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Paseando a Miss Parásito Intergaláctico
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Paseando a Miss Parásito Intergaláctico

HyperParasite, la nueva propuesta roguelite de Troglobytes Games, viene cargado de adrenalina, humor, dificultad y una clara herencia de la Serie B ochentera y de los twin-stick shooters modernos.

Por Sergi Bosch [@GriffithDidNW],
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La temática de los parásitos intergalácticos parece tener algo de idílico; quizás sea su pérfida habilidad para jugar con el terror más cósmico y el humor más absurdo, o su fácil trasvase al gore barato y a la morbosidad gelatinosa, o que simplemente nos gusta la idea de que venga un bicho alienígena en un asteroide y obligue a la gente a danzar en una eterna y bacanal coreografía pública digna de toda mente colmena que se precie. ¿Qué dice eso de nosotros como especie? No lo sé, y quizás es mejor no preguntárselo, pero está claro que es un motivo recurrente en la ficción moderna; desde la escabrosa realidad colectiva que reflejan cintas como “La invasión de los ultracuerpos”, al fabuloso y horripilante toque de horror cósmico de la genial “La cosa” de Carpenter, y, por supuesto, con manifestaciones videojueguiles como los terribles Flood de Halo, los infectados de córdyceps de The Last of Us, las Plagas de Resident Evil, o mismamente los headcrabs de Half-Life, los parásitos extraños se han afianzado bastante bien en el ideario fantástico de nuestra época de incertidumbres. Eso sí, esto de controlar directamente al parásito y de guiarlo en su tétrica misión de conquista es algo más extraño, y es justamente lo que propone HyperParasite, un rogue-lite de absorbente y compleja jugabilidad, cargado de humor y de víctimas a las que… bueno, parasitar, a través de escenarios procedurales y con unos combates cargados de mala leche.

Querido parásito…

La propuesta de HyperParasite es bastante directa: eres un parásito intergaláctico -de buenas te lo digo- que ha venido a la Tierra con la loable y legítima tentativa de infectar al presidente, desplegar el arsenal de destrucción masiva, y condenar así a los seres humanos a un incontestable apocalipsis nuclear. Antes de sacar conclusiones habría que conocer sus motivos, que seguro que alguno tiene e igual nos convence; en cualquier caso, es así como se pone en marcha un título que hace del humor y de la crisis armamentística el escenario perfecto para su genial ambientación de distopía ochentera, llena de ritmo electrónico y de referencias a la cultura pop. Eso sí, ante todo HyperParasite es un roguelite moderno, es decir, un juego que recoge algunos de los elementos fundamentales del mítico y legendario Rogue y los adapta a las peculiaridades de la industria contemporánea; sus ancestrales influencias se hacen muy patentes en la generación procedural planteada por el título, esto es, un diseño aleatorio de las distintas zonas en las que se habrá de situar la acción, de modo que la configuración del mapa y la localización de las habitaciones cambiará cada vez que muramos, algo que ya adelantamos que sucederá con enorme frecuencia y que, evidentemente, casa con la idea de la “muerte permanente”, otra de las características nucleares del subgénero. Eso sí, con un ligero sistema de progresión que nos protege un poquito de la vesania más absoluta.

Si debilitan a nuestro huésped, volveremos a la forma original de parásito; es bastante débil y suele suponer momentos de tensión, ya que hay que ser rápidos para robar el cuerpo de otro personaje antes de que nos maten. ¿Quién dijo que ser un parásito extraterrestre era fácil?

