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Hijo de la velocidad
PC PlayStation 4 Xbox One

Hijo de la velocidad

El heredero ilegítimo de Wipeout se presenta en la familia de consolas Xbox tras su paso por PC y PlayStation 4. Trae prueba de paternidad bajo el brazo.

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Jugado en Xbox Series X, versión Xbox One X. Copia digital proporcionada por Jesús Fabre.


Correr a toda pastilla hasta que el lagrimal se quede seco. Ese es el único planteamiento de Pacer, el nuevo juego de R8 Games que ya llegó hace meses a PC y PlayStation 4 pero que ahora se pone farruco al dar el salto a la familia de consolas de Microsoft. Y es que Pacer fusila sin contemplaciones el planteamiento, diseño y jugabilidad de una serie tan longeva y querida como es la de Wipeout. Pero Pacer no es uno más dentro de la amplia oferta de clones que intentan emular el éxito del juego con el que muchos estrenamos los primeros meses de nuestra PlayStation hace la friolera de veintiséis años, es (como vamos a explicar en este análisis) el juego que mejor ha sabido colocarse en el piel de Wipeout sin llevar su nombre. Incluso mejor que alguna entrega de la serie si me apuran. Un título de carreras futuristas en el que las ruedas son cosa del pasado y cada campeonato ofrece ingentes cantidades de dinero para que reinvirtamos en nuestros bólidos para competir tanto en los modos para un solo jugador (muchas horas hay ahí metidas) como encararnos a otros 9 jugadores gracias al modo multijugador en línea que han implementado con maestría. Nos ceñimos bien el mono y nos ajustamos el casco, os avisamos que vienen curvas y nosotros vamos pero que muy rápidos.

Y es que lo que funcionó en Wipeout se recicla sin remilgos en Pacer. El sistema antigravedad de las naves permite que se deslicen a toda pastilla por los sinuosos circuitos, velocidad que podremos incrementar si pasamos por las zonas de impulso o al emplear la barra de turbo que se recarga lentamente mientras jugamos. En las carreras en las que están activados los iconos sobre las pistas (hay eventos en los que correremos sin ellos) veremos tres tipos de bonificadores, de manera que el que nos impulsa a más velocidad es solo uno de ellos. Los otros dos son la recarga del escudo (cuando no nos quede más empezará a desgastarse la estructura de la nave hasta explotar) y el que habilita la activación de las armas. En el mismo taller en el que podemos cambiar las piezas de la nave podremos colocar dos armas (una para cada costado de nuestro vehículo) con diferentes modificadores a nuestro alcance. De esta forma, cada vez que cojamos un potenciador, podremos usar bien la onda expansiva que repele a todas las naves que nos rodean, la ametralladora que pulveriza a quien tengamos delante o la mina que desmoraliza a nuestros perseguidores entre las opciones disponibles.



Hay muchas armas y muchas combinaciones posibles, sobre todo porque podemos equipar dos armas y a cada una de ellas podemos añadirle hasta dos modificadores especiales que alteran sus características. Pasar por el icono en la pista habilitará el uso del armamento una vez, por lo menos hasta su uso, de manera que cada vez que los recojamos podremos disparar misiles teledirigidos o lanzar un rayo que drene la armadura del incauto rival entra muchas más variantes. Como tendemos la posibilidad de guardar diferentes combinaciones de armas y diferentes reglajes de las piezas (para que nuestra nave tenga más aceleración, velocidad punta, frenada o estabilidad), podremos tener diferentes planes pensados según el modo de juego o el circuito. Si no se nos da bien crearlos, siempre nos quedará la opción de escoger entre los que vienen prediseñados de serie. Claro que todo este equipamiento no estará disponible desde el comienzo (el de las armas ni estará permitido en todas las competiciones), deberemos correr mucho para obtener los recursos monetarios para ir desbloqueando todo lo disponible en la tienda.

