Nintendo Switch 2
Análisis de Star Fox para Nintendo Switch 2, el remake de la aventura espacial clásica de Nintendo 64
El legendario Lylat Wars vuelve al presente con Star Fox (2026) para Nintendo Switch 2, un impresionante remake audiovisual de un juego muy divertido... Pero también falto de ambición.
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Tras una década sin una nueva entrega principal, Nintendo recupera una de sus franquicias más emblemáticas y fundacionales con un remake de Star Fox 64 (o Lylat Wars en Europa) para Nintendo Switch 2. Su título, un simple y parco “Star Fox”, casi que hace pensar irremediablemente más en puestas a punto que en aventuras inéditas, probablemente con una posible continuación de la serie rondando los escritorios de las oficinas de Kioto. Y después de su lanzamiento el pasado 25 de junio ya sabemos que eso es justamente lo que es Star Fox (2026): una reconstrucción audiovisual de un clásico que ha volado mucho, quizás en demasiadas ocasiones, pero que todavía tenía combustible para dar una vuelta más. Te contamos todo lo que hay que saber sobre una de las grandes apuestas first party de Nintendo para 2026.

Surcando las estrellas con Star Fox
Para alivio de los puristas, vamos a empezar con la pregunta del millón: ¿Star Fox ha cambiado con esta suerte de remake de Lylat Wars? La respuesta es que no; la esencia de la franquicia, sobre todo en materias mecánicas, permanece prácticamente inalterada. Es, de hecho, una reedición de un viaje que ya hemos vivido, con cambios que afectan más a la presentación y la rejugabilidad que a particularidades jugables o novedades de peso. Como en el original, Star Fox nos plantea una sucesión de escenas, mapas y combates de ciencia ficción, en una breve pero intensa aventura a los mandos del Arwing, nuestra ágil e icónica nave espacial monoplaza. Vuelven también, claro, el tanque Landmaster y el submarino Blue-Marine, pero la propuesta es exactamente idéntica.
De este modo, tendrás que destruir oleadas de enemigos, esquivar proyectiles, recoger potenciadores para tu nave, evitar peligros ambientales o derivados del escenario, y hacer toda clase de piruetas y florituras para obtener la mayor puntuación posible en cada misión, que se estructura a través de un escenario que avanza mayoritariamente sobre raíles. Sí que hay, ocasionalmente, algo más de profundidad dimensional y libertad, con fases concretas que permiten un desplazamiento libre en una superficie determinada (y muy delimitada en tamaño), que normalmente se reservan para jefes finales o condiciones especiales, pero no son tan comunes como me habría gustado en este remake.

Por supuesto, la campaña conserva el característico sistema de rutas alternativas de Star Fox 64, que permite acceder a recorridos, escenas y escenarios diferentes en función del rendimiento del jugador y de determinados objetivos cumplidos (o no) durante las misiones. Es precisamente esta estructura tan maravillosamente arcaica lo que le permite seguir conservando enteramente su corazón de videojuego arcade, de otros tiempos, que te hace pensar, optimizar tu estilo de juego y rejugar la historia principal varias veces (apenas dura unas dos horas) para ver todo el contenido que está ahí, oculto bajo la superficie.
Es un incentivo distinto a lo que acostumbramos a ver hoy en día (normalmente, mundos enormes, muchas misiones, aventuras largas…) pero extrañamente refrescante. Eso sí, también está algo falto de ambición, y evidencia en múltiples puntos que se podría haber hecho algo más, algo verdaderamente novedoso, rompedor o que evolucione la fórmula. Lo más relevante a este respecto es la inclusión de modos competitivos en línea para hasta ocho jugadores, cooperativo para dos durante la campaña (uno pilota la nave y el otro es artillero) y la compatibilidad con GameShare, pero incluso aquí da la sensación de que el multijugador no termina de exprimir las posibilidades del título.

