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Análisis de Disgaea 7, la nueva entrega del RPG táctico más infernal y adictivo
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Análisis de Disgaea 7, la nueva entrega del RPG táctico más infernal y adictivo

Nippon Ichi Software continúa su senda de sofisticación e ideas locas con un nuevo Disgaea, esta vez ambientado en un Japón medieval demoníaco

Por Andrés JC,
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Nippon Ichi Software, la "compañía con el récord Guinness de publicar más SRPGs" quizá tiene un público pequeño, pero no por ello menos leal. Su serie Disgaea, que ya ha recorrido con orgullo cuatro generaciones de consolas, también portátiles y smartphones, ahora recibe una nueva entrega que pretende continuar el legado. Lo hace tras el resultado un poco amargo de Disgaea 6, que parecía perder el foco con algunas decisiones jugables poco eficaces. Es delicado tocar demasiado una fórmula tan especial como Disgaea, que toma los fundamentos del RPG táctico, pero los manipula de forma tan drástica que el equilibrio es complicado. Disgaea 7 recupera la firmeza y al mismo tiempo, continúa con el tono absurdo y las ganas de dar poderes inconmensurables al jugador.

Hinomoto, un Japón fantástico y chorra

Disgaea 7 recurre al tópico, tan utilizado por desarrolladores japoneses, de ambientar la historia en un mundo con referencias explícitas a la historia japonesa, al legado samurái y su cultura ancestral. Lo han hecho Onimusha, Sekiro, Like a Dragon, Ghost of Tsushima, Samurai Shodown... pero el carácter de Disgaea 7 es especial, como siempre, todo está bañado por el humor absurdo que tanto le gusta a Nippon Ichi. Los personajes siempre tienen un reverso cómico, sean protagonistas, secundarios, antagonistas o cualquiera que pasa por ahí; la historia no tiene demasiado sentido, y se mofa a menudo de los clichés del manga. Porque manga aquí tenemos para rato, pero nunca se toma demasiado en serio a sí mismo.



El protagonista, Fuji (como el corazón de Japón, el monte Fuji) es un demonio muy en la línea de otros protagonistas de la serie, alérgico a la bondad y la empatía: cada vez que uno de sus compañeros demuestran preocupación por el prójimo le hacen vomitar sangre. En la aventura principal de Disgaea 7, varios personajes de este Japón fantástico se unirán para detener al malvado Demmodore Opener, que si estamos un poco avispados, se trata de nuevo de otra imaginativa aproximación a la historia japonesa: es el Comodoro Perry, aquel que desembarcó en las islas niponas en el siglo XIX demandando la apertura de fronteras. Esta historia manipula varios eventos históricos de forma hilarante, una de mis ideas favoritas es el personaje Yeyasu, shogun que intenta luchar para mantener el poder, y por supuesto es de nuevo una caricatura del primer shogun Tokugawa, de nombre Ieyasu. Estos personajes toman su forma "chibi" cuando entran en el combate, como de costumbre.

«Conforme alcanzamos el capítulo 3 (de los 15 que hay en la historia) empiezan a aparecer modos alternativos que nos permiten llegar hasta las estrellas con nuestro equipo de personajes»


Cualquier veterano de la serie sabe lo que va a encontrar aquí. Al principio, la progresión es muy lenta, al empezar la aventura este no es más que un RPG táctico normal y corriente con sus distintas clases y evolución lineal. Conforme alcanzamos el capítulo 3 (de los 15 que hay en la historia) empiezan a aparecer modos alternativos que nos permiten llegar hasta las estrellas con nuestro equipo de personajes. El Item World, donde podemos acudir a mazmorras autogeneradas, ha sido revisado ahora y nos permite mejorar ítems, subir cientos (o miles) de niveles al mismo tiempo que potenciamos una pieza de equipo. Solo hay tres rangos de Item World, de 10, 20 y 30 plantas, lo que simplifica mucho la tarea de completarlos y hace la tarea menos agotadora. También tendremos a nuestra disposición varias opciones para personalizar absolutamente todo: desde las habilidades de cada personaje, los rasgos, clases, e incluso un menú de trucos, que permite alterar decenas de parámetros del juego.



Toda esta personalización es una de las grandes características de distingue a la serie, y en particular a Disgaea 7 del resto. Llegado a cierto punto, el jugador ya no solo tiene que dominar el juego, también es capaz de dominar el metajuego, y cambiar las reglas a su beneficio para poder "romper" el juego como desee. Por supuesto hay ciertos límites, pero si quieres sacarle 200 niveles a los enemigos, puedes hacerlo sin demasiado esfuerzo. Ahora bien, tarde o temprano los enemigos te volverán a alcanzar, y tendrás que ingeniártelas no solo para subir niveles, sino para hacerlo de la forma más efectiva y eficiente, algo que solo es posible si se interiorizan correctamente los conceptos del juego.

