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Dios creó Sopa en un mes de tres semanas de diez días cada una. Sopa era un pedazo de tierra que flotaba sobre un líquido amarillo que a su vez estaba en un plato. El mundo estaba formado por cinco continentes, dos de ellos gigantescos, uno normal y dos de 20 escasos metros de ancho y otros 20 de largo.
En Sopa Dios creó a los humanos y, para que no se sintieran solos, a dos mil millones de especies más (incluidos los economistas). Estas especies convivían juntas en todos los continentes, aunque algunas se llevaban extrañamente mal debido a tradiciones pasadas y guerras arcaicas. Por ejemplo, los elfos, con sus orejas de pico y su pelo verde, odiaban a los economistas, humanoides de pequeña estatura con gafas y sombrero. Claro que los economistas odiaban a los peces y estos a los elfos. De hecho, cuando un elfo ataca con arco a un economista le hace más daño que si el economista ataca al elfo con la misma arma. Pero el mismo elfo con el mismo arco no es capaz de endosarle el mismo daño al pez que al economista. En cambio el enano se carga al pez y al elfo de un solo golpe de maza pero muere al instante cuando se enfrenta a un economista con calculadora.
Dios, que era muy listo, guapo y listo (pero no ligaba nunca porque Diosa era rubia y a Dios le gustaban las morenas), creó las religiones para que creyeran en él. Así, un buen día todas las razas y especies de Sopa se levantaron por la mañana y se dieron cuenta de que habían sido creadas por Dios. Y lo amaron y lo adoraron. Los paQmbrales tenían todos una piedra de tamaño considerable plantada en el jardín de sus casas y salían a hacer la danza del tótem para comunicarse con Dios. Los hombres, en cambio, aún no habían aprendido el arte de escribir y Dios consideró que merecían un castigo ejemplar, de modo que se quedaron sin religión. Los peceros, por poner un último ejemplo, tenían a Dios agregado en el Messenger y se podían comunicar con él cuando estaba conectado, no sin antes reiniciar el ordenador tres veces a modo de ceremonia sagrada.
Claro que cada una de las razas de Sopa tenía un nombre particular para Dios. Así, los clones le hablaban al dios Encías; los estudiantes a Carlos de Mata; y los americanos a Presidente. Pero aunque los nombres eran distintos (pues el Hacedor era del parecer de que así quedaba más cool), todos correspondían a la misma persona.
Pasados unos meses, Dios descendió a Sopa, adoptando la forma de un perro, para comprobar que todo marchaba según lo previsto. Sin embargo, durante su estancia en su creación, los demás perros no lo aceptaron en su especie, pues era de color blanco mientras que todos los demás eran de colores oscuros. Lo crucificaron y lo mandaron de vuelta al cielo.
El enfado, dicen, fue monumental. Y el castigo que cayó sobre todas las especies de Sopa también. El Hacedor, en una muestra de crueldad e ira, creó una nueva raza destinada a dominar todas las demás. Se trataba de las mujeres. También llamadas señoras, tías, chicas, entre otros nombres oscuros.
Cabe destacar que el Hacedor también creó un montón de cosas más (como la ropa interior o los amantes de Depeche Mode), pero no tenía ganas de apuntarlas todas.
Cómo creó Dios a Sopa y a sus habitantes y a sus religiones y a un sin fin de cosas más es un verdadero enigma, pues el Hacedor no se fija nunca en los detalles (si cobrara para realizar su trabajo, quizá se lo miraría un poco más).
Claro, que luego a Dios no le gustó el resultado. Arrancó la hoja de su libreta y, tras arrugarla tanto como pudo, la lanzó a la papelera que tenía en frente, a unos escasos 5 metros. Con muy poca fortuna, porque rebotó contra la pared y cayó en el suelo. Luego se dispuso a volver a empezar de nuevo, sin prestar demasiada atención a la profesora de catalán, que proseguía con su discurso.
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A la próxima gano, ¡estoy seguro!