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Un anillo para gobernarlos a todos
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Un anillo para gobernarlos a todos

Paradox vuelve a la carga con Crusader Kings III, la nueva iteración de la popular franquicia de gestión medieval y una de las grandes manifestaciones de la estrategia en los últimos tiempos.

Por Sergi Bosch [@GriffithDidNW],
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A día de hoy, mi experiencia con la estrategia virtual es de absoluta evasión; no puedo dedicarle mi completa devoción por las horas que implicaría tamaña actividad, pero siempre me encuentro, en un determinado punto del año, volviendo a esa suerte de inmersión catártica que espera en el corazón del género. Y es que, en general, creo que hay pocas manifestaciones de la industria que ofrezcan tal grado de absorción; sí, está claro que se trata de títulos que demandan importantes dosis de aprendizaje, atención completa y buena predisposición por parte del jugador, pero recompensan con historias propias, con pequeños triunfos virtuales, casi íntimos, y con una profundización que reverbera en unos contadores de horas que rozan la locura. Bien invertidas, desde luego.

¿Lo mejor? La variedad. La estrategia ha sido enfocada de muchísimas maneras muy distintas a lo largo de las últimas décadas, si bien siempre consigue conservar, de algún modo, su esencia. Hay para todos los gustos; las bellas y necesarias actividades de gestión de títulos como Planet Zoo; las cruentas y ambiciosas batallas de Total War: Three Kingdoms; la estrategia total, en evolución, de Civilization, Crusader Kings, Age of Empires, Stellaris, Europa Universalis, Endless Space 2, y un larguísimo etcétera. Todos ellos tienen un encanto especial y plenamente funcional, por lo que podríamos convenir que son las “maravillas” del género. Ahora, tenemos la suerte de recibir la nueva iteración de la franquicia de intriga política-bélica-religiosa medieval por antonomasia con Crusader Kings III, y ya te puedo adelantar que me parece sin duda la mejor entrega de la serie y uno de los mejores acercamientos a la estrategia que recuerdo. Análisis de Crusader Kings III.



El planteamiento base de Crusader Kings III no es necesariamente complejo; a fin de cuentas, consiste en seleccionar una de las incontables casas regentes —prácticamente cualquier facción que puedas imaginar— que hay disponibles e intentar asegurar su supervivencia o, preferiblemente, un éxito que resuene en los confines del tiempo. Eso sí, es en la práctica donde se comienza a complicar el asunto; realizaremos nuestras gestiones y artimañas a través de la cabeza dinástica o de la casa noble, es decir, de un personaje que, ya sea por ausencia total de otros o por la fuerza de su linaje directo, es el “heredero” de la casa y de sus títulos principales. Sobra decir que, además, cada uno de estos personajes cuenta con un número de atributos determinado, en estrecha relación con sus capacidades; por ejemplo, el atributo diplomacia regula la efectividad de las acciones diplomáticas y la opinión general de los demás sobre nosotros, mientras que los talentos en la administración son muy recomendables para hacer fortunas—. Eso sí, ya sea por la edad, por asesinato, por un accidente o por una dolencia cualquiera, tu regente terminará cayendo, momento en el que el foco se pondrá en uno de sus descendientes o familiares cercanos. Ya se sabe, polvo eres, y en polvo te convertirás. O a rey muerto, rey puesto.



En cualquier caso, la mera acción de controlar un personaje con unos atributos fijos, y unos rasgos de personalidad que se van manifestando a lo largo de su desarrollo psicoemocional —en el caso de los descendientes, podremos “enseñar” y corregir algunas de estas capacidades—, acerca a la sensacional obra de Paradox a los terrenos del rol, por lo que se produce una hibridez de géneros que sienta realmente bien a la fórmula. Es indudable que Crusader Kings III es, ante todo, un título de estrategia, si bien me fascina lo bien que se lo monta para que la fusión sea auténtica, orgánica, como un todo que trabaja en pos de la inmersión y la implicación emocional del jugador. Eso se debe, por un lado, a que esta mezcla da lugar a una especie de narrativa emergente, en la que cada uno vive, forja y sufre su propia historia, de manera simultánea a los aires y desaires de la propia dinastía controlada.

