El planeta que nunca duerme
PlayStation 4 Xbox One PC

El planeta que nunca duerme

Si todavía te quedan días de vacaciones, hacer turimos por este Planet Alpha puede resultar tan reconfortante como peligroso.

Por Juan Emilio Palomino González,
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Versión analizada Xbox One X. Copia digital proporcionada por Team 17.

Llega la enésima propuesta independiente cargadita de mimo y buenas maneras. En esta ocasión, se trata de Planet Alpha juego ideado por Adrian Lazar y en el que Team 17 ha encargado de las labores de distribución. Puede que el juego os suene, es de esas propuestas que llaman la atención nada más verlas. Ha pasado por innumerable ferias independientes y por fin, después de varios años de gestación, lo tenemos en nuestras manos. Pero ¿qué hace especial a Planet Alpha? Pues de entrada, su llamatica y fascinante puesta en escena. Cada pantalla es una obra pictórica capaz de derretirnos las retinas por el abuso de su variedad cromática. En ese sentido, es el antagonista declarado de Limbo en esto de los videojuegos, título con el que guarda tanto coincidencias jugables como de origen. Porque ambos proponen las plataformas más clásicas, de izquierda a derechas, como hilo conductor de situaciones vario pintas que alternan secciones de puzles, sigilo o el imprescindible ensayo y error.

El juego arranca por nuestro esquelético protagonista, un alienígena de esbelto porque cojea ostensiblemente por el planeta que da nombre al juego. No sabemos nada más. Solo que el debemos continuar hacia adelante, protegidos por nuestra escafandra, mientras tomamos consciencia de la belleza del entorno que nos rodea. Con nuestras últimas fuerzas llegaremos a lo que parece un santuario antes de perecer... pero al despertar comprobaremos que tenemos energías renovadas y que podemos adentrarnos en el suntuoso planeta con todo nuestro brío intacto. Aquí arranca lo bueno, empezaremos a tomar contacto a los saltos y a agacharnos, que servirá para agacharnos por superficies estrechas o para escondernos en la maleza. Y daremos por el primer portal. Allí veremos una de las mecánicas de juego más llamativas que recordamos. Al colocarnos sobre una zona concreta del escenario, podremos controlar el ciclo del día y de la noche a voluntad con los dos gatillos superiores de nuestro mando.

Luego comprobaremos que esa habilidad la podremos utilizar en cualquier momento, no solamente en las zonas habilitadas. Pero todo cambiará cuando ese paraíso, ese ecosistema de color y luz en el que se alternan los animales y la vegetación más increíbles que hayamos visto en nuestra vida se me amenazado por un ejército de robots. Como si hubieran salido de una película de Ed Wood, el implacable enemigo nos aguarda errático en nuestro lineal camino, siempre con el tentáculo de metal puesto en el gatillo para acribillarnos a las primeras de cambio. Tocará tirar de estrategia para ocultarnos cuando miren, emplear el entorno y usar nuestras dotes para el sigilo para salir airosos. En definitiva, estas situaciones son pequeños puzles que buscan la implicación del jugador tanto para poner a prueba su paciencia (ensayo y error) como su imaginación. En momentos, tardaremos más tiempo del recomendado en encontrar la solución que nos permita progresar, hecho que alarga la duración de la primera vez que lo jugamos. Los coleccionables y secretos invitan a la segunda vuelta.

Basta con ver las imágenes que acompañan este texto para comprobar el cuidado que se ha puesto en la elaboración de los escenarios. Veremos ballenas alienígenas gigantes volar por el cielo, enormes naves espaciales iniciar una guerra o detalladas cuevas en las que el musgo fluorescente brilla con la fuerza de cien soles. Y en medio, nuestro alienígena. Esbelto y frágil para transmitirnos su debilidad, que en cualquier salto o descuido puede pasar a mejor vida. El recurso para potenciar la inmensidad del planeta ha sido empequeñecer a nuestro protagonista en multitud de secciones, algo que provoca que le perdamos de vista entre tanta plantita y tanto elemento brillante. Entendemos la finalidad aunque esta decisión nos haya hecho perecer en algún que otro momento.

Planet Alpha gestiona bien las plataformas, con tramos rápidos y otros más reposados. Siempre con algún que otro oportuno puzles de los que dan caché al asunto. La mecánica de girar el sol para alternar el ciclo de horas potencia el apartado gráfico, porque si ya el juego de por sí es una maraviila estética, jugar con la iluminación resulta realmente delicioso. Aquellos jugadores que esperen un juego de saltos al uso, vean su ímpetu frustrado al encontrar sus grandes dosis de sigilo y supervivencia, hay muchos momentos en los que saltar como una rana no asegura más que volver a cargar el último punto de guardado. En la sabia mezcla de los componentes está la receta perfecta, y Planet Alpha los alterna con certeza y maestría.
Análisis de Planet Alpha para XONE: El planeta que nunca duerme
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El apartado artístico es de otro mundo. Los puzles y las secciones de plataformas.
A veces cuesta saber lo que tenemos que hacer.
Rompedor en el diseño, esta interesante propuesta consigue embelesar nuestros sentidos con un planteamiento acertado y original.
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