Arcade
El Big Bang del fútbol arcade
Tehkan nos ofrece la Copa del Mundo por sólo cinco duros
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Hardware
La plataforma recreativa presenta varios formatos. Por un lado, el tradicional: la máquina con forma de prisma cuadrangular de dos metros de alto, en la que jugamos erguidos y donde la imagen es casi perpendicular al suelo; en este caso, disponemos de un joystick para mover a los jugadores y de un botón para disparar. Sin embargo, también podemos encontrarnos la plataforma con forma de cubo de un metro de altura, en la que jugamos encorvados y donde la imagen es paralela al suelo; en esta ocasión, podemos encontrarnos de nuevo con un joystick y un botón de disparo, pero, y aquí está la gran novedad, también ver el botón acompañado de media esfera que sobresale del hardware y que servirá para mover a los jugadores haciéndola rotar, sustituyendo así al supestamente imprescindible joystick. Por supuesto, el manejo de los jugadores se presentará mucho más complicado con esta última opción, ya que, al cansancio surgido tras tres o cuatro partidos, hay que añadir la imprecisión en el control del jugador manejado, algo que acusaremos hasta ser jugadores muy expertos. También hay que resaltar que, en la máquina con forma de cubo, encontramos un botón de disparo a cada lado del joystick o bola (ambos realizan el mismo tipo de chut), permitiendo así jugar a diestros y zurdos.
Gráficos
La imagen cenital nos muestra unos jugadores con aspecto de "cabezones". Están recreados los 22 jugadores y numerosos detalles esenciales para crear ambiente futbolístico, como, por ejemplo, los fotógrafos tras las líneas de fondo, el público, los hexágonos del balón o los banderines de córner? sin olvidarnos de las formaciones de ambos equipos que aparecen antes de comenzar cada eliminatoria, o la imagen final del juego: nuestra selección en posesión de la Copa del Mundo. Por otro lado, el juego utiliza colores vivos y brillantes, que contribuyen a diferenciar cada elemento de la pantalla; no tendremos problemas, como ocurre en muchos juegos, para distinguir las camisetas de los equipos o saber dónde se encuentra el balón, que además aumentará de tamaño en pantalla y proyectará una sombra para indicarnos a qué altura está.
Los gráficos, sin ser revolucionarios, están por encima de los habituales en su época, aunque se echa en falta algún dinamismo en elementos secundarios como los fotógrafos o el público.
Sonido
Están representados todos los sonidos principales de un partido, a excepción del ruido de los hinchas en la grada: golpeo del balón por un jugador, pitidos del árbitro, jugadores deslizándose a ras de césped, disparo al palo, etc. Además, se representan diversos eventos que añaden un plus arcade al juego: zumbidos para representar los diez últimos segundos de cada encuentro, melodías para representar nuestra victoria o eliminación en la Copa del Mundo y, por supuesto, el tema principal.
Aunque la melodía durante la disputa de los partidos puede convertirse en estresante y repetitiva cuando vamos contra reloj y necesitamos imperiosamente marcar un gol, resultaba inconfundible a finales de los ochenta al entrar en cualquier salón de juegos y contribuye en gran medida a la tremenda adicción que produce el título.
La plataforma recreativa presenta varios formatos. Por un lado, el tradicional: la máquina con forma de prisma cuadrangular de dos metros de alto, en la que jugamos erguidos y donde la imagen es casi perpendicular al suelo; en este caso, disponemos de un joystick para mover a los jugadores y de un botón para disparar. Sin embargo, también podemos encontrarnos la plataforma con forma de cubo de un metro de altura, en la que jugamos encorvados y donde la imagen es paralela al suelo; en esta ocasión, podemos encontrarnos de nuevo con un joystick y un botón de disparo, pero, y aquí está la gran novedad, también ver el botón acompañado de media esfera que sobresale del hardware y que servirá para mover a los jugadores haciéndola rotar, sustituyendo así al supestamente imprescindible joystick. Por supuesto, el manejo de los jugadores se presentará mucho más complicado con esta última opción, ya que, al cansancio surgido tras tres o cuatro partidos, hay que añadir la imprecisión en el control del jugador manejado, algo que acusaremos hasta ser jugadores muy expertos. También hay que resaltar que, en la máquina con forma de cubo, encontramos un botón de disparo a cada lado del joystick o bola (ambos realizan el mismo tipo de chut), permitiendo así jugar a diestros y zurdos.
Gráficos
La imagen cenital nos muestra unos jugadores con aspecto de "cabezones". Están recreados los 22 jugadores y numerosos detalles esenciales para crear ambiente futbolístico, como, por ejemplo, los fotógrafos tras las líneas de fondo, el público, los hexágonos del balón o los banderines de córner? sin olvidarnos de las formaciones de ambos equipos que aparecen antes de comenzar cada eliminatoria, o la imagen final del juego: nuestra selección en posesión de la Copa del Mundo. Por otro lado, el juego utiliza colores vivos y brillantes, que contribuyen a diferenciar cada elemento de la pantalla; no tendremos problemas, como ocurre en muchos juegos, para distinguir las camisetas de los equipos o saber dónde se encuentra el balón, que además aumentará de tamaño en pantalla y proyectará una sombra para indicarnos a qué altura está.
Los gráficos, sin ser revolucionarios, están por encima de los habituales en su época, aunque se echa en falta algún dinamismo en elementos secundarios como los fotógrafos o el público.
Sonido
Están representados todos los sonidos principales de un partido, a excepción del ruido de los hinchas en la grada: golpeo del balón por un jugador, pitidos del árbitro, jugadores deslizándose a ras de césped, disparo al palo, etc. Además, se representan diversos eventos que añaden un plus arcade al juego: zumbidos para representar los diez últimos segundos de cada encuentro, melodías para representar nuestra victoria o eliminación en la Copa del Mundo y, por supuesto, el tema principal.
Aunque la melodía durante la disputa de los partidos puede convertirse en estresante y repetitiva cuando vamos contra reloj y necesitamos imperiosamente marcar un gol, resultaba inconfundible a finales de los ochenta al entrar en cualquier salón de juegos y contribuye en gran medida a la tremenda adicción que produce el título.



