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Veinte mil leguas de viaje submarino
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Veinte mil leguas de viaje submarino

E-Line Media, creadora del melancólico Never Alone, nos trae Beyond Blue, una breve y sencilla aventura de exploración submarina que se combina hábilmente con la función didáctica del documental.

Por Sergi Bosch [@GriffithDidNW],
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En una realidad de vertiginosos cambios como la nuestra, a veces uno no puede sino sentir que no se le da el crédito necesario a los documentales de la naturaleza, esos que encabezan grandes expediciones de exploradores y científicos de renombre, en pos del desarrollo de la humanidad y del equilibrio de nuestro acaso transido planeta Tierra. Tristemente, también es algo palpable en nuestra industria; si bien es innegable que los videojuegos se nutren precisamente de la fusión de artes, como la literatura, la cinematografía, o la música, todavía no hemos visto una unión verdaderamente recíproca, prolífica y efectiva entre documental y videojuego. Ha habido intentos, desde luego, y ciertamente hay títulos que establecen la naturaleza como eje temático, ya sea desde un intento de alegoría, desde un canto naturalista, o desde una perspectiva educativa; en esta ocasión, esta última nos interesa más por su potencial didáctico. Hablo, por ejemplo, de los aspectos más ecológicos y sensibles del sensacional Planet Zoo, pero aún hay que ir un paso más allá, sin duda. Más o menos aquí podemos situar los esfuerzos de E-Line Media, creadores también del bello Never Alone, que con Beyond Blue, su nueva aventura de exploración submarina, tratan de trazar los planos para la confección de un hipotético eslabón perdido entre documental y videojuego.

El mundo del silencio

Beyond Blue es, ante todo, una aventura de exploración submarina que, a través de su ritmo profundamente contemplativo, nos invita a acompañar a la Dra. Mirai en sus viajes por las insondables aguas del océano, de modo que el hilo argumental se hilvana de manera lineal a través de una serie de inmersiones clave. Cabe destacar que la profundidad narrativa no es el fuerte de Beyond Blue, si bien es imposible no hallar la inclusión de temas complicados, como la demencia senil, la relación maternofilial, el volátil vínculo entre hermanos, o incluso el delicado teatro de poderes que surge alrededor de la ambición desmedida y el necesario -ahora más que nunca- proteccionismo ecológico; en este sentido, lo que más celebro es que la trama no se siente como un texto especialmente confeccionado para la ocasión, sino que tiene una suerte de aura vital y parece, en esencia, un mero fragmento de la vida de la protagonista. Esta especie de enfoque in medias res ayuda al dotar al guion de coherencia, sí, pero también de fondo, en tanto en cuanto los personajes se refieren frecuentemente a sucesos pasados, totalmente ajenos a lo que acontece en pantalla a ojos del jugador. Sucesos rutinarios de la infancia, la importancia del recuerdo, el éxito o fracaso de empresas submarinas pasadas, o incluso pequeñas resoluciones pretéritas ayudan a esbozar los retratos psicológicos de unos personajes que, si bien nunca llegan a brillar del todo, son perfectamente creíbles e interesantes.

Aunque el eje de la trama es una familia de cachalotes, el equipo de la Dra. Mirai también realiza un seguimiento de otras especies marinas en sus hábitats, dando lugar a escenas como esta.

No obstante, es cierto que la duración y el carácter del título impiden mayores labores de profundización narrativa, y al final, cuando todo se corta de manera un tanto brusca, queda un regusto agridulce ante una consumación un tanto infructuosa de la historia. Esto se debe, en parte, a que Beyond Blue está muchísimo más cerca del documental didáctico que del desarrollo argumental que atribuiríamos, por ejemplo, a un producto de la pequeña pantalla. De hecho, el título contó con la colaboración de la BBC y de Ocean X, una célebre iniciativa de exploración oceánica que, grosso modo, pretende descubrir los secretos de los mares, al tiempo que aumentar la sensibilidad y conocimiento de la población sobre la importancia capital de los mismos. No en vano algunos de los mejores momentos en Beyond Blue se encuentran en una suerte de pequeños fragmentos de documentales, que cuentan con la narración de importantes oceanógrafos y de miembros de la comunidad científica; se desbloquean conforme avanzamos en las distintas inmersiones, y pueden ser vistos en nuestro submarino personal, que hace las veces de pequeña base de operaciones -tiene algunas funciones, como un reproductor de música y algunos detalles misceláneos, pero también sirve como nexo de unas conversaciones que nos permitirán avanzar en la historia-. Estos vídeos son de calidad superlativa, tanto por la belleza de sus imágenes como por los mensajes de sus profesionales, y se erigen como la gran virtud del título. Una maravilla que, por desgracia, provoca que no se llegue a aunar verdaderamente trama y documental, debido a que los plantea por separado.

