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Análisis de Crisol: Theater of Idols, un shooter español que recuerda a BioShock y Resident Evil
El primer trabajo de Vermila Studios es un shooter en primera persona con elementos de survival horror clásico que viene cargado de atrevimiento y personalidad artística
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No creo que quede nadie a estas alturas que se piense que es fácil seguir un enamorado de BioShock. Muy atrás se hallan los tiempos en los que se hacía hasta protocolario alabar a los extraños e increíbles shooters de Ken Levine, porque igualmente atrás en los años quedaron los propios BioShock. Sí, hay uno en desarrollo, envuelto una génesis problemática de la que no sabemos nada, y también anda por ahí, extraviado en el limbo, el interesantísimo Judas, de Ghost Story Games, con el mismísimo creador de BioShock al frente… Pero esto se parece muchísimo a decir que, en realidad, no hay nada en absoluto. Aquí seguimos esperando y, desde luego, la situación ya es casi tan mala como la de The Elder Scrolls, otro de los grandes nombres ausentes en los últimos 10-15 años.
Y, de pronto, el Summer Game Fest de 2024. Es solo un momento, pero vemos ecos de aquello que tanto pedimos: estéticas imposibles, casi sacrílegas, mal rollo, y survival horror con disparos en primera persona. Uno podría pensar casi en Scorn, un título con una estética interesantísima que, a pesar de ser teóricamente análogo al immersive sim de acción que proponía BioShock, en la práctica se siente bastante diferente. No era Scorn el título de ese Summer Game Fest, evidentemente, sino Crisol: Theater of Idols, un videojuego español con un diseño artístico impecable y una propuesta de terror ambiental más profundo, que ya se veía que cargaba con su propia narrativa desde las primeras veces que lo vimos en movimiento. Ahora ya lo tenemos a la venta en PlayStation 5, PC y Xbox Series, a un precio reducido (18€ en España) que es una locura muy, muy positiva para la ambición que ha tenido Vermila Studios con su obra debut. Análisis de Crisol: Theater of Idols.

Crisol: Theater of Idols, una pesadilla en la Hispania más sacrílega
Crisol: Theater of Idols arranca muy rápido, casi de manera súbita, y nos sitúa en Tormentosa, una isla-ciudad ficticia dentro de una Hispania cuyas calles de arquitectura gótica y piedra ancestral han sido brutalmente deformadas por cultos, sectas y tradiciones sombrías. Nuestro protagonista, Gabriel, despierta en la isla marcado por una misión divina llena de presagios, simbolismos religiosos y blasfemos, la extraña mitología e imaginario locales, y una atmósfera muy especial que, como te comentaba antes, ha sido una de las grandes bazas del título desde el primer momento. Las estatuas policromadas malrolleras, las imposibles bóvedas de crucería y los pasadizos urbanos olvidados están siempre a la orden del día, y aunque es verdad que en el desarrollo de la aventura no hay un diseño de niveles verdaderamente rompedor en ningún momento, lo que propone Crisol funciona porque Tormentosa y su iconografía hacen que el desarrollo se mantenga interesante.
Quizás es el simbolismo y la narrativa ambiental lo que mejor funciona en Crisol: Theater of Idols; no porque el resto del título esté mal, que no es el caso, sino porque el arte funciona a un nivel muy alto a lo largo de toda la aventura. El guión sí que es más normalito, con una escritura que prioriza la atmósfera y que en ocasiones se ve ligeramente lastrado por una actuación de voz un poco forzada e irregular (incluso en español) que rebaja la tensión y las revelaciones más de lo que me gustaría. Hay, eso sí, buenas localizaciones a nivel ambiental, con zonas más abiertas, otras más lineales, y unos cuantos puzzles y secretos que terminan haciendo que la experiencia tenga una suerte de magia muy clásica, muy especial, que recuerda a la de un survival horror de antaño con una estética muy moderna y transgresora.

