PlayStation 3
A la tercera ya es necrofilia
La tercera entrega de Dead Space 3 sigue los mismos esquemas reforzados por el multijugador cooperativo.
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El de Dead Space es el caso de un third-person shooter con tintes de terror de entrega bianual. Lejos de ser uno de los fundadores del género en esta generación (ese mérito le pertenece probablemente a Gears of War y Tom Clancy's Ghost Recon) o de haber innovado sobre la base de éstos, merece la pena tenerlo en una posición privilegiada. No es un juego terrorífico, ni tampoco tiene un argumento destacable; aprovecha otras bazas. Su potente ambientación de soledad en el espacio, o la peculiar imaginación de la que han salido los enemigos y la tecnología conforman un universo más que interesante, jugablemente hablando.
Dead Space 3 toma casi todo de los dos anteriores. En un esfuerzo de Visceral Games por continuar una serie con una personalidad muy acotada, y al mismo tiempo ofrecer suficientes novedades, esta tercera entrega se perfila como una continuación gráfica y jugablemente idéntica. Su añadido más representativo es el multijugador cooperativo, que pretende reforzar la experiencia de combatir la amenaza necromorfa junto a un amigo. ¿Funciona este cooperativo? ¿Y si quiero jugar yo solo, merece la pena? Sigue leyendo para comprobarlo.
El argumento de Dead Space 3 es también continuista. La primera entrega, pese a tener una trama discreta, funcionaba a las mil maravillas y reforzaba la ambientación. Nos metía de lleno en una nave espeluznante, extraña. Llena de enemigos repugnantes y con un protagonista misterioso, en cierto modo atractivo, que vestía una indumentaria peculiar. En la segunda parte, decidieron que tenían que meter una trama estereotípica, estropear al protagonista dándole una personalidad sosa y aburrida, para conseguir un argumento totalmente olvidable. Dead Space 3 continúa, por desgracia, con lo que hacía el segundo. Isaac Clarke es un personaje pasivo, aburrido, antes de que abra la boca ya sabemos lo que va a decir. Y no dice nada particularmente interesante.
Así pues, todo vuelve a girar en torno a las efigies. Se ha formado una secta en torno a ellas que amenaza la humanidad, y dado el historial de Isaac Clarke, él vuelve a ser otra vez la pieza de puzle necesaria para arreglar todo el desaguisado. Isaac, el pobre Isaac, no quiere meterse en más líos, pero Ellie Langford, la única persona que parece apreciar Isaac, lo que le motiva para seguir la misión. Una misión que no emprenderá él sólo, sino acompañado de una serie de personajes que, en primera instancia parecen interesantes, pero luego terminan siendo personajes vacíos y sin ningún interés.
Dead Space 3 toma casi todo de los dos anteriores. En un esfuerzo de Visceral Games por continuar una serie con una personalidad muy acotada, y al mismo tiempo ofrecer suficientes novedades, esta tercera entrega se perfila como una continuación gráfica y jugablemente idéntica. Su añadido más representativo es el multijugador cooperativo, que pretende reforzar la experiencia de combatir la amenaza necromorfa junto a un amigo. ¿Funciona este cooperativo? ¿Y si quiero jugar yo solo, merece la pena? Sigue leyendo para comprobarlo.
El argumento de Dead Space 3 es también continuista. La primera entrega, pese a tener una trama discreta, funcionaba a las mil maravillas y reforzaba la ambientación. Nos metía de lleno en una nave espeluznante, extraña. Llena de enemigos repugnantes y con un protagonista misterioso, en cierto modo atractivo, que vestía una indumentaria peculiar. En la segunda parte, decidieron que tenían que meter una trama estereotípica, estropear al protagonista dándole una personalidad sosa y aburrida, para conseguir un argumento totalmente olvidable. Dead Space 3 continúa, por desgracia, con lo que hacía el segundo. Isaac Clarke es un personaje pasivo, aburrido, antes de que abra la boca ya sabemos lo que va a decir. Y no dice nada particularmente interesante.
Así pues, todo vuelve a girar en torno a las efigies. Se ha formado una secta en torno a ellas que amenaza la humanidad, y dado el historial de Isaac Clarke, él vuelve a ser otra vez la pieza de puzle necesaria para arreglar todo el desaguisado. Isaac, el pobre Isaac, no quiere meterse en más líos, pero Ellie Langford, la única persona que parece apreciar Isaac, lo que le motiva para seguir la misión. Una misión que no emprenderá él sólo, sino acompañado de una serie de personajes que, en primera instancia parecen interesantes, pero luego terminan siendo personajes vacíos y sin ningún interés.




