchar enemigos, impulsarse hacia ellos, rebotar en el aire, abrir rutas verticales y ejecutar maniobras que antes eran impensables en la saga. La sensación de control aéreo es tan marcada que, por momentos, Revelations se acerca más a un metroidvania tridimensional que a un shooter tradicional. Y lo más sorprendente es que esta nueva movilidad no rompe la identidad de DOOM, es más, la amplifica, la refina y la lleva a un territorio donde la agresión y la estrategia se entrelazan de forma natural.



Los niveles están diseñados para aprovechar esta verticalidad con bastante precisión, aunque el cambio de ser un tanque demoledor a una especie de caza de combate pesada cuesta al principio sobre todo para intentar superar la barrera de la configuración de controles que se solapan con respecto al escudo sierra que tanto amamos. El Purgatorio funciona como una sala central lleno de secretos, rutas bloqueadas y zonas que sólo se abren cuando el jugador domina nuevas habilidades.

Esta estructura fomenta la exploración y la experimentación, algo que DOOM había tocado tímidamente en entregas anteriores pero nunca con tanta convicción. Cada nueva habilidad desbloqueada con la Lanza de Cadenas no sólo añade una nueva mecánica, sino una llave que abre nuevas posibilidades, tanto en el combate como en la exploración. El jugador siente que progresa no porque suben sus números, sino porque su dominio del espacio se expande. Es una progresión orgánica, integrada en el diseño del mundo y en la filosofía del combate.



En cuanto a enemigos, Revelations introduce criaturas que obligan a replantear estrategias. Los Brujos distorsionan el espacio y castigan la movilidad del jugador, obligando a usar la Lanza de Cadenas en todo momento. Los Buzzsaws combinan velocidad y daño en un paquete infernal que exige precisión y lectura del entorno. El regreso del Archvile, ahora más agresivo y menos predecible, añade un nivel de tensión que se echaba de menos en el juego base. Incluso los Elementales Cósmicos, variantes del clásico Elemental del Dolor, los cuales adoran a esa nueva entidad lovecraftiana por la que ha optado el universo de DOOM: The Dark Ages, resultan interesantes. Cada enemigo parece diseñado para poner a prueba una faceta distinta de la nueva movilidad del Slayer, como si hubiesen querido convertir cada combate en un examen donde poner a prueba tu habilidad y tu capacidad de adaptación desde el minuto uno.

La ambientación también juega un papel crucial. El purgatorio helado, con sus estructuras fracturadas y su estética de ruina eterna, crea una atmósfera que mezcla desesperación y majestuosidad. Los niveles posteriores, más infernales y expansivos, contrastan con esta primera zona, reforzando la idea de ascenso desde la debilidad hacia la furia absoluta. El diseño artístico vuelve a brillar, con escenarios que cuentan historias sin necesidad de palabras y que transmiten la escala épica del conflicto. La iluminación, el uso del color y la composición visual están al servicio de la narrativa ambiental algo que la saga ha perfeccionado desde DOOM (2016) y que aquí alcanza un nuevo nivel. Cada zona parece construida para reforzar el viaje emocional del Slayer, incluso sin diálogos ni cinemáticas extensas algo así como una interpretación moderna del Infierno de Dante.



La expansión también destaca por su ritmo ya que Revelations sabe cuándo acelerar, cuándo frenar y cuándo permitir que el jugador respire. Los momentos de exploración se alternan con combates intensos que aprovechan la verticalidad del entorno, y las secciones más lineales se equilibran con zonas abiertas que invitan a experimentar con la lanza de cadenas. Esta variedad evita la fatiga y mantiene la sensación de descubrimiento constante. Incluso en sus momentos más frenéticos, la expansión conserva una coherencia interna que demuestra la madurez del equipo de diseño.

Cuando la campaña concluye, Revelations no se detiene. Las nuevas Master Arenas y la actualización del Ripatorium 3.0 ofrecen contenido final que exprime al máximo las nuevas mecánicas. Es aquí donde la Lanza de Cadenas demuestra su verdadero potencial, convirtiendo cada encuentro en un rompecabezas de movilidad, agresión y precisión. El jugador debe dominar el ritmo, anticipar patrones y usar el entorno como un aliado constante. Este contenido adicional no es un simple añadido: es una declaración de intencionesque quiere que el jugador entienda que la expansión no es un apéndice, sino una pieza fundamental del diseño global de The Dark Ages.



En conjunto, DOOM: The Dark Ages Revelations es una expansión que no se limita a añadir contenido: redefine el juego. Es más vertical, más técnico, más desafiante y, sobre todo, más consciente de lo que DOOM puede llegar a ser cuando se atreve a romper sus propias reglas. Para los fans del Slayer, es una pieza imprescindible ya que esta nueva expansión es una demostración de que la saga todavía tiene espacio para evolucionar sin perder su esencia. Revelations no es sólo más contenido y ya, sino que nos permite ahondar en el verdadero corazón de The Dark Ages convirtiéndose en el capítulo que completa su identidad y que marca el camino para el futuro de la franquicia.

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