Un survival horror con trazos de immersive sim y shooter en primera persona
El núcleo jugable de Crisol pasa por un combate en primera persona con armas de fuego que, lejos de ser típicas, introducen una mecánica muy singular: las armas consumen sangre (es decir, la vida de Gabriel) como munición, algo que se explica en la propia historia del videojuego. La sangre, además, puede ser extraída de enemigos o cadáveres que encontremos por ahí, pero es un recurso finito que tendremos que ir gestionando entre curaciones y munición; es, sin duda, un girito bastante interesante a las dinámicas típicas de un shooter en primera persona, uno que te tiene algo más tenso y que te hace pensar qué vas a hacer exactamente con los pocos recursos que tienes a tu disposición. Hay siempre decisiones relevantes, sobre todo en las dificultades más altas, que ayudan a incentivar los riesgos y la recompensas y que, contra todo pronóstico, hacen que Crisol sea algo más rejugable que el shooter promedio.
Por otra parte, el combate en sí tiene muy buenos momentos; normalmente alterna entre enfrentamientos contra pequeños grupos de enemigos, sensibles a disparos en determinadas áreas del cuerpo (incluso a incapacitaciones; por ejemplo, a disparos en las piernas para inmovilizar, al estilo de Dead Space), y luchas un poco más agónicas contra jefes o criaturas especialmente tétricas. Hay, también, muchos puzzles ambientales, de esos que tanto han marcado al survival horror en su historia: recolección de objetos, observación del entorno, manipulación de dispositivos que permanecen bloqueados hasta que se cumplan condiciones determinadas… Todo esto está en Crisol, y además está implementado de manera muy convincente.

Puede que el mayor inconveniente sea que el ritmo a veces se resiente un poco, sobre todo en la medida de que a veces el título prima en exceso la atmósfera por encima del dinamismo, decisión creativa que entiendo y apoyo (ya hay muchos shooters que hacen exactamente lo contrario), si bien en ocasiones hay disonancias un poco fuertes. Es normal, porque el primer título de Vermila es, por encima de todo, un juego muy, muy ambicioso en su propuesta, y eso requiere unas labores de equilibrio muy finas que en ocasiones simplemente no son suficientes.
A los tiroteos también les falta un poquito de “cuerpo” en ocasiones; las labores de sonido y de ambientación están ahí, pero las físicas y el diseño de enfrentamientos no están al mismo nivel que la puesta en escena. Es, con todo, un juego divertido, muy disfrutable, con una ambientación distintiva y muchísima personalidad, pero también con claroscuros.

Apartado audiovisual y optimización (PC, PS5, Xbox Series) de Crisol: Theater of Idols
Crisol: Theater of Idols tiene una estética y un apartado audiovisuales de alto nivel, de esto no cabe ninguna duda, pero en cuanto a optimización va un poco justito. En PC, lo hemos probado con varias configuraciones, e incluso con nuestro mejor equipo (RTX 5070ti) sufre más de la cuenta para funcionar en resoluciones y tasas de imágenes por segundo elevadas. No es un desastre, en la medida de que es claramente jugable, pero el apartado gráfico y la calidad técnica no encajan con el rendimiento; es decir, es más exigente de lo que debería ser, muchísimo más. A esto le sumamos los desajustes propios de Unreal Engine 5, un motor que tiene sus más y sus menos, y que de momento no incluye DLSS ni FSR; sí que está disponible Intel XeSS, que deja resultados más o menos convincentes pero que no permite exprimir el hardware ni el apartado audiovisual de Crisol: Theater of Idols como me gustaría.
Si uno acepta hacer concesiones, lo cierto es que Crisol: Theater of Idols es plenamente disfrutable y jugable en múltiples configuraciones, pero es esperable y deseable que el rendimiento mejore en los próximos meses mediante actualizaciones. En PlayStation 5 y Xbox Series X el rendimiento es estable, con algunos problemillas puntuales en temas de resolución y estabilidad, pero tampoco destaca por sacar todo el partido al hardware. Es entendible, porque estamos hablando de un estudio indie que ha apuntado a unos valores de producción cercanos al AA (a veces incluso al AAA), así que en el cómputo global pasa el apartado con buena nota, pero también con las sensaciones de que queda trabajo técnico por hacer.

