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La espada del maestro
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La espada del maestro

Ninja Gaiden, una de las franquicias legendarias de Team Ninja y del hack and slash, vuelve a la industria actual del videojuego en forma de recopilación-remasterización un tanto descafeinada.

Por Sergi Bosch [@GriffithDidNW],
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Si algo nos ha dejado claro la creciente tendencia de retorno, acaso ad eternum, de grandes franquicias de tiempos pretéritos es que no siempre es fácil retornar a una obra maestra; es el caso, por ejemplo, del polémico recopilatorio de aniversario de Super Mario 3D All Stars, o de la dolorosa e incómoda remasterización de Silent Hill 2, probablemente el paradigma de cómo fastidiar a los seguidores de uno de los mejores videojuegos de su tiempo. La razón de ser de esta complejidad en la adaptación reside en que todos estos regresos juegan con una suerte de dualidad temporal. Por un lado, tienen que ser dignos herederos de los títulos originales, muchas veces obras de culto irrepetibles, lo cual ya de por sí es una tarea titánica que no desearía a nadie; por otro lado, tienen que conseguir mantenerse relevantes, vigentes, en una industria actual que es una auténtica trituradora de modas, géneros y tipologías textuales. En efecto, el mundo del videojuego está inmerso en una especie de vorágine que dificulta una relación positiva entre la nostalgia, las expectativas y los resultados finales. Más o menos aquí se enmarca esta remasterización-recopilación de los tres Ninja Gaiden numerados modernos (es decir, del primero de Xbox en adelante), quizás uno de los lanzamientos destacados de junio, con permiso, cómo no, de Ratchet & Clank: Rift Apart; en las siguientes líneas trataré de contarte lo mejor posible qué puedes esperar del recopilatorio, aunque ya te puedo adelantar que Team Ninja no las tiene todas consigo.

En primer lugar, creo que es necesario abordar la cuestión de la calidad de los títulos implicados. Las dos primeras entregas de Ninja Gaiden, es decir, Ninja Gaiden y Ninja Gaiden 2 son títulos que, incluso a día de hoy, se mantienen bien alto en la cima de los hack and slash de alta complejidad mecánica; no en vano fueron, en su momento, los máximos exponentes del género. En otras palabras, son dos de los mejores juegos de acción de la historia. La fuerza de su revolución, basada eminentemente en su dificultad y en la profundidad de sus desafíos, sí, pero también en las sensaciones jugables, en la fluidez de las habilidades del protagonista, compone un fenómeno que no ha encontrado símil hasta la publicación de Sekiro: Shadows Die Twice, quizás el rey del género a día de hoy. Así pues, hablamos de dos videojuegos brillantes, tanto en su planteamiento como en su ejecución; evidentemente, no hablo de cuestiones narrativas, ya que la trama de Ninja Gaiden hace un poco las veces de elemento nexual para la cohesión de la acción y de las distintas áreas lineales en las que esta se desarrolla.



En efecto, aunque el bueno de Ryu Hayabusa, nuestro protagonista e icono mundial de la moda metalera y sadomasoquista, tiene lo que podríamos definir como un atractivo animal, un carisma de antihéroe hierático y atribulado, lo cierto es que no podemos esperar ningún tipo de profundización psicológica ni de intencionalidad estética en los aspectos narrativos del juego. No es que sea un defecto, ya que como digo no tiene pretensión alguna al respecto (a fin de cuentas, no todos los juegos tienen que tener una trama compleja o bien llevada; está bien el enfoque instrumental siempre que esté justificado por sus mecánicas), pero puede ser relevante si te esperabas un hack and slash de historia potente, como sí que podrían ser NieR: Automata y Replicant, o incluso las obras de From Software, famosas por la elaboración de un contexto y de un universo rico en detalles y parco en explicaciones. Que quede claro: Ninja Gaiden no se centra mucho en su trama ni en sus personajes, y es algo que, dadas sus características, considero un acierto.

¿Por qué es un acierto? Porque permite que la auténtica protagonista de la fórmula sea una jugabilidad endiablada, compleja y repleta de mecanismos que favorecen la progresión del jugador. Ninja Gaiden y Ninja Gaiden II, incluso en sus versiones Sigma, que son las que, por desgracia, incluye esta recopilación en alta definición, son unos videojuegos implacables; unas obras en las que la mala leche de los desarrolladores confluye con la pericia de los mismos para dotar al usuario de un sistema capaz de responder ante cualquier situación, por adversa que esta pueda resultar en primera instancia. A través de una progresión sintetizadora, basada en la existencia de distintos niveles interconectados solo en apariencia (el avance es capitular, de manera que cada capítulo es una zona distinta), las dos primeras entregas de Ninja Gaiden se hacen fuertes en su apartado combativo, atestado de combos, esquivas y técnicas ninja, y en la agilidad de su plataformeo para seguir llegando al corazón, incluso en pleno 2021.



Y es que los enfrentamientos contra jefes finales siguen dejando algunos de los momentos más exigentes y emocionales del género, y, en suma, está claro que el apartado jugable de los títulos simplemente sabe encajar todos sus constituyentes inmediatos de manera sobresaliente. Y digo eso a sabiendas de la existencia de las infames misiones subacuáticas, sin duda el talón de Aquiles de las versiones originales. Eso sí, perdonadme que no hable mucho de Ninja Gaiden III, ya que a veces trato de borrar todo recuerdo concerniente a su existencia; vamos a dejarlo en que sigue plagado de Quick Time Events, en que se ve mejor que nunca, y en que ha llegado en su versión Razor’s Edge, que en su momento supuso una revisión significativa de los despropósitos de la tercera entrega. ¿Conseguía que fuera un digno sucesor de sus dos ancestros? No. Me temo que sus errores de diseño son insalvables, pero está claro que se acercaba un poquito más. Un poquito.

