Nintendo Switch
Análisis de Super Mario Bros. Wonder, el gran regreso del fontanero de Nintendo a las plataformas 2D
La franquicia estrella de Nintendo vuelve a la carga con Super Mario Bros. Wonder, un gran exclusivo de Switch que homenajea y evoluciona la trayectoria de un icono de los videojuegos.
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Si hay una verdad a nivel de marketing en esta industria es que cada vez que se anuncia un nuevo Mario el mundo del videojuego colapsa; es, hasta cierto punto, un momento de inflexión generacional, un breve de lapso de tiempo en el que tanto partidarios como detractores de los nuevos tiempos del fontanero de Nintendo se turnan para poner coronas o destronar viejos reyes de las plataformas. Con Super Mario Bros. Wonder, el último título de la mítica serie de los de Kioto, pasó exactamente lo mismo, y por una buena razón: no solo se trataba de un nuevo retorno a las dos dimensiones, sino que además era uno que, ya desde su presentación, sorprendía por su creatividad artística, su buen hacer inventivo, y, claro, por un apartado gráfico muy colorido (con un tratamiento cromático que, dicho sea de paso, le valió algún que otro sobrenombre interesante, en su mayoría referentes a lo alucinógeno).
Tras unos cuatro años de desarrollo, en los que el estudio se enfrascó en una recaptación de los valores que hicieron grande a la franquicia en tiempos ya muy, muy lejanos, con innumerables homenajes a la trayectoria de Mario y compañía, Super Mario Bros. Wonder hizo un poco lo de siempre: vino, vio, venció. Ahora, un buen tiempo después de su lanzamiento, analizamos el exitazo de Nintendo con una pregunta en mente: ¿Es realmente uno de los mejores Mario en dos dimensiones de la historia, como se ha venido diciendo hasta ahora? La respuesta, como de costumbre, no es tan sencilla.
Las maravillas de Mario
Y, en esencia, lo que complica la respuesta sobremanera es que Mario Wonder tiene unos cuantos argumentos que apoyan su coronación, pero también alguno que otro que te hace pensarte las cosas dos veces. No obstante, empecemos por lo bueno; el primer punto positivo, y claro requisito fundamental en la franquicia, es el cuidadísimo diseño de niveles que plantea a lo largo de las 10-15 horas de medidísima pasión plataformera que trae consigo. Fases como Fortaleza aérea en el archipiélago pétalo, Desfile de Plantas Piraña, La Mansión de los Empujapums, o Prueba intermedia: persecución vertical destacan tanto por su puesta en escena como por su variedad intrínseca, en la medida de que cada una de ellas ofrece algo distinto y auténtico, algo que podemos trasladar tanto a la vertiente creativa per se como a la jugable.

Constantemente aparecen nuevas características, habilidades o mecánicas que te permiten interactuar con el escenario de manera diferente. Y es que hay siempre una suerte de caos medido en los mejores Mario; es decir, una sensación casi irrefrenable de que ya lo has visto todo… Hasta que de pronto algo te descoloca. Puede ser un nuevo y espectacular poder, un guiño inesperado, o incluso un nuevo concepto que expande un poco más la fórmula de la franquicia y la lleva al siguiente paso, tanto en el terreno de las dos dimensiones, donde todo nos recuerda a tardes sencillas de infancias lejanas, como en los dominios tridimensionales que arrancaron con el legendario Mario 64.
En cualquier caso, mucho se ha hablado de “revolución” en todo lo concerniente a Super Mario Bros. Wonder, y aunque no quiero quitarle ningún mérito a lo que me parece, en líneas generales, un videojuego excelente, creo que Wonder encaja justamente mucho mejor en estas líneas de “evolución” de una fórmula consagrada, histórica, que se nutre continuamente a través de una especie de hipertextualidad del videojuego, y que ha generado su propia manera de entender las plataformas a lo largo de las generaciones. Y, por supuesto, que ha dado lugar a incontables iteraciones jugables de muy alta calidad, como es también el caso de Wonder.