La odisea espacial de Nintendo
En cuanto a la historia, tenemos exactamente la misma que en el original: Fox McCloud lidera a su escuadrón Star Fox en un enfrentamiento contra ANdross para defender el sistema Lylat a petición gubernamental, una premisa tremendamente sencilla que continúa desarrollándose mediante cinemáticas constantes y conversaciones por radio durante las misiones. En condiciones normales, su parquedad y su simplicidad argumental no serían un problema; a fin de cuentas, estamos ante un videojuego fundamentalmente arcade, por mucho que su empaque sea de obra moderna. El problema quizás viene de que la narrativa adquiere un mayor peso en este remake debido a la incorporación de nuevas secuencias completamente dobladas y más líneas de diálogo en el transcurso de las misiones, lo que te saca un poco de la diversión jugable (muy frecuente, como siempre con Lylat Wars) para meterte en una dimensión argumental brutalmente expositivo, simple y predecible.
Sobra decir que quien acude a Star Fox no lo hace por su narrativa ni su complejidad temática o simbólica, pero creo que es algo a tener en cuenta: más no siempre es mejor. Más diálogos, más cinemáticas, más universo cinematográfico de Star Fox puede ser positivo si las escenas o el guión cuentan una historia y contribuyen a desarrollar el mundo o la experiencia, pero se convierten en algo accesorio o incluso negativo si simplemente cortan el ritmo o introducen secuencias de poca relevancia.

Con todo, hay que decir que muchas de estas cinemáticas, por muy simples que sean, están muy chulas a nivel artístico y técnico. El apartado gráfico constituye, en líneas generales, el aspecto más destacado de este remake, con escenarios, naves, personajes y vídeos que presentan un nivel de detalle ampliamente superior al original y, honestamente, a la mayoría de first parties de Nintendo. Lo hace, además, con un rendimiento muy sólido, a 60 imágenes por segundo tanto en sobremesa como en portátil, y con una reinterpretación orquestal de las composiciones y melodías más reconocibles del videojuego original. También viene completamente doblado al español. Es el Lylat Wars de siempre, sin duda, con su alma arcade, pero con un aspecto completamente moderno.
CONCLUSIONES
El remake de Lylat Wars sigue siendo un videojuego muy divertido, tremendamente ameno, que recupera el espíritu arcade de la obra original y de unos tiempos ya muy lejanos… Pero también se siente, en ocasiones, como una oportunidad desaprovechada, ya sea de contar una nueva historia dentro del universo de Star Fox, o de reimaginar completamente la aventura original y no solo desde un punto de vista técnico. Con todo, mentiría si dijera que no me lo he pasado genial dándole un par de vueltas a Star Fox (2026) en Nintendo Switch 2, rejugando su campaña varias veces (dura unas dos horitas, un poco menos) para descubrir secretos y escenarios ocultos, y, en general, perdiéndome en sus combates espaciales y sus bellos escenarios sobre raíles. Un videojuego notable, que muy probablemente sea un nuevo eslabón en la franquicia de Star Fox… Y esperemos que el primer intento por recuperarla y reimaginarla.

Surcando las estrellas con Star Fox
Para alivio de los puristas, vamos a empezar con la pregunta del millón: ¿Star Fox ha cambiado con esta suerte de remake de Lylat Wars? La respuesta es que no; la esencia de la franquicia, sobre todo en materias mecánicas, permanece prácticamente inalterada. Es, de hecho, una reedición de un viaje que ya hemos vivido, con cambios que afectan más a la presentación y la rejugabilidad que a particularidades jugables o novedades de peso. Como en el original, Star Fox nos plantea una sucesión de escenas, mapas y combates de ciencia ficción, en una breve pero intensa aventura a los mandos del Arwing, nuestra ágil e icónica nave espacial monoplaza. Vuelven también, claro, el tanque Landmaster y el submarino Blue-Marine, pero la propuesta es exactamente idéntica.
De este modo, tendrás que destruir oleadas de enemigos, esquivar proyectiles, recoger potenciadores para tu nave, evitar peligros ambientales o derivados del escenario, y hacer toda clase de piruetas y florituras para obtener la mayor puntuación posible en cada misión, que se estructura a través de un escenario que avanza mayoritariamente sobre raíles. Sí que hay, ocasionalmente, algo más de profundidad dimensional y libertad, con fases concretas que permiten un desplazamiento libre en una superficie determinada (y muy delimitada en tamaño), que normalmente se reservan para jefes finales o condiciones especiales, pero no son tan comunes como me habría gustado en este remake.

