¡Colabora!
0
Análisis de Elementallis – La evolución natural de The Legend of Zelda: A Link to the Past
Nintendo Switch PC PlayStation 4 PlayStation 5 Xbox One Xbox Series

Análisis de Elementallis – La evolución natural de The Legend of Zelda: A Link to the Past

Uno de los mejores “zelda-like” de vista cenital jamás hecho

Por Carlos Cobos,
0 0 0

En la escena independiente hay en ocasiones un miedo atroz a ser directamente comparado con una obra maestra del pasado. A ser puesto contra el espejo de un gigante inabarcable. Una comparación que haga que el juego se revele como un mero clon sin alma enfocado a un grupo de jugadores que lo disfrutaron hace muchos años, perdiendo las pocas esperanzas de ser el nuevo indie del momento. Ante ello, muchos optan por fusionar géneros con mayor o menor éxito con el convencimiento de separar continentes entre un juego y otro. Y luego está el caso de Elementallis. Un juego que no sólo buscar hacer sentir lo mismo que uno de los referentes del género de las aventuras, sino que proclama orgullosamente de donde viene y por qué quiere ser comparado con él.

Las primeras noticias del juego llegaron en un ahora lejano 2021. Tal y como rezaba su descripción en Kickstarter, Elementallis era un juego de aventuras en 2D con perspectiva cenital que imitaba el estilo y la atmósfera de los clásicos juegos de Zelda. Consiguió un gran éxito de recaudación gracias a un apartado pixel art que evocaba los Zelda de Super Nintendo y Game Boy. Ahora al fin, con un desarrollo laborioso de muchos años, el estudio español AnKae Games nos trae Elementallis y todo lo que prometía la descripción de 2021 se ha respetado fielmente. Un juego que trae algo distintivo y es que esta vez los objetos que servían para mejorar las habilidades del protagonista han sido sustituidos por elementos como el fuego, el agua, el viento o la electricidad para avanzar en la historia. Todo ello en un universo al más puro estilo de 16 bits.



Un cuerpo de otra época

Elementallis se siente artística, musical y narrativamente como la secuela natural que hubiera tenido A Link to the Past en caso de haber tenido otra entrega en Super Nintendo. Con una estética pixel clásica, Elementallis parece un juego sacado de principios de los 90, como uno de aquellos casos en los que un juego nunca salió de Japón y tras décadas de espera los desarrolladores han tenido a bien sacar un remaster. Unos colores muy vivos, un pixel vistoso sin excesivo detalle y una vista cenital es lo primero que detectamos cuando aparece la primera pantalla. El videojuego presenta diferentes biomas, 8 en concreto, cada uno totalmente diferenciado con su paleta de colores con los elementos característicos, valga la redundancia, del elemento a conseguir. Por ejemplo, el mundo del elemento del fuego estará lleno de cuevas, volcanes y lava donde el negro y el rojo se funden continuamente; mientras que en el mundo del elemento del hielo habrá montes nevados y hielo donde el blanco inunda la escena. Se añade algún elemento moderno con juegos de luces, efectos de los elementos y poco más. Nada rompedor pero convincente en su propuesta. Respecto a la interfaz, tendremos un número de corazones y barra de maná que podrán incrementarse si encontramos nuevos fragmentos de ellos por el mapa.

A esto se le ha de unir un apartado sonoro que hay que destacar de forma aparte. Una música que sí se siente que arriesga algo más y lo hace con éxito, partiendo de una base de sonidos chiptune, incorpora sonidos de instrumentos de alta calidad que le hacen volar por su cuenta a un gran nivel. Piano, tambores e incluso guitarras eléctricas aparecen en un número de melodías compuestas por Raúl Sangonzalo, consiguiendo que cada poblado tenga su respectiva melodía y nos quedemos en ellos unos minutos más simplemente por el gusto de saborearlas. De los puntos más altos del juego.



