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¡El rey vive!, ¡vive en tu corazón!
PlayStation 5 Xbox

¡El rey vive!, ¡vive en tu corazón!

Paradox adapta con éxito su obra de gestión de reinos y cruzadas medievales a las consolas.

Por David Vigón Rodríguez,
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Tu paso en este planeta es efímero, sólo tú puedes dejar huella. Cierto es que algunos individuos tienen más posibilidades de entrar en la Historia y escapar del olvido, pero en realidad cualquiera puede dejar su legado y su influencia en su microcosmos. Un rey cuenta con más poder en su mano para transformar la realidad a su antojo, pero un simple cortesano también participa en esa reconstrucción. Todos podemos ser hacedores de la Historia, sólo debemos encontrar nuestro camino. De esto trata Crusaders Kings III, sobre la Historia y la vida, de la familia y de la muerte, del legado y de los imperios, del crecimiento y de la decadencia.

Los veteranos fans de esta franquicia son consciente de que no se trata de un juego accesible ni ligero, no está diseñado para comenzar una partida corta y ganar la partida antes de la hora del almuerzo. Es un juego que exige horas de dedicación, concentración, seriedad y tener la mente despejada y clara, cualidades muy presentes en un género videojugón asentado históricamente en PC. No obstante los tiempos cambian y cada vez apenas hay diferencias entre consolas y ordenadores, por ese motivo Lab42 y Paradox Interactive han adaptado el juego para PlayStation 5 y Xbox Series. No se trata de un port inmediato puesto que el lanzamiento original para PC fue en septiembre de 2020 y ya fue analizado en uVeJuegos por nuestro redactor jefe Sergi Bosch. Valorado con pasión y con una merecida alta nota, todo hay que decirlo.



Crusaders Kings III sacará a recluir nuestro historiador interno porque nos ofrecerá la posibilidad de vivir de primera mano algunas de las épocas más lejanas y fascinante de Europa, con algunas concesiones a la también fascinante historia de África y Asia. A lo largo del año 800 (Siglo XIX) hasta 1492 (Siglo XV) encarnaremos a numerosos gobernantes europeos, desde duques hasta condes, desde regentes hasta herederos, desde jarls hasta reyes. Sobre nosotros recaerá el deber de gestionar un pueblo, un ducado, un reino o un imperio, ya sea en Gran Bretaña o Noruega, en Francia o España, en Marruecos o en Mongolia. ¿Por dónde empezar?, ¿encarnamos a una figura histórica establecida o una aleatoria?, ¿elegimos a los más famosos o a los más desconocidos? En estos casos el tutorial es un paso obligatorio a tomar, especialmente si somos novatos, porque así nos aleccionarán con valiosos consejos y no nos angustiaremos en elegir a un gobernantes de los centenares existentes, puesto que ya se nos asignará uno: el Gran Duque Murchad mac Donnchad, de la antigua Irlanda.

El tutorial nos enseña todo lo necesario para jugar correctamente, desde las funciones de nuestro soberano, sus características personales, sus deberes como gobernantes, la interfaz jugable hasta los filtros que ofrecen una visión escudriñada del mapa acorde a los parámetros que nos interesan como el tipo de gobierno, las religiones oficiales hasta su orografía. En este momento percibimos que la interfaz consolera puede desconcertarnos en un primer momento y que en ocasiones no es tan intuitivo como nos gustaría. Una vez concluido el tutorial es posible continuar con el buen Mucrhad como una partida normal pero también podemos comenzar una partida nueva, o más de una. ¡No nos limitemos a tener un sólo personaje! ¡Experimentemos con distintas partidas, con sus propios personajes, sus propias religiones, sus propios países, en épocas distintas! ¡Todos distintos entre sí, todos al alcance de nuestro mando y todos visibles desde el menú principal! De hecho el menú principal expone a nuestro último personaje utilizado, como si fuera un retrato familiar junto a su cónyuge y su heredero directo, todos colocados en su hogar típico acorde a su región y cultura.

"¿Por dónde empezar?, ¿encarnamos a una figura histórica establecida o una aleatoria?, ¿elegimos a los más famosos o a los más desconocidos?"


