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La tumba de los lobos
PC PlayStation 4 Xbox One

La tumba de los lobos

Intenso, despiadado, trágico y mitológico; así es Sekiro: Shadows Die Twice, la última obra maestra de From Software y uno de los mejores y más exigentes hack and slash de la generación.

Por Sergi Bosch [@GriffithDidNW],
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No obstante, no serán pocas las situaciones en las que nos veremos forzados al enfrentamiento directo, choque de katanas mediante; es precisamente aquí donde Sekiro: Shadows Die Twice brilla con luz propia, ya que adapta de forma magnífica las virtudes de la fórmula Soulsborne y las lleva al siguiente nivel con una perspectiva mucho más frenética y despiadada en la que cada momento puede ser el último. El grado de tensión jugable que alcanza el título es ampliamente superior al que hemos podido ver en otros representantes modernos del género, y eso provoca que tanto los jugadores experimentados como los novatos habrán de habituarse a las reglas y mecanismos que plantea el juego. Sobra decir que la dificultad y la intensidad de los combates genera toda una sensacional proliferación de situaciones en las que nos veremos llevados al límite, por lo que alcanzar la épica o el fracaso es algo que depende totalmente del jugador y de los constantes procesos de aprendizaje y de las pruebas de habilidad a las que se verá sometido.

El uso de las herramientas secundarias de la prótesis y de las habilidades desbloqueables es esencial para poder hacer frente a la gran cantidad de amenazas que pululan por este Japón de pesadilla.

Así pues, el combate se fundamenta en dos aspectos principales: la vitalidad y la postura. La primera no necesita mayor explicación, es la vida básica de todos los personajes que pueblan la aventura, pero la segunda se trata de un añadido verdaderamente interesante; consiste, a grandes rasgos, en un medidor que determina la estabilidad, y que aumenta al bloquear o al recibir determinados ataques. Todos los enemigos, así como el protagonista, están atados a una barra de postura que cuando se llena provoca una transitoria pérdida del equilibrio, momento en el que serán vulnerables a un ataque crítico, los cuales son tan satisfactorios como brutales. Es por eso que el sistema de combate nos conmina a desviar los ataques con una suerte de parada con la katana, algo que no solo no tiene un impacto negativo en nuestra postura, sino que además repercute en la del rival.

En otras palabras, se ha producido una transición del clásico golpear y retirarse, al atacar y desviar ataques de manera casi simultánea, por lo que los enfrentamientos son más directos e íntimos que nunca. Cabe señalar que esto no implica que no sea necesario esquivar o que sean inviables otras formas de enfocar la defensa, ya que muchas veces nos encontraremos ante determinados ataques especiales que deberán ser evitados de maneras verdaderamente concretas, ya sea mediante saltos, esquivas típicas o incluso el uso del gancho retráctil; aquí, ciertamente, reside buena parte de la dificultad de los jefes finales de Sekiro: Shadows Die Twice, capaces de proporcionar tanto momentos irrepetibles como auténticos quebraderos de cabeza por intentar descubrir sus patrones de ataque y sus debilidades. Una delicia. Finalmente, si todo sale mal, y debemos acostumbrarnos a que así sea, siempre nos quedará la controvertida mecánica de resurrección, que nos permite volver a la vida una vez por enfrentamiento especial; esta está lo suficientemente restringida como para resultar una herramienta más, y además sucesivos renacimientos tienen efectos nocivos en los personajes secundarios y en el mundo, por lo que la imprudencia está más castigada que nunca.

Aunque es cierto que hay "minibosses" de gran nivel, los mejores momentos están reservados para los enfrentamientos especiales, los cuales sorprenden por su puesta en escena y por su dificultad.

Por último, en lo referente al apartado audiovisual, no podemos sino poner de manifiesto el sobrecogedor diseño artístico del que hace gala Sekiro: Shadows Die Twice, que tiene el grandísimo e inusual don de mantener la belleza y la espectacularidad tanto en el paisajismo idílico japonés como en el desenfreno sangriento de las secuencias de acción, toda una oda al estilo. A nivel gráfico destaca por una sensacional iluminación, tan adecuada para los momentos más puros como para los más lóbregos, y por un uso sobresaliente de los efectos de partículas, especialmente en lo que a la danza mortal de espadas se refiere. Los escenarios y los enemigos también presentan un buen nivel de detalle, aunque lo más llamativo es que muchas veces acabaremos explorando zonas que parecen verdaderamente lejanas, sin que ello suponga transición o secuencia de carga alguna. El único punto negativo lo encontramos en ciertas fases de inestabilidad y en una ligera repetición de criaturas.

También sobresale en el ámbito sonoro, y es que las voces en japonés presentan un nivel igual o superior a la localización al inglés de las anteriores obras del estudio, al menos en lo que a sentimiento y emociones se refiere. La banda sonora es espectacular, si bien es cierto que puede no alcanzar las cotas de grandilocuencia y de poder vocal que lucen otras composiciones más ostentosas desde el punto de vista acústico; a pesar de todo, consideramos que esta es una mera cuestión de gustos, ya que muchos de los temas que acompañan las aventuras del lobo de un solo brazo son tan memorables como cabría esperar, grandes representantes de sinfonías dentro del mundo de los videojuegos. Toda una conjunción de artes.

El título sorprende a nivel visual no por su músculo poligonal, sino por su buen hacer desde el punto de vista artístico.

Conclusiones

Nos atreveríamos a decir que con Sekiro: Shadows Die Twice había tantas esperanzas como incógnitas; al final, el tiempo, juez justo y eterno, ha terminado dándole la razón a Miyakizi y a From Software, que nos brindan otra joya cautivadora y exigente a partes iguales. Es cierto que más que de evolución jugable podríamos hablar de cambios, de balanzas, ya que se pierden algunas cosas por el camino, pero el resultado final es excelente y está perfectamente cohesionado, por lo que compone una obra maravillosa que ya se erige como uno de los grandes imprescindibles de la generación. Si temías que no estuviera a la altura de Bloodborne, Dark Souls o Dark Souls 3, despeja toda duda; Sekiro: Shadows Die Twice es una obra maestra -otra más de esta gente-, y presenta diferencias más que suficientes como para encandilar a propios y extraños. No te lo pienses, es increíble.

Redactado por Sergi Bosch (Elite)

Análisis de Sekiro: Shadows Die Twice para PC: La tumba de los lobos
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Alternativas
La trilogía Dark Souls o Bloodborne son las más cercanas por razones evidentes. Por ambientación, Nioh.
Sistema de combate más emocionante y directo que nunca. El mundo y su diseño artístico.
Pequeños bugs ocasionales. No es tan rejugable como otros títulos del estudio.
Miyazaki repite éxito con Sekiro, un brillante hack and slash que nada tiene que envidiar a sus joyas pasadas. De lo mejorcito de la generación.
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