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La sangre de los mártires
PC PlayStation 4 Xbox One

La sangre de los mártires

Conscientes de las tendencias actuales, Bandai Namco continúa su fidelidad con los “Souls” gracias a los creadores de God Eater.

Por Juan Emilio Palomino González,
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Versión analizada Xbox One X. Copia digital proporcionada por Bandai Namco.


Ya podemos declarar la serie Souls de From Software un género propio dentro del mundillo de los videojuegos. Es algo que ocurre con cierta frecuencia, nos referimos a un título como “es tipo Doom” o “es tipo Diablo” y terminamos acuñando los términos “First Person Shooter” o “Action RPG” para describir las mecánicas de juego que lo caracterizan al referirnos a otros juegos diferentes. Realmente esos juegos que popularizan una tendencia a la hora de crear otra títulos ganan ese estatus cuando no solo les copian, si no cuando también empieza a existir diversidad dentro de esa misma propuesta.

Esto que estamos hablando es justo lo que pasa con Code Vein, que en su esencia sigue las pautas impuestas por la corte de representantes “darksouliana”, pero con el matiz de enmarcarlo todo dentro de una estética y una trama anime epicodecadente de las que tantísimo gusta en oriente. El equipo de desarrollo detrás de esta propuesta es Shift, estudio japonés que suele hacer estas cosas de coger una idea de éxito y llevarla a su terreno. Previamente lo hicieron con la serie God Eater, pero en ese caso intentaron adaptar la fórmula Monster Hunter y mezclarla con una ambientación futurista hasta las trancas de anime, pero como ahora el que marca tendencia es From Software, pues para allá que nos vamos. Y Bandai Namco, distribuidora de ambos, encantada claro.

La historia de nuestro Code Vein nos lleva a uno de esos futuros apocalípticos en los que solo vemos parajes yermos y ciudades en las que el asfalto se ha quebrado por todos lados mientras que los edificios no son más que ruinas humeantes. Nuestra trama se ubica en una de estas ciudades sitiada por una densa y venenosa neblina que obliga a los supervivientes a llevar coquetas máscaras de gas para moverse de un lado al otro. Aquí conviven humanos y los llamados “Resucitados”, una casta de vampiros que necesitan imperiosamente sangre con la que alimentarse si quieren disponer de su condición de razonar y de lucir elegantes... porque si la sed los consume se convertirán en unos monstruos sin mente (capaces de ver todos los realitys de Cuatro uno detrás de otro) conocidos como los “Perdidos”. Si creías que los vampiros de Crepúsculo eran unos moñas que adoraban el postureo, prepárate para lo que se te viene encima con Code Vein.

Por eso tenemos una serie de clichés propios del manga que se te venga a la cabeza, en el que ellas lucen menos tela que el catálogo de lencería de Undiz y ellos son capaces de lucir mechas y hombreras como si Locomía fuese un canon de belleza hetero. A diferencia de Dark Souls y derivados, aquí hay secuencias y charletas con otros personajes, de manera que poco a poco iremos conociendo los pormenores tanto del mundo que nos rodea como de la estirpe de los “Resucitados” a la que pertenecemos.

Vendedores de enciclopedias, mucha fachada pero solo buscan timarnos.


El juego empieza con un editor de personajes muy completito, que nos permite desde elegir el tipo de pupila que queremos que tenga nuestro avatar hasta la sombra de ojos que queremos lucir mientras recorremos mazmorras oscuras en las que hay monstruos en cada esquina. Mucha variable en la que indagar y muchos colorines, pero podrían haber ampliado un poco más los estilos básicos de vestimenta, nos saben a poco. De ahí saltamos a una ensoñación que hace las veces de tutorial, una nebulosa de conceptos en duerme vela que nos pone en antecedentes.

Y sí, todo es tan Dark Souls que resulta reiterativo. Tendremos una barra de energía que regula nuestras acciones, desde atacar hasta esquivar o correr supondrá una merma de esta barra, lo que provocará que debamos ser cautos y esperar a que se recupere (en unos instantes) para seguir con nuestras acciones. A la hora de defendernos tenemos la posibilidad de protegernos (aunque podemos recibir daño), realizar un movimiento de contraataque (que puede ser muy beneficioso si lo clavamos y muy perjudicial si fallamos) o abusar del dash para mantener las distancias a costa de tener la energía bajo mínimos.