¿A quién elegimos para jugar? Es una pregunta interesantes porque las posibilidades son casi infinitas. Se podría decir que la primera es el “Modo historia” y el “Modo libre”, que en esencia son lo mismo pero cambia su contexto argumental. El primero sería la “selección oficial” del estudio que nos plantea a ciertos gobernantes de dos épocas concretas (los años 867 y 1066), ubicados en Europa y testigos de importantes sucesos históricos: “La ira de los hombres el norte”, “Los grandes aventureros”, “Los carolingios”, “El destino de Inglaterra”, “Del arroyo al trono” e “Hispania a pedazos”. Estos eventos (o capítulos) nos permitirán vivir los viajes de rapiña de los vikingos, el enriquecimiento cultural y comercial que supusieron los viajes de intrépidos individuos de Europa, Asia y África, los conflictos entre ingleses, galeses, escoceses e irlandeses, la expansión de los herederos de Carlomagno, los interminables conflictos entre nobles y familiares de las principales casas europeas, y la evolución de Hispania, de califato a reinos cristianos en conflicto entre ellos.

En cada evento se nos permite elegir a varios personajes relevantes de la Historia, todos ellos movidos por sus propios intereses y condicionados por su religión, familia y el propio terreno de sus dominios. La misión es libre pero el punto de inicio es distintos, desde el Jarl Sigur “Ojos de Serpiente”, movido por el honor de la venganza contra los británicos tras la ejecución de su padre hasta el rey Alfonso VI “El Bravo”, quien sucedió a su padre fallecido y heredó el reino de León, ganándose la enemistad de sus hermanos, sus cortesanos y el pueblo. Tanto Sigur “Ojos de Serpiente” como Alfonso VI son algunos de los personajes existentes, al igual que lo son Daurama Daura, Almos Arpad, Luis el Germánico, Príncipe Caerlomám, Carlos el Calvo, Ivas el Deshuesado, Rey Harold de Inglaterra, Rey Malcom de Escocia, Emir Al-Mamún, Duquesa Matilda, Infanta Urraca y el rey Sancho II, entre otros. Todos ellos está clasificados en varios grados de dificultad, desde fácil a difícil, porque no tienen comienzan con las mismas condiciones ni gozan de las mismas condiciones



El segundo modo jugable es el “Libre”, que nos permite elegir a cualquier personaje de cualquier país del mundo, tanto en el año 867 como en el 1066. Quizá no cuenten con una presentación interesante o su peso en la Historia de nuestro mundo sea menor, pero no cabe duda que esta libertad de elección es apasionante. ¿Seremos algún gobernante portugués, un rey polaco, un jefe de tribu de la África profunda, un líder hindú, un mandamás chino? En este modo se permiten las reglas especiales y el “Ironman” (desafío extremo en el cual el guardado es automático y no permite el multujugador), los cuales pueden hacer de nuestra vida un paseo de rosas o un infierno. El detalle de personalización es elevado, desde el tipo de sexualidad dominante, la virulencia de las enfermedades, las leyes hereditarias, las herejías permitidas hasta adelantar o atrasar sucesos muy conflictivos como el éxodo húngaro o la invasión mongol. De hecho, si no nos apetece involucrarnos directamente podemos jugar en modo “Observador” y contemplar como se desenvuelve la humanidad sin nuestra participación.

