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La isla prometida
PlayStation 4 Xbox One PC

La isla prometida

Spiders firma su mejor trabajo y casi logra recoger el testigo clásico de Bioware con Greedfall, un emocionante action-rpg plagado de intrigas políticas, guerras, diplomacia y muchísimo compañerismo.

Por Sergi Bosch [@GriffithDidNW],
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En cuanto al esquema jugable, Greedfall funciona como un action-rpg en tercera persona con un claro legado hack and slash, quizás una de las simbiosis más comunes y efectivas de la historia reciente de los videojuegos. El combate se basa en un sencillo mapeado de controles que permite ejecutar algunos combos básicos, poner trampas, utilizar hechizos y venenos, o incluso encadenar algunos golpes especiales, en un apartado que recuerda indudablemente a The Witcher 3. Su funcionamiento no sorprende por su originalidad ni por su calidad mecánica, sino más bien por su variedad de estrategias y de estilos de combate y porque, a pesar de su sencillez, no se siente repetitivo, especialmente en las dificultades más elevadas, capaces de convertir los enfrentamientos especiales en experiencias tan disfrutables como demandantes. Pero como no todo es combatir, también hay un triple árbol de talentos que nos permitirá establecer las competencias combativas de nuestro protagonista, así como sus atributos -fuerza, agilidad, constitución, poder mental, voluntad o precisión- y sus habilidades generales, esas que permiten interactuar con el mundo; hablo, por ejemplo, de forzar cerraduras, de utilizar la artesanía para dar lugar a un buen sistema de mejora de armas y armaduras, o de salir de prácticamente cualquier situación empleando solo el maravilloso e incomprendido don de la elocuencia. Hay total libertad para seleccionar los talentos, por lo que queda a disposición de cada uno encontrar la configuración que más se adecue a su forma de jugar.

Los enfrentamientos contra minijefes o jefes finales son los más vistosos, y también los que requieren de una mejor preparación.

La exploración, por desgracia, no presenta tan buenos acabados como el combate y la diplomacia. El mundo de Greedfall no es abierto, sino que se organiza en numerosas y grandes áreas por las que deambular y descubrir puntos de interés, algo muy parecido a lo que ofrecía el controvertido Dragon Age: Inquisition. El problema está, al igual que en su ascendencia, en que hay una clara dependencia de los caminos, de senderos lineales que, aunque tienen algunas zonas especiales que precisan de ciertos atributos para avanzar, suelen ser excesivamente directos y no dan mucho margen para la aventura. Las sensaciones empeoran cuando descubrimos que ciertos lugares remarcables están, contra todo pronóstico, desolados o inmóviles, intrascendentes; no es que es que Teer Fradee esté vacía, lo que pasa es que muchas cosas no aparecen hasta que no reciben un estímulo argumental, en otras palabras, hasta que no vamos a determinado sitio con una misión activa.

Es por eso que a veces nos encontraremos con palancas que no podremos accionar a pesar de tener los engranajes disponibles, o con construcciones sin función aparente, algo que, claro está, no da pie a lanzarse a descubrir, sino más bien a esperar a ver qué sucede. Cuando todas las piezas encajan, por otro lado, es verdad que hay un buen número de actividades y de misiones secundarias, ya sean de sigilo -muy poco conseguido-, de persecución, de combate o bien puramente conversacionales, pero las sensaciones son claras: el ritmo lo marca la aventura, y no el jugador. Esto no es necesariamente un defecto, es una cuestión ligada totalmente a la subjetividad, pero advertimos de que los corazones más aventureros e inquietos acaso se encontrarán un poco limitados aquí.

A la izquierda, el sigilo, que es bastante sencillo y apenas permite pasar desapercibidos o efectuar ataques letales; a la derecha, los atributos del personaje, que se dividen en fuerza, agilidad, constitución, precisión, poder mental y voluntad, cada uno de ellos con importantes efectos y requisitos de armadura o armas.

En cuanto al apartado audiovisual, Greedfall presenta una buena factura gráfica gracias a un sobresaliente diseño artístico que combina agradablemente distintas épocas y estéticas, ya sea la marcada influencia celta de los nativos o bien el toque renacentista de los nautas. Las facciones, además de una cultura propia, tienen capitales con distintas arquitecturas exteriores, lo que refuerza esa pluralidad de la que tanto hace gala el argumento; lamentablemente, el título evidencia su falta de pulimento cuando recicla interiores, incluso los de los palacios, para las distintas urbes. Los parajes naturales, por su parte, presentan una mayor biodiversidad conforme nos adentramos en las profundidades de Teer Fradee, y aunque no todos gozan de la misma inspiración y acabados, está claro que en su mayoría entran bien por los ojos, en parte debido a unas buenas labores de iluminación. Las sombras y los detalles faciales son quizás la asignatura pendiente en lo visual, pero inferimos que se debe a una mera falta de presupuesto. Por otro lado, el sonido también es notable, con algunas melodías potentes que acompañan perfectamente a los momentos más relevantes de la aventura y con unos actores de voz que cumplen, al igual que los efectos de sonido, sin grandes excesos ni florituras pero tampoco sin incurrir en errores o imprecisiones.

No solo de llanuras y bosques va la cosa; también hay humedales, terrenos cenagosos, pueblos, ruinas, cuevas, ciudades... aunque algunos están un poco más vacíos que otros. Además, hay ciclos día-noche.


Conclusiones

Está claro que Greedfall no es la gran obra maestra que algunos esperaban; en otras palabras, no es el próximo Dragon Age: Origins, no es el nuevo The Witcher 3, y desde luego que tampoco es otro Pillars of Eternity. El nuevo trabajo de Spiders tiene sus claroscuros, y eso es innegable, pero también tiene su estilo, su esencia; además, a pesar de sus pequeños defectos, a pesar de sus constantes vicios, tiene una especie de hechizo que hace que uno, cuando está recorriendo los bellos escenarios de Teer Fradee o escuchando las iniquidades del destino de un compañero, se olvide de todo lo malo y simplemente se embarque en una bonita y cautivadora aventura capaz de arrebatar horas y horas a nuestros relojes. En definitiva, Greedfall no es perfecto, pero es una de las grandes experiencias del género en lo que va de año, y su trabajo a la hora de tratar de reconstruir el legado de los clásicos es encomiable. Es imprescindible si eres fan del género, y si no, es altamente recomendable para iniciarse en sus múltiples y maravillosas virtudes.

Análisis de GreedFall para PC: La isla prometida
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Alternativas
Los RPG de Bioware son quizás los más similares, especialmente la franquicia Dragon Age. Dentro del género a-rpg, siempre estarán los legendarios The Witcher 3, Bloodborne, Dark Souls y demás exitazos
Los compañeros, las facciones y cómo se relacionan los sucesos. Variedad de decisiones. El combate.
Falta una mayor expresión en los diálogos y una menor exposición. Exploración limitada. Algunos bugs
Greedfall es el mejor trabajo de Spiders y un notable action-rpg; con un poco más de consistencia, profundidad y ambición sería sobresaliente.
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