Además, en lo concerniente a Wonder, es especialmente notable cómo consigue mantener esta dualidad entre frescura y referencia constante en prácticamente todos los niveles, e incluso con los modos multijugador, donde todo es más disparatado e impredecible, en parte gracias a un sensacional cooperativo local para hasta cuatro jugadores. Es una pena, por consiguiente, que las funciones online sean tan someras, tan arcaicas, y que simplemente imiten los patrones de los fantasmas contrarreloj de Mario Kart pero con la posibilidad de dar alguna ayudita al jugador que estás viendo. Esto aporta un pequeño extra de interacción en tiempo real, sin duda, pero es tan anecdótico, tan frío, que queda muy lejos de lo que se le pide a un juego de fondo tan social a estas alturas de la película.
Un ritmo errático para una jugabilidad sorprendente
De igual manera, pueden encontrarse algunas asperezas en el ritmo y en la curva de dificultad que plantea Mario Wonder, que oscila, de forma un tanto errática, entre una sencillez palmaria y un desafío más o menos bien calculado. Esta falta de progresión ascendente en las exigencias mecánicas que hace el título se vuelven un tanto más evidentes en esos momentos en los que, de pronto, hallas esa fase, esa escena, o esa parte de un mundo que resulta inexplicablemente más complicada, lo que te obliga a reconsiderar un poco tus movimientos y, digamos, tu plan de acción. Esto último no es necesariamente malo, al contrario; es más, bien podríamos tener en cuenta que, alejados de la dificultad inhumana que plantean algunos niveles desarrollados por usuarios en los Maker, hay un porcentaje significativo de la comunidad veterana de Mario que clama por un juego principal de la franquicia que sea algo más intenso en su propuesta jugable.

Sin embargo, este no es el caso de Mario Wonder, puesto que, a excepción de esos picos de dificultad algo aleatorios, en esencia nos encontramos ante un planteamiento distendido, mucho más cercano, salvando las distancias de la perspectiva, a Mario Odyssey que a los clásicos de tiempos antediluvianos. Lo entiendo: los tiempos cambian, es importante no cerrarse a nuevos jugadores, algo que estamos viendo, en cierta medida, en los últimos años con el distanciamiento que algunos títulos claramente soulslike tienen con su propia etiqueta (a fin de evitar enfocarse en un público objetivo de nicho), pero me parece una pena porque es uno de los pocos inconvenientes que se le pueden encontrar a un juego que, en su mayoría, es exquisito en su planteamiento jugable. No todo tiene que ser Celeste, que al margen de su dificultad, en ocasiones implacable, es uno de los mejores plataformas de la historia, pero un cierto equilibrio estaría bien. Dicho de otro modo: el juego es demasiado fácil durante demasiado tiempo.
Por otro lado, uno de los grandes aciertos de Mario Wonder es, precisamente, su apartado artístico, que derrocha creatividad, sobre todo en cuestiones de atmósfera, de trazados en los personajes y de efectos visuales. Los gráficos son vibrantes y coloridos, con un estilo artístico que combina elementos clásicos de la serie con una apariencia mucho más moderna y atractiva, lo que contribuye a mantener estimulado al jugador. El rendimiento, por supuesto, es bastante sólido, tal y como nos tiene acostumbrado Nintendo en sus grandes juegos (con notables excepciones, como Breath of the Wild o Tears of the Kingdom, auténticas virguerías técnicas a las que se les perdona alguna que otra rascada por la magnitud e interacción física que plantean). Lo mismo se puede decir de la música, muy apropiada para cada nivel, y de los efectos de sonido, que cumplen con creces. Súmalo todo y a veces tienes la sensación de estar en una película interactiva de Mario… Y eso en Switch, a ver con qué nos sorprenden en Switch 2, que llegará previsiblemente en 2025.

