¡Colabora!
0
La isla prometida
PlayStation 4 Xbox One PC

La isla prometida

Spiders firma su mejor trabajo y casi logra recoger el testigo clásico de Bioware con Greedfall, un emocionante action-rpg plagado de intrigas políticas, guerras, diplomacia y muchísimo compañerismo.

Por Sergi Bosch [@GriffithDidNW],
0 0 0

Sin duda hay algo de intrépido y de místico en las travesías; algo que, por encima de todo, nos mueve, nos despierta, en fin, que nos impele a expandir constantemente nuestros eternos y esquivos horizontes. No es necesario remontarse a la historia para entender su importancia, a veces basta con echar la vista atrás y contemplar el arte, ya que son muchísimas las obras que se han inspirado directamente en este sentimiento de descubrimiento, de cautivadora aventura marítima; en el cine, por ejemplo, tuvo una época dorada allá por entre los años 30 y los 60, con cintas célebres como The Crimson Pirate (1952) o Moby Dick (1956), la adaptación de la célebre novela de Melville. Y es que Greedfall no es solo un notable intento de recuperar la dosis de rol clásico y basado en personajes que popularizó, entre otros estudios, Bioware, sino que también es muy cinematográfico, muy aventurero: lo vemos en sus múltiples escenas sí, y también en su ambientación, en su espíritu. Esas son las dos características fundamentales para entender lo que propone Greedfall, y en uVeJuegos te contamos qué tal ha resultado ser el más ambicioso proyecto de Spiders.

La maldición de la muerte negra

El hilo argumental de Greedfall se fundamenta alrededor de “La Malichor”, un extraño y perturbador padecimiento sanguíneo que está diezmando inmisericordemente a las distintas poblaciones de un universo ficticio que presenta enormes reminiscencias del Viejo Continente en los siglos XVII y XVIII. No obstante, hay un pequeño hilo de esperanza: el descubrimiento de Teer Fradee, una isla mística cuyas prístinas costas permanecen incólumes ante el riguroso azote de la pandemia, por lo que todas las potencias antiguas se lanzan a una muda pero severa conquista de estos bellos territorios ignotos. En ese tenebroso marco aparece De Sardet, el personaje que habrá de controlar el jugador; se trata, grosso modo, de un joven noble que obtiene la posición de legado y representante de la Congregación de Mercaderes en la isla, una de esas tantas facciones que urden las conspiraciones, maquinaciones y desventuras de la trama principal. Así pues, haremos de diplomáticos bajo dos complejos mandatos: mantener el trémulo equilibrio que gobierna entre las facciones, algunas de las cuales están sumidas en escabrosas guerras continentales, e investigar posibles remedios contra esa extraña y letal plaga.

Hay un pulcro y eficaz editor de personajes que no solo nos permite adaptar las características fisiológicas del protagonista, sino también sus talentos iniciales.

Es cierto que ya se puede advertir una suerte de reinterpretación en los orígenes de un protagonista con ese contexto aristocrático y áulico, pero lo que verdaderamente sorprende del ámbito argumental de Greedfall es que la mayor parte de los ánimos de escritura no se enfocan objetivamente en el personaje principal; más bien lo hacen en las relaciones que habremos de establecer con las distintas facciones y con los compañeros que las representan de forma inmediata. Esto, por un lado, da lugar a una narrativa compleja, con muchos frentes, resultados, y lealtades que mantener; pero, por otro lado, también provoca que la personalidad de De Sardet pueda sentirse casi como un eco vacío, como un ente que vaga por aquí y por allá resolviendo los desaguisados e influyendo en el decurso de la historia, ya que el guion, en su afán por brindar decisiones fundamentales al jugador, deja poco espacio para la expresión sentimental del protagonista, que a veces parece un mero vehículo expositivo. El resultado, a grandes rasgos y visto desde una perspectiva amplia, funciona de manera inesperadamente correcta, pero se echa en falta una mayor profundidad en los diálogos, un medio que no solo permita reconducir los pormenores y los destinos de una misión, sino también dar nuestra opinión ante lo mucho que acontece en los peligrosos parajes de Teer Fradee.

Hay multitud de escenas en las que la cámara se aleja y efectúa distintos planos, lo que refuerza el aspecto cinematográfico del título.

Sin embargo, esa extraña palidez conversacional del protagonista no es óbice para que Greedfall despliegue una historia emotiva y llamativa con buenos giros de guion e imprevistos relativamente frecuentes, algo que se debe, en parte, a la excepcional labor del estudio a la hora de construir un contexto argumental muy diverso, enmarcado en esa pugna política y religiosa que va in crescendo. No es un camino de rosas, también tiene sus momentos grises, lo que condice con relativa armonía con ese enfoque dialéctico, pero en suma entretiene y a veces hasta sorprende. Las facciones, por suerte, están bien construidas, tanto la ferviente y admonitoria fe de Theleme, como la tradición y embrujo marítimos de los Nautas o el canto naturalista y espiritualista de los nativos, y realmente abundan las misiones que nos harán elegir entre apoyar a unas u otras en determinados conflictos, a veces con resultados verdaderamente definitivos. Es primordial también el hecho de que no haya ningún medidor de moralidad o karma, ya que verdaderamente aquí no suele haber ni malos ni buenos; es cuestión del usuario decidir dónde guarda sus fidelidades.

Las misiones más esotéricas y religiosas son las que mejor funcionan, quizás porque explotan mejor las diferencias raciales.

Aquí también tienen un gran peso los compañeros, cuyas veleidosas lealtades pueden ser imperativas para evitar traiciones o para resolver situaciones complicadas; de hecho, dan su opinión con mayor efectividad y frecuencia que el protagonista, interviniendo en situaciones concretas para alabar o vituperar los esfuerzos del jugador o de otros personajes, por lo que algunos de ellos están más elaborados y poseen un mayor número de interacciones de lo que cabría a esperar. A veces casi parecen los únicos que vivifican las discusiones, ya que De Sardet permanece, en multitud de ocasiones, como un recurso de ritmo y un traductor de la influencia del jugador, mientras que los secundarios sí que tienen motivaciones y personalidades definidas, aunque ello no implica que a veces se incurra en ciertas disonancias ludonarrativas. Estas se manifiestan principalmente en los pequeños acontecimientos, véase cuando matamos a un grupo de nativos y nuestra compañera nativa ni se pronuncia; afortunadamente, las situaciones complicadas e importantes están bien cubiertas, por lo que la falta de coherencia es transitoria. También cabe destacar que hay un sistema de romances, quizás un tanto directo, que ayuda a recoger esas sensaciones de rol clásico y dialogado; eso sí, cuidado con lo que haces, que no desarrollar las relaciones o no avanzar en sus encargos personales puede terminar provocando traiciones o rencillas. Aquí todos tienen los nervios a flor de piel.
Análisis de GreedFall para PC: La isla prometida
Análisis de GreedFall para PC: La isla prometida
Análisis de GreedFall para PC: La isla prometida
Análisis de GreedFall para PC: La isla prometida
Análisis de GreedFall para PC: La isla prometida
Análisis de GreedFall para PC: La isla prometida
Análisis de GreedFall para PC: La isla prometida
Análisis de GreedFall para PC: La isla prometida
Para poder aportar cualquier tipo de contenido a uVeJuegos.com necesitas estar registrado y además haber iniciado sesión.

Elige lo que quieres hacer:

Administradores de Análisis: ____GEX_____, beto, CodeRed, Doscv, elite, MrRafa, NewRandomAge, Ohkouchi, Rodri.
×