En realidad Code Vein no resulta tan exigente como Dark Souks, ni es tan difícil ni resulta tan complicado de asimilar. Tiene esa oscuridad autoimpuesta, que en el juego de From Software es ese aire de medievo corrompido, como si se tratase de una Benidorm en la que en lugar de alemanes veranean ejércitos de Nazgûls, solo que aquí la oscuridad manga se diluye con esa estética emo y esos clones de enemigos que recuerdan a Ryuk de Death Note. Al menos lo intentan. En lo que sí aciertan es al utilizar la sangre como excusa para subir niveles y para cambiar de clase. De entrada, tendremos un ataque especial que podremos cargar y que en caso de impactar nos proporcionará mayor cantidad del requisito que necesitamos para subir de nivel y adquirir habilidades nuevas. Si en el juego de From Software hay hogueras, aquí hay matas de muérdago sobre las que podemos descansar, recuperarnos, teletransportarnos y mejorar nuestro estatus.

Fíjate tú que si caemos en combate perderemos todos los puntos de habilidad no invertidos y deberemos llegar hasta el lugar en el que perecimos para recuperarlos gracias a la sangre allí derramaba. Lo nunca visto. En lo que respecta a las clases, con entrar en el menú (no hay pausa, cuidadito con hacerlo rodeado de enemigos) podemos cambiar de clase gracias a los códigos de sangre que hayamos encontrado (luchador, montaraz, conjurador, asesino...) que alteran los guarismos de nuestras estadísticas, nos permiten llevar unas armas en lugar de otras y nos abren la posibilidad de disponer de habilidades diferentes (activas y pasivas).

Mucha sangre, mucha sangre, pero lo que aquí se estila es el postureo.


En cuanto a su apartado técnico, no hay nada que nos deje boquiabiertos (salvo la consistencia de las hebras de tela que mantienen firmes los atributos femeninos de nuestra acompañante), podemos salvar a los protagonistas principales y los enemigos finales, todo lo demás lo hemos visto en demasiados juegos y de una forma muy parecida a la que nos ocupa. A los escenarios le falta chicha en cuanto se refiere al mobiliario, casi todos pasillos vacíos en las que vemos pulular a los enemigos y unos pequeños destellos que determinan que hay un objeto para recoger. Nos ha gustado mucho la banda sonora, el tema cantado del principio es una verdadera maravilla.

El juego se mueve rápido, pero se le nota tosco en ciertos aspectos, como al girar la cámara en los pasillos estrechos o cuando nuestro acompañante controlado por la inteligencia artificial se empeña en ponerse entre nuestro avatar y la cámara. Se nos olvidaba, hay multijugador en línea, pero es rarito de narices. En el menú deberemos marcar la opción de “enviar una señal de socorro a otros resucitados” para que otro chupasangres que encaje con nuestra partida venga a ayudarnos. De igual forma, podemos visitar las partidas de otros jugadores, para lo que deberemos marcar “recibir señales de rescate de otros resucitados”. Es como el match de Tinder, para que os hagáis una idea. Los que van por libre pueden disponer de personajes auxiliares manejados por la IA.

Code Vein se queda a medio camino entre un Dark Souls y un anime de Netflix, pero esa mezcla no le da para codearse con los juegos de From Software. Si a ti esos juegos te queman la sangre por su dificultad y te pasas el día pintándote el pelo para la siguiente Japan Weekend, es más que probable que el nuevo título de Shift calme tus ansias vampíricas... ¿quién sabe? puede que sea lo que te falta para afrontar desafíos más elevados. Code Vein funciona cuando entendemos que tiene la función de ser un placebo, que los disparates de su argumento no son más que un divertimento y cuando comprendemos lo que dijimos justo al principio de este análisis, que su naturaleza es la de diversificar y ampliar la mecánica Souls que ahora está tan de moda, entenderemos su propuesta al mercado.
Análisis de Code Vein para XONE: La sangre de los mártires
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Si te pirras por los juegos de From y eres un otaku de cuidado, súbele cinco puntos a la nota.
Si los Souls y las nipadas no son lo tuyo, quítale diez puntos a la nota.
Un juego correcto que se queda a medio camino de plantarle cara a la serie Souls, pero que puede funcionar si buscas algo más relajado.
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