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La invasión de los ladrones de almas
PC PlayStation 5

La invasión de los ladrones de almas

Muchos fantasmas, acción de shooter en primera persona y folclore japonés a raudales te esperan en Ghostwire Tokyo. ¿Está a la altura de los dos The Evil Within? Hablamos de eso y de mucho más.

Por Sergi Bosch [@GriffithDidNW],
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El potencial cultural y artístico de una ciudad como Tokio está fuera de toda duda; a fin de cuentas, hablamos de una megalópolis moderna, de una urbe que, como el artista japonés en sí mismo, es un eco de dos mundos: el de un pasado mítico, lejano, y el de la modernidad más absoluta. Ser japonés en muchos casos significa saber moverse entre dos realidades que, a priori, parecen condenadas al enfrentamiento. La cosa está en que en los últimos años la ciudad ha sido escenario de viajes en el tiempo y de loquísimas teorías conspiraciones que harían palidecer al twittero paranoico medio (sí, hablo de Steins;Gate), pero también ha albergado la compleja y excelente historia de las distintas entregas de la franquicia Yakuza, palabras mayores en lo referente a mafia japonesa, guion y representación de modas absolutamente horteras. Tampoco me gustaría dejarme Persona en el tintero, en parte porque estoy convencido de que la quinta entrega es el mejor J-RPG de la última década, pero eso es una conversación para otro momento.

En el caso de Ghostwire Tokyo, no obstante, las cosas no van por ahí; no hay tatuajes de dragones imposibles, ni regresiones mentales dignas de estudio, ni demonios sacados de la mitología para servicio del jugador... Bueno, de hecho, de esto último sí que hay, aunque con un toque mucho más malrollero que en las obras maestras de Atlus. En el nuevo trabajo de Tango Gameworks, responsables también de The Evil Within, la capital del este se viste de una atmósfera mucho más lóbrega y sobrenatural para acoger una trágica y, en ocasiones, algo típica historia de fantasmas, apariciones míticas y planes malignos que buscan acabar con la realidad tal y como la conocemos. Vamos, lo que los japoneses llaman un jueves cualquiera. En las siguientes líneas te contamos qué tal le ha salido todo al estudio de Shinji Mikami (creador de Resident Evil), y si de verdad se ha notado la marcha de Ikumi Nakamura, su antigua directora. Análisis de Ghostwire Tokyo.

Una historia japonesa de fantasmas

Desde un primer momento se hace muy palpable que estamos ante una historia de terror solo en apariencia, solo en estética, porque verdaderamente los tiros van por otro lado; para ser más específico, lo cierto es que la trama de Ghostwire Tokyo tiene un rollito de manga shonen japonés, de corte sobrenatural, que le viene bastante bien al argumento. En general, un tipo muy oscuro, vestido en un chándal extraño y todavía más oscuro, mezcla el reino de la realidad física con el mundo espiritual, algo que tiene consecuencias bastante chungas. ¿Cuáles? Pues la primera, la más evidente, es que la mayor parte de la población de Tokio se desvanece en cuestión de segundos, envueltos en una niebla tétrica que se ha apoderado de las calles, aunque algunos vuelven en modo de espíritus errantes que, sinceramente, tampoco es que aporten demasiado al argumento más allá de una contextualización bastante básica. La segunda es que los yokai y un sinfín de espíritus típicos del folclore japonés se pasean por la ciudad como Pedro por su casa; que si una zakishi-warashi por aquí (una especie de colegiala tímida que supuestamente da buena suerte), un gato espectral capitalista por allá... Lo típico.



En cualquier caso, hay una tercera consecuencia, y esta tiene un peso inmediato en el hilo argumental del título: el protagonista, Akito, sobrevive a duras penas a esa especie de apocalipsis espiritual que provoca Hanya, el antagonista, y solo lo consigue gracias a que es poseído por el alma de un antiguo crack del espiritismo. Ese es, en efecto, KK, el otro personaje principal de la aventura. Además, de fondo tenemos la cuestión de Mari, la hermana de Akito, que estaba convaleciente en el hospital y que, de alguna forma, es la clave para que el plan del malo tenga éxito. Pronto, Akito y KK se dan cuenta de que la única manera de solucionar la papeleta pasa por unir fuerzas. Me imagino que ahora mismo te estarás preguntando cómo se resuelven todas estas cuestiones, es decir, si hay una conexión palpable que explique todos los hechos; la respuesta es que el resultado es algo ambiguo, honestamente. Los dos protagonistas se relacionan de manera más que satisfactoria y tienen una química maestro-discípulo que cumple, pero la historia pasa de puntillas por las cuestiones más interesantes, como el amor, la muerte, la pérdida o la vida en el más allá.

