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Citius, altius, fortius
Arcade

Citius, altius, fortius

Conseguir la gloria olímpica no está al alcance de cualquiera, sobre todo si para ello hay que ser el más rápido machacando botones.

Por Gladiator,
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En la actualidad podemos encontrar una buena cantidad de títulos en los que, de un modo u otro, se nos plantea un desafío mediante el cual hemos de aporrear alternativamente uno o más botones de nuestro controlador para lograr un objetivo. A veces puede ser inflar un globo con un hinchador, soplar sobre las aspas de un ventilador para hacerlas mover o, cómo no, acciones tan propias de eventos deportivos como nadar o correr. Es una cosa realmente sorprendente que parece instintiva en la mayoría de jugadores, como si fuera algo que llevasen años haciendo y ya se supiese, algo que tiene una sencilla explicación, aunque para encontrarla haya que retroceder casi veinticinco años en el tiempo.

En efecto, corre el año 1983, Konami, pelea junto a otras grandes del sector como Atari, Namco o Sega, para ser la mejor compañía de software de entretenimiento. Su campo de batalla, una vez más, son los salones recreativos, que en este caso hacen las veces de plataformas domésticas, pues los jugadores están acostumbrados a acudir a ellos prácticamente a diario. Asteroids, Defender, el mítico Pac Man o Donkey Kong, una de las primeras incursiones de Nintendo, hacen las delicias de lo más asiduos, que por cierto aún intentan asimilar el hecho de poder interactuar en una película de dibujos animados como Dragon's Lair, gracias a eso que los entendidos llaman laser-disc. Pero, un momento, ¿Qué pasa con los deportes? ¿Es que ya nadie se acuerda de que la mayoría de ellos arrastran a auténticas masas enfervorizadas? Parece que no, desde que Pong salió, y salvo algún intento no demasiado destacable, nadie ha conseguido plasmar la irrefrenable acción del deporte en un videojuego, aunque eso parece que va a cambiar.

Históricamente hablando nos encontramos en un momento bastante politizado. Tres años antes, en 1980, los Estados Unidos habían boicoteado las olimpiadas de Moscú. En respuesta a ello la unión soviética y por extensión todos los países bajo su influencia iban a hacer lo propio un año más tarde, cuando llegase el turno a la ciudad de Los Angeles. Sin embargo, eso no quita para que esas olimpiadas estuviesen acaparando todo tipo de atenciones en cuanto a productos de merchandising o cualquier otro que fuera susceptible de aprovecharse del fervor olímpico, entre ellos los videojuegos. Y aquí es donde el título de Konami aún fue más lejos, pues desde un primer momento se ve que el juego respira patriotismo norteamericano por los cuatro costados, baste ver como su logo en pantalla adoptaba los colores propios de las barras y estrellas.

La idea era bastante simple: Coger un puñado de pruebas atléticas y plasmarlas en un único juego de tal forma que los jugadores recibiesen puntos por superar una serie de mínimos y pudieran disputar ronda tras ronda, teniendo en cuenta que cada vez las marcas exigibles serían más altas y obligarían al jugador a lucirse más. Claro, pero imagina que además se permite a más de un jugador participar, y que la propia competitividad entre ellos aumente la emoción del juego y por tanto las ganas de seguir jugando para ganar a sus amigos convirtiéndose en pura adicción. Y para rematar la faena qué mejor que utilizar el popular Hi-Score de los arcades, los mejores records de cada recreativa permanecerían días y días a la vista de todo el público, aún a pesar de que el establecimiento donde estuviese instalada lógicamente la apagase al cerrar todas las noches.

Ni que decir tiene que la idea era soberbia, sobre todo si se tiene en cuenta que en aquella época muchos de los arcades habían forjado gran parte de su atractivo en el desafío que suponía para todo jugador mejorar el Hi-Score, o al menos inscribir sus siglas en la tabla de mejores puntuaciones. Por cierto, que como anécdota relativa a este aspecto cabe destacar que algunos de los records iniciales del juego, como en el caso del salto de longitud, eran los auténticos, en este caso los 8,90 metros establecidos por Bob Beamon en las olimpiadas de México 1968.
Desde un primer momento se aprecia como el juego es un icono más de las próximas olimpiadas
Desde un primer momento se aprecia como el juego es un icono más de las próximas olimpiadas
Aumentar la competitividad estableciendo una tabla de records resultó una gran idea
Aumentar la competitividad estableciendo una tabla de records resultó una gran idea
Plasmar una serie de disciplinas atléticas consiguió dar al juego el ritmo necesario
Plasmar una serie de disciplinas atléticas consiguió dar al juego el ritmo necesario

Información del juego

Fecha de lanzamiento: 1983
Desarrollado por: Konami
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