No obstante, volvamos a una de las cuestiones más polémicas: la inclusión de las versiones Sigma y no de las originales. ¿En qué se diferencian? Bueno, vamos por partes. Las diferencias fundamentales entre Ninja Gaiden, o su versión mejorada Ninja Gaiden Black (sin duda la experiencia definitiva de la franquicia), y Ninja Gaiden Sigma residen principalmente en aspectos jugables; si bien es cierto que la revisión supuso un lavado de cara importante del apartado visual del título, también es indiscutible que se llevó por delante contenidos mecánicos, como debilidades específicas de algunos enemigos especiales o incluso algunos combates y escenas que eran importantes para el desarrollo de la aventura, a cambio del añadido de unos niveles y de una coprotagonista que simplemente no casaban con la calidad general del título. No tengo nada en contra de la historia de Rachel, Alma, Doku y compañía, pero sus capítulos se dedican, en su mayoría, a reciclar enemigos y escenarios, en una profusión reiterativa que a día de hoy sigo sin comprender. Honestamente, tampoco ayuda el diseño de la cazademonios, que jamás destacó por su buen gusto.



El caso de Ninja Gaiden II es bastante más sencillo, y diría que, por tanto, es más trágico: el equipo de desarrollo limitó el número de enemigos en pantalla y la sangre para aumentar la estabilidad general de la imagen. Lo primero lo entiendo, lo segundo… No tanto, especialmente porque el plasma carmesí fue sustituido por una malévola niebla violeta que no tenía ni sentido ni gracia. A pesar del tono general de mi redacción, debo decir que tanto las versiones Sigma como las originales merecen muchísimo la pena; las apreciaciones mencionadas anteriormente son simplemente eso, aspectos que, por desgracia, se quedaron atrás en las revisiones históricas de la franquicia. El objetivo era hacerlos más accesibles, y por una cosa o por otra creo que al final lo consiguieron. Sin embargo, eso no quita que sea incomprensible que Team Ninja haya reeditado precisamente las versiones menos queridas por la comunidad; se alude a la imposibilidad de recuperar su código, pero acecha, en la oscuridad del pensamiento, la sensación de que en el fondo simplemente subyace la ley del mínimo esfuerzo. Supongo que es algo que nunca sabremos, aunque no deja de ser una sombra que se cierne sobre la recepción popular de la recopilación.

Esta tónica de desidia se aprecia también en el acabado general del título. Seamos sinceros, la cámara de Ninja Gaiden, especialmente de su primera entrega, nunca destacó por su funcionamiento, y confieso que me decepcionó ligeramente ver que sigue con todas sus asperezas intactas en Master Collection. Lo mismo se podría decir del apartado audiovisual en general, ya que las novedades se limitan a una mayor resolución y a una superior tasa de imágenes por segundo, a pesar de que las texturas y los modelos siguen siendo exactamente iguales que en PlayStation 3 (por ser las versiones Sigma). Si eres jugador de consolas, los inconvenientes llegan hasta aquí; a fin de cuentas, Master Collection no es el primero ni será el último de una larga letanía de remasterizaciones descafeinadas en el plano técnico. En cambio, si tu plataforma predilecta es el PC, la cosa se complica: el título no tiene un menú adaptado a las características intrínsecas del juego en ordenador. No hay retoques gráficos, ni de controles, ni se puede meter mano a la resolución salvo que lo hagas a través de las opciones de lanzamiento de Steam. No hay nada, en definitiva; el juego arranca, aparece una ventana (¡ni siquiera es pantalla completa, maldita sea!), la maximizas y a funcionar. Por suerte, el rendimiento es tan rocoso como los apolíneos contornos de Ryu, y no se aprecian problemas de tearing, ni hay cuelgues ni nada por el estilo, así que no estamos ante un lanzamiento desastroso, como sí que fue el caso de Cyberpunk 2077. De todas maneras, todas las funciones en línea se han quedado fuera, así que tampoco es para tirar cohetes.



CONCLUSIONES

Ninja Gaiden Master Collection quizás no es la recopilación-remasterización que la franquicia merece, pero es la que tenemos. En general evidencia un trabajo exiguo, desabrido, en el que se recurre a la legendaria calidad de sus dos primeros títulos para cautivar a la audiencia, algo que consigue, en parte, precisamente porque tanto el primer Ninja Gaiden como el segundo se mantienen vigentes y absolutamente disfrutables a día de hoy. No se trata de que sus inclusiones caigan en saco roto, sino más bien de que no intenta nada: simplemente son ports de las versiones Sigma para sistemas más actuales. En este sentido, habría sido de agradecer que actualizaran algunas cuestiones que simplemente no han envejecido bien, como el seguimiento o los cortes de la cámara y los controles en los segmentos subacuáticos, pero es innegable que las óperas magnas de Team Ninja tienen un carácter atemporal no carente de un poderoso y sempiterno hechizo. Me duele, porque sé que la posible existencia de un hipotético Ninja Gaiden 4 guarda una íntima relación con el éxito financiero de la recopilación, pero al final es simplemente indiscutible que Master Collection podría (y tendría) que haber dado muchísimo más de sí.

Redactado por Sergi Bosch (Elite)
Copia digital proporcionada por Koch Media.

Análisis de Ninja Gaiden Master Collection para PC: La espada del maestro
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Rendimiento muy estable. Los dos primeros Ninja Gaiden siguen siendo obras maestras...
... pero vienen en sus versiones Sigma. Poco cuidado en la remasterización. Sin modos en línea.
A pesar de que la remasterización es cuestionable, Master Collection atesora grandes momentos e incontables horas de jugabilidad de altísima calidad.
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