Por otro lado, abre las perspectivas y el alcance del título con unos eventos que ayudan a revitalizar la fórmula y a darle ritmo a este profundo y, en ocasiones, espeso sistema de destreza política. Estos sucesos pueden ser aleatorios y disparados, y su variedad es tal que evitaré extenderme demasiado; baste con decir que pueden ser positivos —como una conversación con nuestro pupilo— o negativos —como que nos chantajeen o nos asesinen, torturen, etc.—. El único punto debatible del sistema es que a veces da la sensación de que los resultados están predestinados, pero es, en esencia, una excelente actividad de rol montada sobre unos esquemas de estrategia en tiempo real, y créeme que por extraña y procaz que parezca, la combinación funciona a las mil maravillas. Está claro que si vienes de la anterior entrega te sonará bastante su propuesta, y estarás en buena medida familiarizado con las complejidades de sus sistemas; eso sí, Crusader Kings III ofrece tal profundidad y, lo que es más importante, tal depuración de todas sus mecánicas que se erige, ni más ni menos, como la mejor manifestación táctica de la franquicia, que ya es decir.



Y funciona tan bien porque hay poco que quede fuera del alcance del jugador. ¿Celebrar un banquete con tus súbditos para forjar amistades y liberar tensiones? Hecho, si bien hay quien prefiere irse de cacería. ¿Mantener una aventura fuera del matrimonio? Hecho, y, aún a riesgo de sonar un tanto depravado, es posible hasta hacerlo con miembros de tu familia —aunque las consecuencias pueden ser desastrosas—. ¿Avasallar a la fuerza a un gobernante cercano y encerrarlo en la cárcel? Por supuesto, nueve de cada diez reyes lo recomiendan. ¿Participar en una Cruzada y elaborar un complot para que excomulguen a tu rival? Sí y mil veces sí. Y ya no hablemos de abrazar el paganismo u otras religiones heréticas, o de casar por interés a todos tus hijos y bastardos, porque son casi unas experiencias dignas de vivir por uno mismo. El tema está en que a priori Crusader Kings III puede resultar sobrecogedor, y es cierto que en materia de accesibilidad todavía hay espacio para la mejora, especialmente de cara a los recién llegados, pero la propuesta de Paradox triunfa, sobre todo, por la fuerza de su colosal hondura y de su elaborada interconexión de elementos y motivos, dando lugar a un título en el que casi todo simplemente encaja. Cuesta un poquito hacerse a él, y tiene una curva de aprendizaje compleja, pero la recompensa vale totalmente la pena.



La guerra también es un pilar fundamental del ámbito jugable; al igual que el resto de áreas del juego, mayormente consiste en una sucesión de menús —la interfaz ha mejorado enormemente desde entregas pasadas, aunque arrastra algunos problemillas de claridad o de facilidad de uso—, ya que Crusader Kings III no se adentra en las complejidades bélicas que caracterizan, por ejemplo, a la franquicia Total War. No obstante, un inteligente sistema de levas, de impuestos, de pactos de vasallaje y de contratación de hombres de armas especializados y de mercenarios, con distintos tipos de unidades y bonificaciones por terreno o composición de los regimientos, palian la escasa interactividad del título en este ancestral arte de quedar en una montaña y dar rienda suelta a nuestras emociones más virulentas. Cuenta, encima, con funciones de jugador contra jugador, para que estos ataques contra la humanidad sean más intensos que de costumbre.

