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Análisis de Cosmic Fear, un inquietante viaje hacia lo desconocido
Una aventura de terror cósmico que combina exploración, puzles y una inquietante ambientación para ofrecer una experiencia muy inspirada en las obras de Lovecraft.
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Llevar el universo de H. P. Lovecraft al videojuego nunca ha sido una tarea sencilla. Es relativamente fácil quedarse en la superficie de sus criaturas y su imaginario, pero mucho más complicado capturar la sensación de incertidumbre que transmiten sus historias. Cosmic Fear intenta precisamente eso, apostando por una experiencia donde el misterio y el descubrimiento son los grandes protagonistas. Detrás del proyecto se encuentra Alessandro Guzzo, creador de The Land of Pain y The Alien Cube, que vuelve a demostrar su predilección por las historias contadas a través del propio escenario.
La historia nos sitúa en septiembre del año 2000, poniéndonos en la piel de Benedict West, un investigador especializado en antiguos rituales y fenómenos de origen desconocido. Todo comienza cuando la familia Thorne le invita a asistir a la Gran Ceremonia, un acontecimiento que parece guardar relación con aquello a lo que ha dedicado gran parte de su vida. A partir de ahí toca explorar, leer numerosos documentos e intentar entender qué está ocurriendo realmente, mientras la historia empieza a dejar caer la existencia de algo mucho más antiguo y perturbador de lo que parecía.
Una investigación entre cultos y horrores cósmicos
La mayor parte de la aventura la pasaremos recorriendo escenarios mientras intentamos reconstruir poco a poco todo lo ocurrido. Cartas, informes, fotografías y toda clase de documentos van dando forma a una historia que rara vez ofrece respuestas directas, animándonos a sacar nuestras propias conclusiones. Me ha gustado especialmente que el juego no abuse de las escenas cinemáticas ni de largas conversaciones, sino que prefiere que sea el propio entorno quien cuente buena parte de lo sucedido.
Aunque la inspiración en Lovecraft resulta evidente, Cosmic Fear no se limita a repetir los elementos habituales de los mitos. Si bien el terror cósmico sigue siendo el gran protagonista, la historia también juega con cultos, extraños experimentos y fenómenos de origen extraterrestre que consiguen darle bastante personalidad. Eso sí, en algunos momentos el juego ofrece muy pocas pistas sobre cuál debe ser el siguiente paso, obligándonos a dar más vueltas de las deseables hasta encontrar el único elemento con el que podemos interactuar para seguir avanzando.
Los puzles siguen esa misma filosofía. No son especialmente complejos, pero encajan bien dentro del desarrollo y ayudan a romper el ritmo de la exploración sin llegar a frustrar. Todo transmite la idea de estar participando en una investigación pausada, donde observar el escenario es mucho más importante que poner a prueba nuestros reflejos.
Cuando la tensión no termina de despegar
Precisamente por ese ritmo tan pausado, las pocas secuencias donde el juego apuesta por la acción deberían haber servido para elevar la tensión. Sin embargo, son probablemente su apartado menos conseguido. Las persecuciones resultan bastante simples y la inteligencia artificial de los enemigos no siempre responde como debería, haciendo que algunas situaciones pierdan buena parte de su impacto.
No llega a ser un problema que arruine la experiencia porque estos momentos ocupan una parte muy pequeña del conjunto, pero sí dejan la sensación de que el juego funciona mucho mejor cuando nos permite avanzar a nuestro ritmo que cuando intenta introducir mecánicas más propias de un survival horror tradicional.
Una atmósfera que lo envuelve todo
Si hay un apartado donde Cosmic Fear marca realmente la diferencia es en su ambientación. Alessandro Guzzo vuelve a demostrar que tiene un talento especial para construir escenarios que invitan a detenerse y observar cada rincón. Bosques envueltos en niebla, casas abandonadas, laboratorios ocultos o antiguas instalaciones consiguen transmitir una incómoda sensación de aislamiento incluso cuando aparentemente no ocurre nada.
