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La nueva fábula de los cristales
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La nueva fábula de los cristales

Bravely Default II, la nueva entrega de la franquicia J-RPG producida por Square-Enix, aterriza en ordenador después de una exclusividad de medio año en Switch. Análisis de Bravely Default II.

Por Sergi Bosch [@GriffithDidNW],
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A pesar de que el género J-RPG, o la denominación, si se prefiere tal tratamiento, ha protagonizado incontables intentos de revitalizar sus fórmulas básicas y de revestir su esencia de ese apetecible y necesario manto de actualidad, no dejan de sucederse, paralelamente, proyectos que parecen querer volver a las raíces de sus precursores. Es indiscutible que en los últimos años hemos visto una notable proliferación de títulos de calidad, véase el sensacional Persona 5 o el interesantísimo Fire Emblem: Three Houses, por citar solo dos ejemplos, que en cierto modo hacen presagiar que podríamos estar ante una suerte de “edad de bronce” del JRPG. Porque, a fin de cuentas, está claro que los años de oro se encuentran atrás en el tiempo; allí moran, entre algodones de gloria, obras maestras como Chrono Trigger, Suikoden II, o los grandes éxitos de la longeva franquicia de Squaresoft, ahora Square-Enix, Final Fantasy, cuyas especiales numeraciones no creo necesario traer a colación, en parte porque la elección de una entrega frente a otra (u otras) siempre acarrea cierta polémica.

Tengamos en cuenta, eso sí, que Bravely Default II, al igual que sus antecesores, Bravely Default y Bravely Second, toma el molde más clásico de su género, con esas historias de antítesis maniqueísta, su sistema de trabajo y sus numerosos secretos que aguardan, ahí, justo detrás de esa cordillera o en la ensenada perdida de que aquellos mares, simplemente esperando a ser encontrados. Por consiguiente, te propongo un pequeño viaje de vuelta al pasado con Bravely Default II; espero que mi análisis, en cualquier caso, despeje toda duda que puedas tener del título de Claytechworks y Square-Enix, ahora que ha desembarcado, por fin, en PC, después de una exclusividad de algo menos de medio año en Nintendo Switch (puedes consultar el análisis original de esa versión aquí).



Todo el mundo sabe que el motor de un gran J-RPG es la historia, la trama; es lo que, en última instancia, permite que se grabe profundamente en el insondable terreno de los recuerdos. Es precisamente por eso que cada uno atesora en su memoria algún título en concreto que, por supuesto, no tiene por qué coincidir con la crítica especializada o con la opinión general de la comunidad. Lo cierto es que, una vez asentada la calidad del hilo argumental, todo se acaba decidiendo por la subjetividad, por las preferencias del jugador, de un destinatario determinado. De ahí se justifica que alguien, por ejemplo, se decante por Persona 4 Golden en detrimento de Dragon Quest VIII, algo que es perfectamente comprensible, incluso si es a la inversa. En este sentido, debo decir que no habremos de esperar grandes florituras narrativas de Bravely Default II, pues la nueva entrada de la serie sigue la tónica del estudio y, en general, perfila una historia que casi parece una recopilación de tópicos clásicos del género; están, cómo no, los héroes de la luz que luchan contra la oscuridad y el fin del mundo, el malo maloso de turno, y las aspiraciones elevadísimas de algunos personajes, que humanos, humanos, no son. A este respecto, debo añadir que no es necesario haber jugado a los anteriores Bravely para disfrutar del título que ahora nos ocupa, en tanto en cuanto se trata de una historia separada que se ambienta en un mundo totalmente distinto.

No obstante, la sencillez de la trama de Bravely Default II no es especialmente escandalosa porque, por suerte, la historia no tiene ninguna pretensión, al contrario de lo que sucedía con Octopath Traveler, en el que la premisa fundamental del título chocaba con frecuencia con la mera consecución de una historia coherente y bien cohesionada. En este caso, la verdad es que Bravely Default II parece más bien un canto de amor a sus ancestros del género J-RPG y, aunque simple, a veces sí que acierta a la hora de desarrollar a sus personajes, generalmente a través de diálogos relativos a misiones secundarias o momentos “especiales”. En cualquier caso, esto pasa en momentos contados, porque la mayor parte de los encargos, te aviso ya, te van a tener de aquí para allá como un recadero, en lo que viene a ser la enésima constatación de un vicio acaso permanente del género. Eso sí, hay muchísimo que ver, y en general Bravely Default II merece la pena y atesora buenos momentos.



