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Perdidos en Ladrillolandia
Nintendo Switch PC PlayStation 4 Xbox One

Perdidos en Ladrillolandia

Propuesta indie la mar de interesante que nos propone volver a los salones recreativos y a la jugabilidad de Bomberman.

Por Juan Emilio Palomino González,
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Versión analizada Xbox One X. Copia digital proporcionada por ICO Partners.


Nos llega una nueva propuesta indie, esta vez desde Resistance Studio, estudio afincado en Holanda pero en el que la mitad de sus miembros son españoles. Su primer juego nos llega con el rimbombante nombre de Pushy and Pully in Blockland, un título arcade y familiar que hará las delicias de todos los públicos ahora que se estrena en Xbox y PC... pero también en Nintendo Switch y PlayStation 4 cuando se ponga a la venta dentro de unos días. De entrada, el nombre del juego nos pone sobre aviso: vamos a tener a dos personajes muy parecidos como protagonistas que van a recorrer la "tierra de los bloques" para solucionar algún entuerto en el que se hayan metido. Y sí, solo que en esta ocasión nos encontramos con un sistema de juego que mezcla las mecánicas de las recreativas más clásicas con el espíritu de la serie Bomberman. Bueno, también hay bastante de lo que se conoce como "match-three", lo de juntar tres piezas de colores para que desaparezcan como ocurría en Colums o Puyo Puyo, pero estamos adelantando los acontecimientos. Empecemos por el principio.

El argumento del juego nos pone en la pixelada piel de Pushy y Pully, dos jovencitos que viajan en su nave espacial hasta que sufren un aparatoso accidente que destroza su medio de transporte. Lo peor es que las cinco partes más importantes de su vehículo han ido a parar a cinco lugares diferentes de "Blockland", por lo que deberemos internarnos en cada región, superar los diez niveles de rigor y enfrentarnos al enemigo final de fase que custodia la preciada pieza que necesitamos para reanudar nuestro viaje. Estos niveles están formados por bloques (hay cuatro tipos) y enemigos, que por muy adorables que parezcan, con un simple roce nos harán morder el polvo. Nuestro objetivo será acabar con todos ellos para que un haz de luz nos teletransporte al siguiente enclave. Fácil y directo.

Conforme se suman enemigos con diferentes patrones, la cosa se complica.


Vale, tenemos a nuestro "puchi" en pantalla, todo con una perspectiva calcada a Bomberman en la que bloques y enemigos tienen su correspondiente ubicación en cada nivel. Nuestro protagonista (o "protagonistas" si le damos un segundo mando a alguien que quiera unirse a nuestra partida) solo podrá moverse y empujar los bloques de su alrededor, por lo menos todos los bloques que no tengan una equis encima ya que esos estarán siempre quietos. Si al empujar un bloque, no hay nada en la casilla adyacente, saldrá disparado hasta tocar a otro bloque llevándose por delante a todos los enemigos que estén en esa misma línea. Ésta será nuestra principal "herramienta de ataque", pero a poco que nos fijemos, veremos que los bloques tienen unos símbolos en lo alto, de manera que si juntamos más de tres al moverlos desaparecerán y en su lugar aparecerá (según el dibujo que tengan) una bomba de gran poder destructivo, un bloque que podremos levantar para arrojarlo o un diamante que aumentará nuestra puntuación. ¿Y qué pasa si intentamos empujar un bloque que está pegando a otro bloque? Pues que el que hemos empujado, se romperá.

La mejor manera de verlo es que estamos ante un título calcado a Bomberman, pero en el que tenemos que empujar bloques como si de un Puyo Puyo se tratase. Habrá momentos en los que empujando bloques a diestro y siniestro saldremos adelante y en otras ocasiones deberemos saber cuáles empujar y cuales no por las características propias de cada enemigo que nos encontremos. Cuando el juego se pone peliagudo y exige que le demos a la sesera, nos recuerda salvando las distancias a Goof Troop, el juegazo que se marcó Shinji Mikami en su momento para Super Nintendo hace eones. En realidad, cada nivel tiene la misma finalidad, que no es otra que acabar con todos los enemigos antes de que se acabe el tiempo que marca el reloj de la parte superior, porque si el crono llega a cero, aparecerá un enemigo volador la mar de pesado que irá a por nosotros para que perdamos una de las tres vidas que disponemos. ¿Siempre es así? No, hay algunos niveles en los que no hay tiempo y el objetivo de acabar con todos los bichitos que deambulan por la pantalla quedará supeditado a que tengamos bloques con los que interactuar. Sin bloques, no hay nada que hacer. Tranquilos, hay continuaciones sin tener que echar cinco duros.

Contra todo pronóstico, el suelo no resbala en el mundo helado.


Cierto es que los gráficos son adorables y logran transportarnos treinta años atrás, también podría pasar por una recreativa made in Konami por su desparpajo y buen hacer. Cada diez niveles cambiaremos de "mundo", que a su vez cambiará de estética como era de prever. La gracia de esto es que conforme avancemos se sumarán nuevos enemigos con rutinas diferentes que complicarán poco a poco el juego. Pasar de los bobalicones que recorren el escenario en linea recta a las ruedas que aceleran en cuanto entramos en su radio de visión o las plantas que disparan espinas en cuatro direcciones es sinónimo de perder vidas casi sin darnos cuenta. Quizás, podrían haberse estirado un poco más con las animaciones, por aquello de darle un puntito más de modernidad, ya que resultan muy simples aunque valoramos que en función del mundo los enemigos muestran detalles como llevar bufanda en el mundo helado. La banda sonora compuesta por Jose Ramon "Bibiki" García se aleja de lo convencional y mantiene el estilo añejo sin tirar del típico sonido midi, algo que podría haberse justificado fácilmente por la decisión de utilizar pixelacos para su estética. Se agradece su calidad.

Pushy and Pully in Blockland se ve y se juega como una recreativa de finales de los años ochenta, lo que creemos que era la finalidad del estudio, hacernos recordar aquellos años en los que la diversión en los videojuegos era inmediata. Claro que tiene sus peros, a la versión que hemos probado (justo antes de ponerse a la venta) no le vendría mal un par de actualizaciones para depurar cositas en los menús o en los tiempos de carga, además de que esa perspectiva y esa jugabilidad pedían a gritos un modo multijugador para cuatro jugadores como el que hizo eterno a Bomberman. En fin, estamos ante un título que intenta pellizcarnos en la nostalgia y que se crece cuando nos proponemos terminarlo junto a un amigo con su divertido modo cooperativo, además su asequible precio (no llega a los diez euros) lo hace incluso más apetecible que esas roms que suelen aparecer en las Stores a precio de oro. Al menos Pushy and Pully in Blockland es un juego nuevo, medio español, que busca recordarnos aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Redactado por Juan Emilio Palomino (Spiderfriki)
Análisis de Pushy and Pully in Blockland para XONE: Perdidos en Ladrillolandia
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Tiene el encanto de las recreativas. Cooperativo en local. El diseño tan cuqui.
Le falta un multijugador para cuatro en plan Bomberman. Manejo tosco. Hay cositas por pulir.
Otro intento de apelar a nuestra nostalgia con un sistema de juego directo y funcional. Su encanto y su jugabilidad son sus principales atractivos.
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