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Como almas en pena
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Como almas en pena

Envuelta en grandes y constantes polémicas, la remasterización de uno de los grandes exponentes de la estrategia en tiempo real aterriza en nuestros ordenadores. Análisis de Warcraft III: Reforged.

Por Sergi Bosch [@GriffithDidNW],
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La diversificación y la hibridez de estéticas y planteamientos ha hecho que, hoy en día, en los últimos suspiros preambulares de 2020, sea cada vez más difícil identificar diáfanamente un género como nuclear en un momento concreto; un, digamos, “rey” de la industria en una época dada, en este caso la actualidad. Parece ya lejana la fecha en la que World of Warcraft reinaba impertérrito e irreductible ante todos los otros multijugadores masivos online; o, para no aventurarnos tan en la lejanía -desde luego, cómo pasan los años-, la pasión desaforada que despertaba el género moba parece que se ha ido desvaneciendo lenta pero inexorablemente, no hasta la desaparición, faltaría más, pero sí hasta el punto de que contempla una coexistencia relativamente sana con otros fenómenos de masas más recientes, como los battle royale o el tímido auge de los videojuegos de cartas. A pesar de todo, no me cabe duda de que es una percepción un tanto quimérica; a fin de cuentas, es cuestión de tiempo que surja una idea inédita y rompedora y que esta sea imitada, de nuevo, como el eterno ciclo de nuestro mundillo, hasta la saciedad e incluso el trágico desabrimiento.

Pero, dejando todas estas hipotéticas y vagas tendencias futuras, hay algo que, en efecto, conecta la libertad, la prolijidad y la extensión de World of Warcraft con el carácter competitivo, exigente y renovable de DOTA 2 o League of Legends; sí, evidentemente se trata de Warcraft 3. Sus lazos con el primero son más que obvios al ser de índole argumental y directa, pero en el caso de los moba hay que recurrir a un hecho que ya es totalmente saber popular: el género se originó en Starcraft, y nació verdaderamente como un mod de Warcraft 3. Porque si hay algo que está claro, es que hablar de Warcraft 3 es hablar, después de todo, de uno de los mejores juegos de estrategia en tiempo real de su época, y sin duda de uno de los títulos más influyentes de la historia de la industria. Precisamente por eso a todos se nos encendió una luz en la mirada cuando se anunció su remasterización a través de Reforged, y en estas líneas trataré de contarte qué puedes esperar de la última y ciertamente nostálgica propuesta de Blizzard, distinguiendo, eso sí, las virtudes del producto base y las desavenencias de esta versión modernizada.

A veces la guerra sí cambia

Quizás no sea necesario, pero nunca viene mal recordar que, a nivel argumental, Warcraft III se sitúa un par de años después que la segunda entrega, y continúa reflejando ese conflicto ancestral que, entre otros seres de fantasía, enfrenta a humanos y a orcos en una guerra cíclica y condenada a repetirse. Tomando como contexto el maravilloso mundo de Azeroth, así como su cosmogonía, el título plantea un hilo argumental claro que se desarrolla a través de distintas campañas de facción, de modo que podemos hablar de las misiones de los orcos, las de los humanos, las de los no-muertos (emparentada directamente con la anterior), la de los elfos de la noche, etc., en una especie de tratamiento caleidoscópico que refleja las vicisitudes de cada especie en su devenir por el mundo; por tanto, decir que cada una de las campañas participa de distintos elementos y motivos es, como poco, una perogrullada. La belleza de la historia de Warcraft, y por consiguiente la de World of Warcraft también, es su magnitud, su completitud, así como las relaciones de poder, venganza y afecto que se establecen entre los personajes más relevantes del trasfondo, como los archiconocidos Thrall, Sylvanas y Arthas, pero también con antagonistas de la talla de Archimonde y Sargeras. La historia, en definitiva, permanece inalterada en esencia, aunque eso no hace sino desentonar con esas nuevas perspectivas que habían sido prometidas en buena parte de la fase promocional del título; a grandes rasgos, Reforged no quita ni añade nada del argumento, decisión que, visto lo visto, es motivo de alegría.

La cinemática introductoria es clave en su presentación del conflicto cíclico entre humanos y orcos, y en la llegada de un nuevo enemigo, y también es la única que ha sido realmente rediseñada. Luce espectacular; lástima que el resto no estén a este nivel.

Lo que no tiene una lectura tan positiva es que a las cinemáticas de Warcraft 3, que hacen las veces de nexos de la narrativa, les pesan enormemente los años; hablo de modelos que ya no son especialmente creíbles, de efectos que han quedado sencillamente desfasados, y en general de unos valores de producción que ahora permanecen vinculados a un pasado que se siente muy lejano. Un remake de estas características, de una obra de esta categoría, demandaba y necesitaba a partes iguales un trabajo de actualización de secuencias existentes y de creación de nuevos vídeos que contribuyeran a contar la historia de manera más efectiva y satisfactoria, algo que también llegó a declararse en alguna ocasión. Es cierto que los planes transgresores que en primera instancia había perfilado Blizzard en 2018 fueron reelaborados en 2019, de manera que se apostó por una remasterización mucho más fiel al producto original y menos atrevida, pero creo que el cambio de mentalidad del estudio no fue lo suficientemente conciso, tangible y potente como para dejar claras sus intenciones y suscitar nuevas sensaciones al público; en otras palabras, al final las intenciones iniciales pervivieron en los oídos de la audiencia, y muchos usuarios se encontraron con un producto que sencillamente no terminaba de cumplir con lo prometido. Eso creo que debe quedar a criterio de cada uno, ya que no es que haya habido una oscuridad excesiva en estas cuestiones -como digo, es más bien que les faltó fuerza mediática-. Al margen de eso, me reafirmo en lo dicho anteriormente: la potencia argumental de Warcraft III sigue estando ahí, intacta, y nunca es demasiado tarde para entregarse a la fuerza de su virtud y a sus innumerables bondades.

