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Análisis de Open Roads, un road trip nostálgico centrado en la relación madre-hija
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Análisis de Open Roads, un road trip nostálgico centrado en la relación madre-hija

Una aventura realista y cargada de melancolía, dónde descubriremos secretos que quedaron ocultados en el tiempo

Por Haztecamarera,
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Existe algo tremendamente poderoso a la hora de mostrar en ficción esa etapa vital tan compleja que es la adolescencia. El paso de la niñez a la edad adulta suele ser sinónimo de cambios físicos y mentales, siendo un período en el que estamos formando a nuestro yo del futuro, pero a la vez seguimos siendo tremendamente vulnerables y con miles de dudas sobre lo que queremos llegar a ser. En el mundo de los videojuegos, nos encontramos con grandes aciertos a la hora de reflejar esta etapa de la vida. Títulos como Life is Strange (2015) nos mostraron que los adolescentes pueden aparecer y desarrollar su historia sin infantilizarles, dando la importancia que se merece a sus problemas y representándoles con sus virtudes y sus defectos, sin entrar en juicios de valor. Encontrándonos ante un juego narrativo, cuyo peso recae principalmente en la historia y en cómo se cuenta, ¿conseguirá Open Roads relatar una historia sólida sin tratar a su protagonista con condescendencia? Vamos a descubrirlo.

Un viaje en coche donde nos enfrentaremos al pasado para entender el presente

La historia nos sitúa a principios de los años 2000. Tess Divine, una adolescente de 16 años, se enfrenta a dos situaciones recientes que suponen un duro golpe: el divorcio de sus padres y el fallecimiento de su abuela. Tess vive con su madre Opal, pero nuestras protagonistas deben mudarse de casa debido a motivos económicos. Por ello, empezaremos nuestra aventura empaquetando nuestras pertenencias ante el inevitable cambio de vivienda. Si algo nos enseñó Unpacking (2021), es que no hay mejor forma de descubrir la personalidad y la realidad de un personaje que analizando sus posesiones y bienes más preciados. De modo que poco a poco iremos contextualizando la situación en un lugar y una época muy concretos, llegando a empatizar con la protagonista desde un primer momento.


Determinadas pistas sitúan la acción del juego en el año 2003. Las referencias sociales y culturales de la época serán constantes.


Centrándonos en su jugabilidad, resulta difícil no comparar este título con el exitoso Gone Home (2013), ya que ambos han sido desarrollados por Annapurna Interactive. Este parecido se hace notable principalmente en la mecánica de juego. Aquí también nos desplazamos por escenarios tridimensionales con una perspectiva en primera persona, permitiéndonos investigar nuestro entorno y seleccionar aquellos elementos que nos llamen la atención. Al igual que en el juego de terror, en Open Roads disponemos de una retícula de punto con la que enfocar esos objetos que queremos investigar a fondo. He de decir que, en ocasiones puntuales, he sufrido ante la imposibilidad de apuntar correctamente con los joysticks del mando (juego analizado en Nintendo Switch), ya que diferentes elementos del entorno me impedían desplazar la retícula de punto hacia mi objetivo. Pero estos problemas han sido anecdóticos, sin llegar a ensuciar la experiencia final del juego.

Los escenarios en tres dimensiones se combinan con las ilustraciones animadas de sus protagonistas

Resulta muy fácil conectar desde un principio con las protagonistas de esta historia. Esto no sólo es debido a las notables actuaciones de las actrices Kaitlyn Dever (a quién veremos en la segunda temporada de The Last of Us) y Keri Russell (conocida por protagonizar series como Felicity o The Americans), las cuales dan voz a las protagonistas y les imprimen el carácter y la personalidad que la historia necesita. También se agradece comparar las reacciones de ambos personajes y sentirte, como jugador, más cerca de una o de otra, dependiendo de cada situación. Por ejemplo, puede que personalmente te identifiques más con el ansia de la juventud que muestra Tess, debido principalmente a su corta edad y sus ganas por obtener información cueste lo que cueste; o bien prefieras mantener la calma y tener más sensatez en tus acciones, como hace su madre. ¿Conocéis ese momento en el que, al reaccionar de uno u otro modo ante una situación, te sorprendes a ti mismo diciéndote: “es que soy mi madre”? Pues aquí descubriréis hasta qué punto es cierto.


Los entornos que visitamos están llenos de un preciosismo decadente que encaja perfectamente con el juego. Es inevitable sentir melancolía al recorrerlos.


Cada nuevo escenario en el que nos adentramos nos ofrece una gran cantidad de elementos que inspeccionar y con los que interactuar, con el objetivo de desentrañar poco a poco un pasado familiar inquietante. Algunos objetos clave nos desbloquearán monólogos de Tess consigo misma, en los que podremos ir entendiendo la magnitud de la situación gracias a poner un poco de orden en sus pensamientos. Por otro lado, otros objetos nos permitirán interactuar con nuestra madre y mantener una conversación que, pese a no contar con demasiadas respuestas seleccionables, sí que es cierto que tendremos que medir nuestras palabras para conseguir el máximo de información sin llegar a resultar ofensivos. Es evidente que existe una barrera generacional entre nuestras protagonistas, y muchas veces tenemos que decidir si poner contra las cuerdas a nuestra propia madre para revelar secretos que llevan años escondidos, o bien dar por zanjado un tema con tal de relajar la situación. Si eres de esos jugadores que prefiere seleccionar las respuestas más políticamente correctas, en Open Roads lo tendrás difícil. En el juego, igual que en la vida real, no siempre es fácil mantener el equilibrio entre defender tus ideas y no herir los sentimientos de la otra persona. Se nota un cierto mimo en el guión y el modo en el que la conversación fluye entre ellas dos.