Gran parte de ese mérito recae en el apartado visual. El uso de la fotogrametría permite recrear entornos con un nivel de detalle sorprendente para tratarse de un proyecto desarrollado por una sola persona, mientras que la iluminación juega constantemente con las sombras para reforzar su atmósfera de incertidumbre. El resultado es un apartado gráfico muy sólido que consigue ofrecer imágenes realmente espectaculares.
El sonido termina de redondear la propuesta. La música aparece con bastante moderación y deja que el protagonismo recaiga sobre el ambiente: el viento, los crujidos de la madera o el eco de determinados espacios ayudan a mantener la tensión sin necesidad de abusar de sobresaltos. Es uno de esos juegos donde la atmósfera pesa mucho más que cualquier monstruo.
La historia puede completarse en unas ocho horas, una duración que me ha parecido bastante acertada. Además, ofrece un pequeño incentivo para volver a recorrer sus escenarios. A lo largo de la partida encontraremos varias estatuillas coleccionables que, si conseguimos suficientes, desbloquean unos misteriosos maletines repartidos por el mapa. Durante la primera partida no es posible abrirlos, pero al comenzar una nueva sí podremos acceder a ellos y descubrir documentos que amplían considerablemente el trasfondo de la historia. Me ha parecido una forma bastante inteligente de recompensar a quienes quieran profundizar todavía más en su universo.
CONCLUSIONES
Cosmic Fear es una aventura de terror que entiende muy bien cuáles son sus mayores virtudes. La exploración, la narrativa ambiental y una magnífica atmósfera consiguen sostener una experiencia tan pausada como absorbente para quienes disfruten del horror cósmico. Sus escasas secuencias de acción no terminan de funcionar igual de bien y algunos momentos pueden resultar algo confusos, pero rara vez empañan un conjunto que desprende personalidad de principio a fin. Y todo ello cobra todavía más mérito al recordar que estamos ante el trabajo de un único desarrollador. Quizá no reinvente el género, pero sí demuestra que todavía hay espacio para propuestas pequeñas capaces de construir una atmósfera realmente memorable.
La historia nos sitúa en septiembre del año 2000, poniéndonos en la piel de Benedict West, un investigador especializado en antiguos rituales y fenómenos de origen desconocido. Todo comienza cuando la familia Thorne le invita a asistir a la Gran Ceremonia, un acontecimiento que parece guardar relación con aquello a lo que ha dedicado gran parte de su vida. A partir de ahí toca explorar, leer numerosos documentos e intentar entender qué está ocurriendo realmente, mientras la historia empieza a dejar caer la existencia de algo mucho más antiguo y perturbador de lo que parecía.
Una investigación entre cultos y horrores cósmicos
La mayor parte de la aventura la pasaremos recorriendo escenarios mientras intentamos reconstruir poco a poco todo lo ocurrido. Cartas, informes, fotografías y toda clase de documentos van dando forma a una historia que rara vez ofrece respuestas directas, animándonos a sacar nuestras propias conclusiones. Me ha gustado especialmente que el juego no abuse de las escenas cinemáticas ni de largas conversaciones, sino que prefiere que sea el propio entorno quien cuente buena parte de lo sucedido.
Aunque la inspiración en Lovecraft resulta evidente, Cosmic Fear no se limita a repetir los elementos habituales de los mitos. Si bien el terror cósmico sigue siendo el gran protagonista, la historia también juega con cultos, extraños experimentos y fenómenos de origen extraterrestre que consiguen darle bastante personalidad. Eso sí, en algunos momentos el juego ofrece muy pocas pistas sobre cuál debe ser el siguiente paso, obligándonos a dar más vueltas de las deseables hasta encontrar el único elemento con el que podemos interactuar para seguir avanzando.