CONCLUSIONES
Crisol: Theater of Idols es un título que traía unas expectativas estratosféricas y que, contra viento y marea, ha sido capaz de resistir la tempestad del hype y la crueldad de la vida moderna. Cuenta, ahora mismo, con un 87% de reseñas positivas en Steam, está en todas las plataformas a precio muy reducido (en torno a 18€), a pesar de sus altos valores de producción y su indiscutible personalidad, y es, incluso con sus sombras (ritmo, actuación de voz muy cuestionable, optimización mejorable), un videojuego muy divertido y atrevido que pone a Vermila Studios como una de las desarrolladoras europeas con más potencial. Si te gustan los survival horror y el cuerpo te pide un poquito de BioShock o de Resident Evil (pero en primera persona), no te lo puedes perder.
Y, de pronto, el Summer Game Fest de 2024. Es solo un momento, pero vemos ecos de aquello que tanto pedimos: estéticas imposibles, casi sacrílegas, mal rollo, y survival horror con disparos en primera persona. Uno podría pensar casi en Scorn, un título con una estética interesantísima que, a pesar de ser teóricamente análogo al immersive sim de acción que proponía BioShock, en la práctica se siente bastante diferente. No era Scorn el título de ese Summer Game Fest, evidentemente, sino Crisol: Theater of Idols, un videojuego español con un diseño artístico impecable y una propuesta de terror ambiental más profundo, que ya se veía que cargaba con su propia narrativa desde las primeras veces que lo vimos en movimiento. Ahora ya lo tenemos a la venta en PlayStation 5, PC y Xbox Series, a un precio reducido (18€ en España) que es una locura muy, muy positiva para la ambición que ha tenido Vermila Studios con su obra debut. Análisis de Crisol: Theater of Idols.

Crisol: Theater of Idols, una pesadilla en la Hispania más sacrílega
Crisol: Theater of Idols arranca muy rápido, casi de manera súbita, y nos sitúa en Tormentosa, una isla-ciudad ficticia dentro de una Hispania cuyas calles de arquitectura gótica y piedra ancestral han sido brutalmente deformadas por cultos, sectas y tradiciones sombrías. Nuestro protagonista, Gabriel, despierta en la isla marcado por una misión divina llena de presagios, simbolismos religiosos y blasfemos, la extraña mitología e imaginario locales, y una atmósfera muy especial que, como te comentaba antes, ha sido una de las grandes bazas del título desde el primer momento. Las estatuas policromadas malrolleras, las imposibles bóvedas de crucería y los pasadizos urbanos olvidados están siempre a la orden del día, y aunque es verdad que en el desarrollo de la aventura no hay un diseño de niveles verdaderamente rompedor en ningún momento, lo que propone Crisol funciona porque Tormentosa y su iconografía hacen que el desarrollo se mantenga interesante.
Quizás es el simbolismo y la narrativa ambiental lo que mejor funciona en Crisol: Theater of Idols; no porque el resto del título esté mal, que no es el caso, sino porque el arte funciona a un nivel muy alto a lo largo de toda la aventura. El guión sí que es más normalito, con una escritura que prioriza la atmósfera y que en ocasiones se ve ligeramente lastrado por una actuación de voz un poco forzada e irregular (incluso en español) que rebaja la tensión y las revelaciones más de lo que me gustaría. Hay, eso sí, buenas localizaciones a nivel ambiental, con zonas más abiertas, otras más lineales, y unos cuantos puzzles y secretos que terminan haciendo que la experiencia tenga una suerte de magia muy clásica, muy especial, que recuerda a la de un survival horror de antaño con una estética muy moderna y transgresora.

Un survival horror con trazos de immersive sim y shooter en primera persona
El núcleo jugable de Crisol pasa por un combate en primera persona con armas de fuego que, lejos de ser típicas, introducen una mecánica muy singular: las armas consumen sangre (es decir, la vida de Gabriel) como munición, algo que se explica en la propia historia del videojuego. La sangre, además, puede ser extraída de enemigos o cadáveres que encontremos por ahí, pero es un recurso finito que tendremos que ir gestionando entre curaciones y munición; es, sin duda, un girito bastante interesante a las dinámicas típicas de un shooter en primera persona, uno que te tiene algo más tenso y que te hace pensar qué vas a hacer exactamente con los pocos recursos que tienes a tu disposición. Hay siempre decisiones relevantes, sobre todo en las dificultades más altas, que ayudan a incentivar los riesgos y la recompensas y que, contra todo pronóstico, hacen que Crisol sea algo más rejugable que el shooter promedio.
Por otra parte, el combate en sí tiene muy buenos momentos; normalmente alterna entre enfrentamientos contra pequeños grupos de enemigos, sensibles a disparos en determinadas áreas del cuerpo (incluso a incapacitaciones; por ejemplo, a disparos en las piernas para inmovilizar, al estilo de Dead Space), y luchas un poco más agónicas contra jefes o criaturas especialmente tétricas. Hay, también, muchos puzzles ambientales, de esos que tanto han marcado al survival horror en su historia: recolección de objetos, observación del entorno, manipulación de dispositivos que permanecen bloqueados hasta que se cumplan condiciones determinadas… Todo esto está en Crisol, y además está implementado de manera muy convincente.

