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Cuando lo divertido es morir
Nintendo Switch PC

Cuando lo divertido es morir

Una propuesta nueva y fresca donde lo narrativo lo es todo. El nivel de mofa es glorioso.

Por Keyser Soze,
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A veces aproximarse al análisis de un videojuego requiere no solo jugarlo y ver qué clase de arco de color nos da en cada una de sus pinceladas técnicas, sean la jugabilidad, los gráficos o el sonido. A veces, un juego es un producto cultural mucho más complejo que una simple iteración mecánica en la que un guión lineal, un género prefigurado y un apartado técnico conforman la imagen completa de lo que tenemos entre manos. Reventure es una de esas rarezas de aire fresco en un panorama (y más en concreto, en el indie) donde algunos géneros y propuestas copan la interminable ristra de refritos y en general una contrahecha bastante despiadada y probablemente tóxica que es que solo existe si existe demanda. Y si así fuera, sin irnos más lejos del indie, la suma de las partes donde pixel art, géneros de antaño como beat'em up o remezclas con más o menos tino de la fórmula que proponen los metroidvania o ciertos run and gun sería lo único que podríamos consumir en nuestro restaurante gamer de comida rápida.

Por suerte, cada vez son más (y aquí mola reconocérnoslo) los estudios que apuestan por salirse de los márgenes y simplemente darle una pensada creativa a qué se puede hacer con todas las herramientas que nos propone un videojuego. En los últimos años uno de los ejemplos más imitados y que quizás se nos venga a la cabeza sea los Soulsborne, que en forma de jugabilidad proponían algo nuevo. Y cuando algo funciona, se copia. Y eso está bien. Y así ha sucedido. Desde el reciente Code Vein en el campo de las 3D a incorporaciones dentro del indie como Hollow Knight o Dead Cells cogen trazas de la propuesta de From Software.
Pixelatto, un estudio malagueño, ha sabido leer muy bien muchas de las cosas que han ido pasando en la comunidad y en el sector y ha profundizado en la remezcla y, de la misma manera que funcionan los memes en internet donde cada uno puede reapropiarse de lo que ha hecho el de al lado para crear algo nuevo, ha dado a luz un videojuego que sin ser la revolución social de este siglo XXI, regala una propuesta muy interesante. Y divertida. Sí, estamos ante un juego que basa su disfrute y su entretenimiento, que al final es para lo que estamos aquí, no tanto en la habilidad o en el guión, sino en un balance perfecto entre no linealidad, humor y formato. No tanto en ese momento en que alcanzamos el nirvana gamer y somos capaces de concatenar, tras extremas pruebas de fallo y error, una serie de movimientos que nos permiten avanzar en los más difíciles niveles de Super Mario Maker, sino en reírnos. Y hacerlo a carcajadas.

Y lo cierto, detrás de toda esta introducción, es que en el producto final se nota un mimo especial. Un mimo que reduce ostensiblemente la abismal distancia que suele existir entre las personas creadoras de cierto producto cultural y sus consumidores. Aquí, al avanzar, nos ponemos en la piel del diseñador o diseñadora de niveles, de el equipo creador de la idea original, de la persona encargada de unos diálogos desternillantes. La propuesta es sencilla, y bebe mucho de todo lo dicho anteriormente: nunca morir fue tan divertido. Y es que morir es el condimento base de Reventure. ¿El guión? Sencillo, salva a la princesa. ¿La jugabilidad? Nada nuevo en el horizonte; mecánicas que ya conocemos de casi cualquier plataformas ancladas en los objetos que vamos recolectando en cada partida, sea un gancho como en Bionic Commando, una caña de pescar o una pala como en Zelda: Link's Awakening o un escudo y una espada como en... bueno, como en miles. Las mecánicas son sencillas y nada que no conozcamos como correr, saltar y atacar. Y prácticamente un botón y una cruceta son más que suficientes para acabar toda la aventura.



Pero visto todo esto entonces cabe preguntarse qué es lo que hace a este juego especial si es que lo es. Es sencillo, cada vez que mueres (y si nunca antes lo has hecho así) te has pasado el juego. Se terminó, caput. Incluso recibirás el logro correspondiente al final desbloqueado y son 100 finales del ala de los que goza el título. Lo que ocurre es que cada vez que juegas y abordas el siguiente puzzle que tienes delante en esa especie de día de la marmota, porque Reventure es también un juego de puzzles y de pensar, irás descubriendo y desbloqueando cuestiones que te permitirán a su vez acabar esta historia de espadas y princesas más lejos que la anterior. O más inverosímil que la anterior. O el adjetivo preferido que tengáis que la anterior. Algunos de estos finales, y por lo tanto completarlos pueden durar minutos, segundos incluso. Otros no tanto y requieren de fallo y error y exploración para llegar a ese lugar concreto en las condiciones concretas con los objetos concretos para hacer, en fin, cosas concretas.

Y cada vez que termines el juego llega el humor, con un narrador omnisciente que se va a reír de nosotros una y otra vez. Y aquí conviene no desvelar demasiado en este sentido, pues esa carga de risa y sorpresa son los que convierten de alguna manera a Reventure en algo único y es por eso que lo mejor es que lo probéis por vosotros y vosotras mismas. Es asombroso además como cada pequeña acción aparentemente inofensiva puede desencadenar un final nuevo y de paso dejarnos sorprendidos ante toda esa variedad de estupideces que alguien ya ha pensado antes que alguien con un mando en la mano puede hacer.

Técnicamente, que pese a todo también toca comentarlo, al menos en términos de sprites y mapeados el juego se puede haber hecho perfectamente con el ya olvidado pero siempre en nuestro corazoncito, Paint. Sí, los píxeles son del tamaño de Nebraska en pantalla pero qué bien le quedan. La música nos acompaña y los efectos no son nada del otro mundo. Todo su aspecto técnico simplemente es tan limitado como imprescindible. Y es esa mezcla y balance perfectos los que encandilan y dejan entrever el amor, el cariño y el mimo de todas esas historias de juegos hechos en un garaje pero que nos enganchan a los 2 minutos de estar con ellos entremanos.

Reventure es, en definitiva, y por su precio (9,99€), un producto de enorme calidad que proporciona risas tanto solo como acompañado (aunque siempre mejor compartir el jajá con alguien al lado y en este caso con mucha más razón). Una propuesta que deja un sabor de boca buenísimo al que quizás y por buscarle alguna pega, y una vez habiendo conseguido un formato tan disfrutón, se hubiera agradecido que hubieran subido un par de puntos de dificultad a algunos de sus puzzles y habernos forzado a retos un pelo más extremos. En cualquier caso, nada que emborrone una experiencia como pocas hay.
Análisis de Reventure para Switch: Cuando lo divertido es morir
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Alternativas
No hay juegos de propuestas similares que mezclen tantas cosas con tanto tino. En plataformas 2D, Celeste.
Su humor. Es desternillante de principio a fin.
Con el formato que tiene detrás el juego pide a gritos más puzzles y sobre todo, más difíciles.
Una maravilla que todo el mundo debería jugar por su relación calidad-precio.
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