"La trama de Ghostwire Tokyo tiene un rollito de shonen japonés sobrenatural, lo que ayuda a rebajar la tensión del argumento en ciertas ocasiones"


Eso no quita que haya cierto espacio para los giros de guion y para las sorpresas, y te mentiría si te dijera que la historia de Ghostwire Tokyo no se hace súper amena, pero quizás me esperaba algo más, un poquito de ambición más allá del "tengo que hacerme más fuerte para salvar al mundo" que tanta presencia tiene en la cultura de masas moderna, al menos en Asia. Soy consciente de que no se le puede pedir una narrativa sobresaliente a todo, y en ningún caso es lo que pretendo: simplemente me da cierta cosa sentir que se han desaprovechado algunas oportunidades notables de ir un poco más allá. De todas formas, el tono shonen de la aventura permite rebajar una tensión que quizás con un tratamiento más profundo sería un tanto excesiva, lo que permite que el título de Tango ponga el foco en sus mejores apartados: la atmósfera en sí misma y la jugabilidad. De la primera te puedes esperar una sucesión de calles veteadas de neón, escaparates y anuncios en una noche eterna, con demonios pululando por ahí y espíritus sintoístas ayudándote de maneras poco convencionales; de la segunda, es decir, de la jugabilidad, vamos a hablar largo y tendido a continuación.



Exploración de Tokyo en un shooter sobrenatural

Lo primero que debemos tener en cuenta es que Ghostwire Tokyo no es un survival horror al uso, circunstancia que contrasta claramente con los anteriores proyectos del estudio, y con la legendaria trayectoria de su fundador, Shinji Mikami. De hecho, Ghostwire Tokyo tiene tan poco de survival horror que casi parece una suerte de experimentación a la japonesa, un título que se mueve a caballo entre el mundo semiabierto y el shooter en primera persona con elementos sobrenaturales. Vamos con lo primero, y permíteme que empiece diciendo que la exploración es de lo mejorcito que tiene Ghostwire Tokio. No es una cuestión de innovación, de ambición o de calidad en sí, sino de cohesión; esta Tokio de pesadilla está repleta de lugares encantados, de callejones urbanitas y de azoteas altísimas (se puede acceder a algunas de ellas con una mecánica parecida a un súper salto), pero todas las zonas no están disponibles desde un primer momento.

Eso implica que, a medida que progreses en la aventura, la niebla fantasmagórica y sus movidas espectrales irán perdiendo terreno, lo que te permitirá acceder a partes de la ciudad que antes estaban fuera de tu alcance. De esta manera, el desarrollo de Ghostwire Tokyo transmite una gran sensación de avance, y también regula la cantidad de contenido secundario disponible para que nunca sea abrumador, quizás uno de los grandes males de los mundos abiertos. En esencia, cada vez que purifiques un santuario sintoísta tanto el mapa como tus opciones se expandirán, pero siempre de manera progresiva y natural. Esto enlaza también con uno de los grandes aciertos del título, ya que buena parte de sus momentos más memorables se encuentran precisamente en unas misiones secundarias que son tan eclécticas como efectivas. Todo esto redunda en un ritmo bastante bien conseguido, en el que siempre tienes las suficientes cosas para hacer pero no tantas como para volverte loco.



Sin embargo, el combate tiene sus más y sus menos. Antes de seguir profundizando en estas cuestiones, recuperemos un aspecto básico: Ghostwire Tokyo funciona como un juego de disparos en primera persona, pero en lugar usar armas de fuego vas a emplear poderes elementales, decisión que no tengo claro si estaría acogida dentro de la segunda enmienda de los EEUU. Los poderes incluyen el viento, que nos permite ejecutar una rápida sucesión de ataques a distancia, el fuego, que es muy limitado pero tiene un enorme poder ofensivo, y el agua, que se centra en el combate cuerpo a cuerpo y en ganar distancia con respecto a nuestros enemigos. También disponemos de un arco, que añade cierto sigilo y todavía más alcance a la fórmula, y un sistema de talismanes que dan efectos interesantes.