En cualquier caso, los combates se resuelven de manera automática, y aunque hay un montón de factores de por medio, como las habilidades de los comandantes o la destreza de los caballeros, siempre resultan interesantes y absolutamente relevantes, especialmente los asedios, parte fundamental de toda conquista que se precie. El apartado combativo es en sí mismo una sublimación de todo este entramado de estadísticas de personaje, aunque se manifieste de manera sencilla ante el jugador. Puede parecer simple, y a buen seguro no permite grandes hazañas de posicionamiento bélico —la IA enemiga a veces es un tanto predecible— ni heroicas cargas de caballería, pero cumple totalmente con su pretensión: hacer que el conflicto armado sea una parte más de este complejo simulador de gestión medieval, en lugar del protagonista indiscutible de la fórmula. Al igual que en el resto de órdenes, contempla una gran depuración con respecto a lo que habíamos visto en Crusader Kings II, y aunque no evidencia tantos añadidos como el renovado apartado de intrigas, funciona mejor que nunca.



Finalmente, en lo relativo al apartado audiovisual, Crusader Kings III está algo por detrás de lo visto en los grandes exponentes del género en la presente generación; cumple, aunque por su sencillez es indiscutible que su mismo desarrollo, más pausado, más diplomático, ciertamente referido a la interfaz y no a la acción, se aleja de una espectacularidad que, si bien no necesita, quizás no hubiera estado de más. Me refiero a algo más de certeza, verosimilitud y prolijidad a la hora de representar los distintos biomas del mundo medieval, o a un mayor trabajo en cuanto a animaciones y rasgos faciales —que, dicho sea de paso, cumplen—, o incluso a una representación más ambiciosa de los enfrentamientos, pero entiéndase que esto es poniéndose excesivamente estricto, ya que tampoco son elementos necesarios para la fórmula. De igual manera, el diseño artístico no está al nivel de Stellaris, quizás la punta de lanza del estudio de Estocolmo en lo que a belleza audiovisual se refiere, pero de nuevo sirve como representación fidedigna del ecosistema político-social de la época. A nivel sonoro, buenas melodías que acompañan a la perfección los distintos momentos de la regencia. Cabe señalar que el título llega totalmente traducido al español —no doblado porque no hay actuación de voz, como es lógico—, aunque hay alguna aspereza que mancha un poco el resultado final de la localización.



Conclusiones

A Crusader Kings III le falta realmente poco para ser un título redondo; es complejo, intenso, despiadado, y participa de una infinitud de elementos estratégicos y de gestión para mantener al jugador enganchado e inmerso en el juego de tronos que eran las dinastías de aquellos maravillosos años del medievo. Además, ofrece abundantes y necesarias novedades para los seguidores de la franquicia, especialmente en materia de "calidad de vida" del usuario. Permanece, no obstante, un poco ligado a ese nicho de la alta estrategia de ordenador, en parte porque no es especialmente accesible, si bien las enormes mejoras de la interfaz, la pulcritud de su diseño y apariencia, y la existencia de un tutorial efectivo y directo amainan en buena medida las consecuencias de su curva de dificultad. En esencia, no es un libro abierto, y exige dedicación, pero recompensa con uno de los mejores acercamientos a la estrategia y a la gestión de las dos últimas generaciones; si te gusta el género o quieres darle una oportunidad, ni te lo pienses, es una de las mejores obras de estrategia que recuerdo, y no me cabe duda de que, con el completo —y a veces hasta excesivo— soporte que le da Paradox a sus títulos, no hará sino mejorar con el tiempo. Una auténtica maravilla.

Redactado por Sergi Bosch (Elite)
Copia digital proporcionada por Koch Media.

Análisis de Crusader Kings III para PC: Un anillo para gobernarlos a todos
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Alternativas
Stellaris, las entregas anteriores de Crusader Kings y Europa Universalis son lo más parecido.
Profundidad estratégica y de gestión. Gran lavado de cara a la interfaz. Las "intrahistorias".
El combate cumple, pero sin mucho artificio. Algunos eventos pueden parecer un poco injustos.
Crusader Kings III se corona como una de las mejores obras de estrategia de la generación. Tan imprescindible como complejo y absorbente.
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