PC
Asimilando la galaxia
Si Civilization te supo a poco y Alpha Centauri no colmó tus expectativas, éste es tu juego.
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La investigación se divide en ocho categorías (biología, química, construcción, ordenadores, física, energía, sociología y campos de fuerza), cada una de ellas con múltiples ramas para investigar, que nos darán acceso a adelantos tales como las estaciones de batalla, la construcción de planetas (habitables por nuestros colonos), naves como la Estrella de la Muerte, blindajes, armas, propulsiones, combustibles y redes informáticas, la transformación de la superficie del planeta a ambientes más "agradables", psiónica, antídotos contra la guerra bacteriológica, escudos planetarios... La lista total alcanza 190 avances investigables, más otros cinco que obtendremos si derrotamos al Guardián del Planeta Orión. Estos cinco adelantos son exclusivos de este líder y sólo tendrá acceso a ellos la raza que lo venza (o aquella que se los robe, mediante el espionaje, a la raza que los atesore).
Los combates entre naves pueden ser automáticos o manuales. Estos últimos siguen el clásico sistema de turnos (esta opción se elige antes de comenzar la partida). En Master of Orion 2 sólo es posible pelear dentro de un sistema estelar, nunca en el espacio interestelar. Si queremos conquistar una colonia enemiga, además de las naves de ataque necesitaremos naves de transporte para las tropas que llevarán el asalto a tierra (automático). Una vez venzamos la primera línea de defensa, podremos bombardear la colonia para arrasar la superficie antes de asaltarla y, tras esto, intentar asimilarla, exterminar a sus habitantes o, si tenemos la tecnología apropiada, destruir el planeta (de lo más gratificante). Si elegimos asimilar a su población, comenzará una etapa bastante inestable en la que coexistirán nuestra raza y la nativa, en la que se pueden producir revueltas y podemos perder el control del planeta. Tendremos que ser muy buenos estrategas bélicos si buscamos la victoria por eliminación de los demás jugadores.
Mención especial merece la diplomacia en este juego. No sólo tenemos bastantes opciones de interacción con las demás razas (algunas de ellas son repulsivas y tienen menos capacidad), sino que a ciertos niveles la diplomacia es obligatoria, no sólo para la supervivencia, sino para la victoria. Mediante este arte podremos firmar acuerdos y alianzas, declarar la guerra, ofrecer regalos (desde dinero a tecnología, pasando por naves e incluso sistemas planetarios), negociar, intercambiar e incluso extorsionar a nuestros rivales o pedirles tributo. Si perseguimos la victoria por elección en el Consejo Galáctico, la diplomacia es casi la única forma de conseguirla; cada colonia que tengamos tiene un valor y, llegado el momento, las razas que aún estén en juego propondrán dos candidatos para la presidencia de la galaxia (los dos jugadores que posean más colonias). En el momento de la elección, si somos uno de los candidatos necesitaremos el voto de los demás para obtener la mayoría de 2/3 que nos otorgará la victoria, y solamente la obtendremos si nuestras relaciones diplomáticas con ellos han sido muy, muy buenas. Si no somos uno de los candidatos, deberemos escoger cuidadosamente o abstenernos si no queremos que nuestros votos desemboquen en la elección de otro como emperador y, por consiguiente, perdamos la partida.
Por último está la raza que da nombre al juego, los de Antares. Ésta es una raza hiperdesarrollada tecnológicamente que habita en otra dimensión y que odia a todas las demás razas. Se dedica a hacer incursiones a nuestra galaxia y arrasar planetas, no busca la asimilación sino la destrucción total de toda forma de vida distinta a la suya. Sus armas y naves escapan de nuestra comprensión, de tal forma que, normalmente, siempre destruirá la colonia que ataque, a pesar de nuestros esfuerzos por defenderla... o tal vez no, quizá podamos defendernos de su ataque. Llegado un punto, podremos incluso investigar la creación de un portal interdimensional que nos permita acceder a Antares e intentar darle una ración de su propia medicina. Aquella raza que venza a los de Antares en su propio plano obtendrá la victoria al instante; simplemente, las demás razas se rendirán ante la evidencia de la superioridad bélica de aquel que lo consiga (y si ese no eres tú, adiós a la partida).
Los combates entre naves pueden ser automáticos o manuales. Estos últimos siguen el clásico sistema de turnos (esta opción se elige antes de comenzar la partida). En Master of Orion 2 sólo es posible pelear dentro de un sistema estelar, nunca en el espacio interestelar. Si queremos conquistar una colonia enemiga, además de las naves de ataque necesitaremos naves de transporte para las tropas que llevarán el asalto a tierra (automático). Una vez venzamos la primera línea de defensa, podremos bombardear la colonia para arrasar la superficie antes de asaltarla y, tras esto, intentar asimilarla, exterminar a sus habitantes o, si tenemos la tecnología apropiada, destruir el planeta (de lo más gratificante). Si elegimos asimilar a su población, comenzará una etapa bastante inestable en la que coexistirán nuestra raza y la nativa, en la que se pueden producir revueltas y podemos perder el control del planeta. Tendremos que ser muy buenos estrategas bélicos si buscamos la victoria por eliminación de los demás jugadores.
Mención especial merece la diplomacia en este juego. No sólo tenemos bastantes opciones de interacción con las demás razas (algunas de ellas son repulsivas y tienen menos capacidad), sino que a ciertos niveles la diplomacia es obligatoria, no sólo para la supervivencia, sino para la victoria. Mediante este arte podremos firmar acuerdos y alianzas, declarar la guerra, ofrecer regalos (desde dinero a tecnología, pasando por naves e incluso sistemas planetarios), negociar, intercambiar e incluso extorsionar a nuestros rivales o pedirles tributo. Si perseguimos la victoria por elección en el Consejo Galáctico, la diplomacia es casi la única forma de conseguirla; cada colonia que tengamos tiene un valor y, llegado el momento, las razas que aún estén en juego propondrán dos candidatos para la presidencia de la galaxia (los dos jugadores que posean más colonias). En el momento de la elección, si somos uno de los candidatos necesitaremos el voto de los demás para obtener la mayoría de 2/3 que nos otorgará la victoria, y solamente la obtendremos si nuestras relaciones diplomáticas con ellos han sido muy, muy buenas. Si no somos uno de los candidatos, deberemos escoger cuidadosamente o abstenernos si no queremos que nuestros votos desemboquen en la elección de otro como emperador y, por consiguiente, perdamos la partida.
Por último está la raza que da nombre al juego, los de Antares. Ésta es una raza hiperdesarrollada tecnológicamente que habita en otra dimensión y que odia a todas las demás razas. Se dedica a hacer incursiones a nuestra galaxia y arrasar planetas, no busca la asimilación sino la destrucción total de toda forma de vida distinta a la suya. Sus armas y naves escapan de nuestra comprensión, de tal forma que, normalmente, siempre destruirá la colonia que ataque, a pesar de nuestros esfuerzos por defenderla... o tal vez no, quizá podamos defendernos de su ataque. Llegado un punto, podremos incluso investigar la creación de un portal interdimensional que nos permita acceder a Antares e intentar darle una ración de su propia medicina. Aquella raza que venza a los de Antares en su propio plano obtendrá la victoria al instante; simplemente, las demás razas se rendirán ante la evidencia de la superioridad bélica de aquel que lo consiga (y si ese no eres tú, adiós a la partida).





