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¡Democracia real ya!
PC PlayStation 3 Xbox 360

¡Democracia real ya!

Nos enfrentamos al enmascarado de Arkane para conocer la verdad tras Dishonored.

Por Rodrigo Aliende,
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La campaña navideña cada vez está más cerca y eso se nota, porque los títulos más importantes comienzan a aparecer, los conocidos como candidatos a juego del año. La trayectoria del estudio francés de Arkane no es muy brillante y, menos aún, larga. Sin embargo, han conseguido captar la atención de muchos usuarios con Dishonored. Hemos pasado unas cuantas horas por la ciudad de Dunwall, entre ciudadanos infectados de peste y conspiradores ansiosos de poder, y os contamos cómo ha sido la experiencia.

Dishonored nos pone en la piel de Corvo Attano, el guardaespaldas personal de la emperatriz, quien había ido al extranjero en busca de una cura para la peste que afecta gravemente a la población de Dunwall. En su regreso, la traición cae sobre él y es acusado de asesinar a la mismísima emperatriz. A partir de entonces, el nuevo lord Regente se hace con el poder y establece un gobierno dictatorial, con Corvo encarcelado. Éste recibe de un extraño personaje, casi parte de una religión, unos poderes sobrenaturales que le permiten realizar acciones extraordinarias. El siguiente paso es reunirse con un grupo de conspiradores que planean derrocar al actual gobernador y colocar en el trono a Emily, la hija del emperatriz.

Al encontrarnos con un juego tan trabajado artísticamente, esperábamos lo propio en su guión. Sin embargo, en este aspecto peca de ser muy plano y simple, sin apenas sorpresas. Básicamente, se centra en la serie de asesinatos políticos que tienen que realizar para llegar hasta el trono, muy parecido a la dinámica de Assassin's Creed.

Lo primero que hacemos nada más empezar es preguntarnos si esto de la primera persona va a resultar a la larga incómodo o no. La verdad es que en un principio choca, pero no tardamos en acostumbrarnos. Eso sí, hay situaciones algo extrañas, como asomarnos por las esquinas y que los enemigos no nos vean a pesar de que estamos claramente expuestos. Los combates tampoco suponen un problema para este tipo de vista.

Dishonored hace uso de las dos manos del protagonista, al igual que en BioShock, sólo que aquí sólo cambiamos lo que llevamos en la mano izquierda. En la derecha siempre llevamos nuestra fiel espada, útil tanto para el combate abierto como para rajar algunos cuellos. Con la ayuda de las runas que hay esparcidas por todos los lugares, adquirimos nuevos poderes y los mejoramos. El primero (y obligatorio) que obtenemos es el llamado "guiño". Con una simple pulsación de gatillo, nos teletransportamos hasta el lugar que estamos mirando. Esta forma de moverse repercute enormemente en la forma de afrontar las misiones y la forma de ver el propio escenario. Una columna, una tubería o una terraza en lo alto no son simples elementos decorativos, sino posibles rutas por las que continuar.

Sin duda, una de las mayores virtudes de Dishonored es la cantidad de formas de afrontar una misma situación y los poderes son la causa principal. El guiño es uno de ellos, como ya hemos explicado, pero hay más: la posesión nos permite tomar el control momentáneamente de un animal (léase rata o pez) o incluso de una persona si lo mejoramos; el ralentí hace que el tiempo vaya más lento llegando a pararse; la visión tenebrosa nos da la capacidad de ver a través de paredes y resaltar a los enemigos y los objetos importantes...
Análisis de Dishonored para PS3: ¡Democracia real ya!
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