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Gasolina en las venas
PC

Gasolina en las venas

Forza Horizon 4, lo último de Playground Games, llega a Steam con su adictiva conducción, con sus espectaculares paisajes, con su infinita nómina de coches... Y con una monetización algo discutible

Por Sergi Bosch [@GriffithDidNW],
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Creo que todos estaremos de acuerdo en que la supremacía de Playground Games en el género de la conducción deportiva es cada vez menos discutible, al menos si tenemos en cuenta los últimos años. A este respecto, admito que no soy el mayor fan de las carreras digitales, aunque sí que disfruté enormemente, en su momento, de las mejores entregas de la legendaria franquicia Gran Turismo, e incluso de propuestas de menor calado, como podrían ser el caótico y maravilloso desenfreno de Burnout, o el planteamiento arcade de velocidad extrema y supercoches de Project Gotham Racing. No obstante, a veces se hacía difícil obviar que, en efecto, a muchas de las propuestas del género les falta una dimensión importantísima: la conducción libre. Parece una perogrullada, pero creedme que no lo es tanto; en cierto modo, tuvo que venir Test Drive Unlimited, en aquel lejano otoño de 2006, a recordarnos que el hechizo de los coches reside, principalmente, en la libertad, en la evasión de transitar caminos desconocidos y perderse por el mundo.

Pues bien, como el lector seguramente bien sabrá ya, Playground recogió la estructura de estos títulos con conducción libre y la insertó en los esquemas de la serie Forza Motorsport, que venía pisando muy, muy fuerte como exclusividad de Microsoft desde hace unos cuantos años, sobre todo después de la desaparición de Project Gotham Racing, su anterior abanderado. ¿El resultado? La sublimación de la franquicia, cuando no del género, directamente, al menos en lo que a planteamientos arcade se refiere. Precisamente por eso aprovechamos que Forza Horizon 4, la última iteración de la ya legendaria franquicia de Microsoft, aterrizó en Steam el pasado mes de marzo para contarte qué viene a aportar a la industria del juego en ordenador; eso sí, si prefieres leer la crítica de su versión en consola, no dejes pasar el fenomenal análisis de nuestro compañero y director, Juan Emilio Palomino.



En primer lugar, resulta imprescindible situar claramente la tónica del título: no, Forza Horizon 4 no es un simulador de esos cuya complejidad roza los límites de la cordura humana, y desde luego no viene a competir con obras de este estilo, como bien podrían ser los geniales Asetto Corsa e iRacing. El terreno en el que se mueve lo último de Playground Games es, a grandes rasgos, más abierto, más arcade si se quiere; es por eso que apunta más bien a los seguidores de otras franquicias, como Gran Turismo, Project Cars o Test Drive Unlimited, si bien su profundidad en muchos casos eclipsa a la de los títulos de su subgénero, especialmente en lo relativo al tuning, a la personalización de los vehículos, o a los ajustes destinados a mejorar el rendimiento en determinadas condiciones climatológicas o tipos de pista, momentos en los que alcanza una prolijidad inefable. Es, en general, una obra bastante clarividente que mezcla con gran acierto lo mejor de ambos mundos; de la conducción dura, es decir, de los simuladores, recupera las opciones que acabo de mencionar (que, por suerte, son opcionales y pueden ajustarse automáticamente) y la ingente nómina de coches, y de la visión más arcade pilla las “sensaciones”, la dificultad del trazado, el sistema de frenos… Vamos, lo relativo a la respuesta del vehículo y su interacción con la carretera. Todo lo relativo al sistema de físicas y a la conducción simplemente está muy bien cohesionado y funciona de manera espectacular.

Sin embargo, si hay algo que consigue catapultar a Forza Horizon 4 a lo más alto de su género es el paisaje; en esta cuarta entrega se trata de una Gran Bretaña que aparece representada con todo lujo de detalles, en lo que a veces no deja de ser una ensoñación asaz literaria del infinito verdor de la campiña inglesa. En efecto, hay algo de mágico y de especial en los entornos que pintan el colosal mundo abierto de Forza Horizon 4, y ya puedo adelantar que no solo es un gustazo enorme dedicarse a la conducción contemplativa sino que el rendimiento en ordenador es, cuando menos, estable. Por otro lado, es verdad que también hay una especie de modo historia que consiste, a grandes rasgos, en la clasificación para las sucesivas temporadas estacionales, aunque no deja de ser un mero trámite para plantear una estructura temporal en la que los cambios climáticos y las condiciones atmosféricas juegan un papel importante. Lo cierto es que en todo lo relativo a la narrativa lo último de los chicos de Playground no destaca en absoluto, si bien es innegable que hay multitud de encargos secundarios, como hacer de taxista exprés (en un cochazo, eso sí) o participar en las más alocadas entregas de Top Gear, que dejan momentos para el recuerdo. Los diálogos, eso sí, son un dolor; sí, soy plenamente consciente de que no es cabal esperar ambición estética o narrativa en el apartado escrito de un título de carreras, pero eso, desde luego, no es óbice para que a veces solo quepa el deseo de que los personajes dejen de hablar cuanto antes.