Una vez comencemos una partida, tanto en el “Modo Historia” como en “Modo Libre”, debemos acostumbrarnos a nuestro líder cuanto antes, a sus puntos fuertes y a sus carencias, a reconocer a sus amigos y enemigos, a ser consciente de que nuestra familia quizá sea una amenaza llegado el mundo, a estudiar los terrenos bajo nuestro manto y a tener contento tanto a nuestros vasallos como a nuestra corte. Nuestro personaje adquirirá atributos acorde a su estilo de vida (erudito, bélico, religioso, conspirador) y sus rasgos de personalidad pueden evolucionar tras vivir curiosos eventos aleatorios tales como asistir a un mercado, negociar con los gremios del pueblo, realizar actos terribles, descifrar pergaminos antiguos, etc y todo esto tendrá repercusiones. No es lo mismo vivir una desgracia familiar siendo estoico que apasionado, asistir a un banquete siendo antisocial que sociable, ofrecer lecciones morales a los hijos o pupilos, incluso improvisar en una obra de teatro con tendencia a la cólera, porque todo eso puede generarnos alegrías, apoyo social o estrés y a larga habrá consecuencias buenas o malas. Nuestras aptitudes ganadas acode a nuestro estilo de vida pueden facilitarnos la vida al iniciar una guerra, tramar una conspiración, tener un buen trato con el clero, ser muy fértil o casto, cosechar las relaciones sociales con los reinos vecinos o trasmitir nuestros rasgos de personalidad a nuestros descendientes.

" Una vez comenzada la partida debemos acostumbrarnos a nuestro líder cuanto antes, a sus puntos fuertes y a sus carencias,"


Pasaremos muchas horas con nuestro personaje y su reinado puede durar décadas o meses, porque en este juego nadie es intocable, cualquiera puede morir. Las causas de mortalidad son realistas e imprevisibles, desde la natural por vejez hasta por enfermedad, desde arrastrar vicios como el alcoholismo o la gula hasta ser victimas de una traición, desde ejecuciones hasta el exilio, pero sobre todo por guerras, combates y asedios. Si muere nuestro personaje no es el fin de la partida, puesto que nos sucederá nuestro heredero jugable, sin importar si es varón o mujer, siempre y cuando esté reconocido como nuestro. Nada de bastardos. Otro asunto es que nuestro primogénito herede la totalidad de nuestros títulos, control del reino o cuente con todas las comodidades. Resulta interesante controlar a una mujer lideresa pero lo tiene más difícil para gobernar, sobre todo cuando las leyes sucesorias son desfavorables. No quedará más remedio que utilizar nuestro prestigio y la aprobación de los vasallos para reajustar las leyes sucesorias o sino conformarse con ser una condesa o una duquesa en nuestros terrenos, pero sin llegar a reina o emprendedora. Sea lo que sea, lo crucial es tener hijos y tener herederos jugables, pues si nuestro personaje fallece sin sucesor la partida finaliza, el “Game Over”. También es posible perder la partida si nos arrebatan todos los terrenos, derrocan nuestro gobierno o si arrasan nuestro reino, convirtiendo a nuestro gobernante como un vagabundo apátrida. Tras esto sólo nos queda elegir a otro personaje o seguir en el mapa como observador invisible y omnipresente.

De las muchas variantes que afectan a nuestro personaje y su reino, tales como el prestigio, el favor religioso, la economía o la política, la que más me gusta es el legado y las relaciones personales. Nuestro personaje probablemente forme parte de alguna antigua casa dinástica y su objetivo es que siga perdurando durante los siglos de los siglos. Para ello necesita aun conyugue para asegurarse su descendencia y le sustituya algún día, tal como hizo nuestro padre y el padre de su padre. Ser fértil siempre es una ventaja, así como tener concubinas (según la cultura) y amantes que alumbren hijos nacidos bajo el concubinato e hijos extraoficiales reconocidos. Todos los tipos de vástagos pueden ser jugables e incluso gobernar, pero su honor y fama estarán manchados desde su nacimiento, por lo que deberán realizar grandes gestas para contrarrestar su pecado original. No obstante una gran familia también conlleva mayores conflictos sucesorios o económicos, traiciones, facciones para sacarnos del poder y colocar a otro, guerras y una larga lista. Por el lado contrario también hay familias sanas en las cuales todos son amigos y se quieren, incluso en los que se arriman a las primas. De hecho existen juradores muy respetuosos con las familias reales por lo que se preocupan en reproducir fielmente toda la endogamia europea y sus problemas congénitos. En cualquier caso, resulta fascinante abrir el árbol genealógico de nuestra familia y localizar a todos nuestros hermanos, hijos, nietos, padres, tíos, tíos abuelos, primos, bisabuelos, tatarabuelos y así hasta hallar al fundador primigenio de nuestro apellido.



