Xbox 360
¡¡¡Malditos bichos, os voy a patear el cu...!!!
¡Acción intensa y diversión sin límite reventando insectos de cinco metros! Todo por salvar al planeta Tierra de una invasión.
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Analizar este juego es fácil. Situación: la tierra está siendo invadida por una raza alienígena constituida por robots e insectos gigantes, y tú, héroe anónimo de la fuerza defensora de la tierra, te lanzas, bazuca, en mano (con munición infinita, por cierto) a combatir a las incansables oleadas de enemigos que pasean por los escenarios 100% destructibles. No hay más que explicar. A lo largo de más de 50 escenarios combatirás contra hormigas gigantes, arañas gigantes, robots gigantes que hacen parecer pequeñas a las hormigas gigantes, naves nodrizas y demás enemigos que parecen sacados de una mala película de ciencia ficción. Tu objetivo en el juego es disparar tanto como puedas mientras avanzas por los escenarios (¿he comentado que todo, TODO, se puede destruir?). A medida que destruyes enemigos, edificios y algún coche mal aparcado; consigues armas, más de 100, y vitalidad extra, algo indispensable para las fases más avanzadas del juego. En muchos escenarios te encontrarás con refuerzos, formados por diferentes escuadrones de soldados, idénticos al protagonista. Y aunque no puedes dar ordenes y su inteligencia no es muy elevada (más de uno se pondrá entre tu misil y el enemigo), realmente te sientes dentro de un equipo unido contra la amenaza extraterrestre. De vez en cuando también hallarás algunos vehículos como tanques, helicópteros, una moto como las del film Akira, y un robot con más armas que EEUU. No exageramos, el juego es tal y como se ha descrito, no se ha dicho ninguna mentira, ni se ha omitido ninguna verdad. No esperes una historia épica (aunque algún momento épico tiene). No esperes grandes secuencias CGI (la intro y el final son simples textos de Word, con una imagen, o dos, estáticas). No esperes un espectáculo técnico que entre por los ojos y por los oídos, simplemente porque el juego no puede. Lo único que encontrarás es acción y diversión frenética sin descanso, es lo único que ofrece el juego y es lo único que encontrarás. Los que quieran un juego de impactantes efectos audiovisuales, los que quieran una historia de amistad con traiciones y amores imposibles, los que quieran una aventura de exploración con chicas pechugonas de saltos y pechos imposibles, que paren de leer, este no es vuestro juego. Los que queráis acción y diversión, sin importar el medio, habéis encontrado vuestro juego.
Puede que la introducción sea muy desproporcionada, pero hablamos de un juego de una compañía japonesa muy pequeña, Sandlot. Una compañía muy pequeña y miserable que tuvo que pedir donaciones para acabar la realización de dicho juego, así que, antes de criticarlo, démosle una oportunidad. Konami o Capcom no nacieron con sus genios ni sus grandes sagas. Como todos, empezaron desde abajo, e ignorar este título por su poco atractivo apartado gráfico, o por no tener a un Kojima trabajando en él es un grave error, ya que lo importante no es el exterior, sino el interior.
Ahora analicemos un poco más a fondo las características del juego.
Nos encontramos con un título flojo gráficamente. Todos los personajes son iguales al protagonista, quizás para dar una mayor visión de equipo, quizás porque se quedaron sin presupuesto. Los enemigos se repiten bastante, pero cambiando su color. Puede que la única excepción sean los inmensos robots, imponentes, con una animación fantástica y unos efectos gráficos muy buenos (nos encontramos quizás con lo mejor del juego, visualmente hablando, junto con la nave nodriza). Encontrarte con un ejercito de robots que salen del mar en el atardecer es, cuanto menos, espectacular. Y más si 50 personajes clónicos disparan misiles sin parar, con sus rastros de humo y explosiones incluídas. Los escenarios son, como ya se ha dicho, 100% destructibles, aunque eso si, son repetitivos; y pese a que estés luchando tanto en Japón, como en Europa o en los EEUU, no encontrarás diferencias palpables. Las texturas de los edificios son simples y repetitivas y estos se rompen de una manera muy poco realista, parecen castillos de naipes que se desploman, y esos polígonos que se supone que son ladrillos y cimientos atraviesan al protagonista como si fueran de papel. Otro defecto son las continuas ralentizaciones: cuando aparecen más de 100 enemigos y comienzas a reventarlos de diez en diez, es tal el espectáculo que se monta, con explosiones, hormigas volando, edificios derrumbándose, y el escenario llenándose de un fluido amarillo (¿sangre de hormiga?) que el motor gráfico no puede soportarlo. Por otro lado, las animaciones de los personajes son de risa.
Puede que la introducción sea muy desproporcionada, pero hablamos de un juego de una compañía japonesa muy pequeña, Sandlot. Una compañía muy pequeña y miserable que tuvo que pedir donaciones para acabar la realización de dicho juego, así que, antes de criticarlo, démosle una oportunidad. Konami o Capcom no nacieron con sus genios ni sus grandes sagas. Como todos, empezaron desde abajo, e ignorar este título por su poco atractivo apartado gráfico, o por no tener a un Kojima trabajando en él es un grave error, ya que lo importante no es el exterior, sino el interior.
Ahora analicemos un poco más a fondo las características del juego.
Nos encontramos con un título flojo gráficamente. Todos los personajes son iguales al protagonista, quizás para dar una mayor visión de equipo, quizás porque se quedaron sin presupuesto. Los enemigos se repiten bastante, pero cambiando su color. Puede que la única excepción sean los inmensos robots, imponentes, con una animación fantástica y unos efectos gráficos muy buenos (nos encontramos quizás con lo mejor del juego, visualmente hablando, junto con la nave nodriza). Encontrarte con un ejercito de robots que salen del mar en el atardecer es, cuanto menos, espectacular. Y más si 50 personajes clónicos disparan misiles sin parar, con sus rastros de humo y explosiones incluídas. Los escenarios son, como ya se ha dicho, 100% destructibles, aunque eso si, son repetitivos; y pese a que estés luchando tanto en Japón, como en Europa o en los EEUU, no encontrarás diferencias palpables. Las texturas de los edificios son simples y repetitivas y estos se rompen de una manera muy poco realista, parecen castillos de naipes que se desploman, y esos polígonos que se supone que son ladrillos y cimientos atraviesan al protagonista como si fueran de papel. Otro defecto son las continuas ralentizaciones: cuando aparecen más de 100 enemigos y comienzas a reventarlos de diez en diez, es tal el espectáculo que se monta, con explosiones, hormigas volando, edificios derrumbándose, y el escenario llenándose de un fluido amarillo (¿sangre de hormiga?) que el motor gráfico no puede soportarlo. Por otro lado, las animaciones de los personajes son de risa.






