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¡A mí no me gana ningún orejas picudas!
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¡A mí no me gana ningún orejas picudas!

Deep Rock Galactic, la ópera prima de Ghost Ship Games, se destapa como un emocionante y adictivo shooter en primera persona que combina la acción con la cooperación online y la recolección.

Por Sergi Bosch [@GriffithDidNW],
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Un mero vistazo a la lista de títulos más populares en las plataformas de retransmisión en directo basta para hacerse una idea, si bien algo superficial, de cuáles son las tendencias que imperan en la actual industria de los videojuegos. Es fácil, por tanto, rastrear la evolución de los géneros, el impacto que generan en sus comunidades, y ver la danza de sucesivas modas en las que nos hemos instalado todos como jugadores; no obstante, determinar cómo cambia la industria en sí en base a estos síntomas nunca es tan sencillo, y no son pocas las casualidades y las apariciones emergentes que nos recuerdan que no todo puede ser simplemente pronosticado. Desde luego, eso no es óbice para que debamos atender a los indicios; sirva, como ejemplo, la otrora incombustible popularidad del subgénero moba, ahora ciertamente aterido por la abrumadora profusión de battle royale, o, incluso, por la mera revalorización del shooter online clásico, parcialmente rescatado por un Valorant que ha cimentado su mayor ingenio en seguir la estela de la tradicional y legendaria franquicia Counter Strike. Ahora bien, Deep Rock Galactic no se enmarca en ninguno de estos estratos del juego en línea, sino que busca su propio lugar en él; en las siguientes líneas trataré de contarte lo mejor posible qué es lo que ofrece el título de Ghost Ship Games, pero ya te puedo adelantar que viene con una ingente cantidad de horas bajo el brazo y diversión a raudales. Análisis de Deep Rock Galactic.

Alien, el cuarto minero

El esquema que nos propone Deep Rock Galactic es bastante sencillo; a fin de cuentas, funciona como un cooperativo online -puede jugarse en solitario, pero no es recomendable-, con perspectiva en primera persona, que pone un enorme énfasis en la recolección de minerales, así como de distintos elementos del submundo alienígena, en una buena variedad de entornos subterráneos del planeta Hoxxes, un páramo de ceniza incandescente en el que solo los enanos más sobrados se atreven a operar. Hay nueve biomas distintos en este extraño rocoso del espacio exterior, y cada uno de ellos evidencia sus propias características fundamentales; no solo tienen repercusión en un más que decente apartado artístico, sino que el ámbito jugable también se ve enriquecido por esta variedad de localizaciones. Así, pasamos de, por citar uno, la etérea luminiscencia de las cavernas cristalinas, a la densidad fúngica y sobrecogedora de las ciénagas de hongos, ambas con, en general, distinta biodiversidad y una abundancia específica de materiales que prospectar, amén de unas características del terreno que cambian nuestra interacción con el mundo -véase distinta verticalidad, la presencia de elementos potencialmente dañinos, etc.- Eso sí, el título consigue un gran equilibrio en la sensación desafío-recompensa, y plantea todas las virtudes de sus escenarios en torno a la rejugabilidad, algo que siempre es de agradecer.

Al incluir cronómetros para las misiones y un elevado nivel de dificultad, el título también tiene ciertas influencias del survival, aunque sin su gravedad de castigos y su exigencia.

Sin embargo, es innegable que incluso este ejercicio de exploración está subordinado a la minería, que se establece, sin lugar a dudas, como la parte nuclear de la fórmula, lo que a la larga puede dar una sensación de tautología, de repetición de patrones. Eso no implica que no haya otras actividades, ya que también tendremos acceso a misiones de exterminación, de rescate, de extracción, o de recolección de huevos de larvas extraterrestres -sin duda una aventura viscosa y extrañamente satisfactoria-, pero la prospección de elementos siempre está ahí, ocupando una importante función a nivel holístico, y haciendo las veces de nexo entre las distintas mecánicas. En este sentido, considero que es bastante significativo el hecho de que su interesante sistema de clases -dividido en explorador, ingeniero, artillero y excavador- contemple unas categorías de personajes que, en mayor o menor medida, son de por sí aptos para la tarea de minar estas recónditas cuevas de realidad lejana. Además, las distintas clases presentan un buen nivel de personalización, tanto estética como jugable, lo que permite que el jugador se adapte mejor a los distintos entornos, y también aporta cierta satisfacción cuando por fin encontramos esa configuración que más casa con nuestro estilo de juego. Ser un enano no es fácil, pero oye, mira qué barba llevan; al menos contaremos con la ayuda de nuestra mula, una suerte de robot de carga, y de Bosco, un androide que nos acompañará únicamente cuando juguemos en solitario.