Por supuesto, la campaña conserva el característico sistema de rutas alternativas de Star Fox 64, que permite acceder a recorridos, escenas y escenarios diferentes en función del rendimiento del jugador y de determinados objetivos cumplidos (o no) durante las misiones. Es precisamente esta estructura tan maravillosamente arcaica lo que le permite seguir conservando enteramente su corazón de videojuego arcade, de otros tiempos, que te hace pensar, optimizar tu estilo de juego y rejugar la historia principal varias veces (apenas dura unas dos horas) para ver todo el contenido que está ahí, oculto bajo la superficie.
Es un incentivo distinto a lo que acostumbramos a ver hoy en día (normalmente, mundos enormes, muchas misiones, aventuras largas…) pero extrañamente refrescante. Eso sí, también está algo falto de ambición, y evidencia en múltiples puntos que se podría haber hecho algo más, algo verdaderamente novedoso, rompedor o que evolucione la fórmula. Lo más relevante a este respecto es la inclusión de modos competitivos en línea para hasta ocho jugadores, cooperativo para dos durante la campaña (uno pilota la nave y el otro es artillero) y la compatibilidad con GameShare, pero incluso aquí da la sensación de que el multijugador no termina de exprimir las posibilidades del título.

La odisea espacial de Nintendo
En cuanto a la historia, tenemos exactamente la misma que en el original: Fox McCloud lidera a su escuadrón Star Fox en un enfrentamiento contra ANdross para defender el sistema Lylat a petición gubernamental, una premisa tremendamente sencilla que continúa desarrollándose mediante cinemáticas constantes y conversaciones por radio durante las misiones. En condiciones normales, su parquedad y su simplicidad argumental no serían un problema; a fin de cuentas, estamos ante un videojuego fundamentalmente arcade, por mucho que su empaque sea de obra moderna. El problema quizás viene de que la narrativa adquiere un mayor peso en este remake debido a la incorporación de nuevas secuencias completamente dobladas y más líneas de diálogo en el transcurso de las misiones, lo que te saca un poco de la diversión jugable (muy frecuente, como siempre con Lylat Wars) para meterte en una dimensión argumental brutalmente expositivo, simple y predecible.
Sobra decir que quien acude a Star Fox no lo hace por su narrativa ni su complejidad temática o simbólica, pero creo que es algo a tener en cuenta: más no siempre es mejor. Más diálogos, más cinemáticas, más universo cinematográfico de Star Fox puede ser positivo si las escenas o el guión cuentan una historia y contribuyen a desarrollar el mundo o la experiencia, pero se convierten en algo accesorio o incluso negativo si simplemente cortan el ritmo o introducen secuencias de poca relevancia.

Con todo, hay que decir que muchas de estas cinemáticas, por muy simples que sean, están muy chulas a nivel artístico y técnico. El apartado gráfico constituye, en líneas generales, el aspecto más destacado de este remake, con escenarios, naves, personajes y vídeos que presentan un nivel de detalle ampliamente superior al original y, honestamente, a la mayoría de first parties de Nintendo. Lo hace, además, con un rendimiento muy sólido, a 60 imágenes por segundo tanto en sobremesa como en portátil, y con una reinterpretación orquestal de las composiciones y melodías más reconocibles del videojuego original. También viene completamente doblado al español. Es el Lylat Wars de siempre, sin duda, con su alma arcade, pero con un aspecto completamente moderno.
CONCLUSIONES
El remake de Lylat Wars sigue siendo un videojuego muy divertido, tremendamente ameno, que recupera el espíritu arcade de la obra original y de unos tiempos ya muy lejanos… Pero también se siente, en ocasiones, como una oportunidad desaprovechada, ya sea de contar una nueva historia dentro del universo de Star Fox, o de reimaginar completamente la aventura original y no solo desde un punto de vista técnico. Con todo, mentiría si dijera que no me lo he pasado genial dándole un par de vueltas a Star Fox (2026) en Nintendo Switch 2, rejugando su campaña varias veces (dura unas dos horitas, un poco menos) para descubrir secretos y escenarios ocultos, y, en general, perdiéndome en sus combates espaciales y sus bellos escenarios sobre raíles. Un videojuego notable, que muy probablemente sea un nuevo eslabón en la franquicia de Star Fox… Y esperemos que el primer intento por recuperarla y reimaginarla.
Copia digital proporcionada por Nintendo
Muy divertido y rejugable. Apartado audiovisual muy potente. Comienza la recuperación de Star Fox...
... pero le faltan novedades jugables. Narrativa y cinemáticas muy planas y vacías. Muy corto.
Un videojuego divertidísimo y absorbente, con un montón de secretos y detalles geniales, pero se echa en falta más ambición con Star Fox.