Puede que el mayor inconveniente sea que el ritmo a veces se resiente un poco, sobre todo en la medida de que a veces el título prima en exceso la atmósfera por encima del dinamismo, decisión creativa que entiendo y apoyo (ya hay muchos shooters que hacen exactamente lo contrario), si bien en ocasiones hay disonancias un poco fuertes. Es normal, porque el primer título de Vermila es, por encima de todo, un juego muy, muy ambicioso en su propuesta, y eso requiere unas labores de equilibrio muy finas que en ocasiones simplemente no son suficientes.
A los tiroteos también les falta un poquito de “cuerpo” en ocasiones; las labores de sonido y de ambientación están ahí, pero las físicas y el diseño de enfrentamientos no están al mismo nivel que la puesta en escena. Es, con todo, un juego divertido, muy disfrutable, con una ambientación distintiva y muchísima personalidad, pero también con claroscuros.

Apartado audiovisual y optimización (PC, PS5, Xbox Series) de Crisol: Theater of Idols
Crisol: Theater of Idols tiene una estética y un apartado audiovisuales de alto nivel, de esto no cabe ninguna duda, pero en cuanto a optimización va un poco justito. En PC, lo hemos probado con varias configuraciones, e incluso con nuestro mejor equipo (RTX 5070ti) sufre más de la cuenta para funcionar en resoluciones y tasas de imágenes por segundo elevadas. No es un desastre, en la medida de que es claramente jugable, pero el apartado gráfico y la calidad técnica no encajan con el rendimiento; es decir, es más exigente de lo que debería ser, muchísimo más. A esto le sumamos los desajustes propios de Unreal Engine 5, un motor que tiene sus más y sus menos, y que de momento no incluye DLSS ni FSR; sí que está disponible Intel XeSS, que deja resultados más o menos convincentes pero que no permite exprimir el hardware ni el apartado audiovisual de Crisol: Theater of Idols como me gustaría.
Si uno acepta hacer concesiones, lo cierto es que Crisol: Theater of Idols es plenamente disfrutable y jugable en múltiples configuraciones, pero es esperable y deseable que el rendimiento mejore en los próximos meses mediante actualizaciones. En PlayStation 5 y Xbox Series X el rendimiento es estable, con algunos problemillas puntuales en temas de resolución y estabilidad, pero tampoco destaca por sacar todo el partido al hardware. Es entendible, porque estamos hablando de un estudio indie que ha apuntado a unos valores de producción cercanos al AA (a veces incluso al AAA), así que en el cómputo global pasa el apartado con buena nota, pero también con las sensaciones de que queda trabajo técnico por hacer.

CONCLUSIONES
Crisol: Theater of Idols es un título que traía unas expectativas estratosféricas y que, contra viento y marea, ha sido capaz de resistir la tempestad del hype y la crueldad de la vida moderna. Cuenta, ahora mismo, con un 87% de reseñas positivas en Steam, está en todas las plataformas a precio muy reducido (en torno a 18€), a pesar de sus altos valores de producción y su indiscutible personalidad, y es, incluso con sus sombras (ritmo, actuación de voz muy cuestionable, optimización mejorable), un videojuego muy divertido y atrevido que pone a Vermila Studios como una de las desarrolladoras europeas con más potencial. Si te gustan los survival horror y el cuerpo te pide un poquito de BioShock o de Resident Evil (pero en primera persona), no te lo puedes perder.
Versión analizada: PC. Copia digital proporcionada por Best Vision PR
El diseño artístico. La ambientación y la atmósfera. Diseño de sonido. Muy divertido.
Problemas de ritmo en puzles-exploración. Optimización y actuación de voz muy cuestionables.
No es perfecto, pero Crisol: Theater of Gods es tanto un notable survival horror como un debut increíble para Vermila Studios.








