PlayStation 4
Xbox One
Zombis consumistas
Frank West es un fotógrafo en mitad de un holocausto zombie, ésta es su historia.
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Versión analizada Xbox One. Copia digital facilitada por Koch Media.
La verdad es que ya estamos saturados de zombis. Series, películas, libros, videojuegos... la muerte camina por todos los medios de ocio posibles. Y nosotros encantados. Por lo menos cuando tenemos productos de calidad que crean tendencia. De eso va Dead Rising, juego de acción y supervivencia de Capcom que se desmarcó por completo de la marca Resident Evil cuando se estrenó en exclusiva en Xbox 360. El juego de Inafune, el creado por la propia Capcom antes de que Blue Castle Games (ahora Capcom Vancouver) se encargase de la segunda parte, era un homenaje al Dawn of the Dead de George A. Romero (luego llegarían Zack Snyder y James Gunn con el remake). El excesivo consumismo que vive nuestra sociedad, la miseria de las personas y la histeria colectiva se confabulan tanto en ambas película como en este interesante videojuego.
Frank West es un corresponsal de guerra, un fotógrafo capaz de jugarse el pescuezo por la exclusiva más importante de su carrera. La noticia está en los disturbios que se producen en el pueblecito de Willamette, en Colorado. Un brote vírico termina por encerrar dentro del centro comercial de la localidad a los pocos supervivientes que quedan, hecho que incita a Frank a saltarse el cordón de seguridad impuesto por la Guardia Nacional y aterrizar en un helicóptero en el tejado del mismo. El periodista tendrá 72 horas antes de que vuelvan a recogerlo con el suficiente material gráfico como para desvelar todo lo que se cuece en este asunto.
El juego busca poner en apuros al jugador constantemente. La estructura de juego abierto se encorseta dentro de casos que solamente estarán disponibles durante un tiempo determinado, con multitud de acciones secundarias programadas para que perdamos el tiempo y no podamos cumplir nuestros objetivos. Fotografiar los momentos más sangrientos, rescatar a los rehenes llevándolos de la manita o sobrevivir a los supervivientes que han perdido la razón dentro de este caos (los conocidos "psicópatas" que ejercen casi como enemigos finales) son entretenimientos mortales tanto para nuestra salud como para el tiempo que tenemos para completar nuestras tareas.
En realidad el secreto de todo esto está en pasarse el juego una vez, memorizar todo lo que se pueda (cuartos de baño para guardar la partida, conocer los atajos para movernos y los lugares en las que se ocultan las armas más importantes) y subir de nivel al bueno de Frank al máximo, para que su capacidad de llevar objetos y su barra de vida nos permitan una segunda vuelta en la que cumplir todo lo que se nos plantea. La gracia de Dead Rising reside precisamente en perder el tiempo, en entrar en cada establecimiento y travestirnos con todo lo que el juego acumula para tal efecto. Eso lo consigue con maestría y logra transmitir esa idea de que casi todas las cosas que nos rodean son superfluas, son banales cuando lo que importa es nuestra propia supervivencia.
La versión que llega ahora a PlayStation 4 y Xbox One no está hecha desde cero con nuevos modelados y nuevos efectos. Está adaptada para que se vea a 1080p, con una tasa constante de 60 imágenes por segundo, lo que provoca que el juego resulte muy fluído y más jugable. Frank no es un prodigio de agilidad, sobre todo durante los primeros compases , por lo que este aumento se nota considerablemente. Atentos a "Justified", la canción de los créditos finales.
Hay juegos que envejecen mal, que sus rutinas se quedan desfasadas en el tiempo. A Dead Rising le pasa lo contrario. Es un juego áspero y difícil, pero en cuanto se entiende que no podemos abarcarlo todo en una sola partida y nos dejamos llevar por esa sensación de agobio, de dificultad desmedida al más propio estilo Souls (la serie que ha demostrado que se puede pasarlo bien mientras lo pasamos mal), nos encontramos con un título original en su planteamiento y bien ejecutado. Luego perdería enjundia, cambiaría el espíritu de la serie con armas imposibles y enemigos por centenas como si fuera un Musou, pero el primero, éste que nos ocupa, es toda una delicia para los paladares más exquisitos.
