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Colonizador reincidente
PC PlayStation 4 Xbox One

Colonizador reincidente

Cada planeta tiene sus particularidades, por eso es mejor ir bien preparando si trabajamos en la cuarta empresa interestelar en cuanto a prospección y adquisición de recursos se refiere.

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Versión analizada Xbox One X. Copia digital proporcionada por 505 Games.


Dentro de la variada oferta indie (y no tan indie) de los últimos años, encontramos que el nicho de aventura espacial total ha estado en auge. Nos referimos a esos juegos que nos invitan a tirar millas (en años luz) por el oscuro universo, acumular recursos para la corporación a la que servimos y disparar a los habitantes random de esos mismos planetas en los que acabamos de aterrizar. Luego se abre el abanico, porque igual encontramos juegos centrados en la estrategia como Surviving Mars que rolazos del copón como T he Outer Worlds, sin olvidar cositas como Astroneer o Space Engineers. Pero el que agitó el avispero de esta moda, tanto para bien como para mal, fue sin lugar a dudas No Man´s Sky, el juego que refrendó lo de que después de lo metido, nada de lo prometido. Fue tal su impacto antes de salir a la venta, que esa estética colorida y alegre del universo ha creado tendencia en el medio. Vale, que ahora No Man´s Sky es otra cosa que casi se parece al juego con el que nos ilusionaron en su momento, pero nos metieron el miedo en el cuerpo. Ya nada iba a ser lo mismo. Y llega Journey to the Savage Planet, un título que brota un enero cualquiera como si fuera una espontánea espora espacial. Sí, va de visitar un planeta, acumular suministros para nuestra inquietante corporación y vamos a disparar mucho a los apacibles autóctonos de la región… pero a nosotros nos ha conquistado por completo.

Primero, por su humor. Vale que el argumento lo hemos escuchado chorrocientas veces, pero nunca lo hemos disfrutado tanto como en esta ocasión. No nos hace falta conocer el nombre de decenas de personajes ni de empresas rivales, nosotros hemos llegado al planeta para hacer nuestro trabajo, que no es otro que escanear todo lo que encontremos para ampliar la base de datos de nuestra matriz Kindred Aerospace (la cuarta mejor compañía de exploración interestelar) y conseguir los minerales que sirvan como carburantes sostenibles. Bueno, también tenemos el incentivo de que necesitamos ese combustible para nosotros, para salir de este planeta una vez completada la misión, pero en fin, son cosas de no leer bien la letra pequeña en los contratos temporales. Nuestra nave servirá de base de operaciones, allí recibiremos videos y correos electrónicos informativos de nuestra empresa y mejoraremos nuestro equipamiento gracias a la impresora 3D con los hallazgos alienígenas que encontremos. Un planteamiento muy aséptico si no fuera porque los videos entremezclan alocados anuncios por los que mataría cualquier publicista y nuestro querido empleado-astronauta es un maestro de las posturitas con cada nueva cosa que le pasa.

El juego es en primera persona, solo veremos una espalda si jugamos en cooperativo o al encontrar el cadáver de uno de nuestros clones.


Visto lo visto, uno imagina que va a viajar por infinidad de planetas procedurales para conseguir toda clase de minerales extraños, en los que cada nuevo bicho será igual que el del planeta anterior, pero con un color diferente. Pues no. Journey to the Savage Planet no va de eso, en realidad el juego de Typhoon Studios (adquiridos por Google hace un par de meses para crear contenido exclusivo para Stadia) es un metroidvania al uso, lineal en cuanto a su consecución y con una estética tan “cute” como el vómito arco iris de un unicornio. Si tenemos que comparar sus principios jugables con alguna serie de renombre, estaríamos ante todo un Metroid Prime por aquello de escanear absolutamente todo lo que nos rodea (al menos una vez para sumarlo a nuestro banco de datos) y esa embelesadora manía de volver sobre nuestros pasos para conseguir todo aquello que nos hemos dejado atrás después de mejorar nuestro equipamiento. Por mucho que esta fórmula parezca abierta, en realidad suele estar muy encorsetada al fijarnos el camino de antemano, en realidad la liberta queda limitada a nuestra persistencia para conseguir el contenido opcional que hay disperso por esos enormes parajes alienígenas.

En cuanto hemos salido la nave y comenzamos a escanear el entorno, nos damos cuenta que los primeros enemigos no son ninguna amenaza, unos adorables pollitos calcados a los del corto de animación “Fort he Birds” de Pixar que esconden una buena ración de carbono en su interior. Conforme avancemos, esta opinión cambiará, todas las criaturas podrían pasar por mascotas de una película de animación, pero poco a poco sus patrones de ataque comenzarán a ponernos en más de un aprieto (bendito escaneo descriptivo). De forma muy natural, empezaremos a acumular semillas con diferentes propiedades, a ampliar la capacidad de la barra de salud con los mocos naranjas (muy en la línea de los corazones en el Zelda) o a realizar experimentos secundarios que desbloqueen nuevas posibilidades en nuestro equipamiento.
Análisis de Journey to the Savage Planet para XONE: Colonizador reincidente
Análisis de Journey to the Savage Planet para XONE: Colonizador reincidente
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