Conclusiones
Super Mario Bros. Wonder no es quizás la mejor aventura bidimensional del fontanero pluriempleado de Nintendo, pero lo cierto es que no está demasiado lejos. A una jugabilidad muy bien medida, que demuestra la gran pasión del estudio por el mismo género de plataformas al que han dado forma y un peso histórico en el devenir del mundillo, se une un diseño artístico genial, que, al igual que el diseño de niveles, combina lo clásico con lo moderno, y un apartado audiovisual muy sólido, para dar lugar a uno de los mejores juegos de Mario en los últimos años… Posiblemente, dicen las malas lenguas, desde Galaxy 2, uno de los grandes nombres de su generación. No obstante, algunas asperezas, como los problemillas de ritmo, la curva de dificultad errática, con demasiadas horas de sencillez casi extrema, y unas funciones online demasiado superficiales, lo terminan lastrando un poco, y lo alejan de la excelencia completa. Eso sí, debería estar tipificado en el código penal tener una Switch sin Mario Wonder instalado para esas tardes con amigos y familia. Dicho queda.
Tras unos cuatro años de desarrollo, en los que el estudio se enfrascó en una recaptación de los valores que hicieron grande a la franquicia en tiempos ya muy, muy lejanos, con innumerables homenajes a la trayectoria de Mario y compañía, Super Mario Bros. Wonder hizo un poco lo de siempre: vino, vio, venció. Ahora, un buen tiempo después de su lanzamiento, analizamos el exitazo de Nintendo con una pregunta en mente: ¿Es realmente uno de los mejores Mario en dos dimensiones de la historia, como se ha venido diciendo hasta ahora? La respuesta, como de costumbre, no es tan sencilla.
Las maravillas de Mario
Y, en esencia, lo que complica la respuesta sobremanera es que Mario Wonder tiene unos cuantos argumentos que apoyan su coronación, pero también alguno que otro que te hace pensarte las cosas dos veces. No obstante, empecemos por lo bueno; el primer punto positivo, y claro requisito fundamental en la franquicia, es el cuidadísimo diseño de niveles que plantea a lo largo de las 10-15 horas de medidísima pasión plataformera que trae consigo. Fases como Fortaleza aérea en el archipiélago pétalo, Desfile de Plantas Piraña, La Mansión de los Empujapums, o Prueba intermedia: persecución vertical destacan tanto por su puesta en escena como por su variedad intrínseca, en la medida de que cada una de ellas ofrece algo distinto y auténtico, algo que podemos trasladar tanto a la vertiente creativa per se como a la jugable.

Constantemente aparecen nuevas características, habilidades o mecánicas que te permiten interactuar con el escenario de manera diferente. Y es que hay siempre una suerte de caos medido en los mejores Mario; es decir, una sensación casi irrefrenable de que ya lo has visto todo… Hasta que de pronto algo te descoloca. Puede ser un nuevo y espectacular poder, un guiño inesperado, o incluso un nuevo concepto que expande un poco más la fórmula de la franquicia y la lleva al siguiente paso, tanto en el terreno de las dos dimensiones, donde todo nos recuerda a tardes sencillas de infancias lejanas, como en los dominios tridimensionales que arrancaron con el legendario Mario 64.
En cualquier caso, mucho se ha hablado de “revolución” en todo lo concerniente a Super Mario Bros. Wonder, y aunque no quiero quitarle ningún mérito a lo que me parece, en líneas generales, un videojuego excelente, creo que Wonder encaja justamente mucho mejor en estas líneas de “evolución” de una fórmula consagrada, histórica, que se nutre continuamente a través de una especie de hipertextualidad del videojuego, y que ha generado su propia manera de entender las plataformas a lo largo de las generaciones. Y, por supuesto, que ha dado lugar a incontables iteraciones jugables de muy alta calidad, como es también el caso de Wonder.

Además, en lo concerniente a Wonder, es especialmente notable cómo consigue mantener esta dualidad entre frescura y referencia constante en prácticamente todos los niveles, e incluso con los modos multijugador, donde todo es más disparatado e impredecible, en parte gracias a un sensacional cooperativo local para hasta cuatro jugadores. Es una pena, por consiguiente, que las funciones online sean tan someras, tan arcaicas, y que simplemente imiten los patrones de los fantasmas contrarreloj de Mario Kart pero con la posibilidad de dar alguna ayudita al jugador que estás viendo. Esto aporta un pequeño extra de interacción en tiempo real, sin duda, pero es tan anecdótico, tan frío, que queda muy lejos de lo que se le pide a un juego de fondo tan social a estas alturas de la película.
Un ritmo errático para una jugabilidad sorprendente
De igual manera, pueden encontrarse algunas asperezas en el ritmo y en la curva de dificultad que plantea Mario Wonder, que oscila, de forma un tanto errática, entre una sencillez palmaria y un desafío más o menos bien calculado. Esta falta de progresión ascendente en las exigencias mecánicas que hace el título se vuelven un tanto más evidentes en esos momentos en los que, de pronto, hallas esa fase, esa escena, o esa parte de un mundo que resulta inexplicablemente más complicada, lo que te obliga a reconsiderar un poco tus movimientos y, digamos, tu plan de acción. Esto último no es necesariamente malo, al contrario; es más, bien podríamos tener en cuenta que, alejados de la dificultad inhumana que plantean algunos niveles desarrollados por usuarios en los Maker, hay un porcentaje significativo de la comunidad veterana de Mario que clama por un juego principal de la franquicia que sea algo más intenso en su propuesta jugable.