Humanos, orcos, no muertos y elfos de la noche son las facciones disponibles, aunque hay otras razas que aparecen en forma de unidades secundarias; todas ellas con diseños actualizados, aunque no con la misma factura.

En el plano jugable nos encontramos una situación bastante parecida. Los cambios son muy someros, y los reajustes en las unidades casi que testimoniales, por lo que nos plantamos ante un cuidado título de estrategia en tiempo real que aúna mecánicas de construcción de asentamientos y el clásico enfrentamiento bélico de la fórmula, con diversos tipos de unidades y héroes, una suerte de ser privilegiado que puede subir de nivel y ejecutar poderosas habilidades, capaces de decidir el decurso de la batalla. Es cierto que hay diversas misiones que dejan cierto regusto agridulce, como la extraña recolección de madera en Vallefresno -si bien esto puede estar ligado a la subjetividad de cada uno-, pero en líneas generales Warcraft III ofrecía un sistema complejo, entretenido y que demanda de colosales cantidades de horas para ser dominado; si era esto lo que te preocupaba, no le des más vueltas, porque sigue estando totalmente presente en Reforged, que también incluye la sensacional expansión The Frozen Throne.

Por otro lado, lo que sí que resulta imperdonable, y lo que ha copado gran parte de las críticas, es el hecho de que se hayan recortado numerosas funciones que existían en el juego base, como los clanes, los torneos, la posibilidad de jugar en local, o las partidas clasificatorias, y aunque algunas de estas probablemente estarán disponibles dentro de cierto tiempo, otras son una auténtica incógnita. Lo peor, sin duda, es que estos cambios en la infraestructura del título y en sus modos de juego afectan también a los poseedores de la versión original, lo que, en un afán por no “romper la comunidad”, ha terminado destrozando buena parte de la variedad y las opciones del juego. Para más inri, cualquier mapa creado por la comunidad es propiedad única y exclusivamente de Blizzard, acaso en un vano intento de evitar perder los derechos de un hipotético subgénero o género que pueda surgir del juego, tal y como pasó con los mobas y el Warcraft III original. El último ingrediente de una mezcla explosiva fue una cuestionable política y gestión de devoluciones, al menos en los primeros días, y ya tenemos caos montado.

Finalmente, en lo relativo al apartado audiovisual, basta señalar que precisamente aquí se adhieren la mayor parte de los cambios; me refiero a más que notables actualizaciones de los modelos originales de las unidades y de los héroes -el pobre Uther por fin parece un ser humano-, o a un aumento de la resolución y de la nitidez de las texturas. A pesar de todo, el resultado final no es tan espectacular como podría haber sido, y se ve empañado por una baja factura técnica en las secuencias cinemáticas, lo que termina generando unas impresiones un tanto ambivalentes; la remasterización visual cumple, sin dudas, pero tampoco deslumbra, y sus defectos, de cierta manera, destacan más cuando el resto del producto no termina de mejorar la obra original -más bien al contrario-. En cuanto a la banda sonora y a la actuación de voz, el buen nivel se mantiene, aunque cabe señalar que unas cuantas voces han cambiado.

Las opciones multijugador han sido ampliamente limitadas, aunque todavía es posible echar algunas partidas.


Conclusiones

Warcraft III es uno de los grandes estandartes de la estrategia en tiempo real en ordenador, y, sin lugar a dudas, una de las obras más influyentes y relevantes de la historia de los videojuegos; los años pasan, eso sí, y aunque su esencia, su corazón y su maestría jugable se mantienen intactas, Reforged no termina de llevar a buen puerto su reestructuración de modos, su recorte en contenido, su trato con la comunidad, y tampoco está a la altura de las expectativas que generó. Como digo, el juego base sigue siendo una obra maestra y, por tanto, siempre merecerá la pena sumergirse en su propuesta, pero las sensaciones generales apuntan a que Reforged ha salido a destiempo, demasiado temprano como para que sea un producto redondo y finalizado, y demasiado tarde como para que sus cambios más superficiales sean realmente efectivos. Me atrevería a decir que merecerá la pena para los grandes seguidores de la franquicia y de la cosmogonía de Warcraft, pero no es una de esas compras que puedan efectuarse a ciegas, con el mero candor de las ilusiones y las buenas intenciones a flor de piel, sino que su adquisición, hoy por hoy, ha de ser meditada. Sigue ofreciendo mucho, pero también pierde cosas por el camino… y es que, a fin de cuentas, tocar una obra maestra siempre acarrea grandes riesgos.

Redactado por Sergi Bosch (Elite)

Análisis de Warcraft III: Reforged para PC: Como almas en pena
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La historia y la jugabilidad siguen siendo increíbles. Los nuevos modelos de las unidades y héroes.
Muchas funciones han sido recortadas. Mal acuerdo con los usuarios. Falta de claridad.
A pesar de la calidad intemporal de la obra original, la remasterización trae unas limitaciones y problemas que empañan enormemente el resultado final

Información del juego

Fecha de lanzamiento: 29 de enero de 2020
Desarrollado por: Blizzard Entertainment
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