Los puzles siguen esa misma filosofía. No son especialmente complejos, pero encajan bien dentro del desarrollo y ayudan a romper el ritmo de la exploración sin llegar a frustrar. Todo transmite la idea de estar participando en una investigación pausada, donde observar el escenario es mucho más importante que poner a prueba nuestros reflejos.
Cuando la tensión no termina de despegar
Precisamente por ese ritmo tan pausado, las pocas secuencias donde el juego apuesta por la acción deberían haber servido para elevar la tensión. Sin embargo, son probablemente su apartado menos conseguido. Las persecuciones resultan bastante simples y la inteligencia artificial de los enemigos no siempre responde como debería, haciendo que algunas situaciones pierdan buena parte de su impacto.
No llega a ser un problema que arruine la experiencia porque estos momentos ocupan una parte muy pequeña del conjunto, pero sí dejan la sensación de que el juego funciona mucho mejor cuando nos permite avanzar a nuestro ritmo que cuando intenta introducir mecánicas más propias de un survival horror tradicional.
Una atmósfera que lo envuelve todo
Si hay un apartado donde Cosmic Fear marca realmente la diferencia es en su ambientación. Alessandro Guzzo vuelve a demostrar que tiene un talento especial para construir escenarios que invitan a detenerse y observar cada rincón. Bosques envueltos en niebla, casas abandonadas, laboratorios ocultos o antiguas instalaciones consiguen transmitir una incómoda sensación de aislamiento incluso cuando aparentemente no ocurre nada.
Gran parte de ese mérito recae en el apartado visual. El uso de la fotogrametría permite recrear entornos con un nivel de detalle sorprendente para tratarse de un proyecto desarrollado por una sola persona, mientras que la iluminación juega constantemente con las sombras para reforzar su atmósfera de incertidumbre. El resultado es un apartado gráfico muy sólido que consigue ofrecer imágenes realmente espectaculares.
El sonido termina de redondear la propuesta. La música aparece con bastante moderación y deja que el protagonismo recaiga sobre el ambiente: el viento, los crujidos de la madera o el eco de determinados espacios ayudan a mantener la tensión sin necesidad de abusar de sobresaltos. Es uno de esos juegos donde la atmósfera pesa mucho más que cualquier monstruo.
La historia puede completarse en unas ocho horas, una duración que me ha parecido bastante acertada. Además, ofrece un pequeño incentivo para volver a recorrer sus escenarios. A lo largo de la partida encontraremos varias estatuillas coleccionables que, si conseguimos suficientes, desbloquean unos misteriosos maletines repartidos por el mapa. Durante la primera partida no es posible abrirlos, pero al comenzar una nueva sí podremos acceder a ellos y descubrir documentos que amplían considerablemente el trasfondo de la historia. Me ha parecido una forma bastante inteligente de recompensar a quienes quieran profundizar todavía más en su universo.
CONCLUSIONES
Cosmic Fear es una aventura de terror que entiende muy bien cuáles son sus mayores virtudes. La exploración, la narrativa ambiental y una magnífica atmósfera consiguen sostener una experiencia tan pausada como absorbente para quienes disfruten del horror cósmico. Sus escasas secuencias de acción no terminan de funcionar igual de bien y algunos momentos pueden resultar algo confusos, pero rara vez empañan un conjunto que desprende personalidad de principio a fin. Y todo ello cobra todavía más mérito al recordar que estamos ante el trabajo de un único desarrollador. Quizá no reinvente el género, pero sí demuestra que todavía hay espacio para propuestas pequeñas capaces de construir una atmósfera realmente memorable.
Versión analizada en Steam Machine.
Alternativas
The Alien Cube y The Land of Pain ofrecen una propuesta muy similar y además son del mismo desarrollador.
La ambientación lovecraftiana y la sensación constante de misterio.
El desarrollo resulta algo simple y las persecuciones no terminan de funcionar.
Un homenaje al terror cósmico que destaca por su ambientación, el misterio que envuelve su historia y su cuidada exploración.