Más allá de la gestión económica, los conflictos familiares, la construcción de edificios en nuestros terrenos (prados ovejeros, templos, mercados, cuarteles), las relaciones diplomáticas entre reinos, la revocación de leyes y el sistema de vasallaje (alcaldes, condes, jefes tribales que gestionan sus propias ciudades pero nos rinden tributo y obediencia), existen también las cuestiones bélicas. Personalmente detesto las guerras, tanto en la vida real como en los videojuegos. La idea de llamar a filas levas y hombres de armas procedentes de nuestra población no está mal, resulta satisfactorio contemplar como crece nuestro voluntarioso ejercito. Sin embargo gastar recursos en crear soldados o contratar mercenarios no resulta satisfactorio y mucho menos meterse de lleno en conflictos bélicos. Lo mismo se aplica a los asedios, a gestionar tropas, pedir ayuda a los aliados, conquistar terrenos... no es divertido ni vistoso ni intuitivo. No obstante que existe la opción de “modo automático” para las guerras y asaltos, lo cual facilita el asunto y nos permite despreocuparnos un poco, pero la inteligencia artificial no suele ser fiable, así que no es muy recomendable en ocasiones. Sinceramente sería más interesante centrarse únicamente en la gestión de nuestros terrenos, en el día a día de nuestros personajes y contemplar la evolución de cada individuo relevante de nuestra corte.

Existe un modo multijugador, para el cual se requiere una cuenta en Paradox (muy fácil de crear), en el que usuarios de todo el mundo vivirán sus vidas al mismo tiempo en una partida en tiempo real. Se juega de la misma manera que en el individual pero con la presencia de otros usuarios reales (y seguramente mejores que nosotros) y con las normas elegidas por el anfitrión. No cabe duda que encarnar a un rey cuyos vecinos rivales sean otros usuarios, con acciones que nos repercuten mutuamente, es una gran idea y una morbosa experiencia desafiante. Eso sí, lo mejor es jugar con un amigo, concretar partidas con otros fans o ser el mismo huésped, pues es muy raro que los usuarios acepten a desconocidos en sus partidas. Se lo toman en serio y no aprecian que venga cualquier menda para ser su vecino o rival.

"Más allá de la gestión del reino existe la guerra, todo un reto, en ocasiones muy molesto."


Muchos lo habremos notado desde el mismo tutorial pero lo repetimos: la adaptación jugable a las consolas es buena. El equipo Lab42 se ha tomado en serio el port y no ha dejado nada al azar. Es inevitable que un juego puramente pecero se juegue distinto en consola, especialmente cuando cuenta con tantísimo menús, submenús, secciones, apartados, posibilidades e indicaciones. Puede ser bastante lioso al principio y no aclararnos como se utiliza cada botón, así que no es raro que a menuda tengamos la sensación de que con teclado y ratón sería más cómodo y fácil. No obstante, al igual que todos las mecánicas e intríngulis del juego, los dominaremos poco a poco. Estamos ante una experiencia constante de aprendizaje, duro pero satisfactorio. Siempre hay algo nuevo que aprender y de hecho aún no lo dominamos del todo. ¡Hay tanto para profundizar! Cabe señalar que un juego tan colosal y detallista como éste es normal encontrar errores, algunos jugables y otros de traducción, pero no debemos preocuparnos porque las actualizaciones y parches son constantes.

