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Hail and Kill
PC PlayStation 4 Stadia Xbox One

Hail and Kill

El infierno se abre ante nosotros y nos ofrece la más grande sangría demonico-festiva que recuerdan nuestros cansados ojos.

Por Juan Emilio Palomino González,
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Versión analizada Xbox One X. Copia digital proporcionada por Bethesda.


Que id Software no se encargase del desarrollo de Rage 2, una de sus series más importantes, tenía su explicación. Estaban dándolo todo en Doom Eternal. Y ahora todo tiene sentido. Han cogido a su niño bonito, lo han vestido con sus mejores galas (id Tech 7) y lo han lanzado a todos los sistemas posibles. Mientras esperamos la fecha y detalles del estreno en Switch, el juego se estrena en PC, Xbox One, PlayStation 4 y Stadia en honor de multitudes. En cuanto al argumento se refiere, no es que la trama no tenga ni pies ni cabeza, es que no nos importa. Las horribles criaturas procedentes del infierno más detestable del espacio han llegado a nuestro planeta con la idea de arrasarlo por completo y el “Doom Slayer” que encarnamos está loco de contento porque va a barrer el suelo con piel de demonio. Arrasar su infierno, nosotros somos los monstruos con lo que ellos tienen pesadillas. Porque nuestro protagonista igual le arranca la cabeza a uno de los sacerdotes paganos que controlan las hordas demoniacas que visita planetas para localizar objetos árcanos que le ayuden en su tarea... pero todo eso da igual, porque aquí no importa la meta, importa el camino. Y ese camino es el triple de largo que el que disfrutamos en el Doom de 2016 y el doble de variado en cuanto a enemigos o escenarios se trata.

Doom apostó por una jugabilidad “hacia adelante”, a todo trapo, en la que siempre debemos estar en movimiento para no caer en las primeras de cambio bajo el fuego enemigo y con la idea de que las ejecuciones al dejar a los enemigos al borde de la muerte nos bonifican para salir airosos en las peores situaciones. Si los juegos de Platinum Games son coreografías de combos, las dos entregas de Doom son los 110 metros valla mientras volamos cabezas con una escopeta recortada. Puede que algunos piensen que no hay mucho más que hacer en Doom que disparar al ritmo de una banda de Death Metal, pero sería un error simplificarlo de esa forma. Vale que no hay puzles ni elaboradas secciones de plataformas (un poquito sí que hay) que espacien los tramos con tiritéis, pero esa acción tan directa es la que iD Software ha querido para su juego y lo cierto es que lo han bordado.

Lo de la espada da para crossover con Soul Calibur, Jedi Fallen Order o For Honor.


Todo eso está muy bien pero ¿en qué cambia respecto al juego de 2016? La verdad es que en nada, ambos juegos son ejemplos claros de acción brutal descarnada, pero Doom Eternal refina todo ese caudal de sangre y plomo hasta la extenuación. Todo parece más grande, más excesivo, más rápido. No es que el anterior juego tuviera fallos flagrantes, pero sí que había cosas que debía mejorar o detalles que no estaban pulidos del todo. Si ir más lejos, la exploración de los escenarios terminaba por ser un poco cansina ya que había demasiados coleccionables y buscar los que nos habíamos dejado atrás no resultaba nada reconfortante. Ahora, instantes antes de llegar al final podremos usar un viaje rápido a cualquier zona visitada para recorrer las cosas pendientes sin tener que recorrer todo el nivel de forma infructuosa. Hasta eso han pulido para que el juego sea perfecto.

Repite el "tambaleo" de enemigos, esa mecánica de que cuando tenemos un demonio a punto de caramelo comienza a parpadear para que lo ejecutemos con un golpe cuerpo a cuerpo a cambio de munición y energía. O esa de que cada arma tiene dos modificadores de ataques especiales que multiplican nuestro potencial de fuego. A estas mecánicas sumamos habilidades que se regeneran con el tiempo como si de un juego de rol de acción se tratase, como el lanzallamas que provoca que los enemigos suelten armadura mientras arden o las granadas que dañan amplias zonas con su explosión. También se ha potenciado el desarrollo de nuestro "Slayer", conforme superamos niveles ganaremos armas, runas que aumentan nuestros movimientos, modificadores para las armas, potenciadores para esos modificadores y aumentar los niveles de salud, armadura y munición. En realidad, llega el momento en el que nos perderemos un poco entre tantas variantes y posibilidades, con evolucionar a nuestro personaje conforme encontremos las mejoras y nos asalten los menús iremos sobrados.
Análisis de Doom Eternal para XONE: Hail and Kill
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