"El problema del combate está en que Ghostwire Tokyo recurre demasiado a patrones repetitivos; le falta variedad"


El problema está en que Ghostwire Tokyo recurre demasiados a patrones un tanto repetitivos, en parte porque la variedad de mecánicas es limitada, sí, pero también porque los enemigos no te obligan a ser especialmente creativo, ni explotan los límites de la jugabilidad. Hay señores trajeados sin rostro, colegialas sin cabeza, y unos cuantos espíritus más, todos con mala leche, si bien al final el combate se reduce a priorizar correctamente los objetivos. En cuanto entiendas la importancia de acabar con los fantasmas en el orden correcto, toda la vertiente táctica del título se reduce a hacer una y otra vez lo mismo. No obstante, eso sería muchísimo peor si no fuera porque, de hecho, la simpleza del combate no implica que este no sea divertido. Hay una sensación de caos bastante potente, el ritmo es muy elevado y en PS5 los gatillos ayudan a meterte en la situación. Después de unos cuantos golpes en el sitio correcto, podrás destrozar el núcleo de tus enemigos, algo que es bastante satisfactorio incluso cuando el contador de horas alcanza los dos dígitos.



También hay dinero. Ya sabemos que en Tokio el dinero es una de las principales preocupaciones de los seres humanos, pero en el último título de Tango también lo es para los yokais que hacen de vendedores. Entre los artículos que puedes adquirir se encuentran alimentos, cuyo objetivo es curarte y aumentar tu vida máxima de manera pasiva (progresión que se une al clásico árbol de talentos de toda la vida, vinculado a la experiencia), y también piezas de música, coleccionables varios o aspectos cosméticos. Estos últimos son especialmente caros, así que ya te digo que te vas a tirar un buen tiempo buscando monedas por todos lados si los quieres desbloquear completamente.

Finalmente, en términos audiovisuales Ghostwire Tokyo tiene sus luces y sus sombras; el diseño artístico está muy bien tirado, con esa urbe oscura y de pesadilla en la que los fantasmas han hecho suyas las calles extrañamente futuristas de la Asia más avanzada, pero también es verdad que algunas texturas y animaciones cantan bastante. Cabe señalar que el juego viene con diversos modos de gráficos en PlayStation 5, y puedes esperar lo típico: uno que pone la resolución en 4K, con trazado de rayos y una tasa de frames que roza lo criminal, otro que baja la resolución y empeora un poquito los acabados a cambio de una suavidad que le viene genial al género, y unas cuantas opciones intermedias. Todo es cuestión de probar para ver con qué te sientes más cómodo. En el ámbito sonoro, buenas sensaciones generales pero nada especialmente destacable, más allá de unas voces japonesas que evidencian buenos valores de producción.




CONCLUSIONES

Tango Gameworks venía de una larga tradición de survival horror, género que ha tenido sus más y sus menos con el devenir de los tiempos (ha estado a punto de extinguirse en varias ocasiones), y ha sorprendido a todos con un título de atmósfera de terror pero con corazón de acción en primera persona. El resultado es notable, pero con claroscuros: la exploración funciona de manera progresiva y se siente muy natural, las misiones secundarias dejan buenos momentos y funcionan genial como herramienta de ritmo, y la historia, aunque típica hasta decir basta, es muy amena. El sistema de combate es eficaz, sin duda... Y también simple. Ahí empiezan los problemas: hay demasiada repetición de patrones, la táctica es muy limitada y le ha faltado ambición al conjunto. Audiovisualmente es un título más bien modesto, pero termina cumpliendo por su diseño artístico y por el encanto sobrenatural de una Tokio repleta de espectros, neones y luces que, tal y como dice la legendaria canción "The Sound of Silence", dividen la noche. Si te gusta el género no te lo pienses, porque te va a atrapar de principio a fin; eso sí, si te esperabas una propuesta más madura, más de terror, probablemente te va a dejar a medias.

Copia digital proporcionada por Ziran.

Análisis de GhostWire: Tokyo para PS5: La invasión de los ladrones de almas
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El diseño artístico. El combate es simple pero divertido. Las misiones secundarias. Exploración.
Se hace muy repetitivo a mitad de la aventura, necesita variedad. Muy shonen. Gráficamente ahí, ahí.
A Ghostwire Tokyo le faltó un poquito de variedad y de ambición para ser sobresaliente. Eso sí, es ameno y divertido de principio a fin. Recomendado.
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