Al igual que sus homólogos zelderos, Elementallis tiene un lore profundo que, en este caso, orbita alrededor del uso de los elementos, en como todas las razas que viven en Elregir se relacionan con ellos y con los elementalistas, grupo que antes del cataclismo podía controlarlos y se habían situado entre una de las castas mas poderosas del mundo. Encontraremos muchos diálogos con los personajes de los poblados. Diálogos que solo van en una dirección ya que nuestro protagonista, para sorpresa de nadie, es mudo. Aun así, la historia principal que comienza muchos años antes de la aventura, cuando somos niños y presenciamos como los elementos se corrompen, sumiendo al mundo en el caos, resulta más rica que la de los Zelda clásicos, con un giro de guion final que sorprende. Aunque hay que admitir que tal vez le falta un puntito más de momentos épicos a lo largo de su historia. Sin necesitarlo, ya que sus referentes tampoco indagaban mucho en hacer compleja su trama principal, podía haberle dado un punto diferenciador muy valioso. Si bien es cierto que los momentos que transcurren en el clímax de la historia, ya en la mazmorra final, resultan sobresalientes por la revelación de los motivos ocultos de los protagonistas.

Una construcción ambiciosa del mundo

Quizá la característica más importante de la saga de Link sea su construcción del mundo. Un mundo interconectado, lleno de secretos por descubrir que recompensa a cada paso perdido que demos en una cueva, llanura o montaña inexplorada. Una sensación de descubrimiento, que los angloparlantes llaman “sense of wonder”, cuando nos perdemos intencionadamente y encontramos un lugar que no teníamos marcado en el mapa con un cofre al otro lado de la pantalla. Del mismo modo, la principal fortaleza de Elementallis es la ambición en crear un mundo que se perciba como un laberinto maravilloso donde vale la pena perderse durante horas en busca de un nuevo corazón o coleccionable. Todo rincón del juego esta meticulosamente construido y recompensa cada instante. Siempre hay un nuevo cofre por abrir. Esto hace del juego una experiencia larga con una duración de 15 horas si uno se olvida de perderse por su mundo, y llegando a superar las 20 horas si, como te pide el cuerpo, te desvías continuamente del camino para mejorar la vida, completar el bestiario o conseguir ese coleccionable que muestra más del lore de la historia de tus padres, trágicamente desaparecidos.



El mundo se construye en 8 biomas con 8 templos, uno por cada elemento, junto a una mazmorra opcional. Nuestro objetivo será conseguirlos todos hasta llegar al final de la aventura. Es cierto que al igual que sus referentes esa sensación de libertad no es tal ya que no podremos acceder a un nuevo bioma a no ser que tengamos el elemento que permita superar el obstáculo que abunda en ese nuevo escenario. Por ejemplo, al principio, el juego nos suelta en mitad del bioma de la naturaleza permitiendo ir en todas direcciones. Sin embargo, a poco que andemos por ellas, la mayoría estarán bloqueadas por obstáculos impenetrables como arbustos punzantes que impedirán nuestro avance. Solo un camino se mostrará como el único por el que marchar. En el momento que superemos la mazmorra de turno, con el nuevo elemento en nuestra mano, podremos destruir esa irritante planta de pinchos chamuscándola.

Cada mazmorra, representada con varios pisos, se estructura con el modelo de llaves, puertas y jefe final. En alguna de las habitaciones nos encontraremos alguna puerta cerrada. Por ello, buscaremos en otras estancias esa ansiada llave para la que, normalmente, tendremos que batir a todos los enemigos de la sala o bien superar algún obstáculo utilizando los nuevos elementos que hemos obtenido en la aventura. No hay acertijos como tal, sino que el desafío radica en nuestra habilidad para combatir, movernos rápidamente por la pantalla y entender el mecanismo de los artefactos del mundo (si hay una parcela de tierra podremos plantar una enredadera que nos lleve a un piso superior, si hay un precipicio podremos utilizar el viento para saltar dicho espacio, etc.). Quizá le faltan rompecabezas que te hagan mover el cerebro y que no solo pidan músculo. Hay excepciones claro, como el Templo del hielo con sus bien pensados puzles de empujar piezas por el suelo resbaladizo hasta activar el interruptor o la extraordinaria mazmorra final donde haremos un uso colaborativo de los elementos.



