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Dioses y cabezotas
PC PlayStation 4 Xbox One

Dioses y cabezotas

No hay nada más respetuoso que cargar con la cabeza de tu deidad mientras fustigas al resto de infieles.

Por Juan Emilio Palomino González,
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Versión analizada PlayStation 4 Pro. Copia digital proporcionada por Square Enix Collective.

Que el tema de las religiones es algo peliagudo, lo sabemos todos. Menos mal que Titutitech, bajo el amparo de Square Enix Collective, han optado por utilizar para su juego deidades de las que no tienen seguidores en la actualidad. Y sí, la primera vez que lees Oh My Godheads, la mente te juega una mala pasada y también nos ha hecho creer que se trataba de un juego basado en el manga Oh My Goddness! de Kōsuke Fujishima. Pues nada que ver. Pero nada. Estamos ante un party game, de esos que necesitábamos un multitap para jugar cuatro en Super Nintendo o la primera de las PlayStation. Un juego desenfadado, con reminiscencias al Poy Poy de Konami, tanto en su planteamiento como en su apartado gráfico, pero con enormes cabezas como principal reclamo.

La mecánica es simple, controlamos a nuestro avatar (entre una alocada selección que abarca desde pingüinos a esqueletos) para derrotar al resto de contendientes, que bien pueden formar equipo (2vs2, 3vs1) o ir por solitario (todos contra todos), un poco como ocurre en Smash Bros., que podemos configurar los bandos como nos venga en gana. Cada modo de juego tiene sus reglas, como era de esperar, de forma que "Captura la cabeza" es calcado a "Captura la bandera", pero deberemos recoger la cabeza de la deidad que hayamos elegido para llevarla cuanto antes a nuestra zona para puntuar. Lo mismo pasa con el modo de retener el máximo tiempo posible la cabeza en nuestro equipo o los modos en los que no aparecen las cabezas, todo se reduce a pegarle a los rivales mientras evitamos ser golpeados. La gracia de todo esto reside en que el portador de la cabeza apenas puede moverse, va lento y su salto es minúsculo, pero al menos cuenta con las modificaciones que le profesa la deidad con la que carga.

Algunas cabezas soltarán rayos a su alrededor cada cierto tiempo, otras congelarán a los enemigos y otras pondrán nuestros controles al revés para que no sepamos muy bien hacia donde nos dirigimos. La parte más frustrante del juego llega con la fantástica decisión de colocar la zona de reaparición del otro grupo (el conocido respawn) justo delante de nuestra zona de puntuar en el modo "Captura la cabeza". Ideal para acabar de los nervios ya que o dominamos el lanzamiento de la cabeza con nuestro compañero (algo muy complicado de conseguir con la ¿inteligencia? artificial) o directamente rezamos para se aparezca el dios egipcio, maya o azteca de turno y nos fulmine.

También se puede jugar en solitario, bien añadiendo bots a la partida, bien con los desafíos. Nos proponen una serie de torres de desafíos en los que encontramos pruebas de dificultad creciente, siempre con el incentivo de conseguir superar el reto con unos registros determinados para que nos otorguen la medalla de oro, plata o bronce. Dominar estos desafíos repercute directamente en nuestra habilidad para progresar en el juego, ya que cada prueba desgrana una mecánica que se emplea en el juego por lo que hace las veces de tutorial. Acabar con los enemigos con el ataque en salto, esquivar sus ataques durante más de un minuto o recepcionar la cabeza de una deidad sin que toque el suelo tras el lanzamiento de un compañero de equipo son algunas de las posibilidades que plantea. No es que sea la monda lironda, pero entretiene el rato que esperamos mientras llegan a casa el resto de jugadores para empezar con los modos principales.

El apartado gráfico es discreto hasta el punto que parece que está a medio hacer. Se nota a leguas que es un juego independiente y que se estudio de desarrollo ha puesto más voluntad que talento. Al menos los escenarios son coloridos y bastante variados, pero en ningún momento mostraremos el títulos nuestros amigos como ejemplo de lo que puede hacer nuestra consola. La jugalidad es muy directa, por momentos roza el hack´n slash si nos engorilamos y obcecamos en golpear a nuestros rivales en lugar de ir a por la cabeza del dios que toque, pero la mayoría de las veces no sabremos que hemos impacto en nuestro rival hasta que no se teletransporte a su zona de aparición. Si buscas un juego asequible y colorido para jugar con amigos al más puro estilo Poy Poy, puede que encuentres lo que buscas en Oh My Godheads. Si vas a jugar en solitario, quítale diez puntos a la nota final.
Análisis de Oh My Godheads para PS4: Dioses y cabezotas
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Las cabezas de los dioses y los escenarios.
Los desafíos para un solo jugador y la jugabilidad.
Un party games áspero, que busca la diversión rápida pero que pierde fuelle con su esquemático planteamiento y sus faltas de ideas.
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