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¡Qué verde era mi valle! - Análisis Mundaun
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¡Qué verde era mi valle! - Análisis Mundaun

Hidden Fields debuta con Mundaun, un interesantísimo acercamiento al survival horror clásico y a las aventuras de exploración que se ambienta en un maldito y olvidado pueblo de los Alpes.

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Hay una extraña y especial simbiosis entre el terror y el entorno; en cierto modo es análoga a la que puede haber, por ejemplo, entre el amor y las historias de fantasmas, de manera que a veces se hace casi imposible o, cuando menos, inorgánico desligar lo uno de lo otro. En otras palabras, podríamos decir que los sentimientos se convierten en la génesis de las historias de espectros, de almas con asuntos pendientes, y a su vez el entorno hace lo propio con el terror. Ya os hablábamos en nuestro especial de mejores survival horror de que el género tiene mucho que ver con cuestiones relativas a la cognición humana y a su organización del mundo conocido, y es innegable que el horror muchas veces se da en paisajes ciertamente bucólicos, en un último reducto de cordura entreverado en el aislamiento de las montañas o de los pueblos perdidos. Cómo no, todo esto tiene una explicación psicológica, sin duda, pero también literaria, en tanto en cuanto las villas y los paisajes de antaño se prestan a la leyenda, al mito y, en definitiva, a la convivencia con lo desconocido. Esa es la tónica que adopta Mundaun, un interesantísimo título de terror y de exploración que encuentra en su singular apartado gráfico el mayor de sus reclamos; en las siguientes líneas trataré de explicarte lo mejor que pueda qué es lo que puedes esperar del primer trabajo de Hidden Fields. Análisis de Mundaun.

En lo que respecta a cuestiones argumentales, Mundaun nos lleva a un pueblo homónimo, en el papel de un joven que habrá de investigar la extraña y presumiblemente sobrenatural muerte de su abuelo, que fue consumido por las llamas dentro de su propio granero. Por supuesto, las pesquisas de nuestro protagonista no son más que una excusa para situarnos en el escenario, que es el auténtico protagonista del videojuego; hablo de altiplanicies solitarias, de llanuras olvidadas, y en general de una espectacular ambientación dibujada a mano. La técnica artística que hay detrás de Mundaun es de muy alto calibre, y se las ingenia para evocar el carboncillo y ese misterio primordial del terror eglógico, pastoril, del que bebe y en el que intenta hacerse fuerte. Sin duda, el problema de la narrativa de Mundaun no es la trama en sí, que cuando consigue protagonizar la acción es bastante satisfactoria, y desde luego tampoco lo es la atmósfera, sino más bien el ritmo; en mi análisis de The Medium hablaba de la importancia en las obras de terror (y de misterio en general) de la llamada “narratividad”, esto es, de las técnicas dirigidas a agilizar la historia y la acción, algo que también se vuelve fundamental cuando estos géneros se adentran en los tremedales del ocio interactivo. En esencia, Mundaun triunfa en su puesta en escena, y cumple, la verdad, en materias de hilo argumental, pero fracasa estrepitosamente a la hora de plantear la cadencia de su historia.



Esto se debe, principalmente, al desarrollo de la aventura; con una estructura de mundo bastante abierta, Mundaun nos invita a recorrer los páramos pirenaicos de un pueblo tan maldito como asolado en busca de pistas para descubrir qué es lo que ha ocurrido. Tal actividad, en efecto, implica necesariamente la repetición de patrones detectivescos, como escrutar el diario (donde nuestro protagonista anota todo; la ausencia de interfaz es uno de los mejores detalles de la fórmula) en un vano intento de recabar información, o adentrarnos por quinta vez consecutiva en la misma casa, con la tétrica y desagradable esperanza de que se nos haya pasado algo por alto. En general, no es tanto una cuestión de falta de contenido, sino de falta de cohesión del mismo; está claro que Mundaun busca un perfil de jugador inquisitivo, un usuario que esté dispuesto a esforzarse para encontrar respuesta a los múltiples enigmas que subyacen en aquellas lejanías ventisqueras de los Alpes, pero eso no quita que a veces simplemente tiene problemas a la hora de ofrecer incentivos para seguir jugando. La información real y el progreso están tan escondidos que el mundo de Mundaun, aunque finito y cercado, en ocasiones parece insondable y eterno; el pueblo, de pronto, deja de ser un cúmulo de misterios y de leyendas y se convierte en algo anodino, prosaico, hasta el punto de buena parte de la aventura te la pasarás desandando tus pasos. Cada vez que el juego consigue ponerse interesante, aparecen los problemas de ritmo, de manera que se antoja prácticamente imposible mantener la tensión de la atmósfera, condición sine qua non del género.