Sin embargo, este no es el caso de Mario Wonder, puesto que, a excepción de esos picos de dificultad algo aleatorios, en esencia nos encontramos ante un planteamiento distendido, mucho más cercano, salvando las distancias de la perspectiva, a Mario Odyssey que a los clásicos de tiempos antediluvianos. Lo entiendo: los tiempos cambian, es importante no cerrarse a nuevos jugadores, algo que estamos viendo, en cierta medida, en los últimos años con el distanciamiento que algunos títulos claramente soulslike tienen con su propia etiqueta (a fin de evitar enfocarse en un público objetivo de nicho), pero me parece una pena porque es uno de los pocos inconvenientes que se le pueden encontrar a un juego que, en su mayoría, es exquisito en su planteamiento jugable. No todo tiene que ser Celeste, que al margen de su dificultad, en ocasiones implacable, es uno de los mejores plataformas de la historia, pero un cierto equilibrio estaría bien. Dicho de otro modo: el juego es demasiado fácil durante demasiado tiempo.
Por otro lado, uno de los grandes aciertos de Mario Wonder es, precisamente, su apartado artístico, que derrocha creatividad, sobre todo en cuestiones de atmósfera, de trazados en los personajes y de efectos visuales. Los gráficos son vibrantes y coloridos, con un estilo artístico que combina elementos clásicos de la serie con una apariencia mucho más moderna y atractiva, lo que contribuye a mantener estimulado al jugador. El rendimiento, por supuesto, es bastante sólido, tal y como nos tiene acostumbrado Nintendo en sus grandes juegos (con notables excepciones, como Breath of the Wild o Tears of the Kingdom, auténticas virguerías técnicas a las que se les perdona alguna que otra rascada por la magnitud e interacción física que plantean). Lo mismo se puede decir de la música, muy apropiada para cada nivel, y de los efectos de sonido, que cumplen con creces. Súmalo todo y a veces tienes la sensación de estar en una película interactiva de Mario… Y eso en Switch, a ver con qué nos sorprenden en Switch 2, que llegará previsiblemente en 2025.

Conclusiones
Super Mario Bros. Wonder no es quizás la mejor aventura bidimensional del fontanero pluriempleado de Nintendo, pero lo cierto es que no está demasiado lejos. A una jugabilidad muy bien medida, que demuestra la gran pasión del estudio por el mismo género de plataformas al que han dado forma y un peso histórico en el devenir del mundillo, se une un diseño artístico genial, que, al igual que el diseño de niveles, combina lo clásico con lo moderno, y un apartado audiovisual muy sólido, para dar lugar a uno de los mejores juegos de Mario en los últimos años… Posiblemente, dicen las malas lenguas, desde Galaxy 2, uno de los grandes nombres de su generación. No obstante, algunas asperezas, como los problemillas de ritmo, la curva de dificultad errática, con demasiadas horas de sencillez casi extrema, y unas funciones online demasiado superficiales, lo terminan lastrando un poco, y lo alejan de la excelencia completa. Eso sí, debería estar tipificado en el código penal tener una Switch sin Mario Wonder instalado para esas tardes con amigos y familia. Dicho queda.
Los nuevos poderes. El diseño de niveles y su interactividad. El cooperativo. Apartado audiovisual.
Errático en la curva de dificultad: demasiado sencillo durante demasiadas horas. Online muy básico.
Mario Wonder es divertido, original, creativo y una experiencia increíble en cooperativo, a pesar de lo sencillo de su propuesta. Muy top.












