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Análisis de Cities Skylines II, o cómo crear la ciudad capitalista de tus sueños
La secuela de Cities Skylines, 8 años después, promete más realismo y una complejidad mayor de gestión
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Cities: Skylines fue la apuesta de Paradox Interactive en la década pasada para entrar en los simuladores de gestión de recursos. Un campo en el que tienen ya experiencia, así que la oportunidad parecía ideal. Este simulador de construcción de ciudades ha conseguido, desde entonces, un importante respaldo de parte de los jugadores, gracias en buena medida a una versión bastante eficaz para consolas de sobremesa. La segunda parte venía condicionada por el éxito del original, pero además, por su monstruoso contenido, que con más de medio centenar de DLCs conformaba un paquete realmente completo. Cities Skylines II ha llegado un poco ahogado al lanzamiento, con una versión de consola que todavía está perdida en el horizonte, y una serie de compromisos que veremos a continuación.
Los colonos del alquitrán
Empezar Cities Skylines II es una experiencia igual de áspera que en la anterior entrega: comenzar nueva partida, elegir el mapa, y empezar a jugar. Así, sin ceremonia, sin ningún indicador de qué diferencias hay entre los mapas montañosos, fluviales o insulares, sea como sea una vez tenemos en el monitor la geografía podemos empezar a trabajar. Si tenías experiencia con el anterior Cities Skylines, todo te resultará familiar desde el principio; para los nuevos hay un tutorial introductorio que sirve para dar los primeros pasos en un sistema de gestión que llega a ser realmente complejo. A grandes rasgos, empezamos creando la estructura de carreteras, calificando el terreno para que los primeros habitantes puedan instalar sus viviendas, y por supuesto los suministros básicos: electricidad y agua, que requieren una central de energía y un canal de tuberías subterráneas.

Existe la opción de jugar con un tutorial y objetivos guiados, de modo que la experiencia es más sencilla de comprender y permite ir expandiendo la ciudad progresivamente; los más experimentados pueden obtener libertad total desde el primer momento si así lo deciden (y dinero infinito, también). Igual que en la entrega anterior, Cities Skylines II es un juego en el cual el aprendizaje de sistemas es esencial, de modo que cometer errores durante nuestras primeras horas de juego es un peaje inevitable. El tutorial intenta explicar a grandes rasgos nuestras opciones, pero siempre hay pequeños detalles que se quedan en el tintero y los vamos a descubrir mediante prueba y error. Lo más óptimo es planificar el máximo terreno posible lo más temprano posible, de modo que luego no sea necesario hacer ajustes derribando edificios que ya estén construidos, o eliminando estructuras redundantes, pero de eso el juego no nos avisa, por ejemplo.
El principal desafío del juego consiste en emplear el presupuesto disponible de la forma más eficiente, de modo que el máximo número de habitantes y negocios puedan instalarse y así podamos recuperar la inversión. ¿Quién dijo que gestionar ciudades no era un negocio? Este es un juego radicalmente capitalista, por supuesto, el dinero es esencial para todo, y normalmente la forma óptima de llevar a cabo nuestro plan urbanístico deja poco margen a la imaginación: coloca las viviendas lejos de las fábricas para evitar contaminación; procura que la generación de electricidad sea suficiente para surtir a la ciudad pero no demasiado elevada para generar gasto innecesario; asegúrate de que hay hospitales, colegios y vertederos en lugares estratégicos para que sirvan al mayor número de edificios posible.

Aunque parece fácil, tarde o temprano ocurrirán problemas. A veces es por nuestra mala planificación, otras veces es un desastre natural, o por los azares del destino. En mi partida de Cities Skylines II he encontrado que, a menudo, es fácil evitar los problemas si no das pie a que ocurran, pero si por algún casual cometes un error, es fácil de solucionar, pero muy difícil de detectar. Los ciudadanos reportan sus problemas a través de una red social, como twitter (actualmente llamado X, según dicen), mediante la cual podemos ver si están contentos o qué les incomoda. Mediante un botón en el menú podemos acudir directamente a la ubicación del ciudadano, y tratar de averiguar de qué se queja. Cuando los problemas son sencillos, como fallos de suministro, "no me llega el agua" o "no recogen la basura", la solución es fácil porque la interfaz nos indica claramente en qué lugares de la ciudad ocurre este problema. Para otros problemas como "hay demasiado tráfico", "hay contaminación" es mucho más difícil detectar en qué lugar concreto de la ciudad ocurre, ya que muchas veces el ciudadano que se queja ni siquiera está ubicado en el lugar correspondiente.
