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Entrada al universo paralelo psicodélico
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Entrada al universo paralelo psicodélico

Sayonara Wild Hearts es una propuesta auténtica y eminentemente musical apoyada sobre fórmulas jugables clásicas

Por Andrés JC,
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Durante la llegada de las tres dimensiones a los videojuegos hubo una explosión de nuevas propuestas tratando de crear experiencias nunca antes vistas. Lo más inmediato consistía en convertir al 3D lo que hasta entonces habíamos visto en 2D, pero un puñado de diseñadores más atrevidos quisieron ir más allá para adentrarse en territorios experimentales. Una de las técnicas más efectistas tomaba como premisa manipular la música durante el gameplay, tratando de encontrar una sinergia entre la banda sonora y las mecánicas de juego dentro de entornos tridimensionales. Hablamos de títulos como Vib-Ribbon (PSX), Rez (DC) o Audiosurf (PC), experiencias jugables íntimamente relacionadas con Sayonara Wild Hearts.


Testigo de Mizuguchi

Tetsuya Mizuguchi, diseñador de Rez, Lumines, Child of Eden y más recientemente Tetris Effect, es un estandarte de esta escuela creativa. La influencia de estos juegos sobre Sayonara Wild Hearts es más que evidente. De origen sueco, Simogo es un estudio que ha estado más o menos en la sombra hasta el lanzamiento de este, su último juego, el cual ha recibido una aclamación unánime desde su lanzamiento digital en 2019, habiendo recibido una versión física un año después en Switch y PS4. Sayonara Wild Hearts combina el diseño de Mizuguchi, con una banda sonora dreamwave y jugabilidad arcade al más puro estilo Sega.

¿Una locura? No tanto como parece. Desde el primer momento nos vemos absorbidos por la densa atmósfera que nos rodea, presente incluso en el menú. Los tonos oscuros e iluminación retrofuturista nos dan la bienvenida a una historia que se basa más en la sugerencia que en la narrativa. Nuestra protagonista es una chica sin nombre a quien se le rompe el corazón y entra en una dimensión paralela, tomando el papel de una heroína con antifaz. Sin más preámbulos, comenzamos a jugar.

Y llega el primer contacto con las mecánicas de juego, muy sencillas e inmediatas. El juego está dividido en varias fases, cada una con un control ligeramente distinto, pero una línea de diseño común: el avance automático. Podemos identificar niveles inspirados en Out Run, Panzer Dragoon o Space Harrier, donde controlamos a nuestra protagonista sobre algún vehículo y tenemos que recoger corazones por el nivel, al mismo tiempo que esquivamos obstáculos, subimos por rampas y saltamos abismos. El control es tan simple que permite introducir muchos trucos visuales, giros de cámara y un sinfín de acrobacias de forma muy natural, favoreciendo así la sensación de que estamos viviendo un videoclip.


Melodías para soñar

Y la razón de esto, de nuevo, es por su énfasis en el apartado musical, que en todo momento lleva la batuta. Para evitar confusiones: no estamos ante un juego rítmico, que requiera nuestra pericia pulsando botones al son de la música para progresar, pero sí que incluye algunos quick time events perfectamente encajados con ella. El maridaje entre lo que sucede en la pantalla y lo que suena en los altavoces es extraordinario, el jugador siente que está navegando por un mundo onírico a toda velocidad sobre una moto, un monopatín o un deportivo, mientras persigue a uno de sus enemigos, personajes sacados de la imaginación de Daft Punk.

El simbolismo es una constante durante la experiencia, con claras referencias a la astrología, una metáfora del viaje de nuestra protagonista para recuperar su corazón perdido, durante el cual se enfrenta a los personajes del tarot en duelos aéreos de espadas, artes marciales y carreras de alto voltaje. Sayonara Wild Hearts es una bomba creativa que a cada minuto nos ofrece un desafío distinto, fresco y sorprendente, que además nos incita a volver a jugar para conseguir objetos coleccionables y la máxima puntuación. Y, con toda franqueza, encontrar una excusa para volver a cada nivel es muy agradecido. El contenido principal, de aproximadamente una hora de duración, se extiende hasta las cinco horas si nuestra intención es desbloquear todo el contenido y conseguir el 100% de sus coleccionables.

Conclusiones

Sayonara Wild Hearts es un viaje que recomendamos afrontar con las luces apagadas y los cascos enchufados. Cada minuto de juego es un bofetazo artístico que nos va a dejar mareados de su excelente creatividad y pegadiza música, razones principales por las que Simogo ha pasado a la palestra de desarrolladores independientes reconocidos. Es uno de esos juegos que necesita ser experimentado por uno mismo para valorarlo como se merece.
Análisis de Sayonara Wild Hearts para Switch: Entrada al universo paralelo psicodélico
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Alternativas
Thumper, Aaero, Crypt of the Necrodancer
El diseño artístico, la banda sonora, la rejugabilidad
Alguna fase ofrece unos controles un poco imprecisos
Sayonara Wild Hearts es una píldora de creatividad a todos los niveles que ofrece una experiencia extrasensorial por su magistral diseño audiovisual
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