«Llegado a cierto punto, el jugador ya no solo tiene que dominar el juego, también es capaz de dominar el metajuego»


Una de las nuevas características de Disgaea 7 es la posiblidad de usar la Jumbification, que es como la habilidad Hell introducido en la entrega previa. Si el Hell convertía a nuestro personaje en una bestia con ataques muy poderosos, el Jumbification directamente lo transforma en un gigante, colocado en un extremo del mapa, capaz de dar puñetazos con un área de efecto inmensa y muchísimo poder de ataque. Estas dos opciones permiten solucionar muchos mapas de forma rápida y gratificante, porque si algo hay en Disgaea 7 es eso: resulta increíblemente gratificante superar los retos que nos pone delante de formas que parecen tramposas, pero son totalmente legales. Eso sí, tarde o temprano, el propio juego nos va a contraatacar con las mismas tácticas, así que más vale estar preparado. Otra alternativa es acudir al nuevo modo online, donde desafiar a otros jugadores, una nueva función en la saga que resulta más una curiosidad que un modo realmente competitivo.



Esta vez, no es posible dejar que la IA juegue por nosotros más allá de los capítulos de la historia que ya hemos completado, atajando así una de las decisiones más extrañas de Disgaea 6, que permitía activar el modo automático en muchas ocasiones y eliminar la necesidad de interactuar. En cualquier caso, una vez pasados los primeros niveles, el juego siempre permite explotar sus sistemas para reducir la dificultad al mínimo. Esto es bueno y malo a la vez, como pasa en las entregas previas: es divertido ponerse metas difíciles e intentar superarlas, o arrasar por los mapas con la dificultad al mínimo y unidades superpoderosas; también resulta algo insípido saber que la dificultad no existe realmente, ya que está todo en nuestras manos y no estamos superando el reto que el creador propone. Esta es la espada de doble filo que, a mi juicio, ahora es todavía más afilada. No es hasta que llegamos a las instancias más tardías del juego, tras ver los créditos, cuando los enemigos son mucho más difíciles de alcanzar.

«Es divertido ponerse metas difíciles e intentar superarlas, o arrasar por los mapas con la dificultad al mínimo y unidades superpoderosas»


En términos generales, cualquier jugador con gusto por RPGs tácticos va a encontrar aquí una ingente cantidad de detalles con los que experimentar. Mi protagonista siempre ha sido el personaje más fuerte, he multiplicado su ataque todo lo que he podido a través de equipamiento, rasgos, habilidades y muchas cosas más, y es un subidón de endorfinas ver cómo destruye a los jefes más poderosos; mientras tanto, uno de los personajes que me había creado al principio, pensado para curar al equipo, lo fui mejorando para adquirir magias de ataque, y más tarde usé la opción de Reencarnación para resetear su nivel y cambiar de clase. Esta opción da un poco de vértigo si no sabes lo que haces, pero al dominarla, descubres que permite multiplicar las opciones de crecimiento del personaje, de modo que puedes crear unidades ultrapoderosas en varios campos. Tras dedicar varias horas de juego a aprender sus técnicas, a derrotar enemigos de todo tipo y confeccionar cuidadosamente sus parámetros, podía hacer frente a unidades enemigas muy superiores y seguir creciendo aún más rápido de nivel. Es una dedicación un tanto obtusa, ya que son personajes genéricos que se pueden crear sin límite, y sin embargo, el proceso es tan divertido que motiva a seguir en él.

Hay que tener claro que Disgaea 7 es un juego exageradamente continuista. Los nuevos añadidos son pequeños, el rediseño de algunas mecánicas es bienvenido y el aspecto visual ha mejorado, asentando el 3D de la anterior entrega. Para todo lo demás, los fundamentos siguen siendo exactamente los mismos, la experiencia de juego es casi idéntica y los riesgos que ha corrido Nippon Ichi son mínimos. Continuar esa franquicia es tarea difícil, al ser una propuesta tan específica dentro del género, y ofrecer un enfoque que pocos han llevado a cabo. En ese aspecto, se echa en falta más ambición, ya sea a través de un argumento más absorbente, diálogos con mayor presencia más allá de imágenes estáticas o cambios más profundos en la jugabilidad. Una asignatura todavía pendiente: el juego no está traducido al español.

Un estandarte de su propio estilo

Alto y claro: Disgaea 7 es más Disgaea, enmendando algunos tropiezos previos, con pequeños añadidos que potencian lo que mejor sabe hacer Nippon Ichi: dar rienda suelta al jugador para que haga malabares con el sistema de juego, y se divierta experimentando con todas las opciones de personalización que hay. En muchos aspectos, se mantiene fiel a la fórmula clásica de la serie, que garantiza decenas de horas de adicción hasta alcanzar los mayores retos del juego. Esta fidelidad también lo hace menos interesante de lo que podría ser, al final es difícil destacar esta entrega por encima de otras.

Jugado en PS5. Copia digital proporcionada por Bandai Namco.




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Alternativas
Tactics Ogre Reborn, Wargroove 2
La historia principal es irreverente y con mapas divertidos. Altísima personalización del metajuego.
Sigue en los mismos esquemas desde la época de PS2. La curva de dificultad es muy irregular.
Una octava entrega de Disgaea que a pesar de los años sigue ofreciendo un desafío táctico único, sin abandonar el tono humorístico que le caracteriza
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