La verdad es que ya estamos saturados de zombis. Series, películas, libros, videojuegos... la muerte camina por todos los medios de ocio posibles. Y nosotros encantados. Por lo menos cuando tenemos productos de calidad que crean tendencia. De eso va Dead Rising, juego de acción y supervivencia de Capcom que se desmarcó por completo de la marca Resident Evil cuando se estrenó en exclusiva en Xbox 360. El juego de Inafune, el creado por la propia Capcom antes de que Blue Castle Games (ahora Capcom Vancouver) se encargase de la segunda parte, era un homenaje al Dawn of the Dead de George A. Romero (luego llegarían Zack Snyder y James Gunn con el remake). El excesivo consumismo que vive nuestra sociedad, la miseria de las personas y la histeria colectiva se confabulan tanto en ambas película como en este interesante videojuego.
Frank West es un corresponsal de guerra, un fotógrafo capaz de jugarse el pescuezo por la exclusiva más importante de su carrera. La noticia está en los disturbios que se producen en el pueblecito de Willamette, en Colorado. Un brote vírico termina por encerrar dentro del centro comercial de la localidad a los pocos supervivientes que quedan, hecho que incita a Frank a saltarse el cordón de seguridad impuesto por la Guardia Nacional y aterrizar en un helicóptero en el tejado del mismo. El periodista tendrá 72 horas antes de que vuelvan a recogerlo con el suficiente material gráfico como para desvelar todo lo que se cuece en este asunto.
El juego busca poner en apuros al jugador constantemente. La estructura de juego abierto se encorseta dentro de casos que solamente estarán disponibles durante un tiempo determinado, con multitud de acciones secundarias programadas para que perdamos el tiempo y no podamos cumplir nuestros objetivos. Fotografiar los momentos más sangrientos, rescatar a los rehenes llevándolos de la manita o sobrevivir a los supervivientes que han perdido la razón dentro de este caos (los conocidos "psicópatas" que ejercen casi como enemigos finales) son entretenimientos mortales tanto para nuestra salud como para el tiempo que tenemos para completar nuestras tareas.
En realidad el secreto de todo esto está en pasarse el juego una vez, memorizar todo lo que se pueda (cuartos de baño para guardar la partida, conocer los atajos para movernos y los lugares en las que se ocultan las armas más importantes) y subir de nivel al bueno de Frank al máximo, para que su capacidad de llevar objetos y su barra de vida nos permitan una segunda vuelta en la que cumplir todo lo que se nos plantea. La gracia de Dead Rising reside precisamente en perder el tiempo, en entrar en cada establecimiento y travestirnos con todo lo que el juego acumula para tal efecto. Eso lo consigue con maestría y logra transmitir esa idea de que casi todas las cosas que nos rodean son superfluas, son banales cuando lo que importa es nuestra propia supervivencia.
La versión que llega ahora a PlayStation 4 y Xbox One no está hecha desde cero con nuevos modelados y nuevos efectos. Está adaptada para que se vea a 1080p, con una tasa constante de 60 imágenes por segundo, lo que provoca que el juego resulte muy fluído y más jugable. Frank no es un prodigio de agilidad, sobre todo durante los primeros compases , por lo que este aumento se nota considerablemente. Atentos a "Justified", la canción de los créditos finales.
Hay juegos que envejecen mal, que sus rutinas se quedan desfasadas en el tiempo. A Dead Rising le pasa lo contrario. Es un juego áspero y difícil, pero en cuanto se entiende que no podemos abarcarlo todo en una sola partida y nos dejamos llevar por esa sensación de agobio, de dificultad desmedida al más propio estilo Souls (la serie que ha demostrado que se puede pasarlo bien mientras lo pasamos mal), nos encontramos con un título original en su planteamiento y bien ejecutado. Luego perdería enjundia, cambiaría el espíritu de la serie con armas imposibles y enemigos por centenas como si fuera un Musou, pero el primero, éste que nos ocupa, es toda una delicia para los paladares más exquisitos.
Frank West y los psicópatas. El centro comercial. La segunda partida.
Cuesta entender y adaptarse a su planteamiento.
La serie se aleja cada vez más de la idea inicial, pero el original sigue tan vigente y exigente como siempre.