El control es muy Wipeout, con la sensación de que debemos pisar a fondo mientras culebreamos con los dos aerofrenos que están colocados en los gastillos superiores. La importancia del turbo (que ya hemos dicho que se recarga poco a poco) nos hizo cambiar la configuración de los botones para para colocar el acelerador en el botón X (pulsado constantemente) y dejar la A libre para los momentos en los necesitamos ese impulso adicional del nitroso. Tenerlos al revés como venían de serie resultaba terriblemente incómodo. El modo campaña, para que nos entendamos, es largo y está lleno de eventos, pero la verdad es que navegar por los menús no resulta tan intuitivo como nos hubiera gustado. Podremos repetir ciertos campeonatos con diferentes escuderías, variante que está regulado por una serie de contratos, pero cambiar de uno a otro resulta aturullado y en ocasiones no sabremos si estamos haciendo un contrato nuevo o repitiendo uno que ya habíamos terminado. Desde luego es una forma de aumentar la duración del juego, sobre todo si eres un estudio modesto que busca que su juego tenga mucho contenido, pero podían haberlo depurado un poco más para que quedase más claro todo.



Pacer es espectacular. Curvas imposibles, caídas al vacío, fondos futuristas... la mitad de los escenarios del juego parecen sacados de Blade Runner 2049 y la otra mitad del videojuego futurista que más te guste, siempre con tonalidades dominantes que aportan ese puntito multicultural que avanza un futuro cercano más esperanzador que el que nos merecemos. Aunque podremos cambiar los reglajes y las armas de las naves, no hay modificaciones estéticas más allá de cambios de colores en los chasis. Tampoco es que le haga falta, la verdad. En lo que sí despunta el juego sobre todo lo demás es en la velocidad y en la suavidad con que se mueve todo. Suponemos que jugarlo en Xbox Series X tiene que influir, pero a día de hoy no hay en el menú de opciones ningún modo que nos de a elegir entre rendimiento o calidad. El juego se ve a 4K y por lo que hemos podido disfrutar (y sin tener ojo biónico para contar frames) el juego está muy próximo a los 60fps, o eso al menos es lo que nos ha hecho creer todo el tiempo. En cuanto a la banda sonora, han optado por multitud de temas electrónicos, la mayoría de Cold Storage (Tim Wright) que ya colaboró con algún tema en Wipeout (busca ahora mismo "Cairodrome" o "Messij" a ver si te suenan), pero si no retransmitimos nuestras partidas podremos acceder a multitud de remezclas de otros grupos. Cosas del copyright se entiende.

Ya hemos mencionado varias veces al juego que creó Psygnosis, pero es que Wipeout está presente en cada nave, en cada circuito y en cada carrera que echamos. Y desde eso no es malo, primero porque tenemos un grandísimo recuerdo de aquella serie (tristemente parece que no está entre los planes de Sony por ahora) y por otra porque ningún otro juego hasta el momento ha conseguido recrearnos aquellas mismas sensaciones otra vez como sí lo ha hecho Pacer. Por apariencia y jugabilidad es un digno sucesor de Wipeout... pero le faltan algunas cositas para reclamar el trono, detalles que aportan entidad. Para empezar Wipeout tenía un diseño futurista rompedor ya que cada logo y cada imagen tenían entidad propia. Es loable que hayan apostado por un sistema de juego que nos invite a probar reglajes nuevos antes de cada carrera con la posibilidad de usar los predefinidos, pero en parte todo eso le quita la inmediatez tan arcade que tenía Wipeout (Pacer es muy arcade, pero un puntito menos que Wipeout). Y por último, la banda sonora, que si bien sigue el camino marcado por la serie original, aquí le echamos en falta algo de variedad en los grupos. Pero que estos pequeños inconvenientes no te hagan dudar de este título, es adrenalina en vena, velocidad terminal directamente en nuestra retina. Puede que tardemos unas pocas carreras en cogerle el "aire" al juego, pero en cuanto lo domamos y acertamos con el reglaje adecuado, no soltaremos el mando ni porque nos den espasmos. Pacer abandera el concepto de marca blanca que no podemos dejar de recomendar, pero con el cuajo de mirar cara a cara al juego que homenajea.

Redactado por Juan Emilio Palomino (Spiderfriki)
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La personalización y todo lo que podemos hacer en el taller. La jugabilidad calcada a Wipeout.
Le faltan circuitos y modos de juego originales.
Nos ha encantado surcar los circuitos a 1000 por hora y como venimos diciendo, es lo más parecido a Wipeout que encontrarás con otro nombre.
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