En cuanto al apartado jugable, Mundaun funciona como una aventura de exploración y descubrimiento en primera persona, y hace especial hincapié en la gestión del inventario y en la inventiva del jugador para sobreponerse a situaciones sobrenaturales adversas. Muchas de estas ideas las rescata de los clásicos del género, pero lo cierto es que en cuanto a objetos y gestión Mundaun se las ingenia para aportar su granito a la industria; esto se debe en buena medida a que el inventario tiene un funcionamiento doble. Por un lado, disponemos de nuestra propia carga, en la que podremos almacenar los ítems que encontremos, y, por otro, la casa del abuelo del protagonista hará las veces de guarida, y nos permitirá depositar consumibles y algunos bienes para su posterior uso. Este planteamiento también contempla la posibilidad de utilizar ciertos enseres para obtener beneficios, como hervir café, y en general consigue trasladar de manera notable esa sensación de preparación ante el peligro. Esto se mantiene, claro está, hasta que aparecen los grandes obstáculos, generalmente en forma de rompecabezas ambientales en los que un objeto clave, que puede que no tengamos ni en el inventario ni hayamos encontrado todavía, es la única manera de avanzar; como decía anteriormente, el principal problema de Mundaun es el ritmo, y por desgracia también tiene sus implicaciones jugables.



Por otro lado, hay mecánicas menores, como el combate o el sigilo, que funcionan un poco de aquella manera; realmente son situaciones que no destacan ni por su puesta en escena ni por su resolución mecánica, pero entiendo que también son meros añadidos a la fórmula, pequeñas aristas que tienen poco que ver con el sentido principal de la aventura, que es la exploración y el descubrimiento. Por suerte, el apartado gráfico de Mundaun juega enormemente a su favor en estas cuestiones, en tanto en cuanto esa representación cromática de las lóbregas realidades montañosas del título tiene muchísimo de arte y muy poco de pretensión vana y mercadotécnica; después de un tiempo, contemplar esos rostros ateridos por la demencia y esos valles ignotos se vuelve una suerte de vicio culpable, y en general queda muy patente que la ópera prima de Hidden Fields tiene un hechizo muy, muy poderoso. El apartado audiovisual brilla especialmente en la sublimación de ese terror lento y psicológico que propone la aventura, cuando todas las luces se apagan, la cámara se ralentiza y las voces espectrales y las apariciones se convierten en el absoluto centro de atención. Quizás Mundaun no está del todo pulido en lo que a cuestiones jugables se refiere, pero es uno de esos enigmáticos espectáculos visuales que recuerdan a las cintas de culto de la lejana Europa en blanco y negro.



CONCLUSIONES

Mundaun es una suerte de híbrido entre el survival horror clásico, de exploración, y las aventuras detectivescas, con ese énfasis tan especial en los diarios, en las pistas y en la observación y comprensión del entorno. Su atmósfera es, sin duda, su mejor reclamo, ya que consigue pintar el terror de manera única e innovadora; no obstante, todas sus virtudes se apagan trágicamente cuando la cadencia de sucesos se ve totalmente entorpecida por rompecabezas ambientales de solución poco intuitiva e inorgánica. Los problemas de ritmo terminan trasladándose a todos los ámbitos narrativos y jugables de Mundaun, y aunque en general no tengo problema con las aventuras pausadas, en Mundaun hay demasiados paseos sin significado, sin ganas, solo con la vana esperanza de encontrar la pieza necesaria para poder seguir avanzando. A pesar de todo, es una obra que consigue grabar buenos recuerdos en la retina, en parte gracias a un diseño artístico de alto calibre y a una ambientación sublime; eso sí, ya te aviso de que te hará falta mucha paciencia para enfrentarte al desarrollo del título. Si te consideras un apasionado del terror psicológico, de las leyendas sobrenaturales, y de los survival horror de vieja escuela, es muy posible que Mundaun sea para ti. Si no, lo mejor es que te lo pienses dos veces... O que te armes de mucha paciencia.

Redactado por Sergi Bosch (Elite)
Copia digital proporcionada por Best Vision PR.

Análisis de Mundaun para PC: ¡Qué verde era mi valle! - Análisis Mundaun
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El diseño artístico. Atmósfera genial. Descubrimiento y exploración. Gestión del inventario.
Grandes disonancias de ritmo. Mecánicamente muy justito. Requiere un montón de paciencia.
Mundaun tiene grandes ideas, pero sus problemas de ritmo le juegan una mala pasada. Con todo, es único y puede llegar a ser muy disfrutable.
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