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El cuento de las mil y una partidas
Nintendo Switch PC

El cuento de las mil y una partidas

El tercero en discordia nos visita one more time mientras ya se asoma la cuarta y definitiva entrega de la serie.

Por Juan Emilio Palomino González,
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Versión analizada Nintendo Switch. Copia digital proporcionada por Frozenbyte.


Seguimos con este planificado recorrido por la serie Trine que desembocará dentro de unas semanas en el lanzamiento tanto de la cuarta entrega como del recopilatorio que aunará todos los juegos de la marca. Mientras Frozenbyte ultima este último capítulo de la franquicia, las entregas ya conocidas han ido apareciendo en la plataforma digital eShop de forma secuencial conforme el estudio barcelonés BlitWorks los iba adaptando a Nintendo Switch. Después de disfrutar de Trine: Enchanted Edition y de Trine 2: Complete Story, nos toca hablar del entrega que más arriesgó y que más polémica suscitó entre los usuarios. Se trata de Trine 3: The Artifacts of Power, juego que en su momento solamente se comercializó en PC y PS4 (hace de eso cuatro años ya), pero que no consiguió cumplir las expectativas y el buen recibimiento que cosecharon las dos primeras entregas. Ahora, con el paso del tiempo, veremos si las decisiones tomadas en el diseño del juego fueron las acertadas.

El planteamiento de la trama sigue los derroteros de los juegos anteriores y nos plantea un nivel de presentación para cada uno de los tres personajes seleccionables. De esta forma, durante estos "tutoriales" a medida, recordaremos las características propias de Amadeus el presdigitador de las cajas flotantes, Pontius el orondo caballero con escudo y la ágil Zoya, maestra en adquirir lo ajeno gracias a su agilidad, su gancho con cuerda y su arco. El artefacto mágico que da nombre al juego, Trine, aparecerá una vez concluida cada fase para recoger a los tres héroes y reunirlos en una nueva aventura, esta vez centrada en la escuela de magia de Amadeus en la que intenta entrar un descomunal monstruo. Esta tercera encarnación mantiene la estructura de niveles cortos de recorrido bidimensional (de izquierda a derecha) enfocados a alternar las habilidades de los tres personajes para solventar las situaciones que salgan al paso, bien en solitario cambiando entre ellos con los gatillos superiores, bien en cooperativo si tenemos dos mandos de sobra en local o mediante la conexión a internet. Que opciones no nos falten.

El equipo vuelve a reunirse, hay un nuevo trabajo que hacer.


Pero después de dos entregas, Trine 3: The Artifacts of Power quería dar el gran salto y se apostó por las tres dimensiones. No, el juego no pasaría a ser un Super Mario 64 al uso, pero sí que se intentó que en lugar de corretear de izquierda a derecha pudiéramos tener profundidad, un poco como vimos en los niveles de Super Mario 3D World que experimentaba con secciones amplias junto con otras más lineales. Para eso, tuvieron que diseñar por completo el motor gráfico y adaptar todas las habilidades de los protagonistas a las nuevas posibilidades. El resultado final daba el pego, sobre todo porque se había conseguido mantener esa estética de cuento clásico recargado marca de la casa. Pero Frozenbyte cometió un error garrafal, entre darle brío a la utilidad gráfica para crear escenarios detallados y redefinir la jugabilidad a las tres dimensiones, se quedaron sin tiempo ni recursos para terminar el juego. Tal cual. Alargaron lo que pudieron, de forma que para desbloquear los niveles debíamos acumular una cantidad determinada de cristalitos que estaban estratégicamente colocados por los escenarios. También añadieron desafíos para aprovechar los niveles ya creados, pero el juego apenas llegaba a las cuatro horas. Pero la gota llegó con el final. De forma abrupta, el juego termina con un "continuará", un cliffhanger tan forzado y mal metido que parece ideado por Damon Lindelof en su etapa de Perdidos.

Eso sí, el sistema de juego salió reforzado. La utilización de los dos sticks de control apenas sufrieron variaciones, ya nos permitió apuntar alrededor nuestra, en cada posible dirección, sin que perdiésemos el control de la situación. Es más, el salto a las tres dimensiones aumentó la espectacularidad de algunas transiciones, permitiendo que los personajes pudieran dirigirse al fondo de los escenarios o venir de frente para deleite del espectador. Se nota que dedicaron mucho tiempo a los escenarios, tanto por su grado de detalle como por su armonía cómo puede apreciarse en el espectacular barco naufragado del nivel inicial de Amadeus. Todos ellos bañados con colores pasteles en los que los rosáceos y los morados cobran especial protagonismo. Lástima que Nintendo Switch (ni tampoco este juego) no pueda ofrecer HDR porque con esta entrega nos pulverizaría las retinas. Las animaciones resultan suaves y elegantes, aunque las caras nuestros héroes no nos hayan convencido: parece que Zoya se ha hecho unos retoques y vaya a vender la exclusiva al Sálvame. La banda sonora mantiene la elegancia de los anteriores juegos gracias al trabajo de Ari Pulkkinen, mientras que las voces están en castellano y han sido rimadas para que la sensación de que estamos ante un cuento de hadas sea fehaciente.

El cambio a las tres dimensiones mola... por lo menos estéticamente.


Trine 3: The Artifacts of Power está en el tercer escalón del podio de la serie, y lo está por corto, por ese horrible final y por no aprovechar de mejor manera el potencial que albergaban esos preciosos escenarios tridimensionales. Aun así, resulta la mar de disfrutable. Primero porque da un giro a lo visto en las dos primeras entregas, cosa que se agradece. Y segundo porque es una delicia visual que sirve de anticipo de lo que nos va a llegar con Trine 4: The Nightmare Prince este mismo otoño. Es más que probable que si has terminado Trine: Enchanted Edition y Trine 2: Complete Story junto a algún amigo o familiar, estés deseando abalanzarte sobre esta tercera entrega, de ser así, seguramente lo disfrutarás por su belleza, la sinergia que transmite en su modo cooperativo y esa maravillosa mezcla de puzles con plataformas y una pizquita de acción... solo que en esta ocasión, mejor espaciar las partidas lo máximo posible si no queremos que nos salten los créditos a las primeras de cambio.
Análisis de Trine 3: The Artifacts of Power para Switch: El cuento de las mil y una partidas
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Análisis de Trine 3: The Artifacts of Power para Switch: El cuento de las mil y una partidas
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Escenarios bellos, el uso de los colores abruma. El coqueteo con las tres dimensiones...
...aunque se quede a medio camino. Corto y con final abrupto.
El peor de los tres juegos de la serie no es para nada un mal juego, pero sí que adolece de sufrir cambios desafortunados y de una corta duración.
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