El apartado gráfico es solido, serio y realista, de esos que requieren potencia de hardware y tecnológica no para presumir de belleza sino para ser funcional. Gracias al Clausewitz Engine, motor creado por Paradox para sus propios juegos, se consigue una representación a gran escala de nuestro planeta... obviando América y Australia, por supuesto. Un mapamundi majestuoso que recrea hectárea a hectárea de cada rincón de Europa, África y Asia, permitiendo que podamos estudiar cada país existente. Resulta puerilmente inocente y encantador buscar nuestra provincia en el mapa. ¡Está Canarias, las islas Canarias! Por desgracia no está Móstoles, porque es grande pero no tan grande para las mentes pensantes de Paradox. Sin embargo la autentica delicia visual es la humanidad en sí misma. Centenares de individuos de todas las razas, edades, condición y belleza ante nuestros ojos. Veremos a personas del norte, del sur, el este y oeste, gordos y delgados, blancos y negros, rubios y morenos, guapos y feos, niños y ancianos, pelirrojos y bigotudos. Aún mejor es cuando somos testigos del ciclo vital de esos personajes, desde bebés hasta niños, desde adolescentes hasta adultos, desde maduros hasta ancianos. Sus cuerpos son testigos de sus vivencias y sus actos, desgracias de la guerra (rostros deformes ocultos en máscaras, cicatrices, tuertos), enfermedades (lepra, venéreas, deformidades), estilos de vida (sedentarismo, ejercicio físico) y vestuarios acorde a su rango (reyes con corona, nobles con túnica, militares con armaduras, civiles con harapos).

La música es muy relajante y ambiental, ideal para nuestras largas sesiones. No son molestas así que nos permiten meditar con claridad sobre las cuestiones del reina. Artistas como Phillip Wareborn, Andread Waldetoft o Nina Äkerblom Nielsen componen e interpretan temas (Dusking Sky, The Banquet, Knights of Jerusalem, The Dynasty, Veni Vidi Vici) que refleja bien las épocas pasadas, en la ambientación de siglos pasados, el cuidado de cada cultura y nos mete dentro de la partida. Avisan cuando vivimos tiempos de paz o tiempos de guerra, cuando una invasión está en nuestras puertas, se desata la guerra santa u ocurre una desgracia familia. Lo cierto es que a pesar de su belleza la banda sonora no resulta tan relevante como nos gustaría y es probable es que muchos usuarios no presten atención. No hay doblaje ni narradores pero tampoco son necesarios.



Conclusión

Crusaders Kings III no es un título para cualquier tipo de jugador, pero si tienes ganas de aprender cada día, albergas esperanza de ser un buen gobernante y no te asustas ante los retos pues es ideal para tí. No es un juego sencillo pero quien tenga experiencia en el género y en la saga de Paradox cuenta con una ventaja inicial que no posees muchos jugadores de consolas. No cabe duda en que vivimos tiempos interesantes en los que cualquier juego típicamente pecero puede adaptarse a las consolas. Los controles mediante el mando son eficaces y óptimos, pero sí es cierto que con tantos menús y submenús pueden confundir a más de un usuario primerizo en el mundillo. En cualquier caso, los primeros pasos siempre son duros pero sentiremos que cada día jugaremos mejor y entenderemos todo, e incluso jugando de forma eficaz será divertido.

Este es su encanto, que a pesar de su apariencia fría y excesivamente profesional se esconde un juego increíblemente divertido y adictivo. Tan adictivo que jugaremos horas sin darnos cuenta y aún no habremos avanzados en nuestra partida (menos mal que tiene tres velocidades en el transcurrir del tiempo), por no hablar que no nos limitaremos a una partida. Existen tantos personajes históricos interesantes y tantos gobernantes disponibles de cualquier parte del mundo, que desearemos jugarlos a todos para conocer todas las culturas posibles. Desde religiones oficiales y populares hoy en día hasta otras desaparecidas, desde matrimonios tradicionales hasta poligamias, desde reinos del desiertos hasta gobiernos de la montaña. Todo ello con una realista representación del mapa mundial y del detallismo de cada personaje, los cuales crecerán y envejecerán con el paso del tiempo. Con todo esto, no cabe duda que Crusaders Kings III es una obra realmente recomendable, tanto en PC como en consolas, donde encaja muy bien.

Jugado en Xbox Series. Copia digital proporcionada por Koch Media.


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Su valor didáctico. Divertido y adictivo. La evolución de los personajes. Recreació total del mundo.
El control con mando puede ser un poco lioso, sobre todo con tantos menús. Algunos bugs.
De esos juegos que cuestan mucho al principio y siguen costando después, pero que aún así es divertido y adictivo. Siempre se aprende algo nuevo.
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