Así pues, con estas dos premisas como auténtica base de la fórmula, HyperParasite aprovecha la herencia y se destapa como un twin-stick shooter que, si bien no llega a las cotas de calidad de The Binding of Isaac, uno de los grandes exponentes del subgénero en la actualidad y probablemente en la historia de los videojuegos, ofrece una enorme cantidad de habilidades y personajes para encarar su endiablada dificultad y sus escenarios repletos de mugre, tipos duros y clichés de serie b. No en vano hablamos de unos sesenta personajes que pueden ser controlados, previa recolección de su cerebro y desbloqueo en la tienda; cada uno de ellos, lógicamente, tiene sus propias peculiaridades, tipos de ataques -tanto cuerpo a cuerpo como a distancia-, y movimientos especiales, lo que asegura un elenco variado, divertido y al que las horas le sientan de manera fenomenal.

No obstante, ya advierto de que será, cuando menos, difícil o improbable disponer siempre de nuestros individuos parasitados favoritos, lo que supone un buen ejercicio de habituación para el jugador, en tanto en cuanto a que le obliga a salir de su zona de confort y a probar cosas nuevas. El problema reside en que la dificultad a ratos es inmisericorde y los personajes están un tanto desequilibrados en términos de poder y efectividad, lo que irremediablemente conduce a ciertos momentos de frustración, especialmente en aquellos picos de exigencia en los que recibimos colosales cantidades de daño -injustas dirían las malas lenguas-, o incontables elementos en pantalla que recuerdan, sin duda, a la macabra y estresante profusión de proyectiles de los bullet hell más crueles; evidentemente, la mayor parte de estas situaciones se dan en los, por otro lado, espectaculares enfrentamientos finales, por lo que ya recomendamos que hay que armarse de paciencia y humildad para encarar los múltiples y constantes desafíos que propone HyperParasite.

Al brutal y variopinto cásting de personajes jugables se suman los aumentos, una suerte de potenciadores que encontraremos dispersos por el escenario y que, en el modo cooperativo local, permitirán revivir al otro jugador.

Y aunque la errática curva de dificultad y el aprendizaje prácticamente autodidacta que ha de realizar el jugador no ayudan a hacer del título de Troglobytes Games una obra un pelín más accesible, la posibilidad de sufrir y paladear su frenética acción en compañía de otra persona vía multijugador local sí que mejora notablemente la experiencia. No tanto porque la haga más sencilla, sino porque la propuesta de HyperParasite se nutre de la cooperación, del humor, y también del pequeño pique para amenizar las labores de adecuación al reto; en definitiva, aunque algunos de sus aspectos más cuestionables siguen ahí, de fondo, está claro que se erige como una grandísima propuesta cooperativa que deparará risas, enfados, tensión, alivio o la bella sensación de triunfo, en esencia, emociones a ambos jugadores. Ahí es donde brilla el título, y personalmente creo que en ese terreno es ampliamente disfrutable.

Conclusiones

Aunque su somero hilo argumental y su ambientación distópica y extraterrestre son sin duda más originales que su diabólica propuesta jugable, HyperParasite consigue ser un notable y variado rogue-lite que es capaz de mantener enganchado al jugador durante horas y horas. Se echan en falta algunas labores más de equilibrio de personajes, quizás algo más de profundización mecánica, y una banda sonora algo menos estridente, pero su mordaz humor, las fantásticas sensaciones de pequeños triunfos que esconde, y, especialmente, su planteamiento cooperativo y la ensalada de balas, proyectiles y ataques consiguen que sus imprecisiones queden en un segundo plano. Es absorbente, divertido y, sobre todo, ideal para descargar adrenalina.

Análisis de HyperParasite para PC: Paseando a Miss Parásito Intergaláctico
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Alternativas
Roguelites hay muchísimos; por destacar algunos, podríamos citar The Binding of Isaac, Dead Cells o Faster Than Light, todos ellos aún reyes del subgénero.
El cooperativo local. La variedad de los personajes. Las referencias a la cultura pop. El humor.
Dificultad a veces un tanto injusta. Curva de aprendizaje compleja. Cierto desequilibrio.
A pesar de sus picos de dificultad y de su curva de aprendizaje, HyperParasite es tan exigente como divertido; una joya en cooperativo local.
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