Con la enorme atención que recibe todo lo relacionado con la nostalgia últimamente, estamos acostumbrados a presenciar nuevos lanzamientos cuyo único reclamo se basa en ofrecer contenido retro que apele a la nostalgia del jugador. Afortunadamente, en Open Roads esta nostalgia dosmilera sirve sólo como pequeños guiños al jugador, y desde luego el título no basa toda su personalidad en ello. Además, de un modo muy inteligente, sabe utilizar los objetos y recuerdos de madre, hija y abuela indistintamente, por lo que aunque la historia tiene lugar en los años 2000, constantemente nos encontraremos referencias de los años 70, 80 y 90, pertenecientes a la infancia y juventud de las mayores. Así que sea cual sea la edad del jugador, éste podrá sentir que le tocan la fibra sensible al desbloquear recuerdos de tiempos pasados. Mascotas electrónicas, tableros de ouija y películas de videoclub se mezclan con fotografías en blanco y negro para tejer esta historia que traspasa generaciones.


Si apuntamos con la retícula de punto podemos observar con mayor detalle cualquier objeto seleccionable.


Si hablamos de la dificultad del juego, hay que aclarar que Open Roads no es un título que suponga un reto elevado para el jugador. Esto no tiene por qué ser algo negativo, ya que se entiende que el objetivo aquí es analizar en detalle objetos del pasado para llegar a comprender el presente. Así es como debemos leer este juego: como una aventura interactiva en la que no hay lugar al error, ya que la historia avanzará en cuanto consigamos la información necesaria en cada uno de los capítulos en los que se divide la trama. Teniendo en cuenta que sólo hay un final posible, esto proporciona una tranquilidad a la hora de enfrentarte al título y avanzar del modo que tú prefieras. Sólo existen determinados detalles perdibles si dejas de investigar algún objeto en concreto, pero la historia principal avanzará por un único camino. Normalmente se intercalan los capítulos de investigación en una localización concreta, con capítulos de conducción en los que Tess es la copiloto y su madre conduce. Estos últimos nos sirven para movernos entre escenarios y poner un poco de orden a nuestras ideas.

Como aspecto negativo, he de decir que la manera de llegar a ciertas conclusiones se me antoja algo repetitiva en ocasiones. Por ejemplo, ¿es necesario que en la mayoría de los casos descubramos algo sorprendente gracias a una carta o una postal? Quizás hubiera sido más ingenioso alternar este tipo de pistas con otras no tan evidentes, como pueden ser informes, partes, dibujos, u otro tipo de indicios. ¿No existen otros recursos menos evidentes? Eso, sumado a un desenlace algo atropellado, en el que no acabamos de sentir que se trate de un final completo, hace que Open Roads no llegue a ser un juego redondo, de esos que recuerdas con el paso de los años. Por otro lado, finalizar la historia me ha llevado unas 4 horas. Una duración más que correcta para explicar la historia que los creadores querían contar. Tras ver los títulos de crédito, podremos volver a jugar el capítulo que queramos, pudiendo variar ligeramente nuestras respuestas y permitiendo su rejugabilidad.


La relación entre madre e hija pasará por todo tipo de momentos. En ocasiones es tan real que duele.


En cuanto a la música del título, podríamos catalogarla de minimalista. Exceptuando dos momentos puntuales en los que escucharemos canciones muy reconocidas, el resto del viaje nos trae sonidos que consiguen crear la atmósfera necesaria en cada momento, pero sin llegar a distraernos de la narrativa. Lo que sí he echado en falta en más de una ocasión es el uso de efectos de sonido en determinados momentos de la trama. La inmersión del jugador es vital en este tipo de juegos, así que no hubiera estado de más que el mismo mimo que se le ha puesto a las voces de sus protagonistas, se hubiera trasladado a los sonidos y efectos del entorno.

Conclusión

En definitiva, Open Roads es un título con personalidad propia, que sabe cómo quiere contar la historia, pero que no termina de culminar en un desenlace contundente. Estoy totalmente a favor de no alargar un juego innecesariamente, sobre todo si esto afecta al interés que puede suscitar la trama principal. Pero aquí no hubiera echado en falta uno o dos capítulos extra, a modo de epílogo, que cerraran la historia y dejaran al jugador con una sensación de final bien atado. A pesar de esto, de lo que sí puede presumir este juego es de su sensibilidad a la hora de mostar la relacion materno filial de Tess i Opal, cuyos altibajos son patentes durante todo el viaje y nos tendrán con el corazón en vilo en más de una ocasión. Quizá no es solo el hecho de reflejar la realidad adolescente el único aliciente de este título. Quizá la relación entre una madre y una hija será lo que convierte a este juego en uno a tener en cuenta. Quizá, como le decía Cecilia Roth a Penélope Cruz en Todo Sobre Mi Madre, lo único importante es decirle a una madre que la quieres.

Jugado en Nintendo Switch. Copia digital proporcionada por Annapurna.

Análisis de Open Roads para Switch: Análisis de Open Roads, un road trip nostálgico centrado en la relación madre-hija
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Alternativas
What Remains of Edith Finch
La interpretación en las voces de las protagonistas
Algunas escenas pueden resultar largas y repetitivas
Una historia sólida que se desarrolla con acierto pero se desinfla un poco hacia el final
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