En el apartado jugable las sensaciones sí que son mucho más positivas. Montado, como decíamos, sobre un esquema clásico, lo nuevo de Claytechworks recupera los combates por turnos (esos de los que otras franquicias parecen querer huir, generalmente con nefastas consecuencias) y el sistema de trabajos tradicional. Puedes cambiar la “ocupación” de cada personaje del grupo y dar con la configuración que más te guste… Y la verdad es que hay muchas opciones entre las que elegir, desde las evidentes, como mago negro, mago blanco, o distintos tipos de guerrero, a cosas más originales, como un pintor que pone debuffs a los enemigos. Cada clase, como es lógico, acarrea una serie de habilidades concretas, así como la potenciación de determinadas estadísticas o la capacidad de utilizar cierto equipamiento. Sin duda, es fácilmente apreciable que estos menesteres ya fueron rescatados recientemente por el más que notable Yakuza 7: Like a Dragon, aunque este se centraba muchísimo más en el humor y en la originalidad de los trabajos que Bravely Default II, que aquí también se ciñe a la zona de confort de su propia tradición interna. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que los cuatro personajes tienen prácticamente las mismas estadísticas base, lo que te abre un sinfín de posibilidades a la hora de configurar tu grupo, pero también deja fuera de la ecuación la impresión de que cada protagonista es único. De todas maneras, hay que entender que esta decisión sirve a otros propósitos, y en ese sentido funciona a las mil maravillas.

El combate involucra a los cuatro personajes en una estructura de turnos y, cómo no, también es una delicia; ya te aviso, además, de que en ciertos momentos se puede volver todo un reto, máxime en los enfrentamientos contra jefes finales, momento en el que el título despliega todo su potencial jugable y se vuelve completamente absorbente. Esto se debe en parte a la existencia de dos comandos clave en la franquicia Bravely: Brave y Default. Ambos se complementan a la perfección, pues Default permite que nos guardemos turnos de un personaje, y Brave nos permite usar todos esos turnos de golpe para encadenar múltiples acciones. En esencia, se trata de un sistema sencillo pero no carente de cierta complejidad estratégica; sobra decir, por tanto, que el éxito, sobre todo en los niveles de dificultad más elevados, pasa por una buena utilización de ambas acciones. La nota negativa del apartado jugable la pone el quizás excesivo grindeo (o, alejándonos de la hibridez léxica y expresándolo en cristiano, la repetición de combates sin mayor sentido que el de subir de nivel) que en ocasiones propone el título; el mapa de mundo y la exploración funcionan bien, pero pueden tornarse rápidamente tediosos si no tienes cierta tolerancias a estas mecánicas de reiteración combativa.



En cuanto al apartado audiovisual, es indiscutible que Bravely Default II hace gala de una bella configuración de la escena y de un sensacional uso de los colores. Los escenarios transmiten la grata sensación de ser diestros cuadros dibujados a mano, y hay una magia increíble en no pocas localizaciones. El modelado de los personajes, no obstante, no está al nivel de los escenarios; esto se debe a que la estética digamos de acuarela del fondo no termina de casar con la apariencia animada y cabezona de los seres humanos que habitan el mundo de Bravely Default II, apreciación que, en cualquier caso, puede ser simplemente subjetiva. La música, como es ya tradición en el estudio, cumple con creces y regala momentos de alta factura a nivel sonoro. Es fantástica. Por último, la adaptación a ordenador es discreta pero efectiva; no se podía esperar mucho más de un título de estas características, aunque quizás se echa en falta más prolijidad en lo que a configuraciones gráficas se refiere.

CONCLUSIONES

Bravely Default II es un buen J-RPG que, por desgracia, se arriesga muy poco a salir de su zona de confort, y por ende termina redundando en una experiencia que tiene tanto el poderoso hechizo de la melancolía como la agridulce sensación de que no estamos viviendo nada remotamente nuevo u original. La historia es sencilla e involucra motivos dicotómicos que ya empiezan a ser una constante incómoda del género, los personajes se ven venir a kilómetros y el apartado jugable, aunque perfectamente funcional y divertidísimo, no se libra de un planteamiento reiterativo en la cantidad de combates ni de ser un eco de los grandes precursores del título. Eso no quita que Bravely Default II sea, aun con todo, tremendamente disfrutable: es una oda a ese J-RPG puro, de alma prístina y esquema por turnos, que muchas veces parece en peligro de extinción. Si quieres revivir la época dorada del género, o dar tus primeros pasos en ella, ni te lo pienses: lo nuevo de Claytechworks te va a tener enganchado al mando (o al teclado y al ratón) durante sus más de cincuenta horas de duración y a buen seguro te dejará un grato recuerdo.

Copia digital proporcionada por Koch Media


Análisis de Bravely Default II para PC: La nueva fábula de los cristales
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El sistema de trabajos. El combate. El apartado audiovisual. Es bastante largo (50-60 horas).
No innova en prácticamente nada; todo lo habíamos visto antes. La trama es muy sencillita e inocente
Bravely Default II no se separa del sendero clásico; es precioso y muy disfrutable, pero siempre quedará la pregunta de si podría haber sido algo más.

Información del juego

Fecha de lanzamiento: 3 de septiembre de 2021
Desarrollado por: Claytechworks
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