Elemental, querido Link

Dan nombre al juego y buscan ser los protagonistas de la obra. Fuego, agua, hielo, viento, naturaleza, tierra, rayo y uno secreto. Unos elementos que sirven tanto para el combate como para sortear obstáculos expresamente diseñados para cada uno. A ello unido, nos encontramos un mundo sistémico donde podemos hacer arder toda una parcela del bosque – literalmente – con solo una bola de fuego o provocar un chispazo si tiramos agua a un brote de electricidad. Todo está configurado para que apretemos el botón elemental y veamos si ocurre algo a continuación. No reinventa nada ni es la primera vez que se utilizan en un juego del género, pero lo hace con acierto gracias a equipar cada elemento de forma intuitiva. Esto es gracias a su interfaz sencilla basada en pulsar un botón para abrir una rueda donde seleccionaremos el elemento que queremos utilizar. Así de sencillo. Así de eficaz. El tiempo de juego en ese momento se ralentizará permitiendo unos segundos para poder cubrirnos de un ataque o activar rápidamente un mecanismo que necesita de otro elemento.

Lejos de parecer complejo, no hablamos de un juego difícil gracias a una curva de dificultad bien marcada, donde cada templo nuevo supone un reto un pelín superior al anterior hasta llegar a lo que es seguramente el mejor momento del juego: la mazmorra final. Una mazmorra que nos pedirá el uso de todos los elementos en sus salas e, incluso, de forma colaborativa entre ellos. Algo que apenas se había exprimido a lo largo de la aventura, llegando a crear puzles desafiantes que piden cerebro y habilidad a partes iguales. En momentos como este, Elementallis se pone con un pie al frente de otros juegos de su género. Lo que deja la duda de hasta donde podría haber llegado si hubiera apostado más por estos desafíos a lo largo de todas sus mazmorras.



Conclusión

The Legend of Zelda: A Link to the Past es uno de los mejores videojuegos de la historia. No es para menos. Llevó a la excelencia la idea de aventura del primer Zelda gracias a la construcción de un vastísimo mundo interconectado que recompensaba perderse en él, unos objetos bien diseñados que daban una sensación de mejora continua y una música celestial que ha acompañado a la saga desde entonces. Elementallis recoge esa receta, la respeta y sustituye objetos por elementos para darle un nuevo sabor. Tarea nada sencilla que supera con creces donde el homenaje se respira desde el menú de entrada hasta los créditos finales, desde el despertar del héroe en su cama hasta vencer al villano inesperado. Nos retrotrae al pasado con pinceladas modernas, no muchas, sino las suficientes para no romper la receta. Si bien no sé si es el mejor “zelda like” de vista cenital jamás hecho, lo que no deja dudas es que si hubiera existido en otra dimensión un A Link to the Past 2 tendría por nombre Elementallis.

Versión analizada en PC (Steam). Copia digital proporcionada por AnKae Games

Análisis de Elementallis para PC: Análisis de Elementallis – La evolución natural de The Legend of Zelda: A Link to the Past
Análisis de Elementallis para PC: Análisis de Elementallis – La evolución natural de The Legend of Zelda: A Link to the Past
Análisis de Elementallis para PC: Análisis de Elementallis – La evolución natural de The Legend of Zelda: A Link to the Past
Análisis de Elementallis para PC: Análisis de Elementallis – La evolución natural de The Legend of Zelda: A Link to the Past
Análisis de Elementallis para PC: Análisis de Elementallis – La evolución natural de The Legend of Zelda: A Link to the Past
Análisis de Elementallis para PC: Análisis de Elementallis – La evolución natural de The Legend of Zelda: A Link to the Past
Análisis de Elementallis para PC: Análisis de Elementallis – La evolución natural de The Legend of Zelda: A Link to the Past
Análisis de Elementallis para PC: Análisis de Elementallis – La evolución natural de The Legend of Zelda: A Link to the Past

Alternativas
Claramente sus referentes de la saga The Legend of Zelda: A Link to the Past, Link’s Awakening y Minish Cap. Como juego indie estaría Tunic cuyo valor diferenciador es su combate tipo souls.
Su construcción del mundo que genera la tan ansiada “sensación de exploración”. Música sublime.
Falta de rompecabezas que te hagan comerte la cabeza
Un juego de aventuras excelente al estilo clásico de 8 y 16 bits con una construcción de mundo que deja con la boca abierta
Para poder aportar cualquier tipo de contenido a uVeJuegos.com necesitas estar registrado y además haber iniciado sesión.

Elige lo que quieres hacer:

×