PC
¡Mi reino por un caballo!
Combates mano a mano, asedios entre cientos de flechas, gritos de amigos y enemigos muriendo a nuestro alrededor y litros de sangre cubriendo nuestra armadura. Conquistaremos Calradia... ¡con sangre!
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"Señor, los hombres esperan sus órdenes".
"Que esperen, el Marshall del reino sólo rinde cuentas ante el Rey".
Observo con cuidado los muros de la ciudad, la última que ofrece refugio a nuestros enemigos. "Un combate más, sólo uno, y el nombre del Marshall Khabal será recordado durante siglos".
Así de épico puede llegar a sonar en nuestra cabeza Mount & Blade cuando planeamos uno de los numerosos asedios que llevaremos a cabo, y es que estamos ante uno de los juegos que más han divertido al que suscribe en lo que al tema se refiere.
Nos encontramos ante lo que perfectamente podría catalogarse como un simulador medieval, ya que combina varios géneros existentes y me atrevo a decir que crea otro nuevo. Mount & Blade nos sitúa en Calradia, un país medieval dividido en cinco reinos en continua guerra por el control absoluto, ya que cada rey se cree el único con derecho a gobernar.
Comenzamos la aventura como un extranjero que llega al país en busca de gloria y fortuna, con una mano detrás y otra delante, como viene siendo habitual, abandonado a nuestra suerte en el reino que elijamos. Desde aquí, los objetivos que podemos lograr, si bien son pocos, desde luego son complejos de alcanzar. Podemos elegir ir por nuestra cuenta, bien atacando solo a bandidos y desertores, lo que devendría en una partida bastante aburrida, o bien revelándonos contra un reino llegado el caso, lo que en la mayoría de casos equivale a suicidarse. Otra opción es ser mercenario para uno de los reinos: ello nos reportará beneficios pero nos impedirá ganar bajo nuestro control feudos, aunque es la opción más sencilla y directa para conseguir ser vasallo de un reino, hecho que nos granjeará mayores beneficios y la posibilidad de adquirir villas, fortalezas e incluso ciudades. Deberemos gobernarlas y defenderlas, ya que nos reportarán soldados e ingresos por igual.
Cada reino está salpicado de poblaciones asociadas estas últimas siempre a las dos anteriores. En ellas obtendremos reclutas, comerciaremos, asistiremos a torneos, iremos a la taberna, etc. Si somos vasallos de un rey y hacemos méritos por la causa, su majestad nos otorgará diferentes feudos, desde modestas villas que reportan exiguos beneficios al principio y que podremos "mejorar" construyendo algunos edificios hasta fortalezas con sólidos muros que defender e incluso ciudades, las "joyas" de la corona. Gobernar una ciudad es sinónimo de tener buenas relaciones con el rey y gran renombre, ya que otorgan grandes beneficios económicos, sobre todo si conseguimos que sean ricas, además de alguna que otra ventaja.
"Que esperen, el Marshall del reino sólo rinde cuentas ante el Rey".
Observo con cuidado los muros de la ciudad, la última que ofrece refugio a nuestros enemigos. "Un combate más, sólo uno, y el nombre del Marshall Khabal será recordado durante siglos".
Así de épico puede llegar a sonar en nuestra cabeza Mount & Blade cuando planeamos uno de los numerosos asedios que llevaremos a cabo, y es que estamos ante uno de los juegos que más han divertido al que suscribe en lo que al tema se refiere.
Nos encontramos ante lo que perfectamente podría catalogarse como un simulador medieval, ya que combina varios géneros existentes y me atrevo a decir que crea otro nuevo. Mount & Blade nos sitúa en Calradia, un país medieval dividido en cinco reinos en continua guerra por el control absoluto, ya que cada rey se cree el único con derecho a gobernar.
Comenzamos la aventura como un extranjero que llega al país en busca de gloria y fortuna, con una mano detrás y otra delante, como viene siendo habitual, abandonado a nuestra suerte en el reino que elijamos. Desde aquí, los objetivos que podemos lograr, si bien son pocos, desde luego son complejos de alcanzar. Podemos elegir ir por nuestra cuenta, bien atacando solo a bandidos y desertores, lo que devendría en una partida bastante aburrida, o bien revelándonos contra un reino llegado el caso, lo que en la mayoría de casos equivale a suicidarse. Otra opción es ser mercenario para uno de los reinos: ello nos reportará beneficios pero nos impedirá ganar bajo nuestro control feudos, aunque es la opción más sencilla y directa para conseguir ser vasallo de un reino, hecho que nos granjeará mayores beneficios y la posibilidad de adquirir villas, fortalezas e incluso ciudades. Deberemos gobernarlas y defenderlas, ya que nos reportarán soldados e ingresos por igual.
Cada reino está salpicado de poblaciones asociadas estas últimas siempre a las dos anteriores. En ellas obtendremos reclutas, comerciaremos, asistiremos a torneos, iremos a la taberna, etc. Si somos vasallos de un rey y hacemos méritos por la causa, su majestad nos otorgará diferentes feudos, desde modestas villas que reportan exiguos beneficios al principio y que podremos "mejorar" construyendo algunos edificios hasta fortalezas con sólidos muros que defender e incluso ciudades, las "joyas" de la corona. Gobernar una ciudad es sinónimo de tener buenas relaciones con el rey y gran renombre, ya que otorgan grandes beneficios económicos, sobre todo si conseguimos que sean ricas, además de alguna que otra ventaja.