Por otro lado, en cuanto a los tipos de pruebas y las modalidades de carreras, Forza Horizon 4 destaca por su enorme variedad: carreras callejeras, carreras típicas de circuito, carreras de velocidad sobre asfalto, de derrapes, pruebas sobre tierra y naturaleza salvaje… Lo único que se llega a echar en falta, realmente, son algunas motos, aunque está claro que el juego no va por ahí. Lo mejor es que en todos los casos el título consigue hacer valer su jugabilidad y la inmejorable sensación de velocidad que atesora; recuerdo, por ejemplo, las curvas cerradas de Edimburgo, en plena noche, con el rugido de los motores y las luces cabrilleantes de la ciudad, o los confines lejanos de las calas costeras, dominadas por la arena y los todoterrenos. Es un juego en el que perderse y disfrutar del motor y de la automoción, sin duda, pero también en el que evadirse y, simplemente, no pensar en nuestra realidad inmediata. Toda una joya de la inmersión, tanto por sus bellos paisajes como por las sensaciones únicas en cada coche (y hay más de cuatrocientos) que ofrece su especial jugabilidad, a caballo entre arcade y simulación.

Eso sí, un pelín más cuestionable es todo lo que tiene ver con la monetización y el sistema de recompensas. A grandes rasgos, Forza Horizon 4 introduce una membresía VIP, de pago único, que no solo aporta beneficios inmediatos en materia de nuevos y exclusivos coches, sino que posibilita una progresión mucho más rápida, y habilita la compra gratuita de algunas de las propiedades que hay diseminadas por el mapeado. No es que sea tampoco uno de esos incómodos pay-to-win (es decir, ‘paga para ganar’), pero es innegable que se acerca peligrosamente a los tremedales morales de otras franquicias deportivas. En este sentido, las ruletas de recompensas, tanto las especiales como las normales, tampoco ayudan, ya que no dejan de ser la enésima reimaginación de las cajas de botín, y aunque es posible obtener algunas tiradas jugando, lo cierto es que es una práctica que intenta enganchar con el encanto endiablado del azar y de la generación aleatoria de números, sin duda una de las grandes asignaturas pendientes de la industria en esta generación. También es un poco discutible el hecho de que haya salido a precio completo a pesar de llevar dos años y medio en el mercado; aun así, debo remarcar que Forza Horizon 4 bien vale ese dinero, a pesar de que su monetización resulte, en ocasiones, dudosa.



Finalmente, en lo relativo al apartado audiovisual, el último trabajo de Playground Games tiene un acabado gráfico de alto quilataje, algo que se refleja sobre todo en los modelos de los coches y en la diversidad paisajística británica. Hay algunas asperezas, claro está, especialmente en lo que a la recreación de las personas se refiere, hasta el punto de que parecen un tanto idos, como una especie de híbrido entre los avatares de Xbox y un ser humano funcional; también es digno de mención que los coches de la IA que pululan por las carreteras (y que no participan en las carreras, son un mero decorado, digamos) no tienen piloto ni copiloto, detalle que puede llegar a sacarte de las por otra parte excelentes labores de inmersión de las que hace gala el título. La selección musical, como de costumbre, es una cuestión puramente subjetiva, aunque baste con señalar que hay buena variedad y que difícilmente no encontrarás una emisora que te guste.



CONCLUSIONES

Es muy, muy difícil sacarle defectos a Forza Horizon 4, aunque después de cierto escrutinio está claro que tiene todavía unas cuantas áreas en las que mejorar; además, su lanzamiento en ordenador no ha estado carente de algunas polémicas, en su mayoría relativas a las labores de monetización del estudio y al precio de lanzamiento. No obstante, una vez al volante (o a los mandos) del coche, Forza Horizon 4 destierra todo atisbo de duda y se erige fácilmente como lo que es: uno de los mejores acercamientos al género de los últimos años. ¿Los motivos? Los repasamos: una cantidad de contenido apabullante, gran variedad de carreras, excelente física de la conducción y sensaciones al volante, apartado gráfico de buen nivel y, claro, funciones online. Si eres un apasionado del motor, lo último de Playground te conquistará en su llegada al ordenador… Y si te estás iniciando en el género, no se me ocurre una mejor toma de contacto ahora mismo, honestamente.

Redactado por Sergi Bosch (Elite)

Análisis de Forza Horizon 4 para PC: Gasolina en las venas
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Los paisajes. La conducción. Variedad de pruebas. Más de 400 coches. El tuning.
Monetización innecesaria y artificial. Algunas asperezas gráficas. Los diálogos.
Forza Horizon 4 es vibrante, casi infinito y único en su género; lástima que se vea ligeramente empañado por una monetización un tanto excesiva.

Información del juego

Fecha de lanzamiento: 2 de octubre de 2018
Desarrollado por: Playground Games
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