El funcionamiento de todos, en cualquier caso, mejora con la cooperación entre jugadores, especialmente cuando los cuatro puestos del equipo están ocupados -a pesar de que se puede jugar en solitario, en modo enano anacoreta-, ya que las clases se complementan realmente bien; Deep Rock Galactic es, en esencia, uno de esos títulos que se disfrutan más en compañía de amigos, cuando las altas horas de la madrugada dan lugar a aventuras y desventuras a veces descabelladas, pero siempre intensas, en un mundo desconocido. Las interminables e impredecibles hordas de artrópodos y demás inmundos vertebrados alienígenas verdaderamente contribuye a la tensión, en tanto en cuanto plantean encuentros que ayudan a mantener el ritmo de la partida y ofrecen una complejidad in crescendo, más aún cuando aumentamos el nivel de dificultad. Hay bastantes tipos de enemigos -si bien los más comunes evidentemente se repiten-, e incluso hay algunos encuentros especiales que funcionan como una suerte de jefe final, generalmente relativos a una zona concreta. Eso sí, sin duda el punto álgido de la experiencia se sufre y se disfruta cuando el cronómetro de la misión está en sus últimos compases, y debemos apurarnos para la extracción del equipo, momento en el que se desata una plétora de enfrentamientos, una miríada de túneles sin sentido, y, en general, muchas risas y grandes momentos. No está exento de cierta dificultad, y a veces puede llegar a resultar estresante o excesivamente premeditado e injusto, pero está claro que plantea unas bases para que las bondades del título brillen todas al unísono.

Evidentemente, hay diversidad de armamento; algunas piezas de equipo tienen efectos increíbles, aunque están ligadas a una de las cuatro clases disponibles.

El apartado audiovisual, por otro lado, destaca más por sus tonalidades y su fluidez que por el número de polígonos que pone en pantalla; el mundo de Deep Rock Galactic, al igual que el del influyente y ya mítico Minecraft, funciona, en cierto modo, a través de grandes grupos de texturas. Es más apreciable cuando hacemos uso del pico y de nuestro talento minero innato, ya que las galerías y los pozos se abren con formas cuadradas o rectangulares, pero también cuando abatimos a algún enemigo, e incluso al mirar al rostro de otro personaje. No obstante, esto no supone ningún impedimento para que los efectos de luces y las partículas hagan efectivos actos de aparición, y aunque no revoluciona nada, ni se ve realmente increíble, el resultado final cumple con lo que se propone: ser pintoresco y correr de manera fluida. En cuanto al audio, grandes efectos, buenas voces en inglés -cuenta con textos en español- con frasecitas ingeniosas incluidas, y una música que a la larga pasa sin pena ni gloria. No se puede tener todo.

Si bien hay algo de personalización cosmética, se trata más bien de un sistema que hace énfasis en lo jugable, y que nos insta a recolectar determinados minerales para progresar. No es muy sutil, pero funciona bien.


Conclusiones

Lo mejor de Deep Rock Galactic es que es totalmente fiel a sus ideas; plantea un título cooperativo de recolección de minerales, con ciertos componentes de shooter en primera persona, y una lista de misiones que amenaza la infinitud, y eso es precisamente lo que consigue. A pesar de ello, no es perfecto, ya que a la larga se vuelve fácilmente repetitivo, y tampoco es para todos los jugadores, ya que demanda cierta sintonía con sus mecánicas y una buena predisposición a invertir horas en él, pero sus virtudes de multijugador triunfan cuando se juega con amigos. Es un auténtico pozo de horas, de sonrisas, y de pequeñas frustraciones que llevan a arrebatos insecticidas, pero ahí está la gracia; siempre en compañía. Y siempre entre enanos, claro está.

Redactado por Sergi Bosch (Elite)

Análisis de Deep Rock Galactic para PC: ¡A mí no me gana ningún orejas picudas!
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Cooperar con amigos. Buena curva de dificultad. Realmente intenso. Los biomas. El humor.
Puede volverse repetitivo conforme pasan las horas. Pierde mucho en solitario.
Aunque a la larga le falta cierta variedad jugable, la propuesta de Deep Rock Galactic es tan divertida como descarada. Una maravilla en cooperativo.
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