Los vecinos eligen al alcalde
Conforme crece la ciudad, las necesidades básicas están cubiertas y tenemos todo más o menos organizado, el espacio se queda corto y es necesario comprar hectáreas de terreno más allá de las fronteras, construir transporte público y hacer frente a nuevos desafíos. El objetivo es crear una megalópolis, y tomar decisiones difíciles, pero las novedades se acaban pronto. Cities Skylines II ofrece pocas oportunidades para personalizar los edificios de la ciudad, no hay una gran variedad de lugares de entretenimiento, y resulta un tanto sorprendente que esta segunda entrega sea menos interesante que la anterior en general. A cambio, el realismo es mucho mayor, cada habitante y edificio tiene unas necesidades concretas, y lo podemos ver acercando la cámara y contemplando cada pequeño detalle.
Los ciudadanos van a trabajar, las fábricas extienden su desagradable contaminación y los árboles que hemos plantado en una zona verde con parques y bancos le dan un aspecto más acogedor. Todo ello no impide que el objetivo siempre sea crecer más y más, crear más carreteras, destruir el entorno natural que había al principio para acomodar nuevos edificios e incluso, convertirse en un reclamo turístico para ingresar más dinero en las arcas públicas. Sube o baja los impuestos o el presupuesto de los servicios públicos para evitar caer en la deuda, un sistema que se ha simplificado ahora y resulta más fácil de gestionar. Más pronto que tarde, nuestra ciudad se va a convertir en un infierno de hormigón en el que todo está lejos, las calles peatonales son poco eficaces y, para mayor ironía, el rendimiento del juego empieza a sufrir.

El acabado técnico de Cities Skylines II es muy superior ahora, pero la optimización es cuestionable. Este es un problema que los desarrolladores han reconocido, y de hecho es la principal razón por la que la versión de consolas todavía no tiene fecha de lanzamiento. Las estructuras de la ciudad se renderizan a un nivel de detalle quizá más elevado del que deberían cuando la cámara está lejos, lo que implica un fuerte guantazo a la tasa de imágenes por segundo, y todo ello teniendo en cuenta que hay algunas cosas que parecen no funcionar como deberían. En mi experiencia era muy raro ver ciudadanos disfrutar de los parques que había construido, o atisbar movimiento en las instalaciones de la universidad. No sé si es un problema del juego o de mi configuración específica, pero parece que hay algunas situaciones con problemas que deberían ser arreglados con parches más adelante.
Ciertos controles se han simplificado, ahora resulta más fácil conectar nuevos edificios de suministros en la red pública, o alinear carreteras, pero a veces hay una combinación de elementos que hace complicado situar ciertas construcciones tal y como nos gustaría. La terraformación del terreno es bastante engorrosa, por ejemplo, o la nueva opción de delimitar el terreno de granjas no queda muy clara, ya que no podemos saber cuánta superficie es necesaria hasta que no está construida. Estos defectos son pequeños, pero en conjunto resultan bastante irritantes, y solo con paciencia (y un colchón de dinero) se pueden solventar. Siempre existe la opción de jugar en modo libre, y diseñar la ciudad sin límites, por supuesto, una forma mucho más agradable pero quizá menos gratificante de jugar.
Conclusiones
Cities Skylines II es una secuela que nace a la sombra del original. Mientras que su mayor fidelidad y ciertas mejoras de calidad de vida son bienvenidas, resulta difícil preferirlo respecto al anterior. No me cabe duda de que el equipo detrás del juego seguirá mejorando el producto, atajando sus problemas y potenciando sus virtudes, porque hay un mundo de posibilidades por explotar. Construir una ciudad, en la visión de Cities Skylines II, sigue siendo una carrera por el crecimiento mientras tratamos de reducir sus efectos negativos, y casi siempre reflejando el modelo urbanístico de las grandes ciudades reales.
