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El pirata del Tercer Reich
PC PlayStation 4

El pirata del Tercer Reich

Nada mejor que utilizar sus propias armas contra el enemigo, sobre todo si son nazis. Arkane Studios ayuda a Bethesda a llevar Wolfenstein a la VR.

Por Juan Emilio Palomino González,
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Versión analizada PlayStation 4 Pro. Copia digital proporcionada por Bethesda.


Que Machine Games ha sabido revitalizar la serie Wolfenstein lo sabe todo el mundo. Cuando Bethesda Software anunció que la reputada serie de acción estaba en manos de un estudio de nuevo cuño, nos preocupamos, pero en cuanto supimos que el núcleo estaba formado por parte del equipo de Starbreeze Studios, el panorama cambió completamente. Eran tiempos en los que todo shooter debía estar centrado en el multijugador... ellos se sacaron una gigantesca campaña para un solo jugador con The New Order. Luego llegaría la expansión The Old Blood, tan grande y morrocotuda que otros estudios la promocionarían como una segunda parte. Y luego llegaría la verdadera segunda entrega, aún más grande y rotunda que los dos juegos anteriores. Como parece que están faltos de retos, ahora nos sorprenden por partida doble... primero con una nueva entrega que sigue las mismas premisas que ya conocemos pero centrada en un modo cooperativo en el que las hijas de Blazkowicz han heredado el peculiar afecto a los fascistas alemanes de su padre y se pasan toda la aventura dando buena prueba de ello.

El segundo de los retos nos llega para la realidad virtual, pero de la mano de Arkane Studios, la gente que nos encandiló con Dishonored y Prey también han aceptado este encargo. Y es que Bethesda ya ha llevado algunas de sus series más icónicas a este medio, como ya vimos con Skyrim VR o con Doom VFR. Ahora le toca el turno a Wolfenstein: Cyberpilot, la nueva entrega de la franquicia para PlayStation VR y HTC Vive.

En cuanto al argumento se refiere, la trama nos lleva veinte años después de los hechos vividos en The New Colossus, la segunda entrega numérica de la serie. Resulta que Youngblood también ocurre dos décadas después del citado juego, pero Cyberpilot, el que nos ocupa hoy, transcurre un poco antes de las barrabasadas de las dos hermanitas. Encarnamos a un “Cyberpiloto”, un elegido por la resistencia francesa para ajusticiar al ejército nazi mientras los echamos a patadas de sus culos alemanes de la eterna ciudad de Paris. Sentado en lo que parece ser una silla de ruedas, nuestro cometido será piratear las máquinas de guerras del enemigo y controlarlas a distancia desde nuestra base para solventar todas las misiones que nos proponen.

Nada como una bratwurst a la parrilla.


Estaremos asistidos todo el tiempo por Maria, la voz cantante de esta división de la resistencia y por Jemma, la inteligencia artificial de “nuestra silla” que se comunicará mediante mensajes en nuestro monitor. Piratear gigantes de metal para destrozar batallones de nazis malencarados... suena brillante, épico... glorioso. La cantidad de artefactos monstruosos a los que hemos tenido que enfrentarnos en todas las entregas de la serie, lo mal que lo hemos pasado contra ellas y ahora van a estar bajo nuestro control. Pues no. Sí, pero no. El juego nos pone en bandeja de plata tres vehículos de combate (los perritos Panzerhund, los sigilosos drones y el efectivo Zitadelle hermanastro del ED-209 de la película Robocop). Y peor aún, solo cuatro misiones.

La mecánica está clara. Primero nos avisarán que nuestros aliados han "capturado" a una de las creaciones hipervitaminadas que parece sacada de las locuras conceptuales del mismísimo Cráneo Rojo, para a continuación descender hasta la zona del taller en la que deberemos realizar los ajustes necesarios para poder controlarlo en remoto. La idea es buena, podemos girar y acercar al mastodonte metálico como queramos, pero luego con detectar la luz que parpadea, usar la palanqueta y cambiar el circuito impreso ya estará hackeado. Esta sección pedía a gritos más minijuegos. Una vez terminemos, podremos ir a la sala de control para empezar la misión, y como cabría esperar, la del drón es el plan sigilo con pequeñas dosis de pirateo informático, mientras que los niveles en los que manejamos al Panzerhund y al Zitadelle son de arrasar todo lo que se nos ponga por delante.

Lo que más nos ha gustado en este aspecto es que el juego funciona muy bien. Se adapta bien a nuestra posición, el reconocimiento tanto de los dos Moves como del casco es perfecto y apenas tendremos sensación de mareos (probado tras ingerir un plato de pasta con tomate, salchichas y queso). Lo dicho, el control es muy bueno, limitándose a ir hacia adelante y atrás con dos botones para dejar los giros a movimientos fijos de unos 30º. Puede que no sea lo más preciso del mundo, pero funciona, no provoca náuseas y está bien implementado. El drón además vuela, por lo que el Move derecho servirá para subir o bajar según la inclinación que le demos... bueno, todo esto se queda en palabrería, porque lo realmente divertido es utilizar el lanzallamas del Panzerhund en combate.

Paris, invadida por los nazis, es como Madrid en agosto.


Una vez metidos en harina, sentiremos el peso de los vehículos al movernos, veremos los coches que hacen las veces de mobiliario explotar y comprobaremos que la verticalidad de los escenarios se queda en mero decorado. Bonito, pero un decorado vacío de contenido con el que interactuar al fin y al cabo. Porque además de disparar y piratear ordenadores con el dron, poco más vamos a hacer en este Cyberpilot. Eso no sería un gran problema si pudiéramos rejugar los niveles con incentivos de peso. Nada. Las buenas sensaciones que tendremos del juego con la interacción dentro de la base del principio (a la que volvemos después de cada misión) y durante la refriegas con los nazis terminan por ser insuficientes. Eso sí, la estética Wolfenstein la tiene, al igual que un contundente apartado sonoro para que la acción no decaiga un ápice. Y con doblaje en castellano incluido.

La idea de construir un juego basado en los niveles "especiales" de los títulos de acción (como en la serie Call of Duty que controlamos un tanque o vamos en una torreta) era una gran idea para aprovechar las bondades de la realidad virtual... pero limitarlo a cuatro misiones resulta irracional, por mucho que hayan participado apenas una treintena de componentes de Arkane Studios en el desarrollo o que el juego salga al módico precio de 19,99 euros. Así, el juego se convierte en un enorme tutorial de poco más de dos horas. Un encorsetado, lineal y divertido tutorial. Porque sí, el juego tiene su carga de humor negro marca de la casa y se matan nazis, que es a lo que hemos venido, pero esa diversión termina por saber a muy poco. La rabia es que con un poquito más de empeño y de medios, habría quedado un juego realmente redondo.
Análisis de Wolfenstein Cyberpilot para PS4: El pirata del Tercer Reich
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Transmite la esencia Blazkowicz. Buen uso de PSVR y los Moves. Quemar nazis con el lanzallamas
Cuatro misiones y tres vehículos, en dos horas ya veremos los créditos.
La idea era buena, pero se quedó corto. La relación calidad-precio lo limita a los asiduos a la realidad virtual, a coleccionistas y a caza trofeos.
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