Los fragmentos de vídeo no solo contienen valores fundamentales, sino que también cuentan un poco la vida de algunos oceanógrafos, y nos ayudan a comprender sus motivaciones y sus dificultades en el día a día.

Por otro lado, el apartado jugable es donde más palidece el nuevo juego de E-Line Media, ya que, a pesar de que las labores de exploración están bien trabajadas, y bucear por los recónditos valles submarinos tiene una magia ancestral e indescriptible, toda posible interacción con el entorno está limitada hasta casi la extenuación. No hay acción jugable, más allá del movimiento de la Dra. Mirai, que no esté subyugada a una suerte de escáner que nos permitirá recabar información sobre las incontables especies animales, así como evaluar su estado de salud o su identidad en caso de que fuera necesario; poco a poco el método se actualiza y adquiere nuevas funciones, como un dron que intensifica estos ejercicios de investigación, pero en el fondo la mecánica permanece inalterable como un comando en el que las capacidades digitales del jugador tienen poca o ninguna importancia -lo que implica, como lectura positiva, que su accesibilidad es sobresaliente-. Hay también un sistema de luz normal, infrarroja y ultravioleta instalado en el traje de buzo, aunque esto solo tiene impacto en los ya mencionados escáners.

Queda muy patente, por tanto, que la cadencia de Beyond Blue es totalmente contemplativa, hecho que se refrenda con la inexistencia de enemigos o peligros para el jugador. Es, en líneas generales, un breve viaje de armonía y de naturalismo; no obstante, aun así, se echa en falta una mayor capacidad de interacción con la vida marina, y quizás mejores labores de profundización mecánica que ayuden a paliar los efectos de la repetición de esquemas. Nadar entre delfines es una sensación rayana en lo onírico, incluso en un videojuego, al igual que ver los patrones de caza de las ballenas jorobadas, pero toda emoción se ensombrece cuando se constata que, efectivamente, no hay mucho más para hacer. Por contra, sorprende que el constante descubrimiento que propone Beyond Blue sea aliciente suficiente como para que vuelen las horas, y antes de darte cuenta habrás terminado la historia principal -en torno a unas 4-5h-. Por consiguiente, es una experiencia que se disfruta mucho más si se tienen conocimientos previos de biología marina, o si se es un entusiasta de los documentales.

Ni el escáner, ni la exploración mediante balizas de objetivos presentan gran profundidad jugable, aunque cumplen con el tono calmado del título.

Finalmente, en cuanto a las características audiovisuales, Beyond Blue no destaca por su potencia poligonal, ni por un asombroso nivel de detalle en sus diversas instancias explorables, sino que deja toda esperanza en manos de su apartado artístico. Sin llegar a ser un increíble despliegue de artificios como Abzû -a fin de cuentas, difieren totalmente en su enfoque, realista en uno, surrealista en otro-, se las arregla para alcanzar la belleza. La mala nota la ponen unos rostros humanos que destacan por su inexpresividad, y la excesiva repetición de animaciones, ninguna de ellas de gran factura. En el apartado sonoro las perspectivas son más halagüeñas, con una banda sonora repleta de artistas de recorrido, y unos efectos de sonido más que dignos; además, los personajes principales cuentan con actores de doblaje -en inglés- de la talla de Mira Furlan, Hakeem Kae-Kazim, y Ally Maki. No es que haya demasiado diálogo, pero el que hay cumple en materia de sentimiento.

Conclusiones

Beyond Blue funciona mejor como un pseudodocumental interactivo que como videojuego, en parte por su énfasis didáctico, pero sobre todo porque jugablemente es muy exiguo. Supone una tentativa absolutamente loable de unificar las bondades de ambas manifestaciones culturales; sin embargo, su corta duración, y su escasez de mecánicas pueden provocar que el título resulte excesivamente contemplativo para ciertos sectores de la comunidad. No me cabe duda de que tiene su mercado y de que encontrará un conjunto de jugadores que sepan apreciar sus grandes virtudes, y espero que marque una hipotética hoja de ruta que, en cierto modo, ha de inaugurar un género que es más necesario y cultivador que nunca. En definitiva, es muy recomendable para los amantes de los documentales y de la naturaleza, pero no para espíritus inquietos.

Redactado por Sergi Bosch (Elite)

Versión analizada: PC. Copia digital proporcionada por Dead Good Media.

Análisis de Beyond Blue para PC: Veinte mil leguas de viaje submarino
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Alternativas
Subnautica, mucho más conseguido desde el punto de vista jugable, pero sin el mismo fondo educativo. Endless Ocean, aunque es ya retro.
Su apartado documental. La información de los animales. Muy relajante e introspectivo. Buen guion.
Jugable y gráficamente va bastante justito. Excesivamente corto.
Aunque no ofrece grandes alicientes jugables y es un título de nicho, el viaje oceánico que propone Beyond Blue es tan bello como necesario.
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