Los colonos del alquitrán
Empezar Cities Skylines II es una experiencia igual de áspera que en la anterior entrega: comenzar nueva partida, elegir el mapa, y empezar a jugar. Así, sin ceremonia, sin ningún indicador de qué diferencias hay entre los mapas montañosos, fluviales o insulares, sea como sea una vez tenemos en el monitor la geografía podemos empezar a trabajar. Si tenías experiencia con el anterior Cities Skylines, todo te resultará familiar desde el principio; para los nuevos hay un tutorial introductorio que sirve para dar los primeros pasos en un sistema de gestión que llega a ser realmente complejo. A grandes rasgos, empezamos creando la estructura de carreteras, calificando el terreno para que los primeros habitantes puedan instalar sus viviendas, y por supuesto los suministros básicos: electricidad y agua, que requieren una central de energía y un canal de tuberías subterráneas.

Existe la opción de jugar con un tutorial y objetivos guiados, de modo que la experiencia es más sencilla de comprender y permite ir expandiendo la ciudad progresivamente; los más experimentados pueden obtener libertad total desde el primer momento si así lo deciden (y dinero infinito, también). Igual que en la entrega anterior, Cities Skylines II es un juego en el cual el aprendizaje de sistemas es esencial, de modo que cometer errores durante nuestras primeras horas de juego es un peaje inevitable. El tutorial intenta explicar a grandes rasgos nuestras opciones, pero siempre hay pequeños detalles que se quedan en el tintero y los vamos a descubrir mediante prueba y error. Lo más óptimo es planificar el máximo terreno posible lo más temprano posible, de modo que luego no sea necesario hacer ajustes derribando edificios que ya estén construidos, o eliminando estructuras redundantes, pero de eso el juego no nos avisa, por ejemplo.
«¿Quién dijo que gestionar ciudades no era un negocio?»
El principal desafío del juego consiste en emplear el presupuesto disponible de la forma más eficiente, de modo que el máximo número de habitantes y negocios puedan instalarse y así podamos recuperar la inversión. ¿Quién dijo que gestionar ciudades no era un negocio? Este es un juego radicalmente capitalista, por supuesto, el dinero es esencial para todo, y normalmente la forma óptima de llevar a cabo nuestro plan urbanístico deja poco margen a la imaginación: coloca las viviendas lejos de las fábricas para evitar contaminación; procura que la generación de electricidad sea suficiente para surtir a la ciudad pero no demasiado elevada para generar gasto innecesario; asegúrate de que hay hospitales, colegios y vertederos en lugares estratégicos para que sirvan al mayor número de edificios posible.

Aunque parece fácil, tarde o temprano ocurrirán problemas. A veces es por nuestra mala planificación, otras veces es un desastre natural, o por los azares del destino. En mi partida de Cities Skylines II he encontrado que, a menudo, es fácil evitar los problemas si no das pie a que ocurran, pero si por algún casual cometes un error, es fácil de solucionar, pero muy difícil de detectar. Los ciudadanos reportan sus problemas a través de una red social, como twitter (actualmente llamado X, según dicen), mediante la cual podemos ver si están contentos o qué les incomoda. Mediante un botón en el menú podemos acudir directamente a la ubicación del ciudadano, y tratar de averiguar de qué se queja. Cuando los problemas son sencillos, como fallos de suministro, "no me llega el agua" o "no recogen la basura", la solución es fácil porque la interfaz nos indica claramente en qué lugares de la ciudad ocurre este problema. Para otros problemas como "hay demasiado tráfico", "hay contaminación" es mucho más difícil detectar en qué lugar concreto de la ciudad ocurre, ya que muchas veces el ciudadano que se queja ni siquiera está ubicado en el lugar correspondiente.
Los vecinos eligen al alcalde
Conforme crece la ciudad, las necesidades básicas están cubiertas y tenemos todo más o menos organizado, el espacio se queda corto y es necesario comprar hectáreas de terreno más allá de las fronteras, construir transporte público y hacer frente a nuevos desafíos. El objetivo es crear una megalópolis, y tomar decisiones difíciles, pero las novedades se acaban pronto. Cities Skylines II ofrece pocas oportunidades para personalizar los edificios de la ciudad, no hay una gran variedad de lugares de entretenimiento, y resulta un tanto sorprendente que esta segunda entrega sea menos interesante que la anterior en general. A cambio, el realismo es mucho mayor, cada habitante y edificio tiene unas necesidades concretas, y lo podemos ver acercando la cámara y contemplando cada pequeño detalle.
Los ciudadanos van a trabajar, las fábricas extienden su desagradable contaminación y los árboles que hemos plantado en una zona verde con parques y bancos le dan un aspecto más acogedor. Todo ello no impide que el objetivo siempre sea crecer más y más, crear más carreteras, destruir el entorno natural que había al principio para acomodar nuevos edificios e incluso, convertirse en un reclamo turístico para ingresar más dinero en las arcas públicas. Sube o baja los impuestos o el presupuesto de los servicios públicos para evitar caer en la deuda, un sistema que se ha simplificado ahora y resulta más fácil de gestionar. Más pronto que tarde, nuestra ciudad se va a convertir en un infierno de hormigón en el que todo está lejos, las calles peatonales son poco eficaces y, para mayor ironía, el rendimiento del juego empieza a sufrir.

El acabado técnico de Cities Skylines II es muy superior ahora, pero la optimización es cuestionable. Este es un problema que los desarrolladores han reconocido, y de hecho es la principal razón por la que la versión de consolas todavía no tiene fecha de lanzamiento. Las estructuras de la ciudad se renderizan a un nivel de detalle quizá más elevado del que deberían cuando la cámara está lejos, lo que implica un fuerte guantazo a la tasa de imágenes por segundo, y todo ello teniendo en cuenta que hay algunas cosas que parecen no funcionar como deberían. En mi experiencia era muy raro ver ciudadanos disfrutar de los parques que había construido, o atisbar movimiento en las instalaciones de la universidad. No sé si es un problema del juego o de mi configuración específica, pero parece que hay algunas situaciones con problemas que deberían ser arreglados con parches más adelante.
Ciertos controles se han simplificado, ahora resulta más fácil conectar nuevos edificios de suministros en la red pública, o alinear carreteras, pero a veces hay una combinación de elementos que hace complicado situar ciertas construcciones tal y como nos gustaría. La terraformación del terreno es bastante engorrosa, por ejemplo, o la nueva opción de delimitar el terreno de granjas no queda muy clara, ya que no podemos saber cuánta superficie es necesaria hasta que no está construida. Estos defectos son pequeños, pero en conjunto resultan bastante irritantes, y solo con paciencia (y un colchón de dinero) se pueden solventar. Siempre existe la opción de jugar en modo libre, y diseñar la ciudad sin límites, por supuesto, una forma mucho más agradable pero quizá menos gratificante de jugar.
Conclusiones
Cities Skylines II es una secuela que nace a la sombra del original. Mientras que su mayor fidelidad y ciertas mejoras de calidad de vida son bienvenidas, resulta difícil preferirlo respecto al anterior. No me cabe duda de que el equipo detrás del juego seguirá mejorando el producto, atajando sus problemas y potenciando sus virtudes, porque hay un mundo de posibilidades por explotar. Construir una ciudad, en la visión de Cities Skylines II, sigue siendo una carrera por el crecimiento mientras tratamos de reducir sus efectos negativos, y casi siempre reflejando el modelo urbanístico de las grandes ciudades reales.
Alternativas
Terra Nil, Anno, Surviving Mars
Colocarse a pie de calle en una ciudad construida por ti es fantástico
Rendimiento muy mejorable. Pocas opciones de construcción. Interfaz perezosa en algunos puntos.
Una secuela que parece una involución del producto original, aún con